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Que
quiere y desea el pueblo
“En la década de los 80 se fue conformando el movimiento de
Derechos Humanos. Miles de cubanos asumimos la idea de que por medios
pacíficos se podían lograr las transformaciones hacia un Estado de
Derecho que garantice las libertades plenas y el derecho del pueblo a
tener derecho y poder decidir su futuro.”.
Pedro Pablo Alvarez Ramos
Secretario General del C. U. T. C.
Madrid, 7 de Julio de 2008
Me llamo
Pedro Pablo Álvarez Ramos y nací un 25 de Enero de 1948 en La Habana.
Desde muy pequeño sentí una gran inquietud por la política en mi país.
Mi padre fue asesinado un 17 de Mayo de 1958 por un sargento de la
policía batistiana y la Revolución representó un destello de libertad
para los cubanos. Muy pronto llegó el desengaño: la venganza, el odio y
el paredón hicieron a muchos ver cuáles eran las verdaderas intenciones
del gobierno.
Desde muy
temprano los revolucionarios fueron transformando la vida social,
política y económica del país; las intervenciones, las expropiaciones y
los encarcelamientos se hicieron comunes; nuevas organizaciones se
fueron conformando todas con el objetivo de controlar a la sociedad
civil; la prensa fue sometida a la mayor censura en la historia de
nuestra nación y poco a poco se fue instaurando un régimen centralizado
que no dejaba espacio alguno a las libertades individuales de las
personas. Los sindicatos desde muy temprano fueron monopolizados por los
nuevos dueños de Cuba. Se impuso una dirección comunista que respondía a
los nuevos intereses y principalmente al gran líder de la Revolución.
En 1976 se
aprobó, o se hizo aprobar la Constitución Socialista. Esta nació
sometida a los intereses de la antigua Unión Soviética, como nunca antes
había sucedido en nuestro país. Ni siquiera la Enmienda Platt establecía
tantos poderes a una potencia extranjera, ni tal grado de sometimiento
como el que esta carta magna manifestaba en sus estatutos a favor de una
potencia extranjera.
En la
década de los 80 se fue conformando el movimiento de Derechos Humanos.
Miles de cubanos asumimos la idea de que por medios pacíficos se podían
lograr las transformaciones hacia un Estado de Derecho que garantice las
libertades plenas y el derecho del pueblo a tener derecho y poder
decidir su futuro.
A mediados
del año 90 me incorporo al Movimiento Armonía y a finales del mismo nos
dimos a la tarea de crear un sindicato independiente que defendiera
realmente el derecho de los trabajadores en Cuba. En el puerto de La
Habana se logró crear un pequeño grupo sindical. Yo trabajaba en
gastronomía y logramos atraer a un grupo considerable de trabajadores de
este sector que apoyaría las acciones de este sindicato en los muelles.
Esto fue
descubierto por la Seguridad del Estado y a principios de julio de 1991
fueron expulsados los cuatro principales líderes de este movimiento
sindical.
En Cuba, el
sindicalismo independiente está prohibido por mandato oficial. Es por
eso que el régimen cubano siempre se ha opuesto a todo intento por parte
de los trabajadores a tener su propia organización y ha utilizado todos
los medios represivos a su alcance para impedirlo. No obstante el 4 de
octubre de 1991 se funda el primer sindicato Libre e Independiente en la
Cuba comunista de los Castro, la Unión General de Trabajadores de Cuba,
(U.G.T.C.). Por supuesto esto fue bárbaramente reprimido y durante años
sufrimos acosos, detenciones, amenazas, represión y encarcelamientos,
así como intentos de división.
El 14 de
julio de 1995, fundamos el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos,
(C.U.T.C). El 7 de noviembre de 1998 asisto como invitado al XI Congreso
de la Central Latinoamericana de Trabajadores, (C.L.A.T), que fue
celebrado en México. Posteriormente en abril de 1999 somos reconocidos
como miembros plenos de esta honrosa Organización de Sindicatos
Latinoamericanos. A finales de 1999 viaja a Cuba una delegación sindical
de Holanda. La Confederación de Sindicatos Cristianos de Holanda,
(C.N.V.) con la cual firmamos un convenio de colaboración. En octubre
del 2000 tratamos de llevar a cabo nuestro Primer Congreso y soy
encarcelado durante 106 días en la prisión de Valle Grande al oeste de
la Ciudad de La Habana. Estando en prisión a finales de octubre, la
Confederación Mundial del Trabajo, (C.M.T.) nos reconoce como miembros
plenos. El 26 de enero de 2001 soy liberado y desde ese momento empiezo
a trabajar junto a Oswaldo Payá Sardiñas en el Proyecto Varela. Esta es
la propuesta que más aceptación ha tenido dentro de Cuba ya que brinda
la oportunidad a nuestro pueblo de escoger libremente cual sistema
político desea para salir de la actual crisis, que hoy tiene a nuestra
nación sumida en la mayor miseria de su historia.
Ante esta
propuesta los que dirigen la política en Cuba sólo han tomado una
posición: imponer la razón de la fuerza y en marzo del 2003, en la
llamada Primavera Negra, apresan a 74 hombres y a una mujer,
sometiéndolos a juicios sumarísimos y a altas penas de cárcel que van de
6 hasta 28 años.
Aún hoy
permanecen 55 de estos hombres en cárceles cubanas, en condiciones
infrahumanas. Estos defensores de los Derechos Humanos injustamente
condenados continúan en prisión. ¿De qué cambios se puede hablar en Cuba
cuando estos inocentes y otros muchos más, todavía permanecen privados
de su derecho más elemental: la libertad?
Pero además
¿Qué defienden estos hombres y qué reclaman? Lo que estos hombres
defienden y reclaman son derechos fundamentales. Pero eso no es un
asunto solamente interno, pues por algo esos derechos son universales y
negarlos a un ser humano es agredir a toda la humanidad de la cual
formamos parte como una gran familia.
En estos
últimos meses hemos podido observar como se ha incrementado el
hostigamiento a los activistas cívicos, aplicando todos los recursos del
totalitarismo. Han condenado a más de 20 disidentes y cerca de 12 aún
permanecen en prisión. Recientemente un grupo de las Damas de Blanco
fueron desalojadas de la Plaza de la Revolución por la fuerza y lo único
que pretendían era hacerle llegar una carta al presidente Raúl Castro,
pidiendo la libertad incondicional inmediata de los 55 disidentes que
aún permanecen en la cárcel.
Pero esto
no es todo. El gobierno cubano, sus voceros, sus periodistas e
intelectuales orquestaron una campaña de difamación, descréditos,
amenazas, insultos y falsas acusaciones en contra de los que luchan
pacíficamente dentro de Cuba por los Derechos Humanos. Más recientemente
el ex presidente Fidel Castro arremetió contra las declaraciones de la
Unión Europea con vistas a levantar las sanciones a Cuba. Evidentemente
el régimen cubano actual no tiene la capacidad para efectuar ningún
cambio trascendental mientras la sombra del gran líder esté detrás del
poder.
La Unión Europea
debe respaldar los proyectos y las estrategias plurales de los
movimientos para una solución pacífica de los actores dentro y fuera de
Cuba; así como las propuestas y reclamos presentados por ellos, que son
el sentir de un pueblo que padece hace casi cincuenta años una dictadura
totalitaria que se niega a reconocer su fracaso y que pretende engañar a
la comunidad democrática mundial con reformas dirigidas a crear la
imagen de un futuro cambio de sistema en el país.
Cuba no
cambiará hasta que no se liberen a todos los presos políticos de
conciencia sin ser obligados a salir del país.
Cuba no
cambiará hasta que no se reconozcan los derechos y las libertades
personales y se hagan transformaciones del Código Penal vigente que
limitan las libertades políticas, sociales y económicas del pueblo.
Cuba no
cambiará hasta que no se transforme la actual Constitución y garantice
poder conformar organizaciones libres e independientes del estado,
permitiendo así la existencia legítima de una nueva sociedad civil en
libertad y democracia.
El pueblo
cubano quiere y desea una transición gradual que garantice la
reconciliación nacional entre todos los cubanos. El pueblo cubano no es
enemigo de los que se han ido de Cuba. Eso es una falacia del gobierno.
Los cubanos que están afuera siempre le han tendido la mano a los de
adentro.
El pueblo
cubano quiere, desea y merece alcanzar una sociedad sin privilegios de
clases, raza, por el color de la piel, sexo, origen nacional, religioso
o afiliación política. Una justicia que signifique igualdad de todos
ante la ley e igualdad de oportunidades.
Para
terminar quiero repetir un párrafo de Oswaldo Payá en su mensaje a la
Conferencia de Bruselas:
“Nadie desea más la verdadera apertura que el pueblo cubano; nadie
trabaja más de manera transparente y pacífica por esa apertura que los
luchadores por los derechos humanos. No es nuestro espíritu negar el
valor de lo que sea positivo, pero consagrar como verdadera apertura
algunas medidas y algunas maniobras, es cerrar las puertas del futuro a
nuestro pueblo y condenarlo a vivir sin derechos. Es, sepultarlo en la
mentira.
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