|
| |
Receta para el fracaso
Oscar
Espinosa Chepe
|
Un pueblo no se funda, General,
como se manda un campamento
José Martí, carta al General Máximo Gómez, Nueva York, 20 de octubre de 1884
En de
un marco de represión generalizada contra los cubanos que durante años han
trabajado en el mercado emergente, se ha creado un clima de miedo en todo el
país. Si antes de los huracanes pululaban las personas proponiendo productos,
fundamentalmente agrícolas, luego, por arte de magia, han desaparecido. Hasta
los viejitos, vendedores de sus cigarros racionados y periódicos para aligerar
la precaria situación económica, se han esfumado.
Únicamente pueden hallarse
mercados agropecuarios estatales cerrados, y los abiertos tienen ofertas
extremadamente reducidas, con largas colas de personas esperando la llegada de
algún producto. Además, cuando pueden comprar, sólo tienen acceso a cantidades
limitadas, por ejemplo 5 libras de frijoles, 10 libras de tubérculos o 10
cabezas de ajo. Incluso el pan, en venta libre desde hace tiempo a 10 pesos por
460 gramos, ahora sólo pueden adquirirse 3 ó 4 piezas, y en ocasiones se ven
largas colas para acceder a este vital alimento.
La situación, en determinados
aspectos, se torna parecida a los momentos más álgidos del Período Especial de
comienzos de los años 1990; en un clima de incertidumbre y miedo. Paralelamente
al ambiente represivo, por el chequeo constante a las personas que salen con
paquetes o bolsas y los juicios sumarios a quienes son acusados de traficar con
productos, como pueden ser 30 huevos de gallina o un par de litros de leche, se
ha anunciado la creación de nuevas formaciones paramilitares para cumplir
misiones de “aseguramiento combativo, logístico y técnico, así como para el
cumplimiento de medidas de defensa civil”, según una resolución del Ministro de
las Fuerzas Armadas Revolucionarias publicada en la Gaceta Oficial. Son
agrupaciones subordinadas a las Milicias de Tropas Territoriales (MTT).
La creación de estas nuevas
estructuras “para la defensa” resulta sorprendente, pues en Cuba sobran
instituciones castrenses, que van desde el ejército, amplios organismos
represivos en las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, encabezados por
la policía política, una vasta red de Defensa Civil y las MTT, hasta los Comités
de Defensa de la Revolución (CDR) en cada cuadra; sin soslayar las Brigadas de
Respuesta Rápida, siempre dispuestas a denunciar y golpear a los ciudadanos que
reclamen sus derechos.
Cuando existen reales posibilidades de que el 4 de noviembre triunfen las
fuerzas políticas en Estados Unidos, que se ha pronunciado partidarias de la
diplomacia y el diálogo, incluso con el gobierno de Cuba, resulta un
contrasentido crear ese innecesario cuerpo paramilitar que duplica las
estructuras represivas y eleva aún más los enormes gastos ya existentes en
materia de orden interior.
Esa decisión se contradice con
los tres pronunciamientos de Raúl Castro desde que asumiera el poder en julio de
2006, de estar dispuesto a realizar conversaciones con las nuevas autoridades
surgidas de ese proceso electoral.
El único sentido que pudiera
encontrarse a esa incoherente medida, además de crear condiciones adicionales
para acrecentar la represión interna ante el temor al surgimiento de
convulsiones sociales, sería un gesto para boicotear las intenciones positivas
de Barak Obama de propiciar mecanismos para la eventual mejora de las relaciones
con Cuba. Esto encontraría explicación en el interés del sector más
recalcitrante del gobierno, que necesita la confrontación con el supuesto
enemigo estadounidense para mantenerse en el poder.
Por supuesto, esto va en contra
de los intereses del pueblo cubano, que vive en condiciones muy difíciles,
agravadas por el azote reciente de dos huracanes, lo que podría complicarse aún
más a causa de los efectos negativos de la crisis financiera mundial, ya que
Cuba carece de reservas para enfrentarla.
Hoy, el mensaje del Apóstol José
Martí al venerable Generalísimo Máximo Gómez, con todo respeto, pero al mismo
tiempo con la mayor sinceridad, también podrían dirigirse al General Raúl
Castro, pues el camino emprendido en las últimas semanas - cada vez más alejado
de sus propuestas iniciales de gobierno- es una receta para el fracaso y el
desastre.
La vía que necesita Cuba no es la
fuerza, sino la cooperación entre todos los cubanos. Es la de la concertación
para aunar esfuerzos y reconstruir el país. Una senda que desde una posición
digna y honorable permita iniciar el tránsito hacia el entendimiento con las
nuevas autoridades de Estados Unidos, la Unión Europea y el resto del mundo.
Oscar Espinosa Chepe
Economista y Periodista
Independiente
La Habana 20 de
Octubre de 2008
Inicio de página
Retornar a la página principal
|