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CUBA
¿COMIENZAN LOS CAMBIOS?
La Habana, 21 de julio
de 2008
Oscar Espinosa Chepe
Economista y Periodista Independiente
Con la promulgación del
Decreto-Ley No. 259 sobre la entrega de tierras ociosas en usufructo,
podría haber comenzado el proceso de transformaciones estructurales
anunciado desde hace un año. En apariencia, la noticia divulgada por la
prensa nacional ha sido recibida con indiferencia por la ciudadanía,
quizás cansada y abrumada por el continuado empeoramiento del nivel de
vida y las repetidas frustraciones.
La entrega masiva de
tierras en especial a productores individuales es una prueba evidente de
que casi 50 años de estatización de la agricultura han terminado en un
colosal fracaso, con la ruina de la riqueza agropecuaria nacional.
Hoy, según informaciones oficiales, se importa el 84,0% de los alimentos
necesarios, fundamentalmente de Estados Unidos, y posiblemente en 2008
el monto total a comprar en el exterior sea de aproximadamente 2,5 miles
de millones de dólares para satisfacer las racionadas necesidades de la
población, debido a los incrementos de los precios en el mercado
internacional. Representa una cantidad exorbitante para un país cuyas
exportaciones de bienes anuales no han rebasado los 3 mil millones de
dólares desde hace tiempo.
De ahí que el estado
totalitario haya tenido que recurrir a la participación de los
agricultores individuales para poder poner en producción más de la mitad
de las tierras cultivables que se encuentran ociosas, en su mayoría
cubiertas de malezas. Sin embargo, habrá que esperar la publicación del
Reglamento para la distribución de la tierra, que estará listo el
próximo mes de agosto, y la ejecución del Decreto-Ley para apreciar los
verdaderos propósitos del gobierno.
El hecho de que las
tierras ociosas serán entregadas en usufructo por 10 años a las personas
naturales, término prorrogable sucesivamente por igual término y por un
período de 25 años a personas jurídicas con una prórroga por otros 25,
son elementos demostrativos del interés Estatal de mantener un estrecho
control sobre los productores.
Esos plazos demuestran
la prioridad dada a las personas jurídicas -fundamentalmente Granjas
Estatales, Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) y
Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA)-, a pesar de que estas
entidades estatales o semi-estatales fueron las responsables de la
ineficiencia agropecuaria y de que más del 50,0% de la tierra cultivable
se encuentre ociosa.
A lo anterior se añade
una larga lista de limitaciones impuestas unilateralmente, por las
cuales puede truncarse por parte del estado la entrega de la tierra. En
particular es preocupante el Punto C del Artículo 14: “La extinción del
usufructo concedido a personas naturales procede por incumplimiento
continuado de la producción contratada, previo dictamen de los
especialistas” (por supuesto del gobierno). De ello se infiere la
obligación de contratar y entregar al Estado gran parte de la
producción bajo las condiciones fijadas por éste.
Asimismo, en el Punto F
se señala que la entrega de la tierra puede concluir: ¨por actos que
contravengan el fin por el que se otorgó el usufructo¨. Esto indica que
podría proseguir la práctica existente hasta ahora de obligar a los
productores a sembrar y cultivar lo que interese al gobierno, sin
importar las condiciones agrícolas y los deseos del usufructuario. De
otros puntos se deriva que también podría terminar el acuerdo por
criterios y decisiones de las autoridades
Al ser entregadas las
tierras en usufructo, recibidas en muy malas condiciones, llenas de
malezas (marabú), habrá que desbrozarlas y prepararlas para ser
cultivadas mediante ingentes esfuerzos. Deberán realizarse gastos en la
edificación de condiciones mínimas de vivienda y establos, y la compra
de herramientas agrícolas e insumos. Por tanto, los agricultores
requerirán garantías de que se respetará su permanencia. Debe agregarse
que el medio rural cubano esta despoblado y con un porcentaje de jóvenes
muy bajo y con limitado interés en dedicar sus vidas a labores
agropecuarias.
Un escenario que sólo
podrá transformarse mediante la creación de estímulos tangibles para las
nuevas generaciones, dentro de los cuales está en primer lugar el
asentamiento con garantías de permanencia en el suelo recibido.
Además, en un estado
totalitario donde siempre ha imperado el clientelismo, existe el peligro
de que se discrimine a los ciudadanos por sus ideas políticas. Los
comunistas y retirados de las fuerzas armadas pueden y deben participar
en el proceso de reestructuración agraria. Incluso, respecto a estos
últimos, sería positivo, porque así podría reducirse el enorme cuerpo
militar con un gran alivio económico para la sociedad, a lo cual se
uniría la utilización de un personal en alta proporción de origen
campesino, disciplinado y con sentido de organización. No obstante,
debería imperar una completa transparencia, donde el derecho a recibir
tierra esté basado únicamente en la disposición a trabajar duro por
parte de los receptores.
Por supuesto, esta
medida debe acompañarse de la posibilidad de adquisición por los
agricultores de los medios e insumos necesarios; nuevos mecanismos que
impidan, como ha sucedido por decenios, que sus cosechas no sean
acopiadas convenientemente y se pierdan; precios estimulantes y el
derecho a opciones de venta de las cosechas con entera libertad; fin de
la obligación de sembrar lo que dicte el estado; créditos sin
interferencias de organizaciones como la ANAP, entre otras prerrogativas
imprescindibles para una eficiente gestión.
Si estos elementos
faltaran, la libertad de los campesinos estaría coartada y la
estimulación a la producción sustancialmente obstaculizada. De hecho, la
entrega en usufructo de las tierras, con limitaciones, representa un
factor preocupante acerca de posibles interferencias estatales. Justo y
correcto habría sido la entrega en propiedad o el arriendo con opción de
compra. Ello hubiera dado mayor garantía de permanencia en la tierra, lo
que incrementaría el interés de los agricultores individuales a laborar
y cuidar el suelo propio. En los 50 años transcurridos, con absoluto
predominio de la agricultura estatal, el pequeño sector de campesinos
individuales que quedó, sin recursos, con muchas restricciones y miedo a
perder las tierras, fue el más productivo y rentable. Mientras, el
mayoritario sector estatal ocasionó un verdadero desastre económico, en
una orgía de improductividad e ineficiencia.
Habrá que esperar para
constatar si el Decreto- Ley 259 está dirigido a iniciar un proceso real
de transformaciones en la agricultura cubana, o representa otra
maniobra urdida por el totalitarismo para enfrentar la grave situación
motivada por la crisis de la agricultura estatizada en momentos cuando
las cotizaciones de los alimentos aumentan incesantemente, sin
debilitar el control absoluto sobre la sociedad mantenido por tanto
tiempo.
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