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Cuba: X Congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, ANAP |
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LA CRISIS Y LOS DESAFÍOS DE LA PRODUCCIÓN AGRÍCOLA
Luis Manuel de Lima Asombra la lectura de los dictámenes publicados del X Congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Son documentos emanados de un partido político donde sus integrantes aprueban la eutanasia como forma de resolver la existencia. Hasta decidieron fortalecer su ideología, cincuenta años de la debacle en la agricultura no son suficientes y se necesita estar mejor adoctrinados. El texto publicado no recoge por ningún lado la caracterización del problema a que se refieren los dictámenes. Son resúmenes de propuestas para superar o resolver la situación actual que no identifica o caracteriza. Cuando tales conclusiones indican ser el resultado del debate de las malas experiencias, los cuestionamientos que son evidencias de todo lo que nunca debió haberse hecho en la agricultura. Quizás, sin esa precisión no se pueda entender y menos buscar solución a la realidad del sector agrícola.
Los problemas de los dictámenes son significativos,
pero entendemos que señalar las fallas encarna atacar a la clase
tecnócrata, mentirosa de la burocracia ministerial y del dedo mágico
del “Comandante en Jefe” que “como enviado por los dioses todo lo
sabe y todo lo puede”. Jamás los comunistas asumirán o reconocerán
la responsabilidad de nada que los califique de ineptos y menos de
incapaces. En el caso de la agricultura se derramó la copa y
demuestra la incapacidad absoluta de producir ni siquiera la comida
que se comen. Hace menos de diez años los campesinos independientes cubanos intentaron realizar su primer congreso y las autoridades lo impidieron utilizando la represión. Rodearon militarmente la finca y cortaron con buldócer la carretera que conducía al lugar para evitar la asistencia en automóviles. Hubo varios detenidos que intentaron llegar a pie, a quienes confiscaron todos los documentos y propuestas que se realizarían por los campesinos, entre ellos, delegados de varias provincias. Si las autoridades hubieran al menos leído parte de las propuestas, hoy, la agricultura cubana tendría otro rostro. La producción del sector campesino sería superior y no enfrentaría el déficit actual que prácticamente los coloca en quiebra, entre otras razones por las deudas millonarias acumuladas por empresas y entidades presupuestadas del Estado cubano. El sector sobrevive a duras penas para mantener algunas siembras, animales de corral y la producción de frutales de las arboledas. La ofensiva en contra de la propiedad campesina. Esta estrategia del régimen le permitió, primero,
destrozar la organización y ubicación de las zonas campesinas,
borrando del mapa pequeños caseríos, bateyes, caminos históricos y
arboledas de frutales con cientos de años. En segundo lugar, cambiar
la vieja guardia de dirigentes campesinos fundadores de la ANAP por
cuadros profesionales del Partido Comunista. Las pequeñas propiedades campesinas intervenidas pasaron a formar parte de las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y las de Crédito y Servicio (CCS) de los campesinos independientes o sea aquellos que no quisieron convertirse en socios aportadores de tierras, sino que formaban una organización pero solamente para recibir los beneficios del financiamiento y los suministros de abonos, pertrechos y enseres de cosecha. De esa manera quedaba establecida la diferenciación entre quienes se sumaban al cambio propuesto por el Estado y quienes lo rechazaban, de esta manera las CCS prácticamente desaparecieron sumidas en el olvido por parte del Estado que las abandono con el objetivo de hacer rectificar a los osados campesinos que quisieron mantenerse independientes. Otra equivocación del régimen ha sido la mudanza casi forzosa de familias campesinas para establecer los planes citrícolas. Existen, los más grandes de Cuba y famosos, como en Ciego de Ávila, Isla de Pinos, Jagüey Grande, Ceiba del Agua y muchos otros. Todos los campesinos que vivían en esas zonas fueron reducidos a vivir en poblados de edificios construidos a la carrera, rompiendo relaciones de convivencia histórica, tradicional y afectando la distribución natural de la fuerza de trabajo especializada. Además incentivó el monocultivo cuando los productores de cítricos también cultivaban otros alimentos para su propio autoconsumo y la alimentación de los animales. Ahora tenían que ir a la bodega a comprar lo que antes ellos producían directamente. La intervención política directa a través de la
ANAP y el PCC controlaba desde la producción hasta las más mínimas
decisiones internas que afectaron y eliminaron prácticamente el
estimulo a la producción. Los vicios del aparato estatal
presupuestado se arraigaron en los planes, las metas y los
compromisos del sector campesino, cada día más alejados de la
realidad de la agricultura que el país necesita. Las “locuras” del Comandante. Con el objetivo de cuadrar los campos y poder introducir nuevas tecnologías de riego, fertilización y cosecha, basadas en el uso de turbinas, tractores y otras maquinarias grandes consumidoras de combustible, fueron derribadas arboledas que producían las únicas frutas de consumo nacional, un rubro de por sí deficitario. Poco tiempo después se vino abajo la Unión Soviética y toda aquella locura quedó inconclusa, pues basaba su estrategia en el petróleo subsidiado proveniente de la antigua URSS. El daño estaba hecho, no había bueyes de tiro porque los habían sustituidos por tractores y camiones, tanto para el arado como el traslado de la caña a los basculadores de los centrales azucareros. El daño a los suelos causado por la utilización de maquinaria inadecuada provocó la sobre explotación de la capa vegetal que sumados a la incorrecta rotación de cultivos e introducción de nuevas variedades contribuyeron a la aparición de vectores y plagas muy voraces. La “idea del Comandante” era poner a producir cuanto espacio hubiera libre, quizás con la idea noble de verdad de producir alimentos. La limpieza de millones de hectáreas boscosas y de pastos con la utilización de buldócer dotados con cuchillas y cadenas especiales hizo desaparecer millones de Palmas Reales, (árbol nacional de Cuba) derribaron cercas limítrofes compuestas de árboles frutales, como piña, mangos, mameyes colorados y de Santo Domingo, etc. con ciclo de crecimiento y cosecha muy largos. Este desastre dejó sin el palmiche como tradicional alimento de los cerdos, eliminó zonas de pastos para el ganado, para las aves de corral y afectó la cría libre de otras especies que se alimentaban de maíz y de gramíneas que se reproducía en forma natural en las propias fincas. Entre las causas principales del avance del Marabú están precisamente los grandes movimientos de tierra que cambiaron el equilibrio ecológico. La eliminación de arboles mayores frondosos que frenan la población de arbustos maléficos como el Marabú. También influyó la diseminación de las semillas por el ganado. Otro factor fue la siembra de posturas sin los controles fitosanitarios a la hora de su traslado. La influencia malsana sobre la conducta de las aves que emigraban sin rumbo por los cambios en las condiciones de habitad, entre otros. Tampoco hubo la determinación de actuar para disminuir la aparición de estas plantas con planes de siembra de pastos y la forestación de los campos con frutales y otras plantas aprovechables. De las “locuras” del Comandante hay muchas
experiencias negativas, muy famosas como el conocido Cordón del Café
de La Habana, los intentos de disecar la Ciénaga de Zapata y
embotellar el guarapo de la caña. La obligatoriedad de vender las cosechas al intermediario estatal que fija de manera arbitraria los precios, causa la caída en la producción de alimentos de todo tipo: las frutas, las verduras y hortalizas desaparecieron prácticamente de los mercados. Los planes genéticos: la vaca Ubre Blanca. Cuba hace 50 años había resuelto ese problema y mantenía niveles comparables a los de Argentina y Canadá de acuerdo a la relación de miles de cabezas de ganado y la densidad poblacional de cada país. ¿Qué pasó? Muchas cosas, la principal tiene que ver directamente con los mecanismos centralizados del Estado para apropiarse de la producción y la eliminación paulatina del sector privado. Hoy quieran o no reconocerlo han tenido que privatizar la crianza de ganado bovino y los resultados en poco tiempo son espectaculares, al menos han logrado satisfacer la demanda de leche para los niños, los ancianos y cubrir las dietas médicas. Ojalá que esta experiencia se convierta en reflejo
de lo que hay que hacer con los demás sectores de la producción
agrícola y pecuaria de Cuba. Permitir que la inversión privada
movilice recursos y medios de todo tipo que diversifiquen la
agricultura y logremos por el bien de Cuba producir al menos la
comida que nos comemos.
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