Es justo y necesario...

Pedro Pérez Castro
 

El 18 de marzo de 2003 y en los días siguientes el mundo se vio estremecido por una ola represiva desatada en Cuba contra los opositores demócratas que armados sólo con su verdad, con su palabra y con su moral enfrentan hace más de cuatro décadas el totalitarismo cubano sofisticado pero letal. Semanas después tres jóvenes  fueron fusilados sin misericordia como culminación de la ignominia que se ejerce en la otrora Perla de las Antillas.

En todos los casos los juicios fueron sumarios, sin el debido proceso, con condenas preestablecidas por el temible Departamento de Seguridad del Estado (DSE) del  Ministerio del Interior que los acusó de estar al servicio de una potencia extranjera y de ser agentes tarifados del imperialismo, etc., etc., etc. Todo mentiras.

Entre los condenados que suman setenta y cinco se encuentran un grupo de Sindicalistas Independientes, de diversas expresiones, siendo la más representativa el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC), nutrido grupo de hombres y mujeres que desde 1995 a lo largo y ancho de todo el país intentan desarrollar una organización sindical que realmente defienda los intereses de los trabajadores de la opresión  y de la miseria a que están sometidos producto de la miserable explotación del hombre por el Estado. Y tenían que hacerlo porque la oficialista Central de Trabajadores de Cuba  (CTC), no es más que un aparato de control y tutelaje de los trabajadores que para nada redime el valor del trabajo y mucho menos reivindica las necesidades  de los hombres y mujeres que so pena de ser marginados militan en las filas de los diecinueve sindicatos nacionales que existen en toda Cuba.

Hace un año, junto con el clamor y la condena universal a tan execrables hechos de la Primavera de 2003 levantamos nuestra voz para exigir justicia, para reclamar la puesta en libertad de los encausados, porque nos asiste el derecho y la razón de defender  los derechos humanos de nuestros compatriotas que en Cuba no tienen la oportunidad que en otros países existe de defender las ideas y de denunciar los atropellos de que son víctimas la inmensa mayoría del pueblo trabajador, inermes frente a un Estado que humilla y escarnece a un país esclavizado.

Como sindicalistas que somos nos dirigimos al mundo del trabajo, a todas las organizaciones internacionales de los DD.HH, a las confederaciones y federaciones mundiales de los trabajadores y a todas las naciones del mundo. En aquel entonces escribimos un alegato: “En defensa del Sindicalismo Independiente”, donde explicábamos por qué era necesario que se crearan organizaciones sindicales demócratas independientes y opositoras frente a un régimen de la naturaleza del de Cuba y salvo algunas organizaciones que mencionaremos después, poco del sindicalismo internacional atendió nuestro llamado.

Reconocemos los esfuerzos que se han hecho, desde Amnistía Internacional hasta Reporteros Sin Fronteras, exigiendo justicia y libertad para los condenados. A todos los engloban y los defienden bajo el manto protector de la denuncia internacional donde se destacan principalmente hombres de la talla de Raúl Rivero, de Oscar Espinosa Chepe o de la única mujer condenada, la economista Marta Beatriz Roque, distinción válida para el talento de la cultura y las ciencias que se encuentran tras las rejas. Eso es justo y necesario.

Pero hoy la Solidaridad de Trabajadores Cubanos (STC) con todo nuestro vigor volvemos a la carga para clamar en Defensa del Sindicalismo Independiente porque también es justo y necesario.

Hay un puñado de hombres de desconocidos nombres de las capas más humildes de los trabajadores, que no son reconocidos como periodistas independientes, ni economistas, ni poetas, (a los que  respetamos mucho) y desde el  Cabo de San Antonio en Occidente hasta la Punta de Maisí en Oriente han estado trabajando durante años por lograr que se respeten sus derechos como trabajadores. Han intentado legalizar sus organizaciones sindicales al amparo de la Constitución Cubana, del Código del Trabajo, de los Convenios suscritos por Cuba con la OIT y de la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos, presentando sus documentos fundacionales ante el Registro de Asociaciones del Ministerio de Justicia y poseen constancia de haber ingresado tales documentos, pero esas instancias del gobierno cubano ni siquiera han respondido de forma negativa, de manera que siendo legítima la voluntad expresa de esos ciudadanos existen  en el limbo de la legalidad cubana  cuyo Ministerio del Trabajo  no se cansa de repetir que tales organizaciones no existen.

Para los que no conocen el desarrollo del mundo de los trabajadores en Cuba, desde hace 45 años, debemos decir que desde el propio 1959, la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) fue intervenida personalmente por el jefe del Estado, porque conocía el poder que reside en una masa de trabajadores  organizada como fue la cubana, con una historia ejemplar de luchas y conquistas que fueron ejemplos en toda América Latina. Que el movimiento obrero de esa pequeña isla de entonces apenas 6 millones de habitantes participó de la fundación de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), con líderes ejemplares que desde 1939 habían dado a luz a una Central Unitaria, donde convergían todas las expresiones políticas, pero donde se defendían por encima de todo los derechos y libertades de los trabajadores que incluso estaban consagrados en la Constitución de la República de 1940. Desde 1959, año del triunfo de la insurrección, no ha habido un Congreso donde el monarca absoluto de Cuba no haya participado, habiendo convertido a la CTC en una eficaz herramienta para la consolidación del Estado totalitario comunista que hasta hoy perdura.

Un año después de la Primavera Negra de 2003 es justo y necesario que levantemos nuevamente nuestra voz en defensa de nuestros Sindicalistas Independientes prisioneros y torturados, arrojados en cárceles a enormes distancias de sus hogares y castigando a sus familiares que sufren inmensas penurias para poder verlos cada tres meses, teniendo que llevarles alimentos, medicinas y vituallas para que puedan soportar ese lapso hasta la nueva visita si se portan bien. Muchos de ellos en solitario, en celdas de castigo y aislamiento, viviendo como si fueran animales, entre las ratas, las cucarachas, los mosquitos, la pestilencia, la falta de agua y una pésima y escasa alimentación. ¿No es eso un modo de tortura?  ¿Cuál es el motivo de esa extrema represión? Nos permitimos contestar por ellos: es que son  Sindicalistas Independientes, que aunque reivindican su derecho a luchar por la democracia para su país, se expresan en el conjunto de los trabajadores que es donde está la fuerza capaz de darle un vuelco al autoritarismo y a la intolerancia.

El pasado año la OIT celebró su  91 Conferencia Internacional y a pesar de todos los testimonios  y de todas las pruebas que se exhibieron de los allanamientos, de las incautaciones de materiales y enseres, de las violaciones, de los atropellos sufridos por los sindicalistas independientes, los representantes que presentaron estas denuncias tuvieron que realizar sus mejores esfuerzos para que la representación oficial del gobierno y la CTC cubanos (que es lo mismo) fueran sentados en el banquillo de los acusados y se adoptaran resoluciones y propuestas que los oficialistas cubanos se negaron a aceptar. Muy pronto tendrá lugar la 92 Conferencia de la OIT en Ginebra y ya se elabora la agenda que deberá seguir el alto organismo del mundo del trabajo. Sucede que el caso de Cuba deberá estar en la agenda porque ninguna de las medidas que adoptó la OIT han sido reconocidas o ejecutadas  y porque los sindicalistas independientes continúan presos y en las condiciones a que hemos hecho referencia. Los respetables delegados de organizaciones democráticas hermanas como la CLAT y la CMT que han defendido, defienden y defenderán al sindicalismo independiente cubano tendrán que aportar nuevas pruebas, nuevos documentos  demostrativos de que en Cuba continúa el estado de indefensión de los sindicalistas independientes y de los trabajadores  que adversan el sistema, régimen y gobierno. Pero eso no es nada fácil. ¿Cómo pueden defenderse esos dirigentes y militantes presos e incomunicados?, ¿cómo se pueden transmitir al exterior la denuncia o los alegatos de los trabajadores,  cuando a la mayoría del pueblo les está prohibido acceder a los medios de comunicación que el desarrollo científico y tecnológico ha sido capaz de llevar a cualquier confín del universo donde la información se produce a la velocidad de la luz?  ¿Cómo es posible obtener noticias de la realidad cubana cuando todos los medios en Cuba, periódicos, revistas, radio, televisión e internet están absolutamente controlados por el régimen?

El golpe sufrido por la oposición democrática cubana en la Primavera Negra desarticuló la mayoría de las organizaciones y expresiones contestatarias, pero como ellos mismos dicen han perdido una batalla, pero no la guerra.

La semilla del Sindicalismo Independiente en Cuba fue sembrada en la profundidad de la historia y aunque corten el árbol que nace, una y otra vez volverá a retoñar  de sus entrañas con igual o mayor vigor. Así están renaciendo y creciendo a pesar de la represión y tal vez del olvido de quienes debieran asumir el deber de ser solidarios con la clase trabajadora productora de las riquezas de las naciones.

Y como “...honor a quien honor merece “debemos destacar con gratitud a la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT), a la Confederación de Sindicatos Cristianos de Holanda (CNV), a la Unión Sindical Obrera de España (USO), a la Confederación de Sindicatos Cristianos de Bélgica (CSC) y a la Confederación Mundial del Trabajo (CMT) que una vez más levantarán su voz en defensa del Sindicalismo Independiente de Cuba, de sus diferentes expresiones y muy especialmente del CUTC, cuyos líderes nos honramos en mencionar: 

Pedro Pablo Álvarez Ramos, Carmelo Díaz Fernández, Oscar Espinosa Chepe, Víctor Rolando Arroyo, Adolfo Fernández Sainz, Alfredo Felipe Fuentes, Luis Milán Fernández, Horacio Julio Piña Borrego y Blas Giraldo Reyes Rodríguez . 

Vale destacar que este 18 de marzo de 2004, en homenaje a nuestros sindicalistas presos, una vez más  la CNV de Holanda realizó una concentración frente a la Embajada Cubana para reclamar en un documento, la libertad de nuestros compañeros presos. Ese documento no fue recibido.

La Central Latinoamericana de Trabajadores acordó e instruyó a todas sus organizaciones nacionales y profesionales para dirigirse a todas las embajadas en sus respectivos países reclamando la libertad de los sindicalistas opositores.

Por último la Solidaridad de Trabajadores Cubanos (STC) manifestamos nuestro compromiso irrestricto con los compatriotas sindicalistas presos en Cuba exigiendo su libertad y el respeto a sus derechos humanos.

Y que nuestro sufrido pueblo sepa que para la STC ahora más que nunca:  

LA LUCHA CONTINÚA, ES JUSTO Y NECESARIO 

Pedro Pérez Castro
Sec. de Rel. Internacionales

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