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El hecho de que Dios no esté de moda, no implica que no se ore con intensidad y fervor por los que no creen en él. Decía Henry Bergson, el famoso filósofo francés del siglo XIX que, “la vida existe más allá de los seres vivos y esto nos debería inducir a mirar espontáneamente a Dios, ya sea para adorarlo o desconocerlo”. Próximamente se estrenará en Argentina y se augura un resonado éxito “Teresa, la Obra en musical’ que expone como esta humilde y simple mujer, que la humanidad en pleno conoce como la Madre Teresa de Calcuta, entregó su vida a Dios, a través de los más pobres entre los pobres. Pero hay que reconocer con cierto dolor que Dios no está de moda. Todo un movimiento agnóstico muy activo y bien articulado, al cual debemos el mayor de los respetos, aunque discrepremos profundamente de él, intenta sacar al Creador de las escuelas, de los monumentos, de las referencias históricas, de las conversaciones familiares, de las bendiciones cotidianas, del corazón del ser humano y hasta de la fiesta agradecida del Día de Acción de Gracias. ¡ Ambicioso proyecto contra Dios ! Desde la antigüedad primitiva, cuando los seres humanos buscaban a Dios en la revelación cósmica del sol o de la luna y hacían sacrificios cruentos de alabación, hasta nuestros días, la fe en Dios ha recorrido un largo camino de sombras y de luces. Después resurge Dios en la Revelación a Israel con los documentos esclarecedores del Antiguo Testamento. Y vendrían los profetas Jeremías y Ezequiel para advertirnos que los sacrificios humanos para alabar a Dios eran inaceptables por su sentido holocaústico. Y con posterioridad vendría la Revelación de Cristo que pide una “metaiona” o cambio de mentalidad para sentenciar que de nada valen los cultos externos de los sacrificios a Dios, si no hay pureza de corazón y conciencia mesiánica de servir al prójimo. Como complemento a estas dos trascendentales revelaciones en la historia de la humanidad, la revelación del pueblo de Israel y la revelación de Cristo, que sirven de marco para una visión salvífica en la historia humana, no debemos pasar por alto la Revelación de Mahoma, en el siglo VII, que resume en el Corán la veneración apasionada de Dios que profesa el mundo musulmán. Estas revelaciones, con pasión y fe, buscan la conversión interna del ser humano en reconciliación permanente con Dios. Y por esa razón, el Creador, con sus bondades y misericordias, está en el eje de estas tres civilizaciones. Sin embargo, no es un fenómeno nuevo ni novedoso este intento contemporáneo de borrar a Dios de cualquier referencia existencial. Mientras más se materializan los ordenadores de la sociedad actual con las ansias desenfrenadas del poder por el poder que mostraron los más influyentes personajes del modernismo totalitario del siglo XX, como Hitler, Stalin, Pol Pot o Fidel Castro, por mencionar solo a algunos, y se prosiga colocando al mercado capitalista desenfrenado, como el eje estimulador de toda la razón de vivir, el ser humano seguirá siendo relegado a un simple papel que se estruja al arbitrio del dinero y el intento por matar a Dios seguirá encontrando fundamentos estimuladores. Y este es precisamente el conflicto que presenta “Teresa, la Obra en musical” que se concentra en la conversión del personaje que no cree en Dios, pero que termina entendiendo el mensaje de solidaridad humana de la Madre Teresa de Calcuta y finalmente se acerca con humildad al Creador y a la revelación amorosa de Cristo. “Teresa, la Obra en musical” toca el corazón de la gente porque en sus diálogos y mensajes revela que todos somos pobres en algún sentido de amor. Y toda esta pobreza que, en el fondo es un gesto admirable de humilidad, sirve de punto de partida para reconstruir la sociedad en base a valores de bondad sustentados en el Dios creador. Las referencias recientes para borrar a Dios de la mente y del corazón del ser humano son múltiples e intensas por diferentes instituciones prestigiosas del mundo. En los Estados Unidos, lo mismo vemos los intentos de borrar a Dios de los colegios, en los que se quiere prohibir cualquier mención al Creador entre los alumnos; que la decisión de sacar de la vista del público al Monumento en Memoria de los Diez Mandamientos que descansaba en los predios de una reconocida institución jurídica; o de sentenciar que en el agradecimiento por el Día de Acción de Gracias, sólo haga se referencia a los Indios y no a Dios. Pero a pesar de todo este intenso proyecto contra Dios, hay que decir que la presencia del Creador es un hecho ineludible, inclusive para los que tienen la entereza de no aceptarlo. Dios es como ese mar maravilloso de belleza que permanentemente acaricia las asperezas arenosas de las rocas y las dulzuras tiernas e infinitas de la brisa. Dios está, querámoslo o no. Y por ello se convierte en una presencia ineludible, pues el Creador es la mente abrumadora de poder infinito que, con su mano misericordiosa, modeló la pasión de vivir en la historia. En fin, la ofensiva intensa contra Dios la tenemos ante nosotros y a nuestro alrededor, sin embargo es esperanzador comprobar que los valores morales van mostrado un incremento de interés entre los pueblos del mundo. Tal vez la mejor actitud ante el hecho de que el Creador no esté de moda, sea orar por los que no creen en él con entera humildad, pues la conversión es un carisma que se genera en la fe que mueve montañas. | ||||||||
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