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No piense Ud., cuando el artículo adjunto lea, que se trata sólo de unas palabras en honor a Salvat, compañero de la juventud lejana,- quién por cierto mucho lo merece-, hay mucho más en éstas letras, que naturalmente no sólo comparto y apoyo, sino propongo que se tomen como ejemplo. Este párrafo que a continuación copio es o debería ser una constante en nuestro diario andar en el exilio: Porque debo decirles que él no entiende la actitud de algunos, yo tampoco, aunque la respetemos, que cuando ven a un disidente amenazado por los leones represores del castrismo, en lugar de expresar solidaridad humana hacia ellos, se atreven a reclamar desde Miami: “no griten auxilio, no recojan firmas o no se reúnan el 20 de mayo”. Hacia Cuba que su sufre la primera palabra...y la última también, y el primero sentimiento y el último también, porque en Cuba se está gestando la libertad, por quienes allí con valor y desinterés se la juegan día a día, dejen a un lado las aspiraciones políticas personales, que ya tendrán tiempo para eso. Es sólo la hora de respaldar al que enfrenta, cualquiera sea su posición al tirano, después tendremos tiempo y de sobra para canalizar ideas , si son sinceras, en el ámbito abierto y propio de la democracia. Muy bien por Alberto.
Homenaje a Salvat<resumen de las palabras de> Alberto Muller <publicado por Diario Las Américas en su edición del martes 1ero. De marzo, 2005> Yo pretendo en esta noche-homenaje, que la Revista Herencia ha organizado por las cuatro décadas de la editorial de Juan Manuel Salvat, que ustedes me permitan en unos minutos salpicarlos con anécdotas y recuerdos de este hombre bueno y honorable. Una curiosa paradoja de la historia es que este homenaje a Salvat coincide con el homenaje que España está dando al Quijote que celebra cuatro centenarios de su publicación. Hay decir que en Salvat hay mucho del Quijote, pues aunque falten los molinos, los fundamentos morales de ambos son muy similares. Ambos, tanto el Quijote como Salvat, se mueven dentro de la dinámica de la novela moderna, que es la reconciliación entre la imaginación y la realidad. Pero lo que más resalta en este parangón entre el Quijote y Salvat, es que los dos han leído, como pocos en la historia de la lengua castellana, cientos de libros de caballería. Los de Salvat son libros de caballería cubana, todos relacionados con el drama de su isla. Debo confesarles con orgullo personal que he tenido ese raro privilegio de amistad al acompañar a Salvat en muchos de sus recorridos por los vericuetos riesgosos de la Patria y de la vida. Y en ese andar conocí al Salvat revolucionario, al Salvat de una sólida fe religiosa, al Salvat de la vida cotidiana, al Salvat de la Universidad de La Habana, al Salvat del periódico Trinchera, al Salvat de la Protesta del Parque Central y al Salvat del Directorio Revolucionario Estudiantil. En todas esas facetas me he encontrado con la misma naturaleza humana de generosidad, de sencillez y de decencia del Salvat de hoy, pero con 40 años más en sus costillas. Fuimos expulsados juntos conjuntamente con Ernesto Fdez. Travieso de la Universidad de la Habana. El régimen castrista no quería voces discrepantes y rebeldes en al Alma Mater. Un día de honda tristeza para todos. Fuimos detenidos juntos después de la manifestación contra Mikoyan en el Parque Central. Un día de desagravio al Apóstol y de reflexión. Fuimos juntos, entre otros, con Luis Fernández Rocha, aquí presente, los que calorizamos la idea de fundar el Directorio Revolucionario bajo el lema: “José Antonio, con tus ideas en marcha”. Estuvimos junto en la clandestinidad. Aquello fue una experiencia inolvidable para entender el coraje, la capacidad y el espíritu de sacrificio de Salvat. Desde la clandestinidad Salvat cuidó celosamente su misión como Secretario de Propaganda del Directorio: cientos de miles de proclamas, cien mil ejemplares del periódico Trinchera, programas de radios clandestinos, todo un esfuerzo por divulgar la traición y la opresión que se cernía sobre Cuba que, yo diría, fue el preámbulo de ese fabuloso proyecto de Radio y TV Martí, creado y atendido por manos cubanas y que hoy dirige el compañero de aquellas luchas, Pedro Roig. También he visto a Salvat desde Miami apoyar al legendario Gustavo Arcos, al desaparecido Concilio Cubano, a los Derechos Humanos de Ricardo Bofill, al Proyecto Varela de Oswaldo Payá, a la rebeldía de Oscar Elías Biscet, a la sensatez contestataria de Vladimiro Roca y al heroísmo de la Sociedad Civil de Martha Beatriz. Y así debe ser. Porque debo decirles que él no entiende la actitud de algunos, yo tampoco, aunque la respetemos, que cuando ven a un disidente amenazado por los leones represores del castrismo, en lugar de expresar solidaridad humana hacia ellos, se atreven a reclamar desde Miami: “no griten auxilio, no recojan firmas o no se reúnan el 20 de mayo”. Pobre actitud, por no decir mezquina. Siempre he visto a Salvat, solidario con los de adentro, con los que sufren, con los perseguidos, con los prisioneros, con todos, sin excepción, porque la solidaridad con el perseguido no tiene banderías políticas, aunque algunos pretendan levantarla indebidamente. En su negocio editorial Salvat, como nadie, ha sabido interpretar el “ajiaco cubano” que expresaba Fernando Ortiz: de los indios el maíz, de los españoles el lacón, de los esclavos el ñame, de los chinos las especies. Cuando Salvat se lanzó a su proyecto editorial, aquello parecía inimaginable. Recuerdo una carta que, recibí de él mientras me encontraba en prisión, preocupado por el proceso de transculturación a que estaba sometido el exilio cubano ante la cultura anglo. Profético. El ha luchado, entre otros, con mucho ahínco por preservar nuestra cultura. Y pienso que el logro es evidente. En el exilio hoy se habla cubano, se vibra cubano y se siente a Cuba con intensidad. El que entra en la librería de Salvat, sale inevitablemente más cubano. Salvat siempre rodeado de su familia ejemplar: Martica, su inseparable esposa, más sus cuatro hijos, su hermana y hermano, ahora los nietos. Si a mi me preguntaran, porque llegó la debacle esperada y el caos de apoderó de Cuba: “recomiende un presidente para el país”. No lo pensaría ni un minuto y contestaría: “llamen a Juan Manuel Salvat”, lo reune todo, es un hombre de consenso, de honradez, de inteligencia y de integridad plena. Gracias... albmul@bellsouth.net
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