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Revista DESAFIOS
Año 1482
Mayo-Junio /2008

Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC)

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La Reconciliación Nacional,
La Transición
y
Un Proyecto para la Nación

LA TRANSICIÓN EN CUBA

Mario Rivadulla

 

Queridos amigas y amigos unidos y comprometidos por el ideal de una Nueva Cuba:

Antes que nada una prudente y previsora aclaración. Y es que como entre mis contadísimas capacidades no figura el don de la presciencia que permite leer el futuro, no voy a incurrir   en la arrogancia de pretender convertirme en oráculo de un  proceso de  transición en Cuba, donde tantos paradigmas y pronósticos han naufragado a lo largo de estas cuatro décadas y media.

Pero creo que todas las posibles previsiones sobre la forma, calidad y duración de ese proceso estarán sujetas básicamente y posiblemente de manera determinante,  a  las  circunstancias  en  que  se produzca  el fin de la era fidelista, que me atrevo a predecir mas dilatado y complejo de lo que el deseo de muchos,  de todos en definitiva, pudiera alentar.

Por tanto, mas que arriesgarme a ofrecer pautas sobre las que pudiera enmarcarse y desarrollarse ese proceso de transición, entiendo mas apropiado y útil dejar sobre el tapete de la discusión de este panel, siempre con márgenes amplios    de    error,    algunas    convicciones    y   muchas interrogantes.

Aún cuando la problemática cubana tiene sus propias y muy peculiares características, pienso que la desaparición del régimen fidelista, por cualquier vía que se produzca, responderá a un proceso interno y no podrá escapar a lo que parece ser una constante histórica en este tipo de regímenes centralizados, unipersonales y absolutistas que en el caso cubano ha girado alrededor de una figura tan absorbente y que ha mantenido todos los hilos de poder en sus manos ya por casi cuarenta y seis años. Esto es: la lucha por la sustitución dentro del mismo aparato de poder.

Mi personal percepción es que el sistema imperante en Cuba más que fundamentado en una ideología ajena a las tradiciones e idiosincrasia de su pueblo y para quienes lo conocimos en su juventud, del propio Fidel, ha sido fruto mas de coyunturas históricas, sobre todo de la Guerra Fría, que de reales convicciones y solo ha servido de ropaje para vestir el afán continuista de la que ya es la mas prolongada dictadura personal que haya conocido nuestro Continente. Ni el liderazgo ni el carisma, indiscutibles en el caso de Fidel Castro, se transfieren ni heredan. La forma en que tenga lugar la disputa interna por la sustitución así como sus consecuencias   y   duración,   pudieran   considerarse   de pronóstico reservado para usar un prudente termino médico. Pero la transición y su alcance estarían determinados en buena medida por la disposición del gobierno sustituto y la forma en que pueda manejar tanto las presiones internas como las externas, a propiciar dicho proceso.

Aspectos puntuales dentro de la transición y de inmediata consideración, serían a nuestro juicio, entre otros, los siguientes:

  • El gobierno de transición y el funcionamiento del Estado. Son dos aspectos esenciales del proceso. ¿Con cuáles fuerzas representativas se integraría ese gobierno? ¿Cuáles las condiciones, el alcance y claros objetivos de su gestión? Por otra parte, es evidente que ese gobierno estará obligado a trabajar con las instituciones existentes ya que el desmantelamiento del aparato estatal existente provocaría una situación de total anarquía e infuncionalidad, si bien deberán hacerlo con nuevos mandos y otros marcos de referencia ideológicos y operacionales. Esto último será para no pocos una realidad de difícil y hasta traumática asimilación.

  • La creación de un marco jurídico apropiado, que posiblemente pudiera ser de inmediato la propia Constitución actual con suspensión temporal hasta su derogación jurídico constitucional definitiva de todos aquellos preceptos de carácter represivo y limitativos de los derechos ciudadanos fundamentales así como todo posible elemento en la misma ajeno a la idiosincrasia del pueblo cubano y nuestros valores históricos. Esto así, en tanto se convoque una Asamblea Constituyente que, o bien adopte la Constitución de 1940, aún posiblemente la mas progresista en toda la América Latina, con las consiguientes actualizaciones, o una nueva Carta Magna que sirva de marco a un Proyecto de la Nueva Nación Cubana establecida sobre bases modernas, políticamente viable, económicamente progresista, socialmente justa y democráticamente participativa en todos los ordenes, donde fluyan y se respeten todas las fuerzas sociales y corrientes del pensamiento, sin exclusiones ni prejuicios, siempre y cuando no afecten la estabilidad institucional y los preceptos fundamentales de cubanía.

  • La urgencia de comenzar a promover una intensa campana orientada a atenuar los resentimientos y odios acumulados a lo largo del régimen fidelista que han erosionado profundamente los lazos de las normales relaciones humanas en el seno de la sociedad cubana y los afectivos y de unión en infinidad de hogares. Trabajar de manera inmediata, constante y consistente por la reconciliación de la familia cubana es una de las tareas más prioritarias, delicadas y dilatadas a la que hay que abocarse desde el mismo arranque de un proceso de transición. Más aún, que debiéramos llevar a cabo en el exilio desde sus presentes tímidos niveles que no han logrado desterrar suspicacias y temores y sembrar confianza una gran parte de los cubanos que residen en la Isla sobre las ventajas del cambio de sistema económico político y social en que actualmente se desenvuelven.

  • El  mantenimiento del orden público, garantizando la seguridad ciudadana, frenando la delincuencia, controlando el narcotráfico, evitando el caos y los actos de retaliación.

  • El cuidadoso desmonte del aparato de represión fidelista, comenzando por sus elementos mas agresivos, y su sustitución gradual por nuevos mecanismos orientados al cumplimiento de los fines de salvaguarda del Estado sin los elementos de compulsión ciudadana que han caracterizado a aquel. Este, sin dudas, será uno de los aspectos más comprometedores del proceso.
  • La desactivación igualmente progresiva de toda la estructura militar fidelista, con su consiguiente depuración y desmovilización de todo el personal excedente y su reinserción en la sociedad como entes productivos. La sustitución de las actuales FAR por un ejército profesional, marginado de las luchas grupales y partidarias, reorientado y comprometido con el sostenimiento de la institucionalidad y con una participación activa en las tareas sociales. Esta, al igual que en caso del aparato represivo, constituirá una de las tareas más complejas que deberá enfrentar el Proyecto de la Nueva Cuba.
  • La emigración masiva. A despecho de lo que pudiera suponerse, la salida abrupta e inmediata de un gran contingente de cubanos una vez levantado el régimen de restricciones existente en la Isla, pudiera ser una problemática de gran trascendencia. Un    estudio    encargado    hace algunos años por las autoridades de la Florida a una   agencia   especializada   en   torno   a   esta posible eventualidad, concluyó que tan sólo en la primera  semana   no   menos  de   un   cuarto   de millón de cubanos tratarían de cruzar el Estrecho hacia territorio norteamericano abordando todo lo  que  pueda  flotar,  tan  sólo  en   la   primera semana. Obviamente, cuando se hizo el estudio todavía   el   ingreso   de   cubanos   a   territorio norteamericano   era   tolerado   y   aceptado   en cualquier forma que se produjese a diferencia de hoy. Pero el deseo de emigrar de un país donde se    sufre    todo    tipo    de    carestías    y    sin oportunidades    ni     esperanzas    de     progreso individual  está  hoy latente sobre todo  en  los jóvenes   sobreponiéndose  al   de   la   promisoria pero sin  dudas trabajosa y dilatada tarea  de reformular   la   nación.   Y   esto   pudiera   sumar tensiones adicionales al proceso transitorio.

  • La influencia norteamericana. Es obvio que al término de la era fidelista y dentro de un proceso de transición -y aún antes, en la misma pugna por la sustitución- los Estados Unidos tratarán de influir por todos los medios y de recuperar su condición hegemónica sobre Cuba, colocándola de nuevo dentro de su contorno geo-político-económico. Hasta donde estos intentos pudieran estar orientados -y así será seguramente- al establecimiento de un gobierno transitorio primero y constitucional después donde se haga sentir su influencia del modo más determinante, más que una eventualidad posible debe considerarse como una realidad innegable. Misión impostergable será estar alertas para no convertir en servil una relación que debe tratar de mantenerse lo más posible y salvando obvias   distancias, en  el   contexto  de  países   aliados, socios y amigos.

  • El exilio y la disidencia. No menos prioritario resultará manejar las posibles situaciones de conflicto entre el exilio y la disidencia, sobre todo tomando en cuenta que todavía hay de este lado quienes se obstinan en ignorar las especiales condiciones de acoso y represión en que se desenvuelve la última, y de las que son reciente y dolorosa expresión la condena a más de mil 400 años de prisión a 77 disidentes, entre los cuales figuran periodistas que han rechazado someter sus opiniones a la férrea censura gubernamental y dirigentes obreros que también han pretendido rescatar los valores del auténtico sindicalismo, completamente ignorados cuando no pisoteados en la Cuba del presente. En modo alguno resultará tarea fácil convencer a quienes se obstinan en vivir en el pasado de que la Cuba que dejaron atrás ya no existe ni será más y que han surgido, allá y aquí, de entonces a la fecha, tres generaciones nuevas con otras inquietudes y metas, a quienes esa Cuba del pasado que no conocieron, les resulta tan ajena como a los jóvenes cubanos de hoy que viven en la Isla la tan explotada, abusada   y   magnificada   leyenda   de   la   Sierra Maestra.

  • Rescate y preservación de nuestra identidad nacional. Será necesario prestar atención prioritaria a este punto, promover la vuelta a las esencias mismas que inspiraron las luchas redentoristas y dieron nacimiento y sentido de permanencia a la nación cubana. Bajo el régimen fidelista, los cubanos que viven en la Isla han estado sometidos a un proceso de continua desinformación y deformación política, social, cultural y conductual. El prolongado exilio también ha integrado, sobre todo a las nuevas generaciones, a costumbres, normas y valores que en no pocos casos están divorciados de nuestras más valiosas tradiciones. Es bueno recordar en este sentido que el proceso de una sana interacción cultural entre los pueblos debe ser mutuamente enriquecedor, siempre y cuando no contribuya a desdibujar su identidad. El sistema educativo nacional deberá ser despojado de todo factor de transculturación para poner énfasis en los auténticos y orgullosos valores nacionales.

  • Obviamente todo proceso de transición debe tener una conclusión política. En el caso de un proceso pluralista y de opinión publica, esa no puede ser otra que someter tanto la naturaleza del Estado como la de sus gobernantes al escrutinio público. El régimen transitorio asumirá la responsabilidad de organizar y convocar a ese proceso y garantizar la absoluta transparencia del mismo sin que se ejerza ningún tipo de violencia ni obstáculo para que cada ciudadano pueda ejercer sin ningún género de temor ni presión, el derecho soberano a seleccionar tanto la una como los otros. Como es natural será preciso dotar primero a la convocatoria del marco de referencia de una ley electoral funcional, democrática y pluralista, previos los ajustes constitucionales de lugar. Un tema de gran interés será definir el status legal del actual Partido Comunista Cubano. De no menor trascendencia será el de viabilizar la transición de un electorado obligado a votar bajo un régimen de partido único a un sistema de selección plural.

  • Saneamiento y Reformulación del Sindicalismo. A los sindicatos obreros les corresponde jugar un papel determinante en el Proyecto de la Nueva Cuba. Será misión de prioridad particularmente para ustedes, nosotros, porque yo soy parte de Solidaridad, abocarse a sanear y reformular el papel de las organizaciones de trabajadores, dentro de un concepto moderno que entre en sintonía con el capital y con el Estado desempeñando su papel armonizador, a fin de impulsar la decaída economía de la Isla, desarrollando al máximo sus vastas potencialidades a fin de crear fuentes de empleos estables y justamente remunerados, propiciando un régimen de bienestar colectivo que   sirva   de   sólido   sustento   a   un   sistema político y social estable.

No quiero fatigarlos por más tiempo. Quizás algunos piensen, y no les faltaría razón, que he sido demasiado exhaustivo y prolijo, por más que todavía quedan muchos otros temas puntuales sin abordar como es la corrupción gubernamental de la que Milovan Djilas calificó de "nueva clase" en los tiempos ya distantes del mariscal Tito, pero también social de un pueblo obligado a ejercer el raterismo como medio de sobrevivencia. Seguramente todos ellos serán objeto de análisis en el curso de este evento tan importante que evidencia, una vez más, la preocupación y el espíritu de militancia que anima a los trabajadores cubanos en el exilio, en particular al Sindicato Solidaridad al que me honro en pertenecer activamente y en contexto más amplio a la Confederación Latinoamericana de Trabajadores (CLAT) que preside con orgullo de cubanía y notable dedicación y acierto nuestro compatriota Eduardo García  Moure.

A todos, una vez más, gracias por su infinita paciencia.

Espero no haberlos defraudado en demasía.

 

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