UNA DE CAL Y OTRA DE ARENA

Luis Manuel Lima

 

La diplomacia de la cultura y el arte acompañan el incipiente proceso de acercamiento entre Cuba y Estados Unidos. Buscar el diálogo y la distensión por otros caminos no agotados, por eso, los intentos radicales de matar al mensajero. Las declaraciones de Silvio Rodríguez en Puerto Rico y en Nueva York reflejan las muchas verdades que están a flor de piel y necesitan ser discutidas. Buscar el entendimiento y la cordura a cualquier precio significa salvar a Cuba.

Quizá es el primer fruto del controversial Concierto por la paz en La Habana que logró de cierta manera descongelar las relaciones culturales entre Cuba y los Estados Unidos y contribuye sobremanera a mejorar el acercamiento a la comunidad cubana en ese país. Además, el debate previo y posterior al concierto fue rico en vivencias e incrementó el amor hacia Cuba. El exilio ganó muchos corazones y se derrumbaron mitos. Hoy sabemos que unidos es la mejor manera de encontrarnos para reinventar el presente y el futuro. Aunque nos limitan los escollos de los irracionales que creen más en el odio que en el amor.

Por eso, es notorio el acierto de quienes de lado y lado han apostado al encuentro desde el arte, la música y el canto, fortalezas de nuestra cultura que nos identifica internacionalmente. La música es un bien cultural unida a cualquier alma humana. La reserva más exquisita de nuestro pueblo está en sus artistas y creadores que desde la poesía y las notas musicales sensibilizan las almas y derrotan la intransigencia como forma de socialización.

Debe privar el interés común patrio para enfrentar el desafío a las contradicciones y los espejismos que nos frenan y limitan. Ya los políticos han desaprovechado mucho tiempo para encontrar solución a las diferencias, llegó la hora de hallar maneras novedosas de aproximación que permitan establecer la confianza perdida, necesaria para el inicio de cualquier relación humana.

El exilio de manera general mal interpreta el rol de los Estados Unidos en cualquier tipo de acuerdo o negociación futura con el estado cubano. Muchos creen que forma parte de esos intereses. En dicho parecer hay mucha exigencia hacia las autoridades norteamericanas que actúan de acuerdo a los intereses de su país. Que la política norteamericana con relación a Cuba, hasta ahora, se haya identificado mayoritariamente con los intereses del exilio no quiere decir que haya sido siempre lo correcto ni el precedente suficiente e indispensable para que lo continúe siendo. Hay que recordar el caso del niño balsero Elián González y otros malos ejemplos como las medidas del reforzamiento del embargo del gobierno de George W. Bush que trajeron alejamiento y sufrimiento para las familias cubanas. Medidas contraproducentes que reforzaron al régimen a la hora de justificar la arremetida contra la disidencia interna y declarase “víctima de las políticas imperialistas”.

Hay que lograr que los artistas cubanos residentes en Estados Unidos y en cualquier parte del mundo vayan a Cuba a cantar al pueblo, no a tumbar el gobierno ni a ofender con frases y consignas. Con respeto, como hacen todos los artistas en el mundo. Silvio no ofende en sus conciertos en Estados Unidos ni hace reflexiones irrespetuosas hacia el país donde canta. Gritar “viva Cuba libre”, “abajo Fidel” o cualquier epíteto no cambiará las cosas. Los artistas no tienen ese rol que algunos quieren asumirles.

Los políticos temen al comportamiento de las multitudes, sobre todo, en estos tiempos cuando la política y los políticos están en crisis. De allí quizás el miedo de algunos. Pero en la Plaza de la Revolución en La Habana los asistentes al Concierto por la paz fueron protagonistas de la magia que invoca la libertad de escucharse sin ofensas y el privilegio de vivir la pluralidad del conglomerado y el desenfreno que engendra la maravilla del arte que convoca a amar.

Los temas abordados por Silvio en la conferencia de prensa han encendido las praderas. Reconocer cosas y verdades es difícil y aunque duela queda la marca de haberlas dicho y en los adentros de la diversidad de pareceres, el reconocimiento a su valentía por expresarlas.

Silvio viene opinando desde hace algún tiempo sobre las necesidades que la realidad indica. Nada es ajeno a su comportamiento rebelde, a la originalidad y autonomía de carácter que expresa una de cal y otra de arena que es la manera que la sociedad tiene para equilibrar las cargas. Él vive en Cuba, es hombre que defiende sus principios y dice cosas que matan y otras que lo glorifican, asumiendo desde luego su realidad y la salida que identifica como justa.

Los desafíos de Silvio al reconocer que hay presos políticos en Cuba, decir que deben ser indultados y que fueron condenados de manera inadecuada. Sin dudas, son reflexiones críticas y además propone salidas incluyentes que él considera ayudarán a mejorar los propósitos futuros. Recomendó a Barack Obama el levantamiento del embargo que tendría influencia hacia el interior de Cuba y que replantearía la manera del régimen hacer las cosas.

Igualmente expresó su preocupación por los que llama, “cinco héroes” los espías presos, pero reconoce que violaron leyes de Estados Unidos y considera que ha pasado mucho tiempo y deben ser liberados. La verdad es que Silvio dijo muchas cosas que contradicen la postura oficial del gobierno cubano y eso tiene un costo para él. También dijo a boca de jarro que los argumentos que defendemos los demócratas todavía no son prioridad absoluta de la mayoría.

En política todo lo que ocurre no siempre gusta pero a veces son necesarias las decisiones que abran posibilidades y eliminan el inmovilismo que aleja y deshumaniza. De lado y lado está la responsabilidad de no dejar que la cuerda se siga tensando y que los extremos se impongan. El arte y sus manifestaciones pueden contribuir de manera original a crear las bases de la distensión. La guerra significa la muerte que nunca ha resuelto nada al hombre. Apostemos por la vida y tendremos Patria con todos y para el bien de todos.




 

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