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Revista DESAFIOS
Año 1482
Mayo-Junio /2008

Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC)

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El Amor en los Tiempos de Castro

Capítulo XIV: Más deserciones

Por Florencio E. Eiranova-Cuza
Delegación Puerto Rico - S.T.C

  El Castrismo al desnudo. Un cubano que vivió la pesadilla, narra su odisea

Una mañana antes de salir para su trabajo, recibió Jesús una llamada de Marcia.

- Oigo.

- ¿Quien habla. Jesús?

- Si, soy yo Jesús. ¿Con quién hablo?

- Caramba; ¿Son tantas las mujeres que te llaman que no reconoces la voz?

- Marcia, ¿Cómo estás?. ¿Cómo anda el niño?

- El niño bien; la que no anda muy bien soy yo.

- ¿Qué te pasa?

- No te lo puedo contar por teléfono. ¿Tú vas a estar en tu casa todo el día?

- Si tú vienes, yo te puedo esperar; pero si quieres te puedo buscar en el carro.

- No te preocupes. Jesús; yo puedo llegar. Es mejor que ahorres tu gasolina.

- Entonces te espero.

Aquella llamada lo intrigó. No sabía porqué esa mujer lo ponía alterado cada vez que se tenía que enfrentar con ella. No es que ella ejerciera ninguna influencia sobre él. No es que a él le interesara en lo más mínimo ella como mujer; pero esa mirada de tigresa que le penetraba hasta lo más profundo lo desarmaba cada vez que tenía que enfrentarla. Y ahora esa llamada tan temprano en la mañana. ¿Qué se traerá ahora?. A mí que no me venga con esos interrogatorios al estilo de Perry Masón, porque yo no me voy a someter a ningún juicio

Cuando la muchacha llegó, ya Jesús se había [recuperado de su nerviosismo. No hizo más que verla y la turbación se apoderó de él. Sus ojos verdes del color de la esmeralda, hoy estaban más verdes que de costumbre. El trató de evadir su mirada; pero ella, por hábito o por instinto, buscó sus ojos para saludarlo.

- Dichosos los ojos que lo ven, compañero. ¿Cómo estás. Jesús?

- Aquí, no tan bien como tú que puedes salir de paseo en un día de semana. ¿Qué te trae por aquí, Marcia?

- Chico, yo pensaba que mi marido te había pedido que nos dieras vueltas de vez en cuando y que te ocuparas de comunicarle cómo andábamos el niño y yo; pero veo que, o bien no le hiciste caso, o no te agrada ir por casa.

La mente del deportista empezó a elucubrar cosas extrañas. Esta mujer no sólo lo ponía nervioso, sino que ahora se le aparecía con una solicitud y una melosidad que no eran las que ella acostumbraba. Aquí había algo oculto y no le parecía que fuera nada bueno.

- Vamos Marcia; llega al grano directo y déjate de rodeos, que tú mejor que nadie sabes lo mucho que yo los aprecio a ustedes. Si has venido por aquí, alguna razón poderosa te trajo. Yo te conozco y sé bien que tú no eres mujer de andar con rodeos.

- Me alegra que tú me comprendas en ese aspecto, Jesús; eso ahorra esfuerzos y contrapunteos. Dime una cosa, compañero: ¿Qué trajín se traen Héctor y tú sobre un supuesto viaje mío a Estados Unidos como esposa de un ciudadano norteamericano?

El deportista no estaba preparado para aquella embestida, aunque no le sorprendió. Las insinuaciones del amigo se le estaban presentando de manera clara en estos momentos; pero lo que no contaba Jesús era con que fuera Marcia la que tuviera que venir a proponérselo.

- Si tú no te explicas mejor, Marcia, te juro que no te comprendo. Por ese camino no creo que vamos a llegar a ninguna parte. Dime cuáles son tus preocupaciones, qué es lo que tu marido te ha dicho o propuesto y quizás yo te pueda aclarar algo; pero te juro que a mí no me vas a coger de atrás para alante con esos interrogatorios.

- De acuerdo. Jesús. Efectivamente yo vine aquí para aclarar ciertas cosas y me gustaría que tú me ayudaras a despejar ciertas nebulosas que hay en mi mente. Ustedes los hombres, a veces se ponen a hacer planes para bien o para mal de sus familias; pero no le comunican nada a las mujeres, hasta que el plan se ha realizado, o cuando ya no tiene marcha atrás. Yo no sé si tú comprendes mi manera de ser y de ver la vida; pero sí quisiera que sepas, que yo no me considero una mercancía con la cual se hacen operaciones sin contar con ella. Héctor planeó y ejecutó su plan de salida del país, con la mejor de las intenciones; pero no le puedo perdonar, que lo haya hecho sin ni siquiera comunicarme el más mínimo detalle. Lo supe después de haberse marchado él; y solamente después de que tú sabías que había llegado bien a Miami. De haber fracasado el plan, seguramente yo nunca me hubiera enterado de nada. Eso como tú puedes comprender, es una subestimación del papel que como esposa de Héctor, yo debo jugar. Pues bien mi amigo, ahora resulta que mi marido me está insinuando que hay una posibilidad de que yo me traslade a los Estados Unidos, como esposa de un ciudadano norteamericano y ese ciudadano norteamericano parece ser que eres tú. Yo no sé si él te ha dicho algo o si esto forma parte de un plan original concebido por ustedes anteriormente; pero lo que sí quisiera pedirte con todo mi respeto y estimación, es que me digas todo lo que hay de verdad en esto y todo lo que hay de imaginación, porque yo no pienso dar un paso en ninguna dirección si no estoy totalmente informada y sobre todo si no estoy completamente de acuerdo con todos los detalles del plan.

La mirada penetrante de Marcia volvió a desarmar al Profesor de Natación. En realidad, el lenguaje de la bella muchacha era tan contundente y razonado, que tuvo que recomponerse para poder articular palabras. Todo cuanto planteaba la muchacha era cierto y razonable, aunque aquella defensa de los derechos de la mujer y sobre todo aquella postura tan suficiente, le irritaban.

- Mira Marcia; te voy a hablar con toda la sinceridad que tú te mereces y además, no quiero que quede la más mínima duda sobre mi parecer en este asunto. Efectivamente, Héctor me ha mencionado la posibilidad de que yo abandone el país hacia Estados Unidos. Yo no sé si tú sabes, que yo soy ciudadano norteamericano por nacimiento y que tengo derecho a esa ciudadanía cuando la quiera solicitar. Yo no necesito que Héctor ni nadie, me aconseje a mí sobre lo que tengo o puedo hacer con mi vida. Tu marido es mi amigo y yo siento por ustedes un cariño y un aprecio mucho mayor del que tú misma puedas imaginarte. El me ha dicho, que en caso de yo decidir mi salida hacia Estados Unidos, lo cual, quiero aclararte, no está siendo valorado todavía, yo podría casarme contigo y de esta manera tú podrías salir como mi esposa. Esto desde luego no se podría hacer, a menos que tú te hayas divorciado de él, lo cual tendría que ser una decisión muy tuya propia como lo sería la otra de casarte conmigo. Quiero dejar bien claro en tu mente, Marcia, que a mí personalmente no me agrada en lo absoluto el plan; primeramente, porque veo demasiadas anormalidades en todo el trayecto. Se necesita demasiado nervio para que una mujer se divorcie de su marido a quien ama, se case con un hombre a quien no ama, salga de su país como esposa de ese hombre a quien no ama y luego se vuelva a divorciar de ese hombre para casarse de nuevo con el que en realidad ama. Tú comprenderás que no resulta nada cómodo para un hombre hecho y derecho, andar casándose y divorciándose, y haciendo el papel de marido de una mujer como tú, sólo por aparentar y sobre todo para engañar a las autoridades norteamericanas e incluso a las cubanas. Esa es la historia hasta ahora y yo no sé si tú sabes algo más acerca del asunto.

- Jesús; yo tengo bastantes razones para creerte y en realidad te creo. Yo no soy muy versada en estas cuestiones de emigración; pero me da la impresión que en todo esto algo me huele a infamia. No quisiera pensar mal; pero hay algo infame en toda esta patraña y te agradezco que me hayas hablado con tanta claridad.

- ¿Héctor te ha pedido tu opinión sobre el asunto? Preguntó el deportista.

- El me pidió que averiguara tu opinión y ya creo saberla, fue la respuesta de la muchacha.

- ¿Y qué piensas hacer? preguntó ahora Jesús.

- Ahora no tengo la menor idea. Yo le voy a contestar y le voy a explicar toda esta conversación, para que él también aclare su posición. Cuando la muchacha se dispuso a despedirse, Jesús le tomó la mano en tono amistoso y le dijo:

- Marcia, me da una pena tremenda que sucedan estas cosas tan poco usuales. Yo espero que tú comprendas mi posición en todo esto. Tú te mereces mucho más de lo que estás recibiendo de la vida; pero a veces las cosas son así. A ti te ha tocado la parte estrecha del embudo.

La muchacha posó su mirada penetrante sobre los ojos de Jesús. Este no pudo sostenerla. Cuando le soltó la mano, se le notó que la suya le temblaba. Se despidieron. El Ingeniero seguía progresando y decidió asociarse con unos constructores independientes que tomaban contratas de otras compañías mayores. De esta manera, ahora trabajaba para su compañía y las ganancias se repartirían entre los socios. Cuando recibió la carta respuesta de Marcia, casi junto con la de Jesús, decidió contestarles a ambos y ser claro de una vez y por siempre. Ya no habría que insinuar más. Se trataba ahora de hacer proposiciones concretas para que fueran aceptadas o rechazadas por la esposa.

Al amigo le pedía con toda claridad, que si él estaba dispuesto a ayudarlo en toda la línea y hasta las últimas consecuencias, él le recompensaría en todo lo que aquel hiciera por su esposa e hijo. No pretendía comprarlo; pero en este mundo había que hablar claro y no se podía andar con medias tintas en asuntos tan decisivos como éste. Si alguien le había enseñado a ver la vida con claridad y oportunismo, ese había sido su amigo Jesús. Ahora lo atacaba con sus propias armas. No quería lastimarlo; pero necesitaba de él.

A la esposa le decía con toda claridad, que la vida en el Norte era agitada, dura y de una lucha constante por el progreso y el desarrollo. No quedaba tiempo para los paños tibios. Era necesario tomar decisiones y aunque éstas parecieran inconsultas y desatinadas, lo único que no se podía perdonar era la inercia frente a los retos. Si estaba decidida, tenía que ir a ver al amigo y seguir su plan. Si su decisión era negativa, nunca se perdonaría haber despreciado esta oportunidad, no sólo de unirse a su esposo que la amaba, sino de llegar a la tierra de promisión.

Las reacciones de estas dos misivas, dirigidas a distintas personas con intereses diferentes, fueron también divergentes. Para la esposa, era como un ultimátum dirigido a un sentenciado a muerte. Lo toma o lo deja. Ella no tenía muchas alternativas en las condiciones actuales. El problema de la vivienda, lejos de mejorar, empeoraba cada día. Para ella se hacía peor, dado el hecho de que la aventura de su marido ya se sabía en todo el país y ella se veía obligada a repudiarlo en público, aunque recibiera sus cartas y se las contestara. La única excusa que tenía la pobre esposa, era, que si el padre se ocupaba de su hijo, ella no podía negarse a recibir sus cartas y leérselas al niño. La madre de la muchacha, mantenía una actitud de repudio en público y de conciliación en secreto. Era la clásica gatica de María Ramos, interesada en saber de los progresos del yerno (por si acaso); pero dando a entender su repudio por la traición a la patria.

Para el amigo fiel y obediente, fue como recibir una bofetada de un ser querido. No comprendía el Profesor, porqué tenía su amigo que mencionar dinero ni recompensa en medio de unas relaciones tan desinteresadas y con unas muestras de fidelidad que rayaban en lo ridículo. No llamó a la muchacha como le instruía el Ingeniero. Esperaría a que ella lo llamara si es que estaba interesada en participar en la segunda parte de aquel plan maquiavélico. Si ella le había dicho que no era una mercancía con la que se hacen negocios, él también tenía su dignidad y muchas más razones que ella para hacerse de rogar. En definitiva él podía arrancar cuando quisiera y no necesitaba ni de consejos ni de ayudantes.

No tuvo que esperar mucho. Dos días después de recibida su misiva, sonó el teléfono del Profesor de Natación.

- Oigo....

- ¿Quién habla Jesús?

- Si, soy yo Marcia-.Ahora sí te reconocí la voz....

- Perdóname; pero como que tú debes de tener tantas llamadas.

- No, Marcia, a mi no me llaman tanto las mujeres; lo que pasa es que no tengo buen oído.

- Mira Jesús, no vamos a comenzar de nuevo con las discusiones. ¿Tu crees que podamos vemos en tu casa?

- Sí, claro, con mucho gusto.. Te espero.

No podía evitarlo. Ya le parecía contemplar aquellos ojos verdes penetrando en los de él como para sacarle el más recóndito de sus pensamientos. Se vistió con ropas como si fuera a salir. Después se dio cuenta que su comportamiento era algo ridículo. Trataría de sacar cualquier idea absurda de su mente.

La madre de Marcia no comprendía aquel comportamiento tan raro de su hija. Se había pasado la vida pretendiendo que ignoraba a su esposo. Que apenas si le importaba su fuga. Incluso se había incorporado a la Revolución con más brío y militancia. Las salidas con el deportista, le agradaban a la señora, porque ella estaba segura que con aquel "dirigente" nada malo le podía pasar; pero ahora notaba un regreso de Héctor a las conversaciones de Marcia. Primero comenzó nombrándolo en la casa. Posteriormente se lo mencionaba al niño con una insistencia como si el hombre se fuera a aparecer en cualquier momento. Ahora insinuaba algo sobre inscripciones y papeles raros. Hoy se estaba vistiendo excesivamente elegante para la hora. El perfume que se aplicó, no tenía nada que ver con una jornada de trabajo. Esta juventud no sabe a donde va.

Cuando Marcia llegó. Jesús la esperaba con disimulada impaciencia.

- Caramba; ¿Te vas a retratar?

- No seas desagradable. ¿Acaso una mujer joven no tiene derecho a vestirse de persona? En definitiva yo no soy una viuda.

- Perdone, compañera. Ciertamente nunca la había contemplado desde la distancia. Se ve usted hoy encantadora.

- Vaya, ahora si suena usted como todo un caballero.

- Y... ¿A qué debo el honor de su visita, señor fiscal?

- Ay por favor. Jesús, me voy a acomplejar y no te voy a hacer ni una pregunta más. Pues bien; la visita tiene un objetivo bien serio. Resulta que mi esposo me escribió una carta haciéndome una propuesta concreta de tratar de salir del país. El me pidió que viniera a verte con una petición definitiva de que tú sacaras tu Ciudadanía Americana, para que pidieras la salida. Una vez que tú tengas la ciudadanía; me reclamarías como tu esposa. Claro, que para que esto pueda llevarse a efecto, tendría yo que divorciarme de él. Esto se puede hacer declarándolo en rebeldía. Después de divorciada de él, nos casaríamos y todo el resto parece que podría caminar sobre ruedas.

- ¿Eso quiere decir, que hoy tú te has puesto tan bella para la petición de mi mano?

- Por favor. Jesús; estas son cosas muy serias.

- Efectivamente, Marcia; replicó el Profesor, esta vez mirando a la muchacha directamente a los verdes ojos. Esto es algo muy serio y es necesario que se pongan las cartas sobre la mesa.

- Por mí, podemos empezar la partida desde ahora mismo. Tú sabes que yo llevo una carga que cada día se hace más insoportable. Lo que me mandó Héctor fue un ultimátum y si no fuera por lo terrible de mi situación, yo le hubiese contestado algunas cosas; pero en realidad, me imagino lo desesperado que debe estar. Por eso quiero que comencemos esto en paz y armonía.

- Mira Marcia; la seriedad de este paso consiste en el hecho, de que para engañar a las autoridades, tanto cubanas como americanas, hay que trabajar muy fino. No se trata de un papel solamente; hay una serie de relaciones y de comportamientos que adoptar, que deben de convencer a todo el mundo de que tú en realidad te quieres divorciar de tu marido. Luego, el matrimonio lleva también un comportamiento que convenza a la gente de que tú eres mi mujer. Las autoridades conocen bien todos estos trucos y están a la caza de cualquier falla para rechazarlo.

- ¿Qué es lo que tú estás insinuando?

- Yo no estoy insinuando nada. Yo te estoy diciendo las cosas como son. ¿Te imaginas que tú y yo estemos casados y tú sigas viviendo en tu cuartico y yo aquí a cuarenta kilómetros de distancia de mi esposa?. ¿Quién va á creer eso?. Tú y yo tendremos que andar juntos; salir juntos; dejarnos ver por la gente y andar de manos. Hay que convencerlos de que somos marido y mujer.

- Me parece que tú estás llevando eso demasiado a la perfección.

- Yo no he pedido nada Marcia. Son ustedes los que lo quieren y yo estoy dispuesto a sacrificarme por mis amigos.

- ¿Así que tú le llamas sacrificio a andar conmigo? Ripostó la mujer encendiendo su mirada y fijándola directamente en la del atolondrado deportista.

- Marcia; si lo vemos como va a ser en realidad, te puedo asegurar que va a ser un verdadero sacrificio. ¿Te imaginas un hombre joven y lleno de vida, andando con una de las mujeres más bellas de este país; tomándole las manos; bailando con ella; compartiendo el mismo techo y tener que mantenerse sin desearla o si la desea no podérselo manifestar por respeto y consideración a un amigo?

La muchacha no esperaba una respuesta tan contundente. Su turbación no la dejó contestar. Se vio atrapada en un callejón sin salida al cual ella misma se había hecho llevar. La mirada de tigresa se fijó en las lozas del piso. Fue Jesús; el siempre noble Jesús quien la sacó de su atolladero:

- Vamos compañerita. ¿Te he lastimado?. Le tomó las manos y la ayudó a secarse las lágrimas con el pañuelito que ella misma había llevado.

Los ojos del color de la Esmeralda que acostumbraban a mirar inquisidores a sus víctimas; reflejaron esta vez una mirada de súplica que estuvo a punto de hacer que el recio deportista perdiera la cabeza.

- Tú dirás, fueron las palabras de Jesús. ¿Comenzamos?

- Yo haré lo que tú digas Jesús; parece que en esta vida unos se han hecho para mandar y otros para obedecer. Tú mandas y yo obedezco.

El miembro del Equipo Olímpico recibió un corrientazo en todo su ser. "Tú mandas y yo obedezco" significaba demasiado para él. ¿Qué quería ella decir? ¿Acaso por la mente de la muchacha podían pasar las mismas ideas que por la de él?. No podía ser. Había que desechar esta idea tan nauseabunda.

FIN DEL CAPITULO XIV

Capítulo I: Abundancia de Amor
Capítulo II: Escasez de Medios
Capítulo III: Bodas de profesionales
Capítulo IV: Buscando un techo
Capítulo V: Ni casa, ni esperanzas
Capitulo VI: Hotel de cinco estrellas
Capítulo VII: La llegada de Héctor Augusto
Capítulo VIII:¿Dónde metemos al niño?
Capítulo IX: La universidad de la calle...
Capítulo X: Proyecto de un largo viaje
Capitulo XI: Traidor, ¿A quien y por qué?
Capítulo XII:Seguridad, ¡Qué incertidumbre!
Capítulo XIII: Aprendiendo a mentir

Capítulo XV: A divorciarse del traidor
Capítulo XVI: La manzana de la discordia
Capítulo XVII: Peligrosa Reconciliación
Capítulo XVIII: Bodas de Mentira
Capítulo XIX: ¡Qué Cara es la Libertad!
Capítulo XX: Consumatum est

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