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Revista DESAFIOS
Año 1482
Mayo-Junio /2008

Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC)

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El Amor en los Tiempos de Castro

Capítulo IX: La Universidad de la Calle...

Por Florencio E. Eiranova-Cuza
Delegación Puerto Rico - S.T.C

  El Castrismo al desnudo. Un cubano que vivió la pesadilla, narra su odise

Pronto pasó la luna de miel del nacimiento de Héctor Augusto. El padre del niño tuvo que comenzar la elaboración de un plan de acción para buscar solución a sus problemas. Lo habían puesto a dirigir otra construcción de unos complejos turísticos por la playa y aprovechaba para conversar con su amigo Jesús, quien siempre estaba libre para aconsejarlo y disfrutar de su compañía que por cierto era agradable.

Una tarde se encontraron después de la hora del almuerzo y se fueron a caminar por la playa.

- ¿Qué pasa ingeniero? pregunto el deportista; te noto algo preocupado; ¿puedo ayudarte en algo?

- Ahora si que creo no me vas a poder ayudar, repuso el joven ingeniero; al menos en una parte de mis preocupaciones.

- ¿Y cuál es esa parte tan difícil? preguntó curioso el atleta.

- No es un problema en particular, continuó el profesional; es una preocupación que yo quisiera que alguien me la aclarara.

- Pues venga esa preocupación dijo el profesor de natación; aquí esta su profesor de mundología para ayudarlo.

- Pues mira. Jesús, dijo el ingeniero; hace tiempo que estoy por preguntarte que a lo mejor tu sepas porque tu padre te lo puede haber explicado en una de esas clases que te da.

- ¿En qué consiste que aquí tenemos tantos problemas para conseguirle una malanguita o un platanito verde a mi hijo, siendo este país tan amplio y con tantas posibilidades agrícolas que tenemos?

- Mira ingeniero, explicó el atleta; las tierras solas no producen. Hay que hacerlas producir.

- Pero es que en nuestro país los planes agrícolas son inmensos, trató de argumentar el atribulado ingeniero.

- No vamos a volver con tus clases de marxismo, interrumpió el deportista. Ese violín y esa música, no funcionan en el campo. Si tú quieres, Héctor, yo te cuento una anécdota que me contó mi padre y que él la presenció y la vivió hasta el final. Después que la escuches, no vas a necesitar que se te ofrezca ninguna explicación para comprender porqué aquí más nunca va a haber productos agrícolas aunque se pongan a funcionar miles de planes como ese que tú me acabas de mencionar.

- Pues comienza tu clase de mundología, dijo el discípulo; parece que tú y tu padre debieran ser profesores de alguna facultad en este país para ayudar a esta gente a enderezar las cosas.

- Ay Héctor, dijo el deportista, se ve bien que tú no conoces a esta gente; escucha: Benito Cabrera, es un amigo de mi padre que tenía una finquita como de una caballería y media por una zona llamada California cerca de Mayarí Arriba en Oriente. Ese guajiro era tan trabajador, que cuando iba a arar la tierra, enyugaba dos yuntas de bueyes, para cuando una yunta se cansara, tener la otra de repuesto para seguir arando. Los bueyes se podían cansar; pero Benito no.

Benito tenía cinco hijos varones y todos le ayudaban en los trabajos de su finquita. La verdad es que el guajiro tenía una situación económica de lo más buena, ya que cosechaba toda clase de frutos menores, viandas y además tenía una buena crianza de puercos, vacas etc. El hecho de tener una situación económica holgada, le traía problemas con las autoridades, ya que el hombre podía darse el lujo de adquirir ron, cigarrillos, sogas, machetes y toda clase de artículos que escasean para la mayoría de la población; pero que a él se lo llevaban a su finquita y se lo cambiaban por alimentos que a él le sobraba. En tres ocasiones Benito tuvo que visitar la estación de policía de Alto Songo, por estar denunciado por actividades económicas ilícitas, que es el nombre que le dan en este país a vender o cambiar los productos que tú tienes por otro que necesitas.

En una ocasión. Benito tuvo una buena cosecha de ñame, pero no pudo cosechar maíz, porque las lluvias no le llegaron a tiempo y sencillamente perdió no sólo la siembra, sino que se quedó sin semilla ni alimento para sus gallinas y puercos. En esta situación, el guajiro salió a hacer un recorrido por la zona de La Prueba y Joturo, para ver si algunos de los campesinos de aquel lugar, tenía maíz y quería cambiarlo por ñame, que era muy escaso por aquel lugar.

Efectivamente, encontró a un tal Julio López que tenía maíz y necesitaba ñame y los dos guajiros se pusieron de acuerdo para hacer un trueque, que es la manera en que los campesinos resuelven la mayoría de sus necesidades. Benito traería una carreta con varios sacos de ñame y se llevaría varios sacos de maíz. Ellos sabían la equivalencia y se pusieron de acuerdo como buenos amigos.

Benito partió temprano el próximo Domingo con su carreta cargada de ñame y se dirigió a la casa de Julio que estaba al otro lado de la carretera; o sea que tenía que cruzar la carretera y caminar con su carreta unos 50 metros, antes de entrar en el camino de tierra que lo conduciría a la casa de su amigo. Así lo hizo y el trueque se efectúo sin problemas; pero cuando el guajiro regresaba para su casa después del medio día, al disponerse a cruzar la carretera hacia su finca, la policía lo estaba esperando.

Le pidieron el permiso para transportar el maíz que llevaba en su carreta. Le exigieron que justificara la posesión de aquella gran cantidad de mercancía que por cierto estaba prohibido transportar en el país. En definitiva, se llevaron a Benito preso y lo tuvieron cuatro días en la estación de policía, hasta que lo llevaron a juicio. En el juicio lo sancionaron a cuatro años de privación de libertad por actividad económica ilícita. Le quitaron el maíz y le llevaron la carreta y los bueyes para un lugar que le llaman el corral del consejo, donde tuvo que pagar para que se lo tuvieran presos, mientras lograra que sus hijos los fueran a recoger.

Cuando Benito salió de la prisión, juró ante la tumba de su madre, a quien no pudo ver morir porque estaba preso; y en presencia de amigos y vecinos, que más nunca en su vida pondría las manos en una herramienta o instrumento de trabajo agrícola, aunque se muriera de hambre él y su familia. A partir de aquel juramento, en la finquita de Benito, no se produce nada, nada, nada. El hombre camina como una sombra. Parece un enfermo mental que no siente ni padece. Para él, el trabajo en la agricultura es como una maldición y como no sabe hacer otra cosa, se pasa la vida comiendo frutas que encuentra, o de lo que le dan sus hijos; pero el ejemplo de Benito se repite por millares a lo largo y ancho del país.

- ¿Tú conoces a ese tal Benito, Jesús?, preguntó el ingeniero como para corroborar.

- Mira si lo conozco, que he estado varias veces en su casa. Mi padre juega domino con él y en ocasiones me llevaba a su casa, respondió tranquilo el deportista.

- Pero hay algo, que me cuesta trabajo comprender, Jesús y todavía no he encontrado la explicación, añadió el joven profesional.

- Pues venga de allá, compañero, dijo el atleta. Alo mejor montamos otra cátedra de mundología aquí en la playa.

- Yo no entiendo, dijo Héctor; cómo es posible que si el gobierno es el dueño de todas las tierras, de todas las fábricas; de las casas, las playas, hospitales, escuelas etc. etc. y si el gobierno se esfuerza por darle a los obreros y campesinos, a los estudiantes y toda la población, no solamente alimentos, ropas, viviendas, sino la educación, atención médica, cultura, deportes etc. etc. pueda haber gentes que no produce y tenga que haber tanta escasez y tantos problemas. Eso no me entra en la cabeza.

- Yo comprendo tu estado de ánimo, Héctor, dijo Jesús; pero el principal problema es que tu partes de unas premisas idílicas y de un alma noble y salvadora que quiere resolverle el problema a la gente y que la gente no se lo deja resolver. Eso no es así.

- ¿Y cómo es entonces? preguntó el profesional.

- Escucha bien, dijo el atleta. La Revolución y el Marxismo empiezan por plantear que todos los capitalistas son unos explotadores y que viven de la plusvalía que le extraen al obrero. Plantean, que si se suprime a los capitalistas, se está eliminando a una clase parasitaria que vive del trabajo ajeno etc. etc. etc. ¿Y acaso eso tiene algo que ver con la verdad?. ¿Qué ha sucedido con todos los capitalistas que fueron despojados de sus capitales, de sus mansiones, de sus fábricas, de sus granjas, de sus almacenes, de sus bancos, de sus cuentas bancarias y tuvieron que irse para Estados Unidos sin un centavo en los bolsillos?. Hoy son todos ricos; muchos de ellos son millonarios; pero ninguno es un miserable. ¿Sabes porqué, Ingeniero? Porque esa gente es la que empuja, la que emprende, la que trabaja de verdad; la que no le importa horario ni condiciones; la que sabe lo que es triunfar y progresar y no permite que la derrota lo aplaste. Los capitalistas de cualquier país del mundo, son la gente que echa a andar las ruedas de la economía. Ponen su dinero a funcionar; ponen su inteligencia y su dinamismo a trabajar y en una lucha a muerte por la supervivencia, se imponen los más fuertes, los más inteligentes, los más hábiles, los más aptos. Eso es lo que hace que la sociedad progrese. Eso es lo que crea desarrollo de la tecnología, de la producción, de la ciencia, la técnica etc. Todas las charlas del mundo son una basura, comparadas con lo que le dicen constantemente al oído a cada capitalista las 24 horas del día: - Apúrate, que te quedas atrás; apúrate que te dejan arruinado. Mientras tanto; ¿Qué hace el Estado proletario con todas esas riquezas arrebatadas a sus legítimos dueños?.. Primeramente, pone al frente de los centrales azucareros a militantes comunistas que nunca fueron dueños ni de una guarapera. ¿Acaso a ese miserable le puede doler ni importar que se pierda un grano de azúcar o un saco o una tonelada?. No le importa porque su sueldo no depende del azúcar que se produce ni de la que se pierda. Al dueño le duele todo; al que no lo hizo nunca le puede doler. En un país donde no hay ni un solo dueño de fábrica ni de granja, ni de comercio; nunca habrá qué comer aunque se rompan la garganta dando charlas sobre la producción y la productividad.

En el capitalismo la competencia entre los dueños los empuja constantemente a desarrollar la producción y la calidad de los productos, porque saben que si en el mercado le rechazan sus productos tienen que dejar de ser capitalistas y pasar a engrosar las filas de los asalariados. Indudablemente ser capitalista es muy sabroso, porque se dispone de dinero, riquezas etc.; pero el que quiera ser capitalista tiene que dejar de dormir la mañana y romperse el pellejo. En el Socialismo no hay competencia, porque a nadie le importa si el mercado acepta o no lo que se produce. ¿Quién se atreve aquí a rechazar un producto? Si no hay ni papel higiénico; ¿Como vamos a rechazar el periódico que lo sustituye?. - ¿Tú sabes cómo se sustituye la competencia aquí?

- No, dijo el alelado alumno.

- Pues muy sencillo, continuó el atleta; primero comienzan por darte las charlas; después continúan haciéndote las críticas y como que nada de eso da resultado; siguen suprimiéndote los beneficios, los ascensos, los aumentos de sueldo, vivienda etc. etc. El sistema de represión ideológica que existe en este país es inconmensurable; pero la gente no se da cuenta que eso es lo único que sustituye a la competencia capitalista. En el capitalismo, la competencia provoca la ruina de los menos aptos, de los menos capacitados y los lanza al arroyo de la miseria; eso es verdad; pero en el Socialismo, la sociedad entera se va sumiendo en la miseria, porque los más aptos, los más creadores, los que quieren destacarse y hacerse de una posición; son reprimidos por su actitud burguesa ante la sociedad.

- ¿Cuánto tiempo puede resistir un hombre nadando, sin que se ahogue por agotamiento?; preguntó el Ingeniero.

-Eso depende.. Su resistencia; su acondicionamiento físico; la velocidad que quiera imponerle a su natación; la distancia que tenga que recorrer y muy importante el tipo de agua.

- ¿Qué es eso del tipo de agua?

- Claro, chico; no es lo mismo nadar en agua salada, que en agua dulce. El agua salada es más pesada que la dulce y por tanto el nadador puede avanzar más rápido. No es igual aguas tranquilas que aguas turbulentas. Aguas con corrientes favorables que con corriente contraria. ¿Qué se te está metiendo en la cabeza Ingeniero? ¿Te quieres meter a nadador después de viejo?

- He estado pensando. Jesús. Yo no quisiera que me vayas a calificar de vanidoso; pero la realidad es que yo no soy un tipo débil físicamente. Yo he oído de muchos jóvenes que se han ido nadando hasta la Base Naval y han llegado y lo han mandado para Estados Unidos y desde allí han mandado a buscar a su familia. Yo le tengo terror a la idea de dejar a mi mujer y mi hijo detrás como todo un capitán araña; pero creo que algún día tengo que empezar a elaborar un plan y sobre todo a encaminar mis pasos hacia la solución de mis problemas. Yo tengo tanta confianza en ti, que me atrevo a decirte esto arriesgándome a que me denuncies y me desgracies la vida. Yo no sé qué tú piensas.

- Te agradezco la confianza; pero ya yo corrí el mismo riesgo hace tiempo al comunicarte mi manera de pensar, así que esos escrúpulos y temores, están de más. Si tú crees que no hay otro camino para ti y tu familia; creo que debes de tomar una decisión, sea la que fuere. Ahora bien; es bueno que sepas, que para hacer eso hay que tener valor y sobre todo, tener en cuenta que si le dices algo aunque sea a tu mujer, me estás metiendo en la cárcel por gusto. El solo hecho de que me lo hayas dicho a mí, ya me compromete aunque yo te aconseje que no lo hagas. Quiero decir Héctor, que en estos momentos yo estoy en la obligación de denunciarte. Yo pertenezco al gobierno y tú lo sabes. De aquí en adelante si no te denuncio, estoy corriendo la misma suerte que tú.

- ¿Y qué vas a hacer; me vas a echar pa'lante?

- Tú bien sabes que yo no soy hombre de eso; lo que quiero es que comprendas, que tú sí nos puedes echar pa'lante a los dos, de sólo decírselo aunque sea a tu abuelita que está muerta.

- Compadre, Jesús; parece mentira; yo creía que tú tenías más confianza en mí.

- Ese es tu problema Héctor. Tú eres demasiado noble y confiado. A ti te cuesta mucho trabajo diferenciar entre lo que te conviene y lo que te perjudica. Tú te pasas la vida diciendo la verdad como si eso fuera un heroísmo; como si te fueran a condecorar por decirla. Yo no quisiera meterme en este enredo que tú tienes y que después se te vaya la lengua por ese defecto de honestidad e idealismo que tú tienes y nos embarques a los dos.

- Yo quiero que tú me expliques. Jesús, ¿Qué es eso que tu quieres decir con complejo de honestidad o exceso de honestidad? preguntó el joven ingeniero.

- Mira chico, contestó el profesor en tono enérgico; yo te voy a hablar claro a ti, ya que tú me has confesado tu verdad. Tú hablas y actúas en este país como si hubieses caído de otro planeta en un paracaídas. - Si no te explicas, cada vez me dejas más ciego y perdido, repuso el ingeniero.

- Bien, Héctor, dijo Jesús; abre las entendederas y toma nota: Aquí en este país todo el mundo tiene dos personalidades menos tú. Tú eres el único individuo que yo conozco que dice todo lo que siente y que se arriesga a buscarse problemas por expresar sus opiniones.

- ¿Y qué tiene eso de malo?

- Cállate y escucha. Aquí todo es verdad y todo es mentira. Depende de quién lo dice y a quién se lo dice. El Partido Comunista es el Partido de la clase obrera; pues bien, aquí ni los comunistas son obreros ni los obreros son comunistas. ¿Quiénes dirigen este país? Búscame en el Comité Central y en el Buró Político dónde están los obreros. Cuando te meten a un obrero o a un deportista famoso en uno de esos organismos, es para que vaya a aplaudir y levantar la mano. Aquí no existe la explotación del hombre por el hombre; aquí no existen las clases; aquí se acabó la diferencia de clases. ¿Dónde viven los dirigentes de la Revolución? ¿Qué comen y cómo viven los dirigentes de la Revolución?. ¿Cómo vives tú y todos los infelices como tú?. Aquí existe una democracia del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. ¿Dónde y Cómo podrías tú expresar tu inconformidad con lo que te hicieron a la hora de repartir los apartamentos que tú mismo construíste? ¿Quién se atreve a protestar por el bochorno que te hicieron pasar a ti y a tu mujer en el restaurante del hotel que tú mismo dirigiste su construcción?. ¿Tú crees que los jefes y burócratas de este país no van a ese restaurante? Los que no pueden ir son los infelices que llevan a cuesta el peso de la Revolución; los que producen y los que crean algo. Esos no pueden ni siquiera asomarse a la puerta de ninguno de esos lugares; pero los dirigentes, los generales, los burócratas se pasan la vida en esos lugares. ¿Y qué pasa mientras tanto? Ellos siguen hablando de libertad, de igualdad, de eliminación de la explotación etc. etc. ¿Para qué? Para dormirte con esa música y para que tú aprendas a dormir a otros con la misma música. ¿Qué pasó con tu mujer y el círculo infantil? ¿Porqué fue que no la habían aceptado? ¿Y porqué la aceptaron cuando llevó el papelito? La persona que escribió el papelito ni siquiera conoce a tu mujer. No le hace falta. No le importa. Esa persona tiene poder para meter a cien muchachos en un círculo y no le importa si a una ingeniera le rechazan su hijo. ¿Quieres saber cuál es la actitud de toda esa gente respecto a la basura que es este sistema?. Muy sencillo: PATRIA O MUERTE VENCEREMOS, aplausos y VIVA LA REVOLUCIÓN Y VIVA FIDEL y mientras tanto, tratan de ver qué pueden coger del reparto del botín que otros crean; porque ellos nada más tienen tiempo para alabar al Comandante en Jefe y al Marxismo Leninismo. Aquí el único principio que se mantiene inalterable es el de mentir. Aquí te mienten todos los días las 24 horas del día. Te dicen que eres libre y estás más preso que en cualquier cárcel. Te dicen que tienes igualdad y hay más desigualdad que en cualquier país capitalista. Te dicen que tienes todas las oportunidades del mundo y tu vida depende de las decisiones de gentes que tú no tienes la idea donde están ni quienes son. Te dicen que esto es una democracia y hay un solo partido que designa los únicos candidatos en unas elecciones que no hay donde escoger si no es entre los que te pone el único partido. ESTO ES COMO PARA VOLVERSE LOCO; pero para no volverse loco, hay que bailar la música que se está tocando y esa música es la de levantar la mano y aplaudir siempre y ver qué podemos sacar del bizcocho cuando lo reparten.

- Mira Jesús. Si yo me he decidido a contarte mi modo de pensar, es porque te tengo confianza y creo en tu amistad. Es más; nadie sabe esto ni lo va a saber. Yo estoy decidido a jugármela y la única persona que va a saberlo eres tú. Si te he hecho la pregunta es porque pienso pedirte toda la ayuda que tú me puedas dar. Tú sabes bien, que yo lo único que he hecho en la vida es estudiar y ahora trabajar; a mí me falta esa maldad que tú has logrado en tu vida y necesito que me ayudes a buscarle salida a mi tragedia. Yo así no puedo seguir viviendo. Me voy a volver loco. Un día voy a matar a una de esas viejas con las que tengo que compartir el techo. Ellas no son mala gente; pero me sacan de quicio. Yo espero que tú me comprendas.

- ¿Y qué papel juego yo en todo este asunto?

- ¿Cómo que qué papel?. Tú eres mi socio; mi amigo; tú eres mi hermano. Yo me atrevería a decir que tú eres el autor intelectual de toda esta decisión mía. Si yo llego algún día a hacer algo por mi familia y logro el triunfo, tú has sido el que me has alumbrado el cerebro. Tú no me puedes fallar ahora.

- ¿Qué tú dices? retrocedió el atleta que vio venir un peligro que hacía algún tiempo estaba presintiendo. jQue va, mi hermano!; a mí no me vas a enredar tú en esos envueltos. Yo soy tu amigo y hasta lo que he podido hacer, creo haberte demostrado sinceridad y desinterés; pero estás tocando un punto neurálgico en mi vida. Yo no sé si tú me has comprendido bien Héctor; yo en este país vivo bien y no voy a permitir que nadie se meta en mi finquita y me desgracie mi cosecha.

- Pero, ¿De qué cosecha y de qué finquita me estás hablando?, preguntó casi lloroso el ingeniero.

- Es que no entiendes, dijo el atleta algo desconcertado. Yo soy un hombre de la Revolución; yo te tengo que denunciar por el solo hecho de haberme enterado que quieres abandonar el país; si no lo hago, me estoy haciendo cómplice de tu fechoría; de tu traición. Si yo hablo estas cosas contigo, es porque estamos en esta playa desierta y nadie nos escucha. La ventaja aquí es mía, porque entre tu palabra y la mía, nadie te va a creer; pero eso no quiere decir que yo me vaya a poner a darle mi cooperación a un sujeto que quiere traicionar la patria. Eso es una locura y de ninguna manera me voy a prestar.

- Entonces, dijo el apaleado ingeniero, ¿tú también eres de los que tiene dos personalidades?.

- ¡Pues claro, compañero! agregó el deportista. ¿Acaso no te lo he estado diciendo durante todas nuestras conversaciones?. Yo tengo que vivir y vivir bien mientras pueda lograrlo y no me pienso meter en ninguna conspiración para facilitarle la salida ilegal del país a un gusano.

- ¿Gusano dijiste. Jesús? Preguntó el ingeniero casi en un lamento y con los ojos llorosos. El atleta contempló al infeliz profesional quien parecía estar saliendo de uno de esos interrogatorios del Departamento de la Seguridad del Estado y la lástima lo embargó. Por un momento se sintió un miserable. Le había hablado demasiado duro a su pobre amigo. Aquella noble criatura era un ser indefenso creado por la trituradora humana que aplastaba a once millones de seres en su patria. Todo un señor ingeniero y no era capaz de lanzarse a buscar una vida digna para su familia sin contar con alguien que lo apoye, que lo apadrine, que lo lleve de la mano. ¿Qué culpa tenía el infeliz?

- Yo no he querido ofenderte, Héctor, interpuso conciliador Jesús; pero en definitiva ese será el apodo que te pondrán de aquí en adelante .

- Eso yo lo he pensado. Jesús, dijo el joven profesional tratando de recomponerse; pero no me hubiera importado, o mejor dicho, no me importa siempre que logre lo que busco; pero ahora veo que quien me ha empujado a todo esto, no está dispuesto a arriesgar su finquita. Yo, como que no tengo finca, tendré que arrastrar mi condena hasta que dios quiera. Perdóname si me excedí en la confianza. Creo que es verdad todo lo que me has dicho. Quizás si el concepto que yo siempre he tenido de la honestidad, la amistad, el deber para con los seres queridos, no sea el más práctico. Yo no sé. Jesús, tal vez yo haya vivido en un mundo de idealismo; creyendo todo lo que me dicen y ahora me tropiezo con una realidad muy diferente. Te pido perdón si te he perjudicado con esta proposición de ayudarme. Sinceramente no fue esa mi intención.

El ingeniero se retiró caminando por la arena de la playa con la cabeza baja; pero no miró hacia atrás, donde había dejado a su amigo, quien no sabía si llamarlo, correr detrás de él, o quedarse allí hasta que su mente se le aclarara. Dos amigos se separaban destrozados; uno porque no podía prestarse a que el otro utilizara sus conocimientos para lograr su objetivo. El ingeniero porque había confiado demasiado en la amistad y había pedido lo que no está permitido.

Cuando Héctor regresó a su cuartico aquella noche, no podía disimular su abatimiento. No quería que nadie le hablara. Ni su hijo, que siempre era el oasis donde bebía agua fresca después de tanta sed en la calle, en el trabajo, en las guaguas. Su esposa sabía que algo grande estaba pasando por la cabeza de aquel joven tan responsable y ordenado. ¿Qué sería señor?

- Mi amor, dijo la esposa casi en un susurro como para no molestar a su reconcentrado compañero; te tengo un pollito entero para cocinarlo completico para nosotros hoy. Resulta que Betico es muy amigo de Ibrahím el carnicero y me lo consiguió por $40.00; yo estoy esperando que mi mamá y mis tías terminen en la cocina para hacer mi cocinado. Me consiguió una lata de puré de tomate y un tubo de pasta de dientes. Estamos ricos. ¿Cómo quieres tu pollito?

- ¿Cómo ese tal Ibrahim puede venderte a ti un pollo entero, si a nosotros no nos toca uno por la libreta aunque nos estemos muriendo de hambre? preguntó enfurruñado el marido.

- Ay Héctor, mi vida, dijo la esposa; ya yo estoy tan acostumbrada a ver estas cosas extrañas, que ni pregunto. Imagínate que si me pongo a hacer preguntas y averiguaciones, no me lo proponen. A mi pobre mamá por ser la presidenta del Comité, ni se lo mencionan. Figúrate, que Betico me dijo que no le podía decir a mi mamá de donde saqué el pollo.

- Marcia, mi amor, dijo el destartalado ingeniero; ya yo estoy que me da lo mismo chicha que limoná. En este país vamos a tener que tratar de vivir y dejarnos de romance. Ese Betico y el Ibrahim y Jesús y los del Comité Central y los Generales, Ministros y todo el que huele a Dirigente, están ordeñando la vaca hasta que no le quede ni una gota de leche.

A la mujer le extrañó sobremanera que su esposo incluyera en su lista de aprovechados a Jesús; pero el calificativo no le estaba muy mal que digamos, lo que pasa es que nunca se le hubiera ocurrido oírlo expresarse así de su amigo. Las cosas se estaban poniendo extrañas. ¿Qué le estaba pasando a su marido?

Los amigos no se vieron por varios días. Jesús no fue por el hotel en construcción. La propuesta del Ingeniero estaba demasiado peligrosa. El atleta conocía bien los métodos de investigación y espionaje que tenía el gobierno. Probablemente ya a él lo estaban vigilando. ¿Por qué?.... ¡Bah!...El vivía en la playa porque le había tocado una casa allí. El Ingeniero venía a la playa a trabajar. No.. no había que ser tan misterioso. ¡Pobre Héctor! en realidad le daba pena. ¿Será posible que yo le haya fallado a un amigo tan ingenuo y sincero como Héctor? Por otro lado estaba su posición. No es una gran cosa; pero yo resuelvo para ir viviendo. No se necesita tanto para vivir bien, sobre todo cuando uno es solo. No creo que valga la pena arriesgar todo esto por una amistad. ¿Y su mujer?. Esto no se había mencionado. Sin embargo era una realidad que si Héctor se iba, dejaría a su mujer. Diablos...¿Quién se va a meter con la mujer de un tipo que ha abandonado el país? A mí que no me cojan pa'eso. Si este tipo se lanza así de jamón sin conocer la mecánica, va a ser carne de tiburón en menos de lo que canta un gallo. ¡Pobre hombre!..

La conciencia no dejaba tranquilo al deportista. El estaba consciente que su actitud de la semana anterior había sido de un oportunismo y falta de solidaridad humana. Héctor había sido su amigo. Tenía confianza en él. Se le había declarado como todo un incauto para que lo ayudara o lo denunciara. El no iba a hacer ninguna de las dos; pero no había porqué pelearse con un amigo. Iría a verlo.

- ¿Qué pasa ingeniero? preguntó el atleta al joven que cruzaba con unos planos en la mano, portando un casco de constructor y con muestra de alguna prisa. Parece que usted se quiere coger la obra para usted solo.

- Ya quisiera yo, dijo el joven constructor sin ninguna muestra de rencor. Lo que pasa es que si uno no hace las cosas, nadie las va a hacer por uno.

- Eso ha sido así siempre, mi amigo; dijo poniéndole acento especial a esta última palabra.

- ¿Algo especial te trae por aquí? preguntó el ingeniero.

- Bueno; en realidad yo siempre he tenido un amigo aquí y si él no se acuerda de ir por mi casa, yo vine a ver si estaba enfermo.

El Ingeniero no era hombre de rencores ni misterios. Esta expresión del amigo, quizás no significaran nada extraordinario; pero en realidad Jesús no estaba obligado a prestarle la ayuda tan comprometida y peligrosa que él le había pedido, por lo que esta visita, aunque no significara un regreso a las posiciones que el ingeniero anhelaba, había que recibirla con beneplácito y dejarse de vanidad y posiciones románticas.

- Chico, yo pensé que tú irías a ver a tu ahijado; pero parece que los deportes se están complicando "ahora y no te dejan tiempo para las amistades.

Salió el Ingeniero de la obra y fueron para la playa a caminar. Ninguno de los dos se atrevía a tocar el tema de la semana anterior. Jesús sabía que si hurgaba en aquella herida, era para curarla o empeorarla y él no tenía la intención de curarla ¿Para qué empeorarla?. Héctor por su parte, no lo podía mencionar a no ser que fuera para volver a pedir lo que ya le habían negado. Ambos se pusieron en guardia para no caer en una trampa.

- ¿Y mi ahijado?

- Bien, dando lucha.

- ¿Y Marcia?

- Ahí, con sus planos y sus papeles.

- ¿El niño se adaptó al círculo?

- Ese se adapta a cualquier cosa. A él lo que hay es que tenerle la barriga llena y lo demás no le importa.

- ¿Y las tías y la madre de Marcia?

- Como siempre, peleando y amargándole la vida a todo el mundo.

Cuando se despidieron/ ambos notaron que se habían estado estudiando el uno al otro sin atreverse a tirar un golpe. Habían sido dos boxeadores que se temen y que sin embargo tienen necesidad de pelear; pero cada uno esperaba que fuera el oponente el que lanzara el primer golpe.

Después de tres semanas en las cuales los encuentros tenían las mismas características, los amigos fueron ganando confianza y un día se atrevieron a tocar el neurálgico tema.

- ¿Qué has hecho últimamente, ingeniero? preguntó el atleta cuando estaban bien alejados de la gente en la desierta playa.

- ¿Qué te voy a decir? Nada. Esperar a que un día me caiga la casa encima y si no me mata a mí o a mi mujer y a mi hijo, me den un cuarto en uno de esos albergues para indigentes que tiene la Revolución. - Pero- ¿Tú no estabas preparando para......?

- No, Jesús, contestó el joven profesional con una sinceridad que ablandaba el alma de cualquiera. Yo reconozco mi impotencia o mi falta de decisión. Te tengo envidia por ser tan decidido y empujador. Sinceramente yo sé que tú no hubieras necesitado de nadie para hacer una balsa o tirarte a nado y enfrentarte a la vida. Yo necesito de alguien que me empuje. ¿Qué voy a hacer?

- ¿Y después que te empujen, qué? preguntó el deportista.

- Después que me empujen, posiblemente yo siga andando y resuelva mis problemas o me ahogue o me reviente.

- Pero dime; ¿qué tú me pides que yo haga?

- Bien, mi amigo; soltó el ingeniero lleno de optimismo; lo primero que tienes que hacer es enseñarme a nadar. Digo a enseñarme, porque yo sé nadar; pero la natación de manigua que yo sé, no me va a llevar a ningún lado. Yo necesito que me enseñes la técnica de la natación. Cómo aguantar la respiración; cómo resistir; cómo flotar y sobre todo cómo nadar por debajo del agua sin ser visto y sin que me ahogue.

- Te faltó un sin.

- ¿Qué sin?

- Sin que te coman los tiburones.

Héctor se puso pálido. Por mucho que pretendió disimular, no pudo evitar que el labio inferior le temblara. Su amigo se dio cuenta y trató de calmarlo:

- Eso es pendejá mi socio. Esa propaganda que hacen los guardafronteras de que muchos de los que se van nadando quedan en las bocas de los tiburones, es una fábula. Los tiburones no atacan a nadie. Tienen que estar hambrientos y que el individuo vaya huyendo y lo noten indefenso; pero a una persona nadando suave y sin mostrar terror y sobre todo que se haya untado bien de grasa de motor por todo el cuerpo para ahuyentarlos, los tiburones le pasan por el lado y no le hacen nada. Además, los tiburones están en alta mar; difícilmente te vas a encontrar a un tiburón en la orilla. No te olvides que todas esas películas son para buscar taquilla.

- Bueno Jesús; concretamente, dime qué es lo que tenemos que hacer. Yo quiero empezar ahora mismo.

- Pues pa'luego es tarde mi socio.

FIN DEL CAPITULO IX

Capítulo I: Abundancia de Amor
Capítulo II: Escasez de Medios
Capítulo III: Bodas de profesionales
Capítulo IV: Buscando un techo
Capítulo V: Ni casa, ni esperanzas
Capitulo VI: Hotel de cinco estrellas
Capítulo VII: La llegada de Héctor Augusto
Capítulo VIII:¿Dónde metemos al niño?

Capítulo X: Proyecto de un largo viaje
Capitulo XI: Traidor, ¿A quien y por qué?
Capítulo XII:Seguridad, ¡Qué incertidumbre!
Capítulo XIII: Aprendiendo a mentir
Capítulo XIV: Más deserciones
Capítulo XV: A divorciarse del traidor
Capítulo XVI: La manzana de la discordia
Capítulo XVII: Peligrosa Reconciliación
Capítulo XVIII: Bodas de Mentira
Capítulo XIX: ¡Qué Cara es la Libertad!
Capítulo XX: Consumatum est

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