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El 6 de Octubre de 1968, se redactó un Documento que marcaría, tanto ideológica como militarmente, el camino a seguir para la obtención de la ya indetenible insurrección contra la Colonia. Cuatro días más tarde el Grito de Yare, como tambor que redoblara conciencia a conciencia, sacudió a los cubanos, que en el Oriente del País, esperaban ansiosos la hora de levantarse en armas. Las razones, algunas veces tergiversadas por los comentaristas de turno, se asumieron como de “orden económico”. Pero al leer esta proclama, lanzada por hombres, que efectivamente eran adinerados, no escuchamos la voz egoísta del dinero, y si la limpia llamada de l hombre que no resiste más la opresión. Las modas modernas de “economizar” hasta las ideas y la religiones, ha puesto en duda el propósito de los padres fundadores. Sus razones estallan porque se ven “privados de toda libertad política, civil y religiosa”. Se quejan también de los tributos “perversos”, por los que la Colonia trata de compensar los altos costos de un fuerte Ejército en la Isla, para conservar a “como sea” la siempre fidelísima Isla de Cuba. “nos coarta-la colonia- el derecho a expresarnos, y nos impide escribir” dice el Documento. Mas a delante anuncia que “ Aspiramos a la soberanía popular y al sufragio universal. Queremos disfrutar de la libertad para cuyo uso creó Dios al hombre” Y no dejan de reclamar con la voz varonil y fuerte del hombre que ya se sabe libre que “Queremos que el pueblo intervenga en la formación de las leyes, y en el reparto e inversión de las contribuciones. Queremos abolir la esclavitud indemnizando a los que resulten perjudicados. Queremos libertad de reunión, libertad de imprenta y libertad de conciencia; y pedimos religioso respeto a los derechos inalienables del hombre, base de la independencia y de la grandeza de los pueblos.” Para terminar con una frase digna de hombres nobles, honrados y llenos de limpias y puras ideas: ” Si España reconoce nuestros derechos, tendrá en Cuba una hija cariñosa; si persiste en subyugarnos, estamos resueltos a morir antes que someternos a su dominación.” Y ese fue el comienzo, se lanzaron, escasos de municiones y armas, pero con una fuerte dosis de amor a la Patria y un reservorio gigantesco de honor y valor, a enfrentar el “ejercito mas poderos que jamás tuvo España en América”. Hoy muchos años después, quedan en nuestro recuerdo como consigna válida todavía, el eco poderoso de las voces heroicas, que nos dicen que no pedemos descansar hasta que veamos conseguido el objetivo del 68 , una patria libre, para todos, españoles y cubanos, los de un partido y los de otro, pero siempre teniendo como meta, Libertad, Justicia e Igualdad, sin que nadie nos coarte el uso de la palabra ni el derecho a escribir en libertad.
DECLARACIÓN DEL 6 DE OCTUBRE DE 1868- Ingenio EL ROSARIO. Al rebelarnos contra la tiranía española queremos manifestar al mundo los motivos de nuestra resolución. España nos gobierna a hierro y sangre; nos impone a su antojo contribuciones y tributos; nos priva de toda libertad política, civil y religiosa; nos tiene sometidos en tiempos de paz a comisiones militares que prenden, destierran y ajustician sin sujeción a trámites ni leyes; prohíbe que nos reunamos, si no es bajo la presidencia de jefes militares; y declara rebeldes a los que imploran remedio para tantos males. España nos carga de empleados hambrientos que viven de nuestro patrimonio y consumen el producto de nuestro trabajo. Para que no conozcamos nuestros derechos nos mantiene en la ignorancia; y para que no aprendamos a ejercerla nos aleja de la administración de la cosa pública. Sin que nadie nos amenace, y sin razón que lo justifique, nos fuerza a sustentar una escuadra y un costosísimo ejército, cuyo único empleo es oprimirnos y vejarnos. Su sistema de aduana es tan perverso que ya hubiéramos perecido en la miseria a no ser tan extraordinaria la feracidad de nuestro suelo y tan subido el precio de sus frutos. Opone cuantos obstáculos son imaginables al fomento de nuestra población blanca. Nos coarta el uso de la palabra; nos impide escribir, gracias que nos deja pensar, y se resiste a que participemos del progreso intelectual de otros países. Varias veces ha prometido mejorar nuestra condición, otras tantas nos ha engañado, y no nos queda más recurso que apelar a las armas para defender nuestras propiedades, para proteger nuestras vidas y para salvar nuestra honra. Al Dios de nuestras conciencias apelamos, y al fallo de las naciones civilizadas. Aspiramos a la soberanía popular y al sufragio universal. Queremos disfrutar de la libertad para cuyo uso creó Dios al hombre. Profesamos sinceramente el dogma de la fraternidad, de la tolerancia y de la justicia, y considerando iguales a todos los hombres, a ninguno excluimos de sus beneficios; ni aun a los españoles, si están dispuestos a vivir en paz con nosotros. Queremos que el pueblo intervenga en la formación de las leyes, y en el reparto e inversión de las contribuciones. Queremos abolir la esclavitud indemnizando a los que resulten perjudicados. Queremos libertad de reunión, libertad de imprenta y libertad de conciencia; y pedimos religioso respeto a los derechos inalienables del hombre, base de la independencia y de la grandeza de los pueblos. Queremos sacudir para siempre el yugo de España y constituirnos en nación libre e independiente. Si España reconoce nuestros derechos, tendrá en Cuba una hija cariñosa; si persiste en subyugarnos, estamos resueltos a morir antes que someternos a su dominación. Hemos elegido un jefe a quien conferimos plenas facultades para dirigir la guerra. Hemos autorizado a los que provisionalmente han de recaudar contribuciones y atender a las necesidades de la administración. Cuando Cuba sea libre se constituirá en la forma y de la manera que crea más conveniente. Ingenio ``El Rosario'', octubre 6 de 1868. Carlos Manuel de Céspedes, Jaime M. Santiesteban, Bartolomé Masó, Juan Hall, Francisco J. Céspedes, Pedro Céspedes, Manuel Calvar, Isaías Masó, Eduardo Suástegui, Miguel Suástegui, Rafael Tornés, Manuel Santiesteban, Manuel Socarrás, Agustín Valerino, Rafael Masó, Eligio Izaguirre.
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