Así declaró Fidel Castro en una
Reflexión sobre las recientes medidas
humanitarias de Obama. Tiene mucha razón: los cubanos no queremos
limosnas.
Vale la pena, entonces, destacar las limosnas que rechazamos
y lo que
demandamos incondicionalmente del gobierno cubano.
No queremos que “flexibilicen gradualmente” las normas
migratorias y de
viajes. Demandamos la supresión de los permisos de entrada y
salida del
país, el derecho a migrar y retornar libremente, la
liberación de los
parientes que tienen de rehenes sin permitirles la
reunificación familiar
y el cese de todas las represalias
contra los que desean migrar hacia el
exterior o dentro de Cuba.
No queremos que nos “autoricen” a mantener contactos con
nuestros
familiares. Demandamos la abolición del pago de trámites
para ir a nuestro
propio país, el reconocimiento del uso de pasaportes de
aquellos países
donde somos ciudadanos, la reducción de tarifas telefónicas
y de los
impuestos sobre remesas, las cuales son las más altas del
Hemisferio
Occidental y de las más caras del mundo.
No queremos que se amplíe “gradualmente” el uso “social” de
Internet.
Demandamos ejercer el derecho a acceder a la red de redes
mundial –no al
controlado Intranet- sin “filtros”, pagando en moneda
nacional y desde
cualquier parte del territorio nacional, incluyendo los
hogares.
No queremos que se entreguen tierras en “usufructo” por diez
años, donde
no se puede residir para labrar la
tierra. Demandamos una verdadera reforma
agraria que entregue los latifundios estatales improductivos
a quienes los
hagan producir.
No queremos “autorización” para adquirir celulares y acceder
a hoteles.
Demandamos que la moneda nacional sea una sola y que los
precios de esos y
todos los servicios se correspondan con los niveles del
salario medio y su
poder adquisitivo.
No queremos una política informativa “más critica y
abierta”. Demandamos
el libre acceso a todas las
fuentes de información por medio de la TV
satélite e Internet y el derecho a
diseminar criterios e informaciones por esas
vía y en la prensa nacional sin
temor a represalias.
No queremos que el Partido y el Estado nos “autoricen” cada
cierto número
de
años a decir lo que pensamos sin temer represalias.
Demandamos la
inmediata e incondicional
cancelación de toda la legislación represiva que tipifica
como delitos contra la seguridad del Estado y como
“propaganda enemiga” y
“diversionismo ideológico” la expresión de cualquier criterio que no sea
del agrado de los funcionarios.
No queremos “canjes” de presos por conveniencias políticas.
Demandamos la
revisión de todas las leyes y decretos vigentes -a la luz de
los
estándares establecidos por la
Declaración Universal de Derechos Humanos y los Pactos
sobre Derechos Políticos y Civiles y sobre Derechos
Económicos, Sociales y
Culturales-, acompañadas de una revisión de todas las
sanciones contra
personas que, habiendo sido acusadas de delitos comunes o
políticos no han
cometido delito alguno a la luz de esas normas, por lo que
deben ser
liberadas, cancelados sus antecedentes penales y compensadas
por la
arbitrariedad cometida en su contra.
>
No queremos que el Estado nos siga prometiendo que va a
mejorar los
empobrecidos niveles de vida que hoy sufrimos. Demandamos
que nos liberen
de las leyes que impiden al
ciudadano tomar iniciativas económicas
personales o familiares para su
autosostenimiento, y que a la vez se provean productos
y servicios al resto de la
sociedad.
>
No queremos que el gobierno siga prometiendo reponer las
pérdidas y
reconstruir las viviendas a los damnificados de los
ciclones. Demandamos
que se respete su derecho a
recibir ayuda directa de cualquier país,
institución o persona que desee
prestársela.
La lista no es exhaustiva, pero de ella se deriva una
conclusión simple.
Los pasos dados la pasada semana
por la Administración Obama son concretos y
benefician de manera instantánea a millones de cubanos,
mientras que los
pretendidos “cambios” que se asocian a Raúl Castro se han
producido a
cuenta gotas por casi tres años, y
constituyen hasta hoy inaceptables limosnas
> ofrecidas al ciudadano de a pie en la isla.
>
Estas son algunas de las demandas soberanas del pueblo
cubano. A
diferencia
del levantamiento del embargo, no dependen de discusiones y
decisiones de
un parlamento extranjero. Tampoco
de “gestos” de nadie. Esperan apenas por el
acatamiento de la voluntad popular por el gobierno que
pretende
representarla.
Apoyar esas exigencias -en lugar de mendigar o agradecer
limosnas- es un
servicio a la defensa de la soberanía nacional. En defensa
del único
legitimo y genuino soberano que es el pueblo cubano.
Publicado en: Cambio de época | Actualizado 17/04/2009 18:05