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El
Amor en los Tiempos de Castro
Capítulo
IX: La Universidad de la Calle...
Por
Florencio E. Eiranova-Cuza
Delegación Puerto Rico - S.T.C
El Castrismo
al desnudo.
Un cubano que vivió la pesadilla, narra su odise
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Pronto pasó la luna de miel del
nacimiento de Héctor Augusto. El padre del niño tuvo que comenzar la
elaboración de un plan de acción para buscar solución a sus
problemas. Lo habían puesto a dirigir otra construcción de unos
complejos turísticos por la playa y aprovechaba para conversar con su
amigo Jesús, quien siempre estaba libre para aconsejarlo y disfrutar de
su compañía que por cierto era agradable.
Una tarde se encontraron después de la
hora del almuerzo y se fueron a caminar por la playa.
- ¿Qué pasa ingeniero? pregunto el
deportista; te noto algo preocupado; ¿puedo ayudarte en algo?
- Ahora si que creo no me vas a poder
ayudar, repuso el joven ingeniero; al menos en una parte de mis
preocupaciones.
- ¿Y cuál es esa parte tan difícil?
preguntó curioso el atleta.
- No es un problema en particular,
continuó el profesional; es una preocupación que yo quisiera que
alguien me la aclarara.
- Pues venga esa preocupación dijo el
profesor de natación; aquí esta su profesor de mundología para
ayudarlo.
- Pues mira. Jesús, dijo el ingeniero;
hace tiempo que estoy por preguntarte que a lo mejor tu sepas porque tu
padre te lo puede haber explicado en una de esas clases que te da.
- ¿En qué consiste que aquí tenemos
tantos problemas para conseguirle una malanguita o un platanito verde a
mi hijo, siendo este país tan amplio y con tantas posibilidades
agrícolas que tenemos?
- Mira ingeniero, explicó el atleta; las
tierras solas no producen. Hay que hacerlas producir.
- Pero es que en nuestro país los planes
agrícolas son inmensos, trató de argumentar el atribulado ingeniero.
- No vamos a volver con tus clases de
marxismo, interrumpió el deportista. Ese violín y esa música, no
funcionan en el campo. Si tú quieres, Héctor, yo te cuento una
anécdota que me contó mi padre y que él la presenció y la vivió
hasta el final. Después que la escuches, no vas a necesitar que se te
ofrezca ninguna explicación para comprender porqué aquí más nunca va
a haber productos agrícolas aunque se pongan a funcionar miles de
planes como ese que tú me acabas de mencionar.
- Pues comienza tu clase de mundología,
dijo el discípulo; parece que tú y tu padre debieran ser profesores de
alguna facultad en este país para ayudar a esta gente a enderezar las
cosas.
- Ay Héctor, dijo el deportista, se ve
bien que tú no conoces a esta gente; escucha: Benito Cabrera, es un
amigo de mi padre que tenía una finquita como de una caballería y
media por una zona llamada California cerca de Mayarí Arriba en
Oriente. Ese guajiro era tan trabajador, que cuando iba a arar la
tierra, enyugaba dos yuntas de bueyes, para cuando una yunta se cansara,
tener la otra de repuesto para seguir arando. Los bueyes se podían
cansar; pero Benito no.
Benito tenía cinco hijos varones y todos
le ayudaban en los trabajos de su finquita. La verdad es que el guajiro
tenía una situación económica de lo más buena, ya que cosechaba toda
clase de frutos menores, viandas y además tenía una buena crianza de
puercos, vacas etc. El hecho de tener una situación económica holgada,
le traía problemas con las autoridades, ya que el hombre podía darse
el lujo de adquirir ron, cigarrillos, sogas, machetes y toda clase de
artículos que escasean para la mayoría de la población; pero que a
él se lo llevaban a su finquita y se lo cambiaban por alimentos que a
él le sobraba. En tres ocasiones Benito tuvo que visitar la estación
de policía de Alto Songo, por estar denunciado por actividades
económicas ilícitas, que es el nombre que le dan en este país a
vender o cambiar los productos que tú tienes por otro que necesitas.
En una ocasión. Benito tuvo una buena
cosecha de ñame, pero no pudo cosechar maíz, porque las lluvias no le
llegaron a tiempo y sencillamente perdió no sólo la siembra, sino que
se quedó sin semilla ni alimento para sus gallinas y puercos. En esta
situación, el guajiro salió a hacer un recorrido por la zona de La
Prueba y Joturo, para ver si algunos de los campesinos de aquel lugar,
tenía maíz y quería cambiarlo por ñame, que era muy escaso por aquel
lugar.
Efectivamente, encontró a un tal Julio
López que tenía maíz y necesitaba ñame y los dos guajiros se
pusieron de acuerdo para hacer un trueque, que es la manera en que los
campesinos resuelven la mayoría de sus necesidades. Benito traería una
carreta con varios sacos de ñame y se llevaría varios sacos de maíz.
Ellos sabían la equivalencia y se pusieron de acuerdo como buenos
amigos.
Benito partió temprano el próximo
Domingo con su carreta cargada de ñame y se dirigió a la casa de Julio
que estaba al otro lado de la carretera; o sea que tenía que cruzar la
carretera y caminar con su carreta unos 50 metros, antes de entrar en el
camino de tierra que lo conduciría a la casa de su amigo. Así lo hizo
y el trueque se efectúo sin problemas; pero cuando el guajiro regresaba
para su casa después del medio día, al disponerse a cruzar la
carretera hacia su finca, la policía lo estaba esperando.
Le pidieron el permiso para transportar
el maíz que llevaba en su carreta. Le exigieron que justificara la
posesión de aquella gran cantidad de mercancía que por cierto estaba
prohibido transportar en el país. En definitiva, se llevaron a Benito
preso y lo tuvieron cuatro días en la estación de policía, hasta que
lo llevaron a juicio. En el juicio lo sancionaron a cuatro años de
privación de libertad por actividad económica ilícita. Le quitaron el
maíz y le llevaron la carreta y los bueyes para un lugar que le llaman
el corral del consejo, donde tuvo que pagar para que se lo tuvieran
presos, mientras lograra que sus hijos los fueran a recoger.
Cuando Benito salió de la prisión,
juró ante la tumba de su madre, a quien no pudo ver morir porque estaba
preso; y en presencia de amigos y vecinos, que más nunca en su vida
pondría las manos en una herramienta o instrumento de trabajo
agrícola, aunque se muriera de hambre él y su familia. A partir de
aquel juramento, en la finquita de Benito, no se produce nada, nada,
nada. El hombre camina como una sombra. Parece un enfermo mental que no
siente ni padece. Para él, el trabajo en la agricultura es como una
maldición y como no sabe hacer otra cosa, se pasa la vida comiendo
frutas que encuentra, o de lo que le dan sus hijos; pero el ejemplo de
Benito se repite por millares a lo largo y ancho del país.
- ¿Tú conoces a ese tal Benito,
Jesús?, preguntó el ingeniero como para corroborar.
- Mira si lo conozco, que he estado
varias veces en su casa. Mi padre juega domino con él y en ocasiones me
llevaba a su casa, respondió tranquilo el deportista.
- Pero hay algo, que me cuesta trabajo
comprender, Jesús y todavía no he encontrado la explicación, añadió
el joven profesional.
- Pues venga de allá, compañero, dijo
el atleta. Alo mejor montamos otra cátedra de mundología aquí en la
playa.
- Yo no entiendo, dijo Héctor; cómo es
posible que si el gobierno es el dueño de todas las tierras, de todas
las fábricas; de las casas, las playas, hospitales, escuelas etc. etc.
y si el gobierno se esfuerza por darle a los obreros y campesinos, a los
estudiantes y toda la población, no solamente alimentos, ropas,
viviendas, sino la educación, atención médica, cultura, deportes etc.
etc. pueda haber gentes que no produce y tenga que haber tanta escasez y
tantos problemas. Eso no me entra en la cabeza.
- Yo comprendo tu estado de ánimo,
Héctor, dijo Jesús; pero el principal problema es que tu partes de
unas premisas idílicas y de un alma noble y salvadora que quiere
resolverle el problema a la gente y que la gente no se lo deja resolver.
Eso no es así.
- ¿Y cómo es entonces? preguntó el
profesional.
- Escucha bien, dijo el atleta. La
Revolución y el Marxismo empiezan por plantear que todos los
capitalistas son unos explotadores y que viven de la plusvalía que le
extraen al obrero. Plantean, que si se suprime a los capitalistas, se
está eliminando a una clase parasitaria que vive del trabajo ajeno etc.
etc. etc. ¿Y acaso eso tiene algo que ver con la verdad?. ¿Qué ha
sucedido con todos los capitalistas que fueron despojados de sus
capitales, de sus mansiones, de sus fábricas, de sus granjas, de sus
almacenes, de sus bancos, de sus cuentas bancarias y tuvieron que irse
para Estados Unidos sin un centavo en los bolsillos?. Hoy son todos
ricos; muchos de ellos son millonarios; pero ninguno es un miserable.
¿Sabes porqué, Ingeniero? Porque esa gente es la que empuja, la que
emprende, la que trabaja de verdad; la que no le importa horario ni
condiciones; la que sabe lo que es triunfar y progresar y no permite que
la derrota lo aplaste. Los capitalistas de cualquier país del mundo,
son la gente que echa a andar las ruedas de la economía. Ponen su
dinero a funcionar; ponen su inteligencia y su dinamismo a trabajar y en
una lucha a muerte por la supervivencia, se imponen los más fuertes,
los más inteligentes, los más hábiles, los más aptos. Eso es lo que
hace que la sociedad progrese. Eso es lo que crea desarrollo de la
tecnología, de la producción, de la ciencia, la técnica etc. Todas
las charlas del mundo son una basura, comparadas con lo que le dicen
constantemente al oído a cada capitalista las 24 horas del día: -
Apúrate, que te quedas atrás; apúrate que te dejan arruinado.
Mientras tanto; ¿Qué hace el Estado proletario con todas esas riquezas
arrebatadas a sus legítimos dueños?.. Primeramente, pone al frente de
los centrales azucareros a militantes comunistas que nunca fueron
dueños ni de una guarapera. ¿Acaso a ese miserable le puede doler ni
importar que se pierda un grano de azúcar o un saco o una tonelada?. No
le importa porque su sueldo no depende del azúcar que se produce ni de
la que se pierda. Al dueño le duele todo; al que no lo hizo nunca le
puede doler. En un país donde no hay ni un solo dueño de fábrica ni
de granja, ni de comercio; nunca habrá qué comer aunque se rompan la
garganta dando charlas sobre la producción y la productividad.
En el capitalismo la competencia entre
los dueños los empuja constantemente a desarrollar la producción y la
calidad de los productos, porque saben que si en el mercado le rechazan
sus productos tienen que dejar de ser capitalistas y pasar a engrosar
las filas de los asalariados. Indudablemente ser capitalista es muy
sabroso, porque se dispone de dinero, riquezas etc.; pero el que quiera
ser capitalista tiene que dejar de dormir la mañana y romperse el
pellejo. En el Socialismo no hay competencia, porque a nadie le importa
si el mercado acepta o no lo que se produce. ¿Quién se atreve aquí a
rechazar un producto? Si no hay ni papel higiénico; ¿Como vamos a
rechazar el periódico que lo sustituye?. - ¿Tú sabes cómo se
sustituye la competencia aquí?
- No, dijo el alelado alumno.
- Pues muy sencillo, continuó el atleta;
primero comienzan por darte las charlas; después continúan haciéndote
las críticas y como que nada de eso da resultado; siguen suprimiéndote
los beneficios, los ascensos, los aumentos de sueldo, vivienda etc. etc.
El sistema de represión ideológica que existe en este país es
inconmensurable; pero la gente no se da cuenta que eso es lo único que
sustituye a la competencia capitalista. En el capitalismo, la
competencia provoca la ruina de los menos aptos, de los menos
capacitados y los lanza al arroyo de la miseria; eso es verdad; pero en
el Socialismo, la sociedad entera se va sumiendo en la miseria, porque
los más aptos, los más creadores, los que quieren destacarse y hacerse
de una posición; son reprimidos por su actitud burguesa ante la
sociedad.
- ¿Cuánto tiempo puede resistir un
hombre nadando, sin que se ahogue por agotamiento?; preguntó el
Ingeniero.
-Eso depende.. Su resistencia; su
acondicionamiento físico; la velocidad que quiera imponerle a su
natación; la distancia que tenga que recorrer y muy importante el tipo
de agua.
- ¿Qué es eso del tipo de agua?
- Claro, chico; no es lo mismo nadar en
agua salada, que en agua dulce. El agua salada es más pesada que la
dulce y por tanto el nadador puede avanzar más rápido. No es igual
aguas tranquilas que aguas turbulentas. Aguas con corrientes favorables
que con corriente contraria. ¿Qué se te está metiendo en la cabeza
Ingeniero? ¿Te quieres meter a nadador después de viejo?
- He estado pensando. Jesús. Yo no
quisiera que me vayas a calificar de vanidoso; pero la realidad es que
yo no soy un tipo débil físicamente. Yo he oído de muchos jóvenes
que se han ido nadando hasta la Base Naval y han llegado y lo han
mandado para Estados Unidos y desde allí han mandado a buscar a su
familia. Yo le tengo terror a la idea de dejar a mi mujer y mi hijo
detrás como todo un capitán araña; pero creo que algún día tengo
que empezar a elaborar un plan y sobre todo a encaminar mis pasos hacia
la solución de mis problemas. Yo tengo tanta confianza en ti, que me
atrevo a decirte esto arriesgándome a que me denuncies y me desgracies
la vida. Yo no sé qué tú piensas.
- Te agradezco la confianza; pero ya yo
corrí el mismo riesgo hace tiempo al comunicarte mi manera de pensar,
así que esos escrúpulos y temores, están de más. Si tú crees que no
hay otro camino para ti y tu familia; creo que debes de tomar una
decisión, sea la que fuere. Ahora bien; es bueno que sepas, que para
hacer eso hay que tener valor y sobre todo, tener en cuenta que si le
dices algo aunque sea a tu mujer, me estás metiendo en la cárcel por
gusto. El solo hecho de que me lo hayas dicho a mí, ya me compromete
aunque yo te aconseje que no lo hagas. Quiero decir Héctor, que en
estos momentos yo estoy en la obligación de denunciarte. Yo pertenezco
al gobierno y tú lo sabes. De aquí en adelante si no te denuncio,
estoy corriendo la misma suerte que tú.
- ¿Y qué vas a hacer; me vas a echar
pa'lante?
- Tú bien sabes que yo no soy hombre de
eso; lo que quiero es que comprendas, que tú sí nos puedes echar
pa'lante a los dos, de sólo decírselo aunque sea a tu abuelita que
está muerta.
- Compadre, Jesús; parece mentira; yo
creía que tú tenías más confianza en mí.
- Ese es tu problema Héctor. Tú eres
demasiado noble y confiado. A ti te cuesta mucho trabajo diferenciar
entre lo que te conviene y lo que te perjudica. Tú te pasas la vida
diciendo la verdad como si eso fuera un heroísmo; como si te fueran a
condecorar por decirla. Yo no quisiera meterme en este enredo que tú
tienes y que después se te vaya la lengua por ese defecto de honestidad
e idealismo que tú tienes y nos embarques a los dos.
- Yo quiero que tú me expliques. Jesús,
¿Qué es eso que tu quieres decir con complejo de honestidad o exceso
de honestidad? preguntó el joven ingeniero.
- Mira chico, contestó el profesor en
tono enérgico; yo te voy a hablar claro a ti, ya que tú me has
confesado tu verdad. Tú hablas y actúas en este país como si hubieses
caído de otro planeta en un paracaídas. - Si no te explicas, cada vez
me dejas más ciego y perdido, repuso el ingeniero.
- Bien, Héctor, dijo Jesús; abre las
entendederas y toma nota: Aquí en este país todo el mundo tiene dos
personalidades menos tú. Tú eres el único individuo que yo conozco
que dice todo lo que siente y que se arriesga a buscarse problemas por
expresar sus opiniones.
- ¿Y qué tiene eso de malo?
- Cállate y escucha. Aquí todo es
verdad y todo es mentira. Depende de quién lo dice y a quién se lo
dice. El Partido Comunista es el Partido de la clase obrera; pues bien,
aquí ni los comunistas son obreros ni los obreros son comunistas.
¿Quiénes dirigen este país? Búscame en el Comité Central y en el
Buró Político dónde están los obreros. Cuando te meten a un obrero o
a un deportista famoso en uno de esos organismos, es para que vaya a
aplaudir y levantar la mano. Aquí no existe la explotación del hombre
por el hombre; aquí no existen las clases; aquí se acabó la
diferencia de clases. ¿Dónde viven los dirigentes de la Revolución?
¿Qué comen y cómo viven los dirigentes de la Revolución?. ¿Cómo
vives tú y todos los infelices como tú?. Aquí existe una democracia
del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. ¿Dónde y Cómo podrías
tú expresar tu inconformidad con lo que te hicieron a la hora de
repartir los apartamentos que tú mismo construíste? ¿Quién se atreve
a protestar por el bochorno que te hicieron pasar a ti y a tu mujer en
el restaurante del hotel que tú mismo dirigiste su construcción?.
¿Tú crees que los jefes y burócratas de este país no van a ese
restaurante? Los que no pueden ir son los infelices que llevan a cuesta
el peso de la Revolución; los que producen y los que crean algo. Esos
no pueden ni siquiera asomarse a la puerta de ninguno de esos lugares;
pero los dirigentes, los generales, los burócratas se pasan la vida en
esos lugares. ¿Y qué pasa mientras tanto? Ellos siguen hablando de
libertad, de igualdad, de eliminación de la explotación etc. etc.
¿Para qué? Para dormirte con esa música y para que tú aprendas a
dormir a otros con la misma música. ¿Qué pasó con tu mujer y el
círculo infantil? ¿Porqué fue que no la habían aceptado? ¿Y porqué
la aceptaron cuando llevó el papelito? La persona que escribió el
papelito ni siquiera conoce a tu mujer. No le hace falta. No le importa.
Esa persona tiene poder para meter a cien muchachos en un círculo y no
le importa si a una ingeniera le rechazan su hijo. ¿Quieres saber cuál
es la actitud de toda esa gente respecto a la basura que es este
sistema?. Muy sencillo: PATRIA O MUERTE VENCEREMOS, aplausos y VIVA LA
REVOLUCIÓN Y VIVA FIDEL y mientras tanto, tratan de ver qué pueden
coger del reparto del botín que otros crean; porque ellos nada más
tienen tiempo para alabar al Comandante en Jefe y al Marxismo Leninismo.
Aquí el único principio que se mantiene inalterable es el de mentir.
Aquí te mienten todos los días las 24 horas del día. Te dicen que
eres libre y estás más preso que en cualquier cárcel. Te dicen que
tienes igualdad y hay más desigualdad que en cualquier país
capitalista. Te dicen que tienes todas las oportunidades del mundo y tu
vida depende de las decisiones de gentes que tú no tienes la idea donde
están ni quienes son. Te dicen que esto es una democracia y hay un solo
partido que designa los únicos candidatos en unas elecciones que no hay
donde escoger si no es entre los que te pone el único partido. ESTO ES
COMO PARA VOLVERSE LOCO; pero para no volverse loco, hay que bailar la
música que se está tocando y esa música es la de levantar la mano y
aplaudir siempre y ver qué podemos sacar del bizcocho cuando lo
reparten.
- Mira Jesús. Si yo me he decidido a
contarte mi modo de pensar, es porque te tengo confianza y creo en tu
amistad. Es más; nadie sabe esto ni lo va a saber. Yo estoy decidido a
jugármela y la única persona que va a saberlo eres tú. Si te he hecho
la pregunta es porque pienso pedirte toda la ayuda que tú me puedas
dar. Tú sabes bien, que yo lo único que he hecho en la vida es
estudiar y ahora trabajar; a mí me falta esa maldad que tú has logrado
en tu vida y necesito que me ayudes a buscarle salida a mi tragedia. Yo
así no puedo seguir viviendo. Me voy a volver loco. Un día voy a matar
a una de esas viejas con las que tengo que compartir el techo. Ellas no
son mala gente; pero me sacan de quicio. Yo espero que tú me
comprendas.
- ¿Y qué papel juego yo en todo este
asunto?
- ¿Cómo que qué papel?. Tú eres mi
socio; mi amigo; tú eres mi hermano. Yo me atrevería a decir que tú
eres el autor intelectual de toda esta decisión mía. Si yo llego
algún día a hacer algo por mi familia y logro el triunfo, tú has sido
el que me has alumbrado el cerebro. Tú no me puedes fallar ahora.
- ¿Qué tú dices? retrocedió el atleta
que vio venir un peligro que hacía algún tiempo estaba presintiendo.
jQue va, mi hermano!; a mí no me vas a enredar tú en esos envueltos.
Yo soy tu amigo y hasta lo que he podido hacer, creo haberte demostrado
sinceridad y desinterés; pero estás tocando un punto neurálgico en mi
vida. Yo no sé si tú me has comprendido bien Héctor; yo en este país
vivo bien y no voy a permitir que nadie se meta en mi finquita y me
desgracie mi cosecha.
- Pero, ¿De qué cosecha y de qué
finquita me estás hablando?, preguntó casi lloroso el ingeniero.
- Es que no entiendes, dijo el atleta
algo desconcertado. Yo soy un hombre de la Revolución; yo te tengo que
denunciar por el solo hecho de haberme enterado que quieres abandonar el
país; si no lo hago, me estoy haciendo cómplice de tu fechoría; de tu
traición. Si yo hablo estas cosas contigo, es porque estamos en esta
playa desierta y nadie nos escucha. La ventaja aquí es mía, porque
entre tu palabra y la mía, nadie te va a creer; pero eso no quiere
decir que yo me vaya a poner a darle mi cooperación a un sujeto que
quiere traicionar la patria. Eso es una locura y de ninguna manera me
voy a prestar.
- Entonces, dijo el apaleado ingeniero,
¿tú también eres de los que tiene dos personalidades?.
- ¡Pues claro, compañero! agregó el
deportista. ¿Acaso no te lo he estado diciendo durante todas nuestras
conversaciones?. Yo tengo que vivir y vivir bien mientras pueda lograrlo
y no me pienso meter en ninguna conspiración para facilitarle la salida
ilegal del país a un gusano.
- ¿Gusano dijiste. Jesús? Preguntó el
ingeniero casi en un lamento y con los ojos llorosos. El atleta
contempló al infeliz profesional quien parecía estar saliendo de uno
de esos interrogatorios del Departamento de la Seguridad del Estado y la
lástima lo embargó. Por un momento se sintió un miserable. Le había
hablado demasiado duro a su pobre amigo. Aquella noble criatura era un
ser indefenso creado por la trituradora humana que aplastaba a once
millones de seres en su patria. Todo un señor ingeniero y no era capaz
de lanzarse a buscar una vida digna para su familia sin contar con
alguien que lo apoye, que lo apadrine, que lo lleve de la mano. ¿Qué
culpa tenía el infeliz?
- Yo no he querido ofenderte, Héctor,
interpuso conciliador Jesús; pero en definitiva ese será el apodo que
te pondrán de aquí en adelante .
- Eso yo lo he pensado. Jesús, dijo el
joven profesional tratando de recomponerse; pero no me hubiera
importado, o mejor dicho, no me importa siempre que logre lo que busco;
pero ahora veo que quien me ha empujado a todo esto, no está dispuesto
a arriesgar su finquita. Yo, como que no tengo finca, tendré que
arrastrar mi condena hasta que dios quiera. Perdóname si me excedí en
la confianza. Creo que es verdad todo lo que me has dicho. Quizás si el
concepto que yo siempre he tenido de la honestidad, la amistad, el deber
para con los seres queridos, no sea el más práctico. Yo no sé.
Jesús, tal vez yo haya vivido en un mundo de idealismo; creyendo todo
lo que me dicen y ahora me tropiezo con una realidad muy diferente. Te
pido perdón si te he perjudicado con esta proposición de ayudarme.
Sinceramente no fue esa mi intención.
El ingeniero se retiró caminando por la
arena de la playa con la cabeza baja; pero no miró hacia atrás, donde
había dejado a su amigo, quien no sabía si llamarlo, correr detrás de
él, o quedarse allí hasta que su mente se le aclarara. Dos amigos se
separaban destrozados; uno porque no podía prestarse a que el otro
utilizara sus conocimientos para lograr su objetivo. El ingeniero porque
había confiado demasiado en la amistad y había pedido lo que no está
permitido.
Cuando Héctor regresó a su cuartico
aquella noche, no podía disimular su abatimiento. No quería que nadie
le hablara. Ni su hijo, que siempre era el oasis donde bebía agua
fresca después de tanta sed en la calle, en el trabajo, en las guaguas.
Su esposa sabía que algo grande estaba pasando por la cabeza de aquel
joven tan responsable y ordenado. ¿Qué sería señor?
- Mi amor, dijo la esposa casi en un
susurro como para no molestar a su reconcentrado compañero; te tengo un
pollito entero para cocinarlo completico para nosotros hoy. Resulta que
Betico es muy amigo de Ibrahím el carnicero y me lo consiguió por
$40.00; yo estoy esperando que mi mamá y mis tías terminen en la
cocina para hacer mi cocinado. Me consiguió una lata de puré de tomate
y un tubo de pasta de dientes. Estamos ricos. ¿Cómo quieres tu
pollito?
- ¿Cómo ese tal Ibrahim puede venderte
a ti un pollo entero, si a nosotros no nos toca uno por la libreta
aunque nos estemos muriendo de hambre? preguntó enfurruñado el marido.
- Ay Héctor, mi vida, dijo la esposa; ya
yo estoy tan acostumbrada a ver estas cosas extrañas, que ni pregunto.
Imagínate que si me pongo a hacer preguntas y averiguaciones, no me lo
proponen. A mi pobre mamá por ser la presidenta del Comité, ni se lo
mencionan. Figúrate, que Betico me dijo que no le podía decir a mi
mamá de donde saqué el pollo.
- Marcia, mi amor, dijo el destartalado
ingeniero; ya yo estoy que me da lo mismo chicha que limoná. En este
país vamos a tener que tratar de vivir y dejarnos de romance. Ese
Betico y el Ibrahim y Jesús y los del Comité Central y los Generales,
Ministros y todo el que huele a Dirigente, están ordeñando la vaca
hasta que no le quede ni una gota de leche.
A la mujer le extrañó sobremanera que
su esposo incluyera en su lista de aprovechados a Jesús; pero el
calificativo no le estaba muy mal que digamos, lo que pasa es que nunca
se le hubiera ocurrido oírlo expresarse así de su amigo. Las cosas se
estaban poniendo extrañas. ¿Qué le estaba pasando a su marido?
Los amigos no se vieron por varios días.
Jesús no fue por el hotel en construcción. La propuesta del Ingeniero
estaba demasiado peligrosa. El atleta conocía bien los métodos de
investigación y espionaje que tenía el gobierno. Probablemente ya a
él lo estaban vigilando. ¿Por qué?.... ¡Bah!...El vivía en la playa
porque le había tocado una casa allí. El Ingeniero venía a la playa a
trabajar. No.. no había que ser tan misterioso. ¡Pobre Héctor! en
realidad le daba pena. ¿Será posible que yo le haya fallado a un amigo
tan ingenuo y sincero como Héctor? Por otro lado estaba su posición.
No es una gran cosa; pero yo resuelvo para ir viviendo. No se necesita
tanto para vivir bien, sobre todo cuando uno es solo. No creo que valga
la pena arriesgar todo esto por una amistad. ¿Y su mujer?. Esto no se
había mencionado. Sin embargo era una realidad que si Héctor se iba,
dejaría a su mujer. Diablos...¿Quién se va a meter con la mujer de un
tipo que ha abandonado el país? A mí que no me cojan pa'eso. Si este
tipo se lanza así de jamón sin conocer la mecánica, va a ser carne de
tiburón en menos de lo que canta un gallo. ¡Pobre hombre!..
La conciencia no dejaba tranquilo al
deportista. El estaba consciente que su actitud de la semana anterior
había sido de un oportunismo y falta de solidaridad humana. Héctor
había sido su amigo. Tenía confianza en él. Se le había declarado
como todo un incauto para que lo ayudara o lo denunciara. El no iba a
hacer ninguna de las dos; pero no había porqué pelearse con un amigo.
Iría a verlo.
- ¿Qué pasa ingeniero? preguntó el
atleta al joven que cruzaba con unos planos en la mano, portando un
casco de constructor y con muestra de alguna prisa. Parece que usted se
quiere coger la obra para usted solo.
- Ya quisiera yo, dijo el joven
constructor sin ninguna muestra de rencor. Lo que pasa es que si uno no
hace las cosas, nadie las va a hacer por uno.
- Eso ha sido así siempre, mi amigo;
dijo poniéndole acento especial a esta última palabra.
- ¿Algo especial te trae por aquí?
preguntó el ingeniero.
- Bueno; en realidad yo siempre he tenido
un amigo aquí y si él no se acuerda de ir por mi casa, yo vine a ver
si estaba enfermo.
El Ingeniero no era hombre de rencores ni
misterios. Esta expresión del amigo, quizás no significaran nada
extraordinario; pero en realidad Jesús no estaba obligado a prestarle
la ayuda tan comprometida y peligrosa que él le había pedido, por lo
que esta visita, aunque no significara un regreso a las posiciones que
el ingeniero anhelaba, había que recibirla con beneplácito y dejarse
de vanidad y posiciones románticas.
- Chico, yo pensé que tú irías a ver a
tu ahijado; pero parece que los deportes se están complicando
"ahora y no te dejan tiempo para las amistades.
Salió el Ingeniero de la obra y fueron
para la playa a caminar. Ninguno de los dos se atrevía a tocar el tema
de la semana anterior. Jesús sabía que si hurgaba en aquella herida,
era para curarla o empeorarla y él no tenía la intención de curarla
¿Para qué empeorarla?. Héctor por su parte, no lo podía mencionar a
no ser que fuera para volver a pedir lo que ya le habían negado. Ambos
se pusieron en guardia para no caer en una trampa.
- ¿Y mi ahijado?
- Bien, dando lucha.
- ¿Y Marcia?
- Ahí, con sus planos y sus papeles.
- ¿El niño se adaptó al círculo?
- Ese se adapta a cualquier cosa. A él
lo que hay es que tenerle la barriga llena y lo demás no le importa.
- ¿Y las tías y la madre de Marcia?
- Como siempre, peleando y amargándole
la vida a todo el mundo.
Cuando se despidieron/ ambos notaron que
se habían estado estudiando el uno al otro sin atreverse a tirar un
golpe. Habían sido dos boxeadores que se temen y que sin embargo tienen
necesidad de pelear; pero cada uno esperaba que fuera el oponente el que
lanzara el primer golpe.
Después de tres semanas en las cuales
los encuentros tenían las mismas características, los amigos fueron
ganando confianza y un día se atrevieron a tocar el neurálgico tema.
- ¿Qué has hecho últimamente,
ingeniero? preguntó el atleta cuando estaban bien alejados de la gente
en la desierta playa.
- ¿Qué te voy a decir? Nada. Esperar a
que un día me caiga la casa encima y si no me mata a mí o a mi mujer y
a mi hijo, me den un cuarto en uno de esos albergues para indigentes que
tiene la Revolución. - Pero- ¿Tú no estabas preparando para......?
- No, Jesús, contestó el joven
profesional con una sinceridad que ablandaba el alma de cualquiera. Yo
reconozco mi impotencia o mi falta de decisión. Te tengo envidia por
ser tan decidido y empujador. Sinceramente yo sé que tú no hubieras
necesitado de nadie para hacer una balsa o tirarte a nado y enfrentarte
a la vida. Yo necesito de alguien que me empuje. ¿Qué voy a hacer?
- ¿Y después que te empujen, qué?
preguntó el deportista.
- Después que me empujen, posiblemente
yo siga andando y resuelva mis problemas o me ahogue o me reviente.
- Pero dime; ¿qué tú me pides que yo
haga?
- Bien, mi amigo; soltó el ingeniero
lleno de optimismo; lo primero que tienes que hacer es enseñarme a
nadar. Digo a enseñarme, porque yo sé nadar; pero la natación de
manigua que yo sé, no me va a llevar a ningún lado. Yo necesito que me
enseñes la técnica de la natación. Cómo aguantar la respiración;
cómo resistir; cómo flotar y sobre todo cómo nadar por debajo del
agua sin ser visto y sin que me ahogue.
- Te faltó un sin.
- ¿Qué sin?
- Sin que te coman los tiburones.
Héctor se puso pálido. Por mucho que
pretendió disimular, no pudo evitar que el labio inferior le temblara.
Su amigo se dio cuenta y trató de calmarlo:
- Eso es pendejá mi socio. Esa
propaganda que hacen los guardafronteras de que muchos de los que se van
nadando quedan en las bocas de los tiburones, es una fábula. Los
tiburones no atacan a nadie. Tienen que estar hambrientos y que el
individuo vaya huyendo y lo noten indefenso; pero a una persona nadando
suave y sin mostrar terror y sobre todo que se haya untado bien de grasa
de motor por todo el cuerpo para ahuyentarlos, los tiburones le pasan
por el lado y no le hacen nada. Además, los tiburones están en alta
mar; difícilmente te vas a encontrar a un tiburón en la orilla. No te
olvides que todas esas películas son para buscar taquilla.
- Bueno Jesús; concretamente, dime qué
es lo que tenemos que hacer. Yo quiero empezar ahora mismo.
- Pues pa'luego es tarde mi socio.
FIN DEL CAPITULO IX
Capítulo
I: Abundancia de Amor
Capítulo II: Escasez de Medios
Capítulo III: Bodas de profesionales
Capítulo IV: Buscando un techo
Capítulo V: Ni casa, ni esperanzas
Capitulo VI: Hotel de cinco estrellas
Capítulo VII: La llegada de Héctor Augusto
Capítulo VIII:¿Dónde metemos al niño?
Capítulo X: Proyecto de un largo viaje
Capitulo XI: Traidor, ¿A quien y por qué?
Capítulo XII:Seguridad, ¡Qué
incertidumbre!
Capítulo XIII: Aprendiendo a mentir
Capítulo XIV: Más deserciones
Capítulo XV: A divorciarse del traidor
Capítulo XVI: La manzana de la discordia
Capítulo XVII: Peligrosa Reconciliación
Capítulo XVIII: Bodas de Mentira
Capítulo XIX: ¡Qué Cara es la Libertad!
Capítulo XX: Consumatum est
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