|
El
Amor en los Tiempos de Castro
Capítulo
XV: A divorciarse del traidor
Por
Florencio E. Eiranova-Cuza
Delegación Puerto Rico - S.T.C
El Castrismo
al desnudo.
Un cubano que vivió la pesadilla, narra su odisea
|
Los trámites para el divorcio de la
muchacha con el Ingeniero, llevaban toda una serie de pasos que fue
necesario iniciar y empujar en medio de un sistema burocrático y
deficiente que le hacían perder la paciencia al propio Job. Diariamente
se veía al deportista venir a buscar a Marcia ya fuera a su casa o a las
puertas de la oficina donde ésta trabajaba, para ir a un bufete del
gobierno, donde se tramitaban todo tipo de documentos. Las visitas a
distintos sitios se hicieron numerosas y cotidianas; a los juzgados para
buscar inscripciones; a las oficinas del Gobierno para conseguir
certificaciones y hasta a los periódicos para publicar una citación al
Ingeniero para que se presentara a contestar una demanda de divorcio
presentada contra él por su esposa. A todos estos lugares, se presentaba
la pareja como si se tratara de> un par de novios llenos de entusiasmo
y cariño del uno por el otro. No se hablaba entre ellos de los
sentimientos íntimos que estaban surgiendo o que pudieran surgir. Ambos
eran unos verdaderos artistas interpretando su papel y cada cual hacía
por superar cada día la interpretación del día anterior. Los cuidados
que profesaba Jesús por la muchacha; la delicadeza con la que trataba a
la esposa de su amigo y las atenciones que el mismo profesaba a diario por
la encantadora criatura, resaltaban de tal forma, que en ocasiones las
gentes con las que tenían que tratar algún asunto oficial, la
felicitaban por tener un amigo "tan guapo y tan cordial", a lo
que ella, siempre agresiva contestaba: El no se puede quejar; yo también
tengo algo que ofrecer.
El Ingeniero no resistía la
incomunicación. Cada día que pasaba sin recibir una carta era para él
un día de luto. Así se tenía que pasar 29 de cada treinta días,
enlutado, ya que el correo se encargaba de botarle las cartas que su
esposa le hacía una vez más que otra, por lo que la mayor parte del
tiempo se la pasaba el pobre muchacho adivinando o tratando de adivinar lo
que estaba pasando en la sufrida Isla.
Después de haber mandado el ultimátum que
estaba dando tan buenos resultados, él pretendía que lo mantuvieran
informado casi a diario de todos y cada uno de los pasos que se dieran y
sobre todo de la forma en que iban saliendo esas gestiones. La realidad
era que tanto su esposa como su amigo estaban tan atareados con el
burocratismo y las ineficiencias del país, que apenas si les quedaba
tiempo de ponerse a pensar en mantener informado a alguien que, aunque muy
interesado en el asunto, nada podía hacer para mejorarlo.
Las citas y los peloteos; el "vuelvan
la semana que viene" o el "esperen que se les avise" se
convirtieron en el pan nuestro de cada día para los
"enamorados" que ya conocían a medio mundo en sus gestiones de
divorcio en rebeldía. Las gentes se preguntaba qué hacía aquel hombre
tan buen mozo, acompañando a aquella muchacha tan hermosa en unos
trámites de divorcio, como no fuera que "ya estaban viviendo
juntos".
Héctor había concebido la idea de
fabricarse una casa para recibir a su esposa y a su hijo en ella. Como que
trabajaba en una compañía de construcciones, no le sería difícil ni
muy costoso llevar a la realidad aquel sueño tan acariciado y que fuera
lo que más lo impulsara a lanzarse a nadar 16 horas con riesgo de su
libertad y de su propia vida. No le quería decir nada a su esposa para
darle la sorpresa; pero ya tenía el terreno por la zona de la calle 172.
El plano lo había diseñado él mismo y no faltaba mucho para iniciar la
construcción, que en Estados Unidos es cuestión de pocos meses cuando se
quiere acelerar las cosas. De tal manera había progresado el muchacho,
que su desenvolvimiento en el Inglés era notorio y su avance en la
Universidad para revalidar su título y obtener un Master en Ingeniería,
era cuestión de meses.
El joven Ingeniero se había mantenido fiel
a su esposa y a su familia con una meticulosidad admirable. Todas sus
cartas llevaban recomendaciones á la encantadora mujer de que guardara
sus mejores caricias y los más encendidos besos para él. La
preocupación por su hijo era notoria. No faltaban las frases hermosas y
los lamentos lastimeros por la lejanía de los seres queridos. Todo esto,
sin embargo, contrastaba con una situación bastante embarazosa para ambos
esposos en el terreno de laS finanzas. Marcia, por pudor o por orgullo,
solamente le mencionó una vez a su esposo en todos estos años el
problema de la manutención del niño y lo mucho que esto le costaba,
sobre todo con la bolsa negra que devora el presupuesto de una familia en
sólo una compra de leche para el pequeño. El esposo estaba muy
consciente o algo consciente de esta situación; pero la rapacidad conque
las autoridades cubanas tratan a los emigrados residentes en Estados
Unidos, lo irritaban de tal manera, que no concebía dejarse atracar por
quienes tanto malos ratos le hicieron pasar en su vida en la Isla. Una vez
quiso mandarle un paquetico de ropitas y zapaticos a su hijo, que
contenía además un par de paquetes de alimentos infantiles y unos
medicamentos elementales. El paquete no podía pesar más de 10 libras.
Cuando lo llevó al sujeto que lo embarcaba, que por cierto es un agente
autorizado del Gobierno Cubano en Estados Unidos, éste le cobró 300
dólares por 10 libras. El contenido le había costado al joven unos 27
dólares. Fue tal la indignación y el coraje que montó el muchacho que
juró no volver por aquella oficina. Cuando se enteró con un amigo cubano
que aquel había perdido un paquete igual hacía dos meses y que no tenía
manera de recuperarlo, porque esas no son agencias oficiales, al pobre
emigrado se le cayeron las alas del corazón. Se mantuvo en vela dos meses
hasta que recibió la noticia de que su pequeñuelo había recibido lo que
su amante padre le había mandado.
El dinero ocupaba un capítulo aparte para
el Ingeniero. Con el cambio oficial de entregarle dos o tres pesos cubanos
a sus familiares, por cada dólar que él entregara aquí en Estados
Unidos, resultó que él entregó 200 dólares, y su esposa recibió 600
pesos cubanos, con lo que pudo comprarle al niño un pollo, dos litros de
leche, diez compotas de frutas, diez libras de malanga, un jabón de
baño, una caja de talco y un frasquito de colonia infantil, que en la
bolsa negra costaron aproximadamente 200 pesos, tomando el resto para
comprarle un par de zapaticos de 400 pesos. Todo esto podría ser
adquirido por el muchacho en Miami, por unos 50 dólares.
Héctor, como la mayoría de la Emigración
Cubana en Estados Unidos, repudió esta manera despiadada de explotar los
sentimientos de los familiares; pero algunos tienen que ceder ante la
situación tan desesperada de sus seres queridos. El muchacho pensó que
su esposa podría sobrevivir con su sueldo y con la pequeña ayuda que
pudiera recibir de su entrañable amigo Jesús.
Jesús por su parte, se convirtió en el
paño de lágrimas de Marcia y el pequeño, no permitiendo que estos
carecieran de aquellas cosas, elementales para ellos y relativamente
fácil de conseguir para él; al menos antes de que su situación se
tornara más apretada. Marcia, por orgullo o por temor a que esto se fuera
a convertir en una deuda de gratitud para futuras contingencias, trató
inútilmente de rechazar estas atenciones sinceras del deportista; pero
terminó acostumbrándose a ellas. Dolorosamente, con el estómago vacío
y un hijo pidiendo alimentos, no se tiene mucho ánimo para filosofar.
- Buenas noches, compañera arquitecta,
saludó Jesús a Marcia después de dos días sin verla.
- Yo pensé que se lo había tragado la
tierra, compañero, fue la respuesta de la muchacha que ya se había
acostumbrado a la presencia del deportista todos los días.
- No tanto como eso, pero fue algo
parecido, continuó el profesor de natación. Tuvimos unas. competencias
por Las Villas y me enviaron de arbitro, así que aproveché y le
conseguí algunas cositas al niño.
- Yo no entiendo eso de que en Las Villas
se consigan algunas cositas y aquí en la Habana no se consigan. ¿No
será que usted se está escapando por ahí y ahora viene a inventar un
cuento para que yo se lo crea?
- No, compañera, lo que pasa es que
vinieron unos deportistas latinoamericanos y me compraron algunas cositas
que yo no hubiese podido comprar.
- Mira Jesús, dijo la madre del niño, ya
nosotros hemos tocado ese punto muchas veces anteriormente y no quisiera
que te vayas a ofender; pero me parece que tú te extralimitas en
esfuerzos por comprarle cosas al niño, mientras su padre que es quien
tiene la obligación, nada más se la pasa mandando cartas y ultimátum
sin preocuparse de dónde salen las cosas que su hijo consume.
- Eso está bien, Marcia, repuso Jesús;
pero por el hecho de que tú pienses así de tu marido, yo no voy a
cohibirme de traerle unas beberías al niño que no tiene la culpa de lo
que pueda pasar entre tú y su padre.
La muchacha no sabía qué contestar. No
deseaba llevar las cosas demasiado lejos para no tapar aquel agujero por
donde entraba un pequeño rayo de luz en su oscurecido cuartico. De no ser
por Jesús, su hijito tuviera las mismas repitas viejas, raídas y
pequeñas del año anterior. Ya ni le servían. Era el noble amigo quien
en realidad la sacaba de la miseria para hacer que su hijito, al menos
él, se vistiera de persona decente.
Jesús nunca le había regalado a Marcia
una prenda de vestir. Tal vez no lo había hecho para no llevar las cosas
al terreno de una intimidad que luego no le permitiera escaparse; pero la
realidad es que lo más lejos que había llegado era a un perfume.
Después de angustiosas gestiones;
declaraciones juradas, certificados de comités, citaciones,
comparecencias, suspensiones y conciliábulos de pasillos, se hizo firme
la sentencia de divorcio entre la Arquitecta Marcia Cifuentes y el
Ingeniero Héctor Sarmiento en rebeldía.
Cuando Marcia y Jesús salieron de la
oficina del Bufete Colectivo con el papel en la mano, ninguno de los dos
se atrevía a hacer ningún comentario. Caminaron la cuadra que les
faltaba para llegar al carrito; abrieron cada uno su puerta y se
introdujeron en éste. Jesús sentía un nudo en la garganta el cual no se
podía explicar. Tanto luchar y tanto gestionar para conseguir esto que en
definitiva no significaba hada personal para él, y ahora venirle este
estado de nerviosismo. ¿Quién entiende a este mundo?
Marcia por su parte sintió un
estremecimiento interior que sólo le daba cuando presentía algo que le
causaba un miedo aterrador. Era tal su inseguridad que sintió como si el
carrito la quisiera aprisionar. Se pegó lo más que pudo a la puerta,
como para evitar el más mínimo roce o cercanía con Jesús. Un cierto
presentimiento le anunciaba un peligro en algún sitio. No sabía ni
cuándo ni cómo, ni dónde; pero lo presentía y no se atrevía a
manifestarlo.
- ¿Qué hacemos ahora? Fue la pregunta del
atleta.
- Yo no sé Jesús, yo estoy como las vacas
que llevan al matadero. El hombre no preguntó más. Arrancó el auto y
salió sin rumbo fijo. Quizás si por instinto ó reflejo se estaba
dirigiendo hacia el túnel cuando la muchacha recuperó el habla y
preguntó con cierta sorpresa:
- ¿A dónde me llevas. Jesús?
El hombre, que ya había recuperado su
aplomo y estaba más habituado que la muchacha a estas escenas, contestó
con una pregunta:
- ¿Tienes miedo? No olvides que eres una
mujer libre.
- Yo siempre lo he sido y me he sabido
cuidar.
- Entonces, ¿A qué le temes?
- Por favor. Jesús, yo sólo he hecho una
pregunta.
- Perdóname Linda, estaba bromeando. Hoy
hemos concluido una parte muy importante de todo este plan; creo que nos
merecemos un día de descanso y sobre todo de distracción. ¿Tienes
algún inconveniente en que vayamos a almorzar a un restaurante para
turistas extranjeros?
- No sé porqué te molestas en preguntar,
si siempre se hace lo que tú dices.
Cruzaron el túnel; tomaron por la Vía
Blanca y se dirigieron por todo lo largo del litoral. La muchacha, que ya
había recuperado su aplomo, se dio cuenta que estaba demasiado separada
del chofer y no quiso que éste se fuera a molestar por su actitud
estúpida. Disimuladamente, se fue separando de la puerta y a los pocos
minutos, ya estaba donde ella acostumbraba a ir en todos los recorridos
anteriores.
Jesús se había dado cuenta de toda la
operación. El se comunicaba con Marcia en todas sus reacciones sin que
ésta se enterara. Lo curioso era que a cada cambio de estado de ánimo en
la muchacha, él se sorprendía a sí mismo con una situación similar.
Las ondas magnéticas que salían del alma de la muchacha, iban
directamente a la de él.
Cuando se detuvieron frente al Mayabe,
Marcia comenzó a temblar. Esto parecía una trampa del deportista. Aquí
había sido donde su marido había recibido su gran derrota hacía unos
tres años. ¿Qué pretendía este hombre con este viaje?
Salieron del carro y Jesús la tomo de la
mano. Ella trató de retirarla; pero él insistió. La mujer se puso tensa
y quiso regresar hacia el automóvil.- ¿Que pasa señora?. ¿Usted mató
el majá y ahora le coge miedo a la cabeza?
- No entiendo ese lenguaje. No creo que
esto esté dentro del contrato.
- Usted tiene mala memoria compañera. No
sólo esto forma parte del contrato; sino que muchas otras cosas que
seguramente la van a ruborizar y la van a hacer sentir muy desdichada. No
olvide que nosotros tenemos que engañar a las autoridades aun en contra
de nuestros mejores deseos.
- ¿Y a qué autoridades vamos a ver aquí
precisamente?
- En este restaurante, vienen a almorzar
algunos de los empleados de la Embajada Suiza. Algunas veces vienen
acompañados de los empleados del Consulado Americano. La Embajada Suiza
es la encargada de los negocios diplomáticos del Gobierno Norteamericano
en Cuba. En ocasiones hasta los miembros de más jerarquía del Ministerio
del Interior de Cuba, vienen a almorzar aquí. Si tenemos que proyectar
una imagen; ¿No cree usted que valdría la pena proyectarla donde la
puedan ver gentes que luego nos crean el cuento que les vamos a hacer?
La linda mujer se sintió más estúpida
que nunca antes en su vida. ¿De dónde sacaba este hombre tanta
perspicacia y tanta habilidad para penetrar en los problemas y buscarles
solución? ¿Es que para vivir en Cuba hacía falta estar constantemente
engañando y disimulando? ¿Sería que tanto ella como su marido eran un
par de incautos que sólo creían en las charlas que les daban en la
universidad mientras las gentes de mundo como Jesús y otros miles como
Jesús vivían la vida disfrutando de todo y engañando a todos?. Este
Jesús resolvía todo cuanto quería; sabía a donde ir, a qué puerta
tocar y qué mampara empujar mientras ella se las pasaba con la boca
abierta del asombro por la "inteligencia y las relaciones de
Jesús" ¿Es que para ser Revolucionario había que ser tan incauto y
aguantón como ella y su marido o por el contrario los
"Revolucionarios de arriba" eran los que sabían en realidad
cómo vivir?
Ahora fue ella quien le tomó la mano a
él; pero la tomó con más presión.
- Vamos Jesús; vamos a donde tú quieras.
No sé cuándo te acostumbrarás a andar con una anormal.
Efectivamente; en el restaurante habían
varios extranjeros y uno de ellos le contestó el saludo a Jesús. Nunca
se supo si era un diplomático o un espía; pero la muchacha sintió la
fuerza de los razonamientos de aquel hombre y se prometió más nunca
cuestionar sus decisiones aunque la llevara al mismo infierno. Para colmo
de triunfo, el deportista le señaló a la muchacha una mesa, donde se
acababa de sentar unos hombres uniformados con entorchados rusos, grados
rusos e insignias rusas; pero que hablaban Español y eran cubanos.
- ¿Qué vienen a hacer aquí los miembros
del Ministerio del Interior? preguntó la muchacha como dándole la razón
por adelantado al deportista, mientras saboreaba la deliciosa comida que
le sirvió un correcto mesero.
- Esos "sacrificados" compañeros
vienen a pasar unos momentos de esparcimiento en estos lugares turísticos
construidos por la Revolución.
- Vamos Jesús, basta de ironía, repuso la
muchacha; ¿hay algo en específico que esta gente tenga que venir a
resolver aquí?
- Mira mi amor, dijo Jesús tomándola por
la mano; este lugar está muy bueno para que a los dirigentes no les
guste. El hecho de que ellos hablen de sacrificios y privaciones, no
significa que ellos se vayan a privar del disfrute de lo bueno que tiene
este país. El sacrificio y las privaciones son para los incautos que se
lo creen o los infelices que no tienen otra alternativa. A este país
entra toda una serie de mercancías y de productos de importación, que
les gusta a todo el mundo; pero por culpa del bloqueo imperialista, no
alcanza para todo el mundo. ¿Quién tú crees que va a disfrutar del buen
vino, el cognac, el whiskey, las langostas, el jamón, los filetes y todos
los artículos electrodomésticos que entran al país? Alguien tiene que
disfrutarlos y como es lógico, no se los van a dar a los obreros.
La muchacha sintió que alguien la estaba
abofeteando; pero esta vez no era el deportista quien lo hacía. Había un
misterio en la vida y la actitud de este ciudadano norteamericano,
viviendo en Cuba durante tanto tiempo; disfrutando de todos los
privilegios de los dirigentes sin ser dirigente y al mismo tiempo
conociendo sus secretos e intimidades, que no le cuadraban a la
arquitecta. Por otro lado ¿Cómo se explica que a pesar de su posición
acomodada o por lo menos de sus buenas relaciones, critique y castigue
tanto al régimen y ahora esté dispuesto a largarse?
- Oye, Jesús, dijo la muchacha tomando una
aceituna con un tenedor muy pequeño y llevándola a su boca con desgana;
en tu vida hay un secreto o una contradicción que yo no acabo de
descifrar. Independientemente de que nosotros no tengamos la intención de
casarnos para vivir juntos, sino para resolver otro problema que mi marido
y tú han elaborado misteriosamente, yo quisiera preguntarte ¿Porqué tú
eres ciudadano norteamericano, perteneces a "los de arriba" en
este país, aunque no lo estés, y por encima de eso los criticas tanto y
los conoces tan bien?
- Ya me había extrañado, dijo Jesús, que
tú, una mujer tan inteligente y tan suspicaz, no me lo hubieses
preguntado antes.
El atleta se acomodó en su asiento y
mientras sorbía un trago mezclado que le había traído el amistoso
dependiente, miró hacia afuera por una de las ventanas del amplio comedor
como buscando en sus recuerdos por dónde comenzar.
- Mira Marcia, dijo finalmente; te voy a
hacer la historia corta, porque en ella hay una serie de tonterías que a
lo mejor no significan nada para ti; pero te voy a pedir por favor que te
la guardes y trates de olvidarla sin ningún comentario.
- Si te va a lastimar, repuso la muchacha,
es preferible que no la cuentes.
- Descuida, arquitecta; interrumpió el
profesor de natación. Yo soy originario de Guantánamo. Casi toda mi
familia es de allá o de Santiago de Cuba. Mis padres eran un par de
estudiantes pobres como miles de cubanos. Cuando la dictadura de Batista,
ellos lucharon como lucharon sus compañeros en las calles, en
manifestaciones, en declaraciones y bajo todas las formas en que se
combatía la tiranía. En 1956, mi padre había estado preso varias veces
por participar en manifestaciones callejeras, toma de escuelas etc.,
aunque él no era ningún combatiente ni estaba comprometido en
conspiración o desembarco, porque sencillamente todavía no lo había. Lo
cierto es, que mi padre se fue para Estados Unidos y luego se casó con mi
madre y la mandó a buscar. Desde allí, siguieron ayudando la causa de la
Revolución, que ya había estallado en la Sierra Maestra. Ellos compraron
bonos, participaron en desfiles en Nueva York y cooperaron en la forma en
que lo hacían miles de cubanos en el exilio. Cuando triunfó la
Revolución en 1959; la mayoría de los cubanos en Estados Unidos,
regresaron para Cuba. Mis padres también lo hicieron y me trajeron de 3
años. Yo comencé en la escuela de natación desde muy pequeño y luego
me trasladaron a Santiago de Cuba y posteriormente a la Marcelo Salado
aquí en la Habana. En mi hogar todo era Revolución sin privilegios. Mis
padres eran gentes preparadas y participaban en todas las tareas de la
Revolución sin exigir nada. Eso de que la escasez es de ahora, es un
cuento; la escasez comenzó aquí desde los primeros días de la
Revolución y mi familia la sufrió desde siempre. Mis padres tuvieron
problemas por la manera en que ellos entendían que debían ser las cosas.
El hecho de haber vivido algo más de 4 años en Estados Unidos los
afectaba doblemente. Por un lado ellos se habían acostumbrado a un nivel
de vida y un modo de vida que no era tan mezquino como el de la
Revolución y por otro, sus opiniones siempre chocaban con las de los
"comecandela" del patio, por lo que la vida siempre fue difícil
en mi casa. Mi padre fue detenido en varias ocasiones por su forma de
pensar, aunque el infeliz lo único malo que tenía era que manifestaba
sus opiniones donde quiera que podía. Hay un tío mío que se llama
Gelasio, que trabajaba en la Base Naval de Guantánamo. Gelasio era un
alma de Dios. No se metía con nadie; pero la Revolución empezó a
exigirles a los obreros que abandonaran sus trabajos en la Base Americana.
Los que seguían trabajando tenían que cambiar su sueldo en dólares, por
billetes cubanos cuando salían de la base. A la salida de la base, los
esperaban unos camiones que los conducían al banco nacional como si
fueran unos delincuentes. Aquello era una burla, ya que las autoridades
anunciaban con mucha pompa por radio y televisión, que los obreros de la
base entregaban sus divisas al gobierno para el desarrollo del país y lo
que en realidad sucedía era que los obligaban a hacerlo; lo que traía
como resultado, que los pobres obreros trabajaban para los americanos;
pero ganaban su sueldo en dinero cubano. Oficialmente no los hacían
abandonar el trabajo; pero hubo un momento en que a los trabajadores que
trabajaban dentro, no los dejaron entrar más en Cuba y mi tío tuvo que
quedarse y conseguir que una periodista lo ayudara a sacar su mujer y sus
dos hijos que ahora viven en Estados Unidos. Yo tenía 6 años, cuando un
día mi tío Gelasio llegó de la base llorando y destruido. Yo nunca lo
había visto así, aunque siempre venía preocupado por las presiones que
les hacían para que abandonara su trabajo en la Base y su vinculación
con los americanos. Cuando lo vimos tan triste, yo me metí en el cuarto
con él y le pregunté qué era lo que había pasado. El me lo contó a
mí: Había un perrito sato de color ceniza que pertenecía a uno de los
trabajadores y siempre venía con él. Los guardias tenían problemas con
el perrito, porque se colaba dentro de la base por la puerta que era muy
ancha. Todas las tardes el perrito salía y se iba detrás de su amo. Los
obreros de la base querían al perrito y le daban de comer y le hacían
gracias, porque el animalito era muy cariñoso y juguetón. Ya los
guardias de las postas, tanto Cubanos como Norteamericanos, se habían
acostumbrado a ver a Campeón, que era como le decían por unos episodios
de Leonardo Moneada, que habían dado por la radio, que tenía un perro
llamado Campeón. Cuando las cosas se pusieron tan tirantes entre los
trabajadores de la base y las autoridades cubanas, a muchos trabajadores
no los dejaron entrar más en Cuba, porque seguían trabajando con los
Norteamericanos. El dueño de Campeón fue de los que no pudo salir y
Campeón se quedó en la base con su amo. Al cabo de un par de meses,
parece que el animalito sintió nostalgia por su ambiente en Cuba y salió
por la puerta grande con un grupo de trabajadores. Las autoridades del
lado Cubano, agarraron al animalito y lo ahorcaron. Lo colgaron frente a
la entrada del lado cubano para dar un ejemplo de lo que se hacía en Cuba
con los traidores. Todos los trabajadores lo vieron, ya que lo tuvieron
exhibiendo durante varios días. Yo le pedí a mi tío Gelasio que me
llevara a ver a Campeón y él me llevó a verlo. A partir de allí; mi
tío Gelasio no quiso que le hablaran de Comunismo ni aunque con esa
palabra le fueran a salvar la vida. Posteriormente yo ingresé en
natación; y lo demás es historia conocida.
La muchacha no pudo reprimir unas lágrimas
que hicieron brillar las esmeraldas que albergaba en las cuencas de sus
ojos. Cuando miró hacia los hombres entorchados en la mesa que le había
señalado el atleta, pareció pedirles cuenta por la suerte de Campeón.
Cuando salieron, tomados de las manos, todo
el mundo los miraba con admiración hacia ella y con envidia hacia él.
Esta vez la salida del Hotel Mayabe no tuvo el final trágico y bochornoso
de la vez anterior. - Definitivamente este Jesús había nacido para vivir
bien, pensó la muchacha; pero había algún misterio que la mantenía
intrigada.
FIN DEL CAPITULO XV
Capítulo
I: Abundancia de Amor
Capítulo II: Escasez de Medios
Capítulo III: Bodas de profesionales
Capítulo IV: Buscando un techo
Capítulo V: Ni casa, ni esperanzas
Capitulo VI: Hotel de cinco estrellas
Capítulo VII: La llegada de Héctor Augusto
Capítulo VIII:¿Dónde metemos al niño?
Capítulo IX: La universidad de la calle...
Capítulo X: Proyecto de un largo viaje
Capitulo XI: Traidor, ¿A quien y por qué?
Capítulo XII:Seguridad, ¡Qué
incertidumbre!
Capítulo XIII: Aprendiendo a mentir
Capítulo XIV: Más deserciones
Capítulo XVI: La manzana de la discordia
Capítulo XVII: Peligrosa Reconciliación
Capítulo XVIII: Bodas de Mentira
Capítulo XIX: ¡Qué Cara es la Libertad!
Capítulo XX: Consumatum est
Subir
Retornar a la página principal
|