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Revista DESAFIOS
Año 1482
Mayo-Junio /2008

Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC)

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El Amor en los Tiempos de Castro

Capítulo V: Ni casa, ni esperanzas

Por Florencio E. Eiranova-Cuza
Delegación Puerto Rico - S.T.C

  El Castrismo al desnudo. Un cubano que vivió la pesadilla, narra su odise

La distribución de los apartamentos iba a tener lugar en una asamblea, a la cual se citó a todos los participantes en la construcción de los mismos. También debían asistir todos los trabajadores de los centros de trabajo que habían aportado fuerza de trabajo a la obra. El numero de solicitudes llegó a más de 200. Los últimos que quedaban en lista en la última ronda eran unos 37, para repartir 12 apartamentos. El edificio era de 16 apartamentos; pero el organismo constructor, disponía de cuatro para distribuir a su libre decisión, entre el personal que considerara más necesario o, con las mayores necesidades. De los doce restantes, unos serían otorgados a trabajadores de las empresas u organismos que habían proporcionado obreros a la obra, aunque no tenían que ser necesariamente los que participaron directamente en la construcción de los apartamentos. Esto quería decir que la participación directa en la construcción no era determinante, sino un elemento a tomar en cuenta. La decisión final debía tomarla la asamblea general; pero a propuestas de los organismos políticos y de masas, entiéndase el partido como organismo rector y las demás organizaciones para avalar y aprobar lo propuesto por aquel. Esto quiere decir, que la lista de los propuestos a la asamblea, solamente se puede cambiar, si en la misma se propone y se demuestra, que estas propuestas han sido hechas sin tomar en consideración todos los factores positivos o negativos de cada trabajador. En resumen; que esta democracia es una democracia dirigida. La decisión ya estaba tomada- Atreverse a protestarla era poco menos que un suicidio político.

Cuando Héctor salió de la asamblea, no sabía para donde coger. No se atrevía a ir hacia su casa. No quería enfrentarse con su mujer. Ya ésta tenía la barriga bastante grande. No quería darle un disgusto. Por suerte para él, había acondicionado un cuartico en la obra del hotel que estaba construyendo en la Playa del Este y ese día decidió encerrarse en su escondite para meditar y descargar su frustración donde nadie lo viera.

Estuvo tres días ausente de su hogar. Marcia no se atrevía a ir en su busca por temor a un disgusto mayor. Ella sabía el resultado de la asamblea. Una amiga se lo había contado. No sabía cual sería la decisión de su esposo. Ella temía que se fuera del trabajo; aunque conocía lo enamorado que estaba Héctor de su Hotel de cinco estrellas. Por otro lado, irse del trabajo sólo podría agravar su situación, si es que ésta se podría agravar. Un recién graduado de la Universidad no puede moverse de un trabajo para otro por su cuenta. Tiene que ser ubicado por el organismo superior. No podía llamar por teléfono. En el hotel en construcción no habían instalado teléfono. Sólo le quedaba esperar y llorar hasta que se le secaran las lágrimas.

El muchacho repasaba una por una las palabras del secretario del Partido cuando tuvieron la conversación unas semanas antes. Todo era ambigüedad; falta de sinceridad, miedo. Él no se atrevía a decirle que todo estaba decidido, aunque lo sabía. Su opinión no determinaba ni influía en nada. Si le preguntaban él informaba; si no, se callaba la boca. ¿A quién representaba este sujeto?. Eso quería decir que la única información que aquel podía suministrar era la que le perjudicara; pero no la que lo beneficiara. Las decisiones de los organismos superiores eran indiscutibles. ¿Quiénes eran los organismos superiores?. ¿Qué significaban él y su mujer con sus problemas para los organismos superiores?. ¿En qué consistía aquella asamblea "democrática" donde lo único que se hizo fue levantar la mano para aprobar lo que ya estaba aprobado desde arriba?

Cuando el marido regresó a su cuartucho al cuarto día, no hubo ni una sola pregunta. Todo estaba dicho y no hacía falta aclaración. Esto hacía más difícil y molesta la situación del joven ingeniero. Él no se atrevía a empezar la conversación del apartamento para no irritarse. Ella, que sabía los resultados, había llorado todo lo que el caso merecía. No se habló de ello. Se buscaron nuevos temas.

- El hotel se termina dentro de tres meses, dijo el Ingeniero.

- Yo no sabía que estuviera tan adelantado,

- Lo que pasa es que la gente ha estado trabajando horas voluntarias por las noches. Yo no participaba por estar en.....

- Bueno mi amor; en definitiva has estado realizando una obra útil y tan necesaria como el hotel; así que tienes tus méritos por la terminación temprana de la obra.

- Al menos, cuando lo vayan a inaugurar, me imagino que celebraremos una fiesta y participaremos.

- Aunque sea con la barriga a la boca, yo no me pierdo de esa fiesta.

En realidad se perdió de la fiesta; pero no se perdió de gran cosa. Cuando se anunció en que iba a consistir la inauguración; el propio Héctor decidió que su esposa no fuera a dispararse aquellas charlas. Fueron unos discursos descoloridos, exaltando la gran visión del Comandante en Jefe al decidir la construcción de aquellos hoteles que recaudarían las divisas convertibles para el futuro desarrollo de la Revolución. El imperialismo Yanqui, que se había empeñado en impedir el desarrollo del proyecto turístico del Gobierno, acababa de recibir otra derrota. Finalmente felicitaron la heroica labor de los trabajadores de la construcción. Después de aburrir a los agotados obreros con los discursos; se repartieron diez cajas de cervezas y bocaditos de pasta; croquetas y una música escandalosa interpretada por un combo que nadie había oído mencionar en toda su vida.

El brillante ingeniero llegó aquella noche a su casa, con el corazón hecho un trapo. El orador principal, en su afán por exaltar las virtudes del Comandante en Jefe y la Revolución en su obra creadora, expresó que los que habían diseñado y dirigido aquella construcción, querían manifestar su agradecimiento por haber tenido la doble oportunidad de estudiar y luego de participar en la construcción del futuro de la patria. Parece que nadie le dijo el nombre del Ingeniero ejecutor, o quizás no se molestó en preguntarlo. Era un discurso escrito por alguien "de arriba" y que el orador se había aprendido como quien se aprende un libreto para leer en una estación de radio. Lo cierto es, que la impresión que todos se llevaron de aquellos discursos, fue, que los que tenían que dar las gracias eran los trabajadores al Partido, a la Revolución y al Comandante en jefe, por encontrarse allí aquella noche.

FIN DEL CAPITULO V

Capítulo I: Abundancia de Amor
Capítulo II: Escasez de Medios
Capítulo III: Bodas de profesionales
Capítulo IV: Buscando un techo

Capitulo VI: Hotel de cinco estrellas
Capítulo VII: La llegada de Héctor Augusto
Capítulo VIII:¿Dónde metemos al niño?
Capítulo IX: La universidad de la calle...
Capítulo X: Proyecto de un largo viaje
Capitulo XI: Traidor, ¿A quien y por qué?
Capítulo XII:Seguridad, ¡Qué incertidumbre!
Capítulo XIII: Aprendiendo a mentir
Capítulo XIV: Más deserciones
Capítulo XV: A divorciarse del traidor
Capítulo XVI: La manzana de la discordia
Capítulo XVII: Peligrosa Reconciliación
Capítulo XVIII: Bodas de Mentira
Capítulo XIX: ¡Qué Cara es la Libertad!
Capítulo XX: Consumatum est

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