Luces y sombras de la 
República de Cuba

Lic. Oscar Espinosa Chepe

El centenario de la República se conmemoró el 20 de mayo. Surgió de una intervención extranjera que contribuyó a la conclusión más rápida de la guerra de independencia contra el colonialismo español, e impidió mayores sufrimientos y derramamientos de sangre al pueblo cubano, pero que comprometió el futuro nacional.

Su Constitución se aprobó con el apéndice de la Emmienda Platt y, en lo económico la dependencia a Estados Unidos se refrendó mediante el Tratado de Reciprocidad Comercial; instrumento que definió las características monoexportadoras y pluriexportadoras del país.
Indudablemente, los patriotas cubanos no tenían otra opción que aceptar la situación deparada por las circunstancias históricas y geopolíticas. La sagacidad de los políticos cubanos de la época quedó evidente en que a pesar de aceptar las imposiciones nocivas a la soberanía, lograron lo que ninguno de los demás territorios salientes del colonialismo español como consecuencia de la guerra hispano-estadounidense: un gobierno autóctono que propiciara en el futuro modificar los acuerdos establecidos. De ello, lo más notable fue la eliminación de la Emmienda Platt en 1934, gracias a la perseverancia cubana.

No obstante, las relaciones con Estados Unidos también tuvieron aspectos positivos. En los albores del Siglo XX, ese país era uno de los más desarrollados del mundo, por lo cual los vínculos establecidos permitieron el acceso a avanzadas técnicas en importantes esferas como las comunicaciones, la administración, la banca, la construcción, la enseñanza, la medicina, entre otras.

Asimismo, el mercado seguro y la llegada de capital norteamericano, básicamente el de los refinadores que desde los tiempos de la colonia se abastecían de azúcar crudo cubano, propiciaron una impactante recuperación económica.

Mientras en 1900 la producción azucarera fue de 300,0 miles de toneladas, en 1905 se llego a 1,16 millones de toneladas, volumen superior a cualquier otra zafra realizada bajo el dominio español. En 1919 se fabricaron más de 4,0 millones de toneladas (se contaba con una población de 2,8 millones de habitantes); y en 1925 se alcanzaron 5,2 millones de toneladas.

Por su parte, la ganadería vacuna, casi desaparecida como consecuencia de la guerra, ya tenía a principios de los años 30, más de 4,0 millones de cabezas.

Debe significarse que ambos avances resultan extraordinarios, si se considera que en el 2001 la zafra sólo ascendió a 3,5 millones de tons. de azúcar, contando con una población de 11 millones de habitantes; y la existencia de ganado no rebasa la cifra de entonces según fuentes oficiales.

Las vías férreas se incrementaron tan rápidamente que en los años 20, por su extensión, el sistema cubano únicamente era superado en América Latina por pocos países del Cono Sur. Igualmente, mientras que durante la colonia las carreteras sumaban varias decenas de kilómetros, y la parte occidental debía comunicarse con las provincias orientales a través del mar, ya en los años 30 existían miles de kilómetros de vías y casi todo el territorio nacional se enlazaba por tierra.

En la salud pública, los logros fueron notables. Se realizaron grandes campañas de vacunación e higienización. Se erradicó la fiebre amarilla, la cual estimuló la inversión foránea al disminuir apreciablemente los riesgos para los extranjeros.

También positiva resultó la formación de personal especializado en la esfera de la salud. Cuba disponía de un médico por cada 960 habitantes en los años 50. este indicador era muy superior al de cualquiera otra nación latinoamericana, e incluso al de Francia y Holanda, Inglaterra, Suecia y otros países desarrollados, de acuerdo a datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Se destacaba el número de camas en los hospitales. Según el censo del Colegio Médico Nacional, había un total de 24 829 camas en los años 50, lo cual representaba 234 habitantes por cama. De ellas, 16 322, el 65,7%, eran camas públicas.

Sin embargo, el nivel asistencial no era homogéneo en el país. Cuando en la provincia de La habana existían 96 habitantes por cama, en Pinar del Río llegaban a 662, en Camaguey a 516 y en Oriente 514. con los médicos ocurría una situación similar, pues más del 50,0% ejercía en la ciudad de La Habana. Por ello, en determinadas zonas del país, especialmente las rurales, la asistencia médica era deficiente.

Pero al comparar los índices de Cuba con los de los demás países latinoamericanos, el saldo era favorable a nuestra isla. Basta constatar que la tasa de mortalidad infantil era de 32 por cada 1000 nacimientos en 1957, la más baja del subcontinente e inferior a Francia, Bélgica, Alemania Occidental, Japón, Austria, España, Italia y Portugal.

Hoy el gobierno cubano reporta una tasa de mortalidad infantil de 6,2 por cada 1000 nacimientos, mas deben considerarse los progresos científico-técnicos en la salud de esta época, además las prácticas de abortos para dar término a los embarazos de alto riesgo, lo cual contribuye a disminuir las cifras.

La esperanza de vida era de 62 años entre 1955-1960. incuestionablemente elevada en esa época.
La educación también acusó avances destacados. Según el censo en 1899 apenas el 43,2% de la población de 10 años o más estaba alfabetizada. En 1931 llegó al 71,7%, y en 1953 al 76,0%. Ello sólo resultaba superado por Argentina (87,0%), Chile (81,0%) y Costa Rica (79,0%).

En relación con la economía, desde sus orígenes estuvo marcada por una dependencia muy grande a un producto: el azúcar; y a un mercado: el norteamericano, como señaláramos anteriormente.

Además existía una gran concentración de tierra en pocas manos, y estaba dedicada esencialmente al cultivo de la caña de azúcar. De tal manera, se implantó el monocultivo azucarero y una economía de plantación, activa en los meses de zafra y deprimida el resto del año. El tiempo muerto. Surgían períodos de expansión, cuando los precios del azúcar lograban altas cotas en el mercado internacional; y terribles depresiones, cuando éstos se reducían.

Como el crudo cubano monopolizó el mercado norteamericano hasta los años 20, no hubo grandes dificultades. No obstante, entonces se presentaron problemas para vender la producción cubana, ya que muchos países empezaron a desarrollar su industria, mediante la remolacha o la caña de azúcar, incluidos los Estados Unidos y sus dominios como Puerto Rico, Hawai, Filipinas e Islas Vírgenes. Se evidenciaron pues los inconvenientes de atar el futuro del país a un único producto.

El gobierno del tristemente célebre Gerardo Machado restringió la zafra según los estimados de exportación; adoptó ciertas medidas proteccionistas; y en 1927 introdujo una reforma arancelaria que incentivó la producción de artículos como huevo, mantequilla, queso, carne de aves, leche condensada, calzado y otros.

No obstante, los progresos en la diversificación productiva fueron limitados, en el marco de la crisis mundial comenzada en 1929 y la inestabilidad política creada por la ambición de poder del Presidente Machado.

La constitución de 1940, quizás la más avanzada de su época, creó grandes esperanzas en el desarrollo: especialmente respecto a la propiedad de la tierra y la erradicación del latifundio, proscrito en el Artículo 90. pero las leyes complementarias nunca se plasmaron. Por tanto, se mantuvo la dependencia de la economía a un solo producto y a las veleidades de su cotización.

La importancia de esta negativa característica se trató por muchos eminentes cubanos y misiones extranjeras, como la del Banco Interamericano de Reconstrucción y Fomento, encabezada por Mr. Francis Adams Truslow, la cual a comienzos de los años 50 en su informe al Presidente Dr. Carlos Prío Socarrás manifestó lo siguiente:

"La disyuntiva ante el pueblo cubano es clara. Puede aprovechar de la presente oportunidad para comenzar la sustitución de su actual economía estática por otra dinámica, creciente y diversificada, evitando así su dependencia de un solo cultivo. Esta puede ser una larga y ardua tarea. Implica grandes esfuerzos y algunos sacrificios de la tradición y de la comunidad, pero podría disminuir los actuales riesgos e inestabilidades, y preparar la economía para el caso de que sobrevenga una reducción de la demanda en el precio del azúcar a medida que se intensifique la competencia debido al aumento de la producción. El camino es claro y la Misión cree que no escoger la alternativa dinámica puede traer para Cuba consecuencias de la mayor gravedad. Si su economía no puede sostener ese nivel en tiempos menos prósperos -al menos en grado razonable- sobrevendría una tirantez política. Si los líderes se han descuidado en prever esta posibilidad, la opinión pública los inculpará. Y si ello ocurriera, el control podría pasar a manos subversivas y engañosas como ha ocurrido en otros países, donde los líderes no se han dado cuenta de las corrientes de estos tiempos".

La historia de la República de 1902 a 1959 es rica en aspectos positivos, demostrativos del carácter emprendedor y progresista de los cubanos. Pero simultáneamente revela la incapacidad de reaccionar a las nuevas circunstancias nacionales e internacionales.

Estas experiencias, así como las adquiridas en el curso de las más de cuatro décadas posteriores, deberían nutrir la República que surja de las ruinas del totalitarismo para la constitución de una sociedad libre, donde predomina un clima de justicia social, reconciliación y solidaridad entre los cubanos.

La Habana 19 de mayo del 2002

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