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Entrevista a Raúl Rivero: Lesiones de Historia
Dr. Antonio LLaca.
Madrid, España, mayo 2008
Raúl Rivero Castañeda,
uno de los más destacados poetas cubanos de los últimos tiempos ha sido
elogiado con los más encomiables adjetivos y también censurado con duros
calificativos; nacido en Morón, provincia de Ciego de Ávila, Cuba, en
noviembre de 1945, realizó estudios primarios y secundarios en el
Instituto de Morón y estudios superiores en la Universidad de La Habana
graduándose en 1969 como Licenciado en Periodismo, a partir de aquí R.
Rivero desarrolla una impresionante labor como periodista, escritor,
poeta, crítico de arte y guionista de radio y televisión que lo lleva a
alcanzar los más importantes premios literarios nacionales e
internacionales, entre estos últimos el Premio Mundial de la Libertad de
Prensa “Guillermo Cano” de la UNESCO/ 2004; el “Libertad de Prensa” de
Reporteros sin Fronteras/1997 y el Maria Moor Cabot de la Universidad de
Columbia en 1999.
Cubano hasta la médula,
ha tenido una vida simplemente extraordinaria, llena de venturas y
desventuras, éxitos y descalabros, satisfacciones y sinsabores de todo
tipo pero ha sido y continua siendo uno de esos compatriotas que tiene
aún muchísimo que decir a todos los cubanos y también a medio mundo.
Hasta su residencia, en un hermoso barrio madrileño fui a visitarlo y a
tomar de él sus lecciones o lesiones de historia.
Antonio LLaca: ¿Entonces
es a partir de 1969 que comienzas a escribir?
Raúl Rivero: No, desde mi
época de estudiante ya era colaborador de Juventud Rebelde, Alma Máter
(revista de la Universidad de La Habana) y de la página cultural de El
Mundo (Cuba) hasta que el local de este periódico se incendió en 1968 y
la publicación dejó de existir.
LL.: ¿Y cuando comienzas
como periodista profesional?
RR.: En 1969, como
periodista de plantilla de Cuba Internacional.
LL.: ¿Recuerdos de
aquella época?
RR.: Muchos, sobre todo
la presencia de Darío Carmona, periodista español que tenía un estilo
muy peculiar de escribir, fue un maestro para muchos de nosotros;
también a Antonio Benítez Rojo, escritor cubano fallecido en el exilio y
a Ernesto González Bermejo, uruguayo, un periodista brillante, de quien
también aprendí mucho. Cuba Internacional fue un valor literario del
periodismo nuestro, allí también se originó un grupo importante de
escritores jóvenes (ya no lo somos tanto) cubanos: Eliseo Diego, Alberto
Conte, Minerva Salado (estos dos últimos exiliados), Víctor Casaud, etc.
LL.: ¿Y otras
actividades?
RR.: Sí, también hacía
guiones para Radio Rebelde y sobre temas culturales para la televisión
(críticas de teatro, décimas, poesías) y colaboraba en las revistas “La
Gaceta de Cuba” (de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba-UNEAC-)
y en “Casa”, de la Casa de las Américas, entretanto Cuba Internacional,
que en sus inicios dependía del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA)
pasó entonces a formar parte de la agencia de noticias Prensa Latina y
por tanto termino trabajando para esta agencia, aquí ocurrió un
importante cambio en el género periodístico que realizaba.
LL.: ¿Por qué?
RR.: Porque tuve que
empezar a hacer “periodismo cablegráfico”, de párrafos muy breves,
“heads” o cabeceras de noticias muy concisas, de impacto, en fin que no
me gustaba el trabajo de hacer cables de noticias de Cuba hacia el
exterior.
LL.: ¿Por alguna razón en
particular?
RR.: No se avenía con mi
manera de ver el periodismo, a mi juicio ésta; más que una profesión es
una necesidad o un ansia de comunicación, con el estilo “cablegráfico”
quizás estaba informando pero no me estaba comunicando con mis lectores;
pero en fin, en 1972 me nombran corresponsal en Moscú, en los mejores
momentos de la relación Cuba-Unión Soviética; compartía la
corresponsalía allá con Aurelio Martínez quien continúa en Prensa Latina
ahora con un alto cargo. Estuve en Moscú alrededor de tres años.
LL.: ¿Recuerdos,
anécdotas?
RR.: Fue muy importante
mi estancia allí desde el punto de vista profesional, la experiencia era
nueva, trabajaba junto a periodistas de muchos países, gente de mucho
nombre.
LL.: ¿Y desde el punto de
vista político?
RR.: Muy sencillo, yo
estaba en el lugar que era el reflejo de lo que iba a ser el futuro de
Cuba y ese futuro no me gustaba, era una sociedad cerrada, hipócrita, de
valores subvertidos, donde era más importante la lealtad al partido que
la capacidad de la gente para examinar críticamente la sociedad y su
realidad, era una sociedad mediocre que rendía culto a la mediocridad y
al miedo, se temía a la represión, al poder absoluto del Estado que te
podía borrar de un plumazo, a la KGB, etc.
LL.: ¿Entonces por estos
años 70 se inicia tu decepción con la idea del socialismo?
RR.: Hasta ese entonces
yo era un “compañero de viaje” del comunismo, a partir de aquí comencé a
bajarme del tren.
LL.: ¿Cuándo regresas a
Cuba?
RR.: En 1976; una vez en
La Habana pedí discretamente salir de Prensa Latina, no quería volver a
hacer periodismo de ese tipo, pasé entonces a trabajar en relaciones
públicas de la UNEAC, eso me dejaba tiempo para escribir otras cosas
sobre todo poesía aunque también algo de crítica literaria, comentarios,
etc. Allí hice una profunda amistad con Nicolás Guillén y Eliseo Diego.
En la UNEAC estuve hasta 1981.
LL.: ¿Tenías ya numerosos
libros publicados?
RR.: Sí, tenía “Papel de
Hombre” que recibió el Premio David/1969; “Poesía sobre la Tierra”,
premio Julián del Casal 1972; “Corazón que Ofrecer”/1978, “Poesía
Pública”, premio 26 de Julio”/1980, después publiqué “Escribo de
Memoria”, mi último libro en Cuba, en 1985; en el extranjero tengo la
antología poética “Herejías Elegidas” con la Editorial Betania
(Madrid/1998); “Pruebas de Contacto”, Ed. Sibi, Miami/1999; “Antología
Poética”, Ed. Arquitrave de Colombia/2001; “Recuerdos Olvidados” Ed.
Gallimard, Francia/2002; “Sin pan y sin palabras” Ed. Península,
Barcelona/2003, “Lesiones de Historia” con Ed. Advana Vieja,
Valencia/2006…
LL.: “Lesiones…” resultó
ser un delicioso recuento de crónicas de la sociedad cubana actual…
RR.: Son las crónicas que
el gobierno (cubano) no puede publicar, el retrato escrito de la
dictadura científica.
LL.: ¿Y cuándo RR rompe o
se baja definitivamente del tren del socialismo?
RR.: En 1998 pero esto
fue un proceso, renuncié a todo por escrito: a mi trabajo, a la
membresía de la UNEAC y de la UPEC (Unión de Periodistas y Escritores de
Cuba); en esos momentos pasé a sufrir el “síndrome del fantasma” donde
nadie te ve, ni te conoce, ni te saludan por las calles, además pasé
hambre y necesidades de todo tipo. Mi disidencia se hace pública en 1991
cuando firmo “La Carta de los Diez” un documento en que junto a María
Elena Cruz Varela, José Lorenzo Fuentes, Manuel Díaz Martínez, Bernardo
Marques y otros pedíamos libertad para los presos políticos, elecciones
libres y directas, libre flujo migratorio, ayuda internacional en
medicamentos, mercado libre campesino, etc.
LL.: ¿Entonces comenzaste
a sufrir persecución?
RR.: Sí, ya yo no tenía
trabajo y a mi esposa también la echaron a la calle, a mi madre le
quitaron la pensión de viuda que recibía por la fabulosa suma de 72
pesos mensuales (unos 3 dólares); el mundo se me puso “chiquito”, vivía
del aire, de las ayudas que me podían dar las amistades que me quedaban
y familiares que tampoco tenían buena situación económica; yo tenía un
automóvil y lo tuve que vender, en fin me compré un coche y un caballo
(luego conseguí otro caballo más) y junto a un primo me dediqué al
transporte de personas en Morón, como “cochero” me ganaba unos 250 pesos
al mes, con eso sobrevivía.
LL.: ¿Y tu actividad como
periodista y escritor cesó?
RR.: En 1992 fundé el
“Club de Periodistas de La Habana” junto a José Rivero García, Bernardo
Marques Ravelo y Nancy Estrada pero fue un fracaso, no teníamos donde
publicar los artículos y casi nadie creía en eso del Club aunque sí hubo
un creyente, Carlos Alberto Montaner, a quien le hacíamos llegar
nuestros escritos a través de personas que podían viajar al exterior y
en ocasiones, cuando se podía, nos pagaba por ellos pero en muchas
oportunidades o nosotros le debíamos artículos a Montaner o él nos debía
dinero ya que no teníamos contacto regular. En septiembre de 1995 fundé
Cubapress y el hecho de que en ese entonces Cuba se había vinculado a la
telefonía por satélite dio un vuelco al trabajo periodístico
independiente ya que tenía muchas más posibilidades de vincularme con el
exterior, era “la tecnología contra la dictadura”; Cubapress llegó a
tener corresponsales en todas las provincias y unos 30 colaboradores…
LL.: ¿En ese momento te
conviertes en un peligro para el Gobierno cubano?
RR.: Sí porque empezamos
a dar información objetiva, desde dentro de Cuba, de los agujeros negros
de la sociedad…
LL.: ¿Te arrestaron?,
¿fuiste preso?
RR.: Por primera vez en
1996, creo que me arrestaron unas 6 ó 7 veces más hasta el año 2003 en
que soy enjuiciado por “colaboración con un gobierno extranjero” (Ley 88
o “Ley Mordaza”) y fui condenado a 20 años de privación de libertad.
LL.: ¿Y con cuál Gobierno
estabas colaborando?
RR.: Con el Gobierno
norteamericano según la versión oficial y con el Gobierno cubano según
mi versión personal; yo sólo hacía las críticas correspondientes a la
mala administración, a las medidas represivas y al caos económico que
vive Cuba pero Castro (Fidel) no lo entendió de una manera constructiva.
LL.: ¿Y Castro conocía de
tu labor como poeta y periodista?
RR.: Él dice que no
conoce mi poesía y eso está reflejado en el libro de Ignacio Ramonet
quien le pregunta en tres ocasiones por mí; Fidel no es un lector de
poesías, él es un cubano muy raro, fíjate que dice que su música
preferida son las marchas militares según publicó Gianni Miná.
LL.: ¿Cómo logras salir
de prisión?
RR.: Desde un primer
momento se hizo una gran campaña internacional en la que intervinieron
el exilio cubano, centenares de escritores, periodistas y artistas de
Europa y América, parlamentarios y hombres políticos de diferentes
colores y un trabajo muy poderoso aquí en España. La gestión directa de
mi salida la inició José María Aznar durante su mandato y la continuó e
hizo efectiva el actual gobierno de Rodríguez Zapatero; hubo una
intervención importante del Gabo (el Premio Nóbel colombiano Gabriel
García Márquez) con quien mantengo una relación amistosa de años y
también “empujó” mucho desde Portugal otro colombiano, Plinio Apuleyo
Mendoza, mi gran amigo. Yo me había enfermado muy seriamente en la
prisión de Canaleta en Ciego de Ávila y la intervención de Plinio fue
muy oportuna, en fin que me liberaron luego de dos años mediante una
figura de “licencia extrapenal” (casa por cárcel) y el Gobierno español
me abrió sus puertas, llegué a Madrid el 1ro de Abril de 2005.
LL.: ¿Y qué opinión
tienes de la actualidad cubana, qué piensa Raúl Rivero del Gobierno de
Raúl Castro? ¿Hay transición en Cuba?
RR.: No creo que haya
transición, solo hay un cambio de muebles para acomodar a Raúl. Podrá
hablarse de transición cuando hayan sido liberados todos los presos
políticos y queden abolidas las medidas judiciales que permiten volver a
rellenar las cárceles en 24 horas.
LL.: ¿Los presos
políticos son tu mayor preocupación?
RR.: Sí porque algunos
corren serio peligro de morir en o a consecuencias de la prisión y
aunque para el común de la gente sólo se trata de una cifra para mí son
gente con rostro, nombres y apellidos; a muchos de ellos me atan lazos
de hermandad y amistad.
La tarde en Madrid,
habitualmente larga en primavera, ha corrido mucho más de prisa de lo
que hubiera deseado; Raúl y Blanca, su esposa, han tenido la amabilidad
de responder a mis andanadas de preguntas con una paciencia infinita,
pero sobre todo, también esta entrevista ha de tener un punto final y
como entrevista al fin, con una última pregunta…
LL.: ¿Qué hace Raúl
Rivero hoy por hoy y qué planes tiene para el futuro?
RR.: Tengo dos columnas
fijas en El Mundo de Madrid que son mi medio de vida, continúo haciendo
poesías y próximamente saldrá a la luz mi último libro “Memorias de la
Cárcel”, un relato de los dos años que estuve como huésped en las
prisiones del Sr. Castro. Mi plan, el mismo de siempre, escribir y
trabajar por ir a Cuba a hacer un periodismo libre, plural e
independiente.
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