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Los heraldos proclamaron la elección de Cuba como uno de los tres
vicepresidentes del Consejo de Derechos Humanos de la ONU el 21 de junio,
en los medios de divulgación nacionales. Una Declaración de la Embajada
en Ginebra señaló que “es un reconocimiento a la ejemplar ejecutoria y a
la obra de la revolución cubana a favor de los derechos humanos de su
pueblo y de todo el mundo”.
El Relator contra la Tortura, Sr. Manfred Nowak, se quejaba días antes
de que el gobierno cubano ha pospuesto reiteradamente su visita
evaluativa y denotó frustración porque no podrá hacerla antes de
concluir su mandato de octubre próximo. Tampoco se han ratificado el
Pacto sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y el Pacto sobre
Derechos Civiles y Políticos suscritos para ilusionar hace más de tres
años.
Más aún, el primer semestre de 2010 transcurrió con la muerte del
prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo por una huelga de hambre
en reclamo de sus derechos; otra desde el 24 de febrero de Guillermo
Fariñas; la permanencia en prisión por más de un año, sin cargo
judicial, del Dr. Darsy Ferrer; los crueles “mítines de repudio” a las
Damas de Blanco; la represión a la oposición pacífica; 53 reos de
conciencia de los 75 cumpliendo 7 años de injusto y cruel confinamiento,
la mayoría en muy mal estado de salud, y alrededor de otros 150 presos
políticos pacíficos consumiéndose en las mazmorras. Simultáneamente, el
pueblo está sometido a grandes carencias alimentarias e imposibilidad de
cubrir sus necesidades básicas, incluido contar con una vivienda digna,
cuando el salario promedio y las pensiones mensuales están por debajo
del límite de la pobreza, unos 20 y 10 dólares mensuales respectivamente;
los servicios de salud y la educación se desploman; los cubanos no
pueden expresar sus opiniones ni desplegar su creatividad y
prácticamente todo está prohibido.
La crisis económica, política y social es tan profunda que el Presidente
Raúl Castro reconoció en julio de 2007 la necesidad de cambios,
pospuestos según se ha recuperado el Comandante en Jefe y la burocracia
pugna por mantener el poder absoluto para gozar de los privilegios
detentados desde hace 51 años a base de lealtad política por encima de
los conocimientos y el trabajo. Hechos notorios de corrupción afloran en
los altos niveles, sin que se juzguen y la población sólo es informada
sobre las demociones. Hasta personalidades usualmente muy vinculadas al
gobierno emiten juicios críticos.
El caos interno y el desprestigio internacional han propiciado que por
primera vez el gobierno inicie negociaciones con una institución
nacional. La Iglesia Católica Cubana está efectuando conversaciones
promisorias, a la luz de la reunión entre Raúl Castro y el Cardenal
Jaime Ortega. Cuestión fundamental es la liberación de los prisioneros,
pero podrían extenderse a asuntos medulares de la sociedad. Ya se han
apreciado ciertos resultados, con la liberación de Ariel Sigler,
prisionero de conciencia con muy precaria salud, el acercamiento de 12 a
sus lugares de residencia, y el juicio y excarcelación del Dr. Darcy
Ferrer, aunque con una sentencia injusta.
El proceso es muy lento, probablemente debido a la reticencia de
poderosas fuerzas internas aferradas a sus viejos métodos. También
algunos integrantes de la oposición interna, y tradicionales
personalidades y grupos del exilio se oponen, pero los esfuerzos de la
Iglesia Católica Cubana merecen apoyo; una oportunidad merecen los
presos y el pueblo cubano todo. En espera de resultados sustanciales, la
Unión Europea pospuso hasta septiembre su decisión sobre la política que
seguir hacia el gobierno de La Habana.
Con tantos problemas en materia de derechos humanos, resulta un
contrasentido la elección del representante del gobierno cubano como
vicepresidente del Consejo de las Naciones Unidas. En realidad, es el
organismo de las aspiraciones a que los miembros se comprometan a
mejorar su historial de violaciones y procurar contener escandalosas
arbitrariedades, a pesar de las componendas de la mayoría de sus
integrantes. Es como decir “del mal, el menos”. Las vicepresidencias son
avaladas por regiones, de ahí que cuando se lleva su apoyo, la elección
es usualmente por aclamación de los 49 miembros, como fuera en el caso
de Cuba -publicitado en el archipiélago como muestra de inmenso
prestigio. El GRULAC (América Latina y el Caribe) está compuesto por
Argentina, Brasil, Cuba, Ecuador, Guatemala, Uruguay, México y Chile,
para el período del 19 de junio de 2010 a 18 de junio de 2011; una
composición muy cercana a La Habana, salvo los dos últimos. Serviría
para comprender un poco los entuertos del Consejo, saber que el
presidente es el representante de Tailandia, inmersa hasta hace poco en
revueltas contra el primer ministro, resultantes en muchos muertos,
heridos y presos, y que se mantienen latentes.
Habrá que suponer que al ser vicepresidente del Consejo, el gobierno
cubano cumpla “su compromiso” en materia de derechos humanos, en primer
lugar con su respeto real en casa y la liberación de los prisioneros de
conciencia y políticos pacíficos, así como la realización de cambios que
posibiliten comenzar a salir del caos y la reconstrucción, con la
participación libre y respetuosa de toda la sociedad civil.
La Habana, 25 de junio de 2010
Miriam Leiva
Periodista Independiente
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