Cuba jamás estuvo tan cerca de alcanzar destruir el sistema vigente de integración regional o interamericana que sobrevive la Guerra Fría, y que aunque a algunos no le guste, continúa siendo el más importante foro político continental. ¡Eso finalmente no ocurrió!
Destruir la OEA era el objetivo de la anti-cumbre de los países que integran el ALBA, realizada en Cumaná días antes de la V Cumbre de las Américas. Una estrategia enmarcada entre las metas del gobierno cubano después de su vuelta a Latinoamérica, huérfana del desaparecido campo socialista mundial.
El apoyo mayoritario recibido a la resolución que deroga a la que expulsó a Cuba de la OEA estuvo precedido por el discurso del delegado norteamericano que reconoció los errores cometidos y a la vez exhortó a las autoridades de la Isla a cumplir los estatutos de la organización e incorporarse a ese importante foro integrado por naciones democráticas. Con lo cual, Estados Unidos fortalece su posición de liderazgo acercándose a la posición de Brasil y dejando en minoría a los seguidores de Chávez y de Fidel.
El golpe a la OEA quedó en los deseos de Fidel que quiere ver nacer una organización continental sin los Estados Unidos. Utiliza a Chávez en su campaña antiimperialista y reforzar las posiciones geopolíticas de China que amenaza con invadir el patio trasero.
Pero nada de esto va a cambiar la situación interna dentro de Cuba, marcada por el desespero de la población ante la grave situación económica y las frustraciones de las expectativas no cumplidas de Raúl en el poder.
La situación política interna es cada día más difícil. La salida de importantes figuras del Estado marca el derrotero y delimitan las aspiraciones de los renovadores. Sólo contenido por el aparato represivo que aniquila y paraliza con saña a quienes se atreven a desafiar al régimen.
Hasta cuándo podrá mantenerse esa situación, es difícil predecirlo. Pero de mantenerse en el tiempo no necesitará del imperialismo, serán los cubanos quienes terminarán con el régimen.
Por eso Fidel jamás permitirá que Cuba regrese a la OEA donde tendría que escuchar el coro de las denuncias contra los atropellos a los disidentes, las violaciones a los derechos humanos, sociales y laborales de los trabajadores y el sometimiento de la nación.
Tendría Fidel que comenzar a revisar ahora la soberbia de David contra Goliat, reto que jamás pensó tendría ante un Obama inteligente, audaz. Seguro que el aislamiento alimenta al régimen por eso se acabará el embargo y después la dictadura.