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Una historia triste sobre el tomate
cubano
Oscar Espinosa Chepe
Economista y
Periodista Independiente
Desde hace años, el consumo del
tomate en Cuba se ha basado en gran parte en su adquisición en el
exterior. Las fábricas de conservas han funcionado con compras de la
pulpa en la lejana China, por ser insuficientes las cosechas
nacionales. También se han importado grandes cantidades de pasta,
salsa, puré y ketchup de distintos países, entre ellos Estados Unidos,
España, México e Italia, por insuficiencia de la producción interna.
Esta historia de compra en el
exterior de un artículo agrícola perfectamente producible nacionalmente
no sorprende, cuando se conoce que el 84,0% de los suministros agrícolas
necesarios para la alimentación de los cubanos son adquiridos fuera de
las fronteras, lo cual constituye uno de los factores por lo que el
comercio exterior cada año impone records en sus déficits y por tanto,
la situación financiera empeora continuamente.
Hasta el azúcar se importa de
Brasil y Colombia y muchos productos agrícolas se adquieren en Estados
Unidos, que se ha convertido en el principal suministrador de alimentos.
Este año, al parecer, debido a
óptimas condiciones climáticas, la producción de tomate ha sido
excepcionalmente alta. Pero para que no escasearan las dificultades,
según reportes de la televisión, las fabricas procesadoras no tienen
capacidades suficientes para enfrentar la oferta de la solanácea ni la
organización de acopio puede asegurar la recogida a los productores, en
ocasiones por falta de cajas y otras por carencia de transporte o
combustible. Además, las fábricas están en pésimas condiciones, como se
ha podido apreciar en la televisión. Tienen maquinarias con más de 60
años de explotación sin haber recibido el mantenimiento adecuado, por lo
que las conservas se producen con muchas dificultades y en condiciones
higiénicas muy deficientes; el ambiente laboral se asemeja bastante a
los descritos por Charles Dickens en sus novelas respecto a las
condiciones en la Inglaterra Victoriana del Siglo XIX.
Una ayuda a esta situación hubiera
sido bajar los precios en los mercados para el gustado vegetal, con lo
cual muchas personas habrían elaborado sus conservas como ha ocurrido en
años anteriores. Pero, al menos en La Habana, eso no se ha realizado en
un grado satisfactorio para estimular la demanda. Por tanto, han
ocurrido pérdidas considerables del producto cosechado. A ello
adicionalmente contribuyó que en la capital y posiblemente en otros
partes del país, el gobierno ha cerrado la mayoría de los lugares de
venta de productos agrícolas luego de los tres huracanes, sin que se
hayan reabierto, lo cual ha dificultado la comercialización y se ha
creado una concentración en determinados plazas. Esto ha incidido de
forma negativa en el precio al consumidor, que en algunos
establecimientos no ha bajado de los 5 pesos la libra (460 grs.) a pesar
de las altas cosechas.
Hay que subrayar que pasada la
zafra del tomate, las conservas tendrán que adquirirse fundamentalmente
en las tiendas de venta en divisas del Estado, pues desde hace muchos
años dejaron de ofertarse en el marco del racionamiento y son
prácticamente inalcanzables en moneda nacional. En las referidas
tiendas, un litro de puré de tomate marca Premium, de producción
nacional, se vende a 3.00 pesos convertibles (CUC) equivalentes a 75
pesos en moneda nacional (MN), o sea 18.0% del salario medio mensual (SMM),
414 pesos al cierre del 2008; un litro de Ketchup Del Monte cuesta 5.95
CUC, 149 pesos a la tasa oficial, más de la tercera parte de apuntado
SMM. Si el ketchup es de la marca RED and White de procedencia
norteamericana el precio es algo más llevadero, pues un pomo de 24
onzas cuesta 2.20 CUC o sea 51 pesos MN, algo más del 13,0% del SMM.
Como puede apreciarse en el caso de
la zafra del tomate de este año, la problemática de la agricultura
cubana hay que analizarla de forma integral, no sólo tomando en
consideración los elementos agrarios, sino también el acopio y en muchos
casos, el procesamiento para consumo posterior. Mientras no se elaboren
planes integrales, situaciones análogas ocurrirán con otros productos en
detrimento de la economía y el nivel de vida de la población.
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