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La dictadura cubana vive un momento delicado, se trata del gerenciamiento del proceso de transferencia de poderes entre el actual dictador - postrado y envejecido - y el aspirante a heredar su imperio empobrecido y despótico, movimiento que está trayendo aparejado tensiones ocultas tras las engañosas apariencias de un poder monolítico, que en realidad está a punto de derrumbarse estrepitosamente. Este fenómeno está matizado hoy día por un hecho sin precedentes en la ejecutoria del poder político cubano: la liberación de conocidos disidentes encarcelados. En las portadas de los más importantes periódicos del planeta, (así como también en los más humildes), de derecha y de izquierdas, se estampan hoy las imágenes de Raúl Rivero, un poeta cubano injustamente condenado a 20 años de prisión por publicar artículos de opinión, recibiendo en casa el abrazo de esposa e hijos. Es una unanimidad. Ya hubo antes en Cuba liberación de presos importantes, pero nunca la solidaridad internacional se ocupó como ahora de noticiar lo injusto de sus procesos de condena y de reflejar la alegría mundial por su liberación, con la connotación globalizante que la opinión pública mundial ya ha sentenciado unánimemente: ¡fueron condenas injustas! Impactados por la celeridad de los hechos que se suceden en la isla, secuenciados cual tropel incontrolable, casi no percibimos la estructura tras la cual la cual la dictadura se mueve para ganar terreno ante un mundo que la condena, apoyado en imágenes envejecidas, idílicas y juveniles de los "años sesenta", que todavía perduran entre los socialistas europeos empeñados, ahora como gobernantes no tan jóvenes, en lavar la cara de una dictadura detestable y envilecida por el abuso del poder. Pero el dictador, desgraciadamente para los cubanos, tiene todos los defectos menos la improvisación. Los excarcelamientos que conmueven al mundo han sido cuidadosamente calculados para tirar ventajas políticas en favor de un gobierno moribundo, represivo e impopular. Caminando ahora en dirección a Europa, el dictador cubano ensaya su último movimiento geopolítico, habidas cuentas del fracaso aparente en convencer a China para que juegue contra Norteamérica una partida perdida de antemano en favor del castrismo. Fue notorio como las gestiones de Zapatero ante sus pares europeos, semanas atrás, fueron despreciadas por la Habana a través de declaraciones destemperadas de los personeros de la isla, seguros de que China aceptaría la propuesta cubana de concretar con el gigante asiático "el trato del esqueleto". La visita de Jintao a Cuba sirvió, además de para que el dictador cubano espetara públicamente varias insolencias en el mandatario chino, también para que se esfumaran los castillos en el aire que se había formulado la diplomacia isleña. Eso bastó para que el dictador diera marcha atrás en la operación de desprecio a Zapatero (y a Europa) de días antes y mandó a su Canciller a reunirse urgentemente con el embajador español en la Habana primero, y el francés después, para enarbolar bandera blanca. Se puede decir sin lugar a dudas, que la dictadura cubana está ahora en manos de la Unión Europea. Podemos hacer conjeturas del porqué China no aceptó similar misión que la antigua URSS a mediados del siglo pasado financiando la supervivencia de la isla, pero lo cierto es que las palabras del dictador ante Jintao no dejaron lugar a dudas de las diferencias entre ambos mandatarios, que se limitaron a firmar papeles insignificantes, como testimonio de las limosnas que Hu Jintao dejó en Cuba, a no ser porque la parte china está particularmente interesada en apropiarse de una parte del níquel cubano, única pieza de valor que aparentemente encontraron en la deteriorada isla. De petróleo no se habló. Es en este contexto que la dictadura ensaya un movimiento peligroso, sobre todo durante el proceso sucesorio. Raúl Castro, heredero designado, es el máximo incentivador de establecer fuertes relaciones con China, que de haberse concretado no hubiera habido necesidad de excarcelar a los patriotas que hoy podemos abrazar libremente, ya que los asiáticos no pondrían pretextos de este tipo para asociarse. ¿Que condición exigió el dictador para haberse entregado a China, o que condición exigió China para cargar con el pesado fardo de la dictadura?, es algo sobre lo cual se pueden hacer conjeturas, pero lo cierto es que Cuba está ahora ensayando un minué solitario y complicado con Europa, resultado de lo cual pudiéramos estar muy cerca del desplome total de la dictadura, dividida internamente por el desprecio chino ante las propuestas cubanas. Es en este contexto que Raúl Rivero ha devenido - sin proponérselo - en la única unanimidad opositora cubana dentro y fuera de la isla, y de sus decisiones de futuro dependen grandemente el tiempo de supervivencia que el dictador y/o su sucesor tengan como 'capos' de la cárcel grande en que han convertido la isla. Un poeta es ante todo un hombre que casi nunca hace política, pero este poeta también es un cubano, que como pocos (aunque han sido muchos los encarcelados, pocos han tenido un Alexei) ha probado las excrecencias de una cárcel injusta, por lo cual probablemente tenga entre sus misiones, el tejer la fina y necesaria red de voluntades cubanas, internas y externas, de gobiernos europeos y americanos, de sectores de derecha e izquierda, que ponga fin a la pesadilla que él condena con todas sus fuerzas, en la seguridad de contar con la buena voluntad de una enorme pléyade de descontentos existentes en el seno del ejército, el partido y los cuerpos policíacos cubanos. Las decisiones personales de Raúl Rivero deben ser respetadas, apoyadas y aplaudidas, él lo merece. Pero sería excelente para la patria necesitada, que el poder del símbolo que él carga (involuntariamente, aunque no lo quiera) potenciado por su carencia de compromisos partidarios dentro o fuera de la isla, lo use para algo más que para maravillarnos con su prosa indescriptible de imágenes voluptuosas y criollas, dedicándolo a propiciar el inicio del cambio que todos anhelamos, los de dentro y los de fuera, los de izquierda y los de derecha, los de Europa y Norteamérica, los comprometidos con la dictadura y los inermes ante ella. Todo un poema dedicado a la patria. Ya un dramaturgo ejecutó un papel similar en la Checoslovaquia democrática actual; ¿porqué no esperar que el nuevo héroe - poeta - creado y criado involuntariamente por la propia dictadura en su desidia y santificado hoy por el mundo globalizado y mediático que lo promueve en sus páginas centrales como nunca soñamos antes, sea factor desencadenante del proceso que el mundo entero anhela para la sufrida isla de Cuba? Nunca antes habíamos estado ante tal unanimidad y por tanto, tan cerca del final obligado.
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