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Las
Damas de Blanco: una gran familia solidaria
“No son una organización. No tienen ni una presidenta ni
una secretaria y no hay compromisos formales entre ellas. Todas son
iguales y lo único que las une es el dolor de estar separadas de sus
seres queridos: esposos, padres, hijos, hermanos o sobrinos.”
Sus
características son vestir enteramente de blanco cuando cada domingo se
dirigen hasta la iglesia de Santa Rita de Casia en La Habana. Después de
misa realizan un recorrido de unas ocho cuadras en silencio y cada una
porta la foto de su ser querido con los años de cárcel a que está
condenado.
A veces
son un número mayor, depende de la fecha. A veces sólo unas pocas hacen
el recorrido. Pero siempre su objetivo es el mismo: marchar
pacíficamente pidiendo por la libertad de sus familiares.
La idea
de reunirse y apoyarse mutuamente se dio para el Día de la Madre del año
2003, cuando se enfrentaron a esa fecha con sus esposos y familiares
recién encarcelados.
El grupo
se formó de manera espontánea. Laura Pollán, una de las primeras que
participó, y quien de alguna manera aglutina a las demás por razones
prácticas, cuenta que esta unión les ha servido para mantener la
esperanza, para apoyarse mutuamente y acompañarse en los difíciles
trances por los que cada cierto tiempo les toca vivir a cada una de
ellas.
Las más
"conocidas", especialmente para la prensa internacional, son quienes
viven en La Habana, pero Damas de Blanco hay en todas las provincias o
pueblos cubanos donde exista un detenido de la ola de represión de la
primavera de 2003.
Laura
destaca que la pluralidad del grupo es muy grande: “Aquí participa gente
que apoya el Proyecto Varela, de la Asamblea para Promover la Sociedad
Civil, hay ortodoxos, liberales, de todos los credos religiosos, de
todos los pensamientos". Sin embargo, la política y la religión son los
únicos temas de los cuales no se habla entre ellas.
Las
reuniones se efectúan los días 18 de cada mes, frecuentemente en casa de
Laura, y consisten en un té literario. Cada una aporta algo. Cartas de
sus maridos, poemas de los detenidos, o piezas de literatura mundial que
les sirve y las anima para seguir la espera.
"En el
transcurso de estos casi tres años, como en todos los seres humanos, hay
altas y bajas. Hay veces que algunas esposas han venido con una
situación determinada de salud de su esposo, de alguna violación que han
sufrido. Han venido muy deprimidas, entre todas como una gran familia
que somos las tratamos de alentar, darles ánimo, reconfortarlas. Hay
veces que hemos sonreído, otras veces hemos llorado juntas” resume
Laura. Desde que comenzaron con sus manifestaciones han tenido
problemas, han sido atemorizadas y repudiadas.
"La
seguridad del Estado ha tratado de chantajearnos a través de nuestros
hijos, los han visitado. En ocasiones, nos han ido tocando una a una, a
la salida de la iglesia. Hay muchas formas. Muchas sutilezas”-explica.
Pero pese a todo, Laura afirma que no las doblegarán. "No lo han logrado
ni lo van a lograr mientras quede uno de nuestros presos en la cárcel",
dice con un gran convencimiento.
Y es que
durante todo este tiempo se han hecho fuertes. Cuando recién les tocó
vivir esta situación, la mayoría de las Damas de Blanco eran simples
madres, esposas o hermanas que habían vivido su vida normal. Sin
sobresaltos. La experiencia las ha enriquecido como mujeres, las ha
hecho compartir el dolor y la desazón, y por sobre todo, las ha hecho
ser solidarias.
Y esa
solidaridad se expresa masivamente para con las Damas que llegan de
provincia. Para ellas la situación es doblemente difícil. Las
comunicaciones y los medios de transporte de la Isla son muy deficientes
y deben superar muchos obstáculos para conseguir cualquier cosa que
necesiten, tanto para ellas como para sus esposos.
Como no
en toda Cuba hay iglesias de Santa Rita, quienes viven en provincia se
juntan en otras parroquias, pero la idea es la misma: fortalecerse
mutuamente y levantar a quienes comienzan a perder las fuerzas y las
esperanzas de reencontrarse con sus seres queridos.
Y sí en
Cuba no tienen el más mínimo reconocimiento de parte del gobierno, éste
les vino desde el extranjero. En octubre de 2005 recibieron el premio
Andrei Sajarov a la libertad de Conciencia, galardón que otorga el
Parlamento Europeo a quienes se destacan por la defensa de los derechos
humanos, la promoción de la democracia y la libertad de expresión.
La
noticia las llenó de júbilo y celebraron yendo a la iglesia con un ramo
de flores, aunque no era domingo. Entre ellas designaron a quienes irían
a Estrasburgo para recibir el premio. Finalmente, ellas no obtuvieron la
autorización del régimen para abandonar la Isla.
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