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El
Amor en los Tiempos de Castro
Capítulo
V: Ni casa, ni esperanzas
Por
Florencio E. Eiranova-Cuza
Delegación Puerto Rico - S.T.C
El Castrismo
al desnudo.
Un cubano que vivió la pesadilla, narra su odise
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La distribución de los apartamentos iba a
tener lugar en una asamblea, a la cual se citó a todos los participantes
en la construcción de los mismos. También debían asistir todos los
trabajadores de los centros de trabajo que habían aportado fuerza de
trabajo a la obra. El numero de solicitudes llegó a más de 200. Los
últimos que quedaban en lista en la última ronda eran unos 37, para
repartir 12 apartamentos. El edificio era de 16 apartamentos; pero el
organismo constructor, disponía de cuatro para distribuir a su libre
decisión, entre el personal que considerara más necesario o, con las
mayores necesidades. De los doce restantes, unos serían otorgados a
trabajadores de las empresas u organismos que habían proporcionado
obreros a la obra, aunque no tenían que ser necesariamente los que
participaron directamente en la construcción de los apartamentos. Esto
quería decir que la participación directa en la construcción no era
determinante, sino un elemento a tomar en cuenta. La decisión final
debía tomarla la asamblea general; pero a propuestas de los organismos
políticos y de masas, entiéndase el partido como organismo rector y las
demás organizaciones para avalar y aprobar lo propuesto por aquel. Esto
quiere decir, que la lista de los propuestos a la asamblea, solamente se
puede cambiar, si en la misma se propone y se demuestra, que estas
propuestas han sido hechas sin tomar en consideración todos los factores
positivos o negativos de cada trabajador. En resumen; que esta democracia
es una democracia dirigida. La decisión ya estaba tomada- Atreverse a
protestarla era poco menos que un suicidio político.
Cuando Héctor salió de la asamblea, no
sabía para donde coger. No se atrevía a ir hacia su casa. No quería
enfrentarse con su mujer. Ya ésta tenía la barriga bastante grande. No
quería darle un disgusto. Por suerte para él, había acondicionado un
cuartico en la obra del hotel que estaba construyendo en la Playa del Este
y ese día decidió encerrarse en su escondite para meditar y descargar su
frustración donde nadie lo viera.
Estuvo tres días ausente de su hogar.
Marcia no se atrevía a ir en su busca por temor a un disgusto mayor. Ella
sabía el resultado de la asamblea. Una amiga se lo había contado. No
sabía cual sería la decisión de su esposo. Ella temía que se fuera del
trabajo; aunque conocía lo enamorado que estaba Héctor de su Hotel de
cinco estrellas. Por otro lado, irse del trabajo sólo podría agravar su
situación, si es que ésta se podría agravar. Un recién graduado de la
Universidad no puede moverse de un trabajo para otro por su cuenta. Tiene
que ser ubicado por el organismo superior. No podía llamar por teléfono.
En el hotel en construcción no habían instalado teléfono. Sólo le
quedaba esperar y llorar hasta que se le secaran las lágrimas.
El muchacho repasaba una por una las
palabras del secretario del Partido cuando tuvieron la conversación unas
semanas antes. Todo era ambigüedad; falta de sinceridad, miedo. Él no se
atrevía a decirle que todo estaba decidido, aunque lo sabía. Su opinión
no determinaba ni influía en nada. Si le preguntaban él informaba; si
no, se callaba la boca. ¿A quién representaba este sujeto?. Eso quería
decir que la única información que aquel podía suministrar era la que
le perjudicara; pero no la que lo beneficiara. Las decisiones de los
organismos superiores eran indiscutibles. ¿Quiénes eran los organismos
superiores?. ¿Qué significaban él y su mujer con sus problemas para los
organismos superiores?. ¿En qué consistía aquella asamblea
"democrática" donde lo único que se hizo fue levantar la mano
para aprobar lo que ya estaba aprobado desde arriba?
Cuando el marido regresó a su cuartucho al
cuarto día, no hubo ni una sola pregunta. Todo estaba dicho y no hacía
falta aclaración. Esto hacía más difícil y molesta la situación del
joven ingeniero. Él no se atrevía a empezar la conversación del
apartamento para no irritarse. Ella, que sabía los resultados, había
llorado todo lo que el caso merecía. No se habló de ello. Se buscaron
nuevos temas.
- El hotel se termina dentro de tres meses,
dijo el Ingeniero.
- Yo no sabía que estuviera tan
adelantado,
- Lo que pasa es que la gente ha estado
trabajando horas voluntarias por las noches. Yo no participaba por estar
en.....
- Bueno mi amor; en definitiva has estado
realizando una obra útil y tan necesaria como el hotel; así que tienes
tus méritos por la terminación temprana de la obra.
- Al menos, cuando lo vayan a inaugurar, me
imagino que celebraremos una fiesta y participaremos.
- Aunque sea con la barriga a la boca, yo
no me pierdo de esa fiesta.
En realidad se perdió de la fiesta; pero
no se perdió de gran cosa. Cuando se anunció en que iba a consistir la
inauguración; el propio Héctor decidió que su esposa no fuera a
dispararse aquellas charlas. Fueron unos discursos descoloridos, exaltando
la gran visión del Comandante en Jefe al decidir la construcción de
aquellos hoteles que recaudarían las divisas convertibles para el futuro
desarrollo de la Revolución. El imperialismo Yanqui, que se había
empeñado en impedir el desarrollo del proyecto turístico del Gobierno,
acababa de recibir otra derrota. Finalmente felicitaron la heroica labor
de los trabajadores de la construcción. Después de aburrir a los
agotados obreros con los discursos; se repartieron diez cajas de cervezas
y bocaditos de pasta; croquetas y una música escandalosa interpretada por
un combo que nadie había oído mencionar en toda su vida.
El brillante ingeniero llegó aquella noche
a su casa, con el corazón hecho un trapo. El orador principal, en su
afán por exaltar las virtudes del Comandante en Jefe y la Revolución en
su obra creadora, expresó que los que habían diseñado y dirigido
aquella construcción, querían manifestar su agradecimiento por haber
tenido la doble oportunidad de estudiar y luego de participar en la
construcción del futuro de la patria. Parece que nadie le dijo el nombre
del Ingeniero ejecutor, o quizás no se molestó en preguntarlo. Era un
discurso escrito por alguien "de arriba" y que el orador se
había aprendido como quien se aprende un libreto para leer en una
estación de radio. Lo cierto es, que la impresión que todos se llevaron
de aquellos discursos, fue, que los que tenían que dar las gracias eran
los trabajadores al Partido, a la Revolución y al Comandante en jefe, por
encontrarse allí aquella noche.
FIN DEL CAPITULO V
Capítulo
I: Abundancia de Amor
Capítulo II: Escasez de Medios
Capítulo III: Bodas de profesionales
Capítulo IV: Buscando un techo
Capitulo VI: Hotel de cinco estrellas
Capítulo VII: La llegada de Héctor Augusto
Capítulo VIII:¿Dónde metemos al niño?
Capítulo IX: La universidad de la calle...
Capítulo X: Proyecto de un largo viaje
Capitulo XI: Traidor, ¿A quien y por qué?
Capítulo XII:Seguridad, ¡Qué
incertidumbre!
Capítulo XIII: Aprendiendo a mentir
Capítulo XIV: Más deserciones
Capítulo XV: A divorciarse del traidor
Capítulo XVI: La manzana de la discordia
Capítulo XVII: Peligrosa Reconciliación
Capítulo XVIII: Bodas de Mentira
Capítulo XIX: ¡Qué Cara es la Libertad!
Capítulo XX: Consumatum est
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