Con una profecía del Profeta Isaías y unas palabras de la
revista Cubana Vitral, de la Diócesis de Pinar del Río, les
envío un mensaje de esperanza y alegría en está festividad tan
especial, con la convicción absoluta que en nuestras manos está
salir de la oscuridad.
Feliz NAVIDAD y un año 2005, lleno de venturas donde todas su
esperanza y deseos se cumplan!
Raúl Fernández Rivero
Queremos presentar, teniendo en
cuenta las evidencias que nos gritan desde el empeoramiento de
la situación, nuestra profunda convicción de que esta profecía
de Isaías, pronunciada 700 años antes del nacimiento de Cristo,
presentada a aquel pueblo en los momentos en que todo se acababa
y todo se derrumbaba, mantiene hoy toda su vigencia para nuestro
mundo y especialmente para nuestro pueblo:
"Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal,
que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas,
que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo.
Ay de los valientes para beber vino,
y los aguerridos en mezclar licores;
de los que por soborno absuelven al culpable
y niegan la justicia al inocente."
.
"Vagará afligido y hambriento,
y rabioso de hambre maldecirá a su rey y a su Dios.
Volverá la cabeza a lo alto y mirará a la tierra:
encontrará aprieto y oscuridad sin salida,
angustia y tinieblas persistentes.
.
"Pero el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz,
a los que habitaban en tinieblas y en sombra de muerte
una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo:
se gozan en tu presencia, como gozan al cosechar,
como se alegran al repartirse un botín.
Porque la vara del opresor,
el yugo de su carga,
el bastón de su hombro,
los quebrantaste como en el día de Madián.
Porque la bota que pisa con estrépito
y la capa empapada en sangre,
serán combustible y pasto del fuego.
.
"Porque un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado,
lleva al hombro el principado, y es su nombre:
Maravilla de Consejero.
Padre Perpetuo,
Príncipe de la Paz.
Para dilatar el principado con una paz sin límites.
Para consolidarlo y sostenerlo con la justicia y el derecho,
desde ahora y por siempre.
El celo del Señor lo realizará."
(Isaías 5,20-23. 8,21-22.9,1-6)
Estas profecías fueron escritas para un pueblo que había
experimentado en su propia vida unas circunstancias semejantes a
las nuestras. Los que creemos en Dios encontramos en la Biblia
las enseñanzas y la luz que necesitamos para caminar por esta
vida.
Escritas hace 2700 años conservan hoy toda su fuerza y su
novedad. En cada época y en cada nación, Dios vuelve a anunciar
una Buena Noticia que es una gran alegría para todo el pueblo:
La angustia de hoy pasará y pasará tanto más rápido cuando
desterremos el odio y la mentira, pasará tanto más rápido cuando
no cedamos a llamarle al mal bien y llamarle luz a la oscuridad.
Este es nuestro aporte: vivir en la verdad en el pequeño ámbito
donde se desarrolla nuestra vida cotidiana; no ceder a la
desesperanza porque, si hacemos esto, si cada mañana nos
levantamos con el propósito de no ser cómplices de la mentira y
de la vara del opresor, entonces el "celo del Señor" realizará
esta profecía.
Pero que no nos pase como al pueblo de Israel, que esperaban un
Mesías que lo hiciera todo, que de forma mágica, inmediata y
falsamente milagrosa, cambiara toda la realidad de un tirón, sin
que ellos movieran un dedo. Esto es imposible. Dios no quiere
marionetas, sino hombres y mujeres libres y responsables que
sean "los protagonistas de su propia historia personal y
nacional".
Navidad es una fiesta de esperanza. Pero la esperanza no se
realiza esperando tumbado junto al camino de la vida, esperando
a que la solución de nuestros problemas venga de "arriba" o de
"fuera".
Navidad es la fiesta de la luz que vence a las tinieblas. Pero
esa luz no viene sola, hay que encenderla en nuestros corazones,
en el corazón de los que nos encontramos diariamente, esa luz no
surge de un mecanismo sin alma. Esa luz surge de la voluntad de
abrir los ojos a la verdad, de buscar la ventana de libertad, de
traspasar el umbral del miedo. Con miedo la luz agoniza, con
libertad la luz se comparte.
Si ponemos nuestra parte para compartir la luz que tenemos, si
ponemos nuestra parte para sembrar una esperanza con los pies en
esta tierra, y no con la mente y el corazón en otras, si
logramos dejar a un lado el gesto crispado y la actitud
soberbia, si aprendemos a solucionar nuestros conflictos por los
caminos de la paz, entonces podremos decir con razón y con
corazón: ¡FELIZ NAVIDAD!
Y podremos esperar y trabajar para que el Año Nuevo 2005
conduzca a nuestro pueblo hacia su propia liberación por los
caminos de la paz.
Pinar del Río, 20 de octubre de 2004.
Dagoberto Valdés