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MI
MARIDO CUMPLE CONDENA A 26 AÑOS DE PRISIÓN POR SER SINDICALISTA
INDEPENDIENTE
Cuando le
pedimos a Loida Valdéz, esposa de Alfredo Felipe Fuentes, condenado a
veintiséis años de cárcel por conspirar con potencia extranjera que nos
contara su historia, su respuesta fue simple y clara: “Para mi esposo
tengo todo el tiempo del mundo".
Y claro
que es así. Su marido se encuentra preso en la prisión de Guamajal, en
Santa Clara, Las Villas. Eso es a trescientos sesenta kilómetros de
Artemisa, provincia Habana, donde viven.
A Loida
la acompañan en casa su hijo, médico de treinta y dos años que no puede
ejercer la profesión porque no lo dejan. Su hija de veinticinco, de la
que sólo nos cuenta que tiene problemas de salud y prefiere guardar
silencio. Y su madre, una anciana de ochenta y cinco años. Para
enfrentar la situación, ella se ha sometido a un tratamiento
psiquiátrico.
Es que
para Loida y su familia, la detención de Alfredo fue un golpe muy duro.
“Esto es una situación que se nos presentó de pronto. Mi esposo era la
persona que sostenía la familia, era el sostén de mi hogar. Desde que lo
dejaron sin trabajo, en 1986, por la enfermedad de la niña tuvimos que
trasladarnos a Artemisa", relata.
Con
escasos recursos fue el propio Alfredo quien construyó la casa que
habitan. "El piso, la losa, la fundió, la construyó. Cuando terminó se
presentó a un centro de trabajo con un expediente, es licenciado en
Economía, graduado en la Universidad de La Habana. Traía un aval
excelente de organismos que habían tenido contactos de trabajo y
solicitó una plaza que estaba a disposición. Le devolvieron el
expediente con una escueta carta en la que le decían que no podía
concretarse a su favor el puesto al que optaba. Sin explicaciones".
Y allí
comenzó el calvario. ¿La explicación? Muy simple: "Lo que a mi esposo le
faltaba era lealtad política".
Y esa
falta de lealtad política estaba reflejada en su expediente. "En las
evaluaciones técnico profesionales le habían puesto algunas notas que no
estaban relacionadas con su trabajo, pero sí con su actitud, poco
participativa en otras actividades políticas, culturales, sociales", nos
explica Loida.
"Alfredo
no hacía nada en contra del gobierno. No participaba en la oposición,
era un excelente trabajador, pero su delito era no tener participación
política".
Y como
una gran paradoja, cuando queda sin empleo a causa de su "no
participación política", es cuando él decide vincularse a la oposición
activa. Era el año 1991. "Alfredo es sindicalista independiente, aunque
no fue a eso a lo que él dedico más esfuerzos dentro de la oposición. Lo
que más hizo fue educación en Derechos Humanos, un tema tabú en el
sistema educacional cubano. Se dedicó mucho tiempo a preparar una
cátedra para formar instructores públicos en Derechos Humanos. Sólo pudo
impartir tres clases de ello porque las clases fueron suspendidas por la
seguridad del Estado", recuerda Loida.
Al otro
tema que le dedicó mucho tiempo fue al Proyecto Varela. "Era lo que
estaba llevando a cabo en el momento de su detención, la recolección de
firmas. Es miembro del comité nacional del Proyecto Varela. Eso no
aparece en el juicio ni en la sentencia, pero ésa es la verdadera causa
de su detención".
El máximo
obstáculo que enfrenta Loida y su hijo para ver a su esposo es la
complicación para llegar a la cárcel. "Salimos el día antes para poder
estar temprano en la prisión y el regreso lo hacemos el mismo día o al
siguiente. Tenemos que" salir de aquí, por la caja de bultos que
llevamos, en un auto de alquiler hasta la terminal de trenes o de buses.
Allí abordamos un bus hasta Las Villas. Y allí tomamos carros de
caballos que es el transporte habitual de Las Villas. Un coche a
caballo".
Todo este
tiempo, Loida ha sido una activa participante de las Damas de Blanco.
Una actividad que la llena de fuerza y optimismo para superar los
desafíos que le ha significado estar separada de su esposo.
Pese a
los sufrimientos de la prisión Alfredo ha mantenido en alto su fortaleza
espiritual.
"A sus
cincuenta y seis años su salud se le ha comportado excelente porque es
un hombre que ha practicado mucho deporte, no ha tenido vicios", cuenta
Loida. Y confiesa que ella se ríe y le hace bromas a su esposo con que
es antisocial. "Su alegría es jugar ajedrez. Desde muy joven sufre de la
columna y hace crisis recurrentes, le dan dolores y tiene que hacer
reposo. Después de preso ha tenido situaciones con la presión y con el
oído. Esos problemas no los ha podido resolver".
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