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La tortura física y psicológica de Antonio Ramón Díaz Sánchez

Oswaldo José Payá Sardiñas

Coordinador del Movimiento Cristiano Liberación

Antonio Ramón Díaz Sánchez, uno de los Prisioneros de la Primavera de Cuba, condenado injustamente a veinte años de prisión, fue trasladado el pasado día 30 de Mayo desde el Hospital Militar de la Habana a  la prisión de Canaletas y confinado en una celda de aislamiento en condiciones inhumanas.

Tony Díaz, como se conoce a este gestor del Proyecto Varela que es uno de los líderes del Movimiento Cristiano Liberación, llevaba ocho meses recluido en el Hospital Militar debido a una complicada dolencia intestinal. Su enfermedad fue diagnosticada, como “colitis ulcerosa o inmunológica”, en hospitales de Holguín y Ciego de Ávila, respectivamente, mientras estuvo confinado en prisiones de esas ciudades. Antes de este traslado la Seguridad del Estado propuso a la familia de Tony, que si este aceptaba vestir el uniforme de presidiario, sería internado en una prisión cercana a la Ciudad de la Habana y con mejor régimen. Como Tony no aceptó este chantaje, le castigan enviándole a una prisión situada a unos 500 kilómetros de su casa.

La celda en que está confinado Antonio Díaz Sánchez, quien estudiaba la carrera de Derecho cuando fue injustamente encarcelado, tiene dimensiones de una jaula, con un hueco para las necesidades y una losa que sirve de cama en medio de la oscuridad y humedad permanentes y sin ninguna comunicación al exterior. Esta situación de confinamiento en condiciones inhumanas que daña su salud y le causa dolor y malestar permanente  es la tortura física y psicológica con que se castiga a un ser humano que sólo está defendiendo su dignidad en condiciones de total desventaja física pero con toda la razón moral.

Hay un evidente ensañamiento con este prisionero por parte del Gobierno de Cuba que es  responsable de las condiciones inhumanas en las prisiones de nuestro país. Fue el Gobierno quien ordenó el encarcelamiento, los juicios sumarios y arbitrarios y las altas condenas contra Tony Díaz y contra otros muchos periodistas y defensores pacíficos de los Derechos Humanos, sin que hayan cometido violencia, ni espionaje ni delito alguno, sino por haber defendido los derechos de los cubanos de manera pacífica y transparente.

Deténgase este abuso despiadado contra un cubano sobre el que cae la fuerza desproporcionada y cruel de un estado totalitario que no soporta no poder doblegar un espíritu indoblegable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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