Editorial
Declaración
Damas de Blanco
POLICIA
CUBANA DISUELVE POR LA FUERZA PROTESTA DE LAS DAMAS DE BLANCO EN LA
HABANA
Las mujeres piden la liberación de los disidentes políticos al
Gobierno comunista AGENCIAS - La Habana - 21/04/2008
Cuba y la
eliminación de prohibiciones
¿Amanecer
cubano?
Óscar Espinosa Chepe
La Habana, Cuba 16/04/2008
Tratamiento
urgente para un hospital en La Habana
Frank Correa,
periodista independiente cubano. La Habana, Cuba
Tomado de Medicina Cubana, 03/04/2008
TRES
PROPUESTAS DE RAÚL CASTRO
Intervención de Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de
Estado y de Ministros, en la Sesión Constitutiva de la VII
Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, efectuada en
el Palacio de las Convenciones, el 24 de febrero de 2008, “Año 50 de
la Revolución”.
CONFERENCIA
DE PRENSA CONCEDIDA POR FELIPE PÉREZ ROQUE, MINISTRO DE RELACIONES
EXTERIORES DE CUBA,
A LA PRENSA
NACIONAL Y EXTRANJERA, EFECTUADA EN EL MINREX, EL 13 DE FEBRERO DE
2008, “AÑO 50 DE LA REVOLUCIÓN” CON OCASIÓN DE LA VISITA DEL
CARDENAL BERTONE.
Es importante
analizar y reflexionar sobre el contenido de esta Conferencia para
analizar las nuevas relaciones del Estado cubano con la Iglesia
Católica universal y nacional y el papel de la religión y
específicamente la Iglesia Católica en el presente y futuro de Cuba.
Eduardo García Moure
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¿Amanecer cubano?
Óscar
Espinosa Chepe
La Habana, Cuba 16/04/2008
Las posibilidades del
comienzo de un proceso de cambios en Cuba se reforzaron con el ascenso
del general Raúl Castro a presidente de los consejos de Estado y de
Ministros en la sesión constitutiva de la VII Legislatura de la Asamblea
Nacional del Poder Popular, el 24 de febrero pasado.

El general recibió un
país casi en bancarrota, fragmentado y prácticamente paralizado en el
tiempo. Y esto ocurría cuando la ciudadanía mostraba apreciables signos
de descontento, incluidos segmentos obreros y estudiantiles constituidos
por personas políticamente seleccionadas. Así que Raúl Castro, un hombre
con credenciales de racional y pragmático, está obligado por las
circunstancias a iniciar un proceso de cambios económicos que detenga el
constante deterioro de la sociedad e impulse su recuperación y progreso.
Los discursos
pronunciados por él desde mediados de 2006, en particular el 26 de julio
pasado, crearon esperanzas en la población sobre una apertura que ayude
a finalizar gradualmente las penurias diarias y saque al país del
marasmo en que se encuentra.
Su intervención en la
Asamblea confirmó esa tendencia, al anunciar una radical reforma de
la disfuncional estructura institucional del país mediante la
reducción de los organismos de la administración central del Estado
y una mejor distribución de sus funciones. Esto debería disminuir
los enormes gastos burocráticos actuales y propiciar una más
eficiente gestión, si las transformaciones redujeran la apreciable
intromisión de los órganos del Estado en los asuntos de las empresas
y la vida de los ciudadanos; una descentralización que contribuya a
la solución de muchos problemas a nivel de municipios e instancias
inferiores.
El 24 de febrero, el
nuevo presidente se pronunció por eliminar las muchas prohibiciones
impuestas al pueblo, empezando por las más sencillas. En las semanas
posteriores se han tomado medidas acordes con esa promesa que, aunque
insuficientes, podrían significar el comienzo de un proceso de apertura
económica.
En tal sentido, se
autorizó la venta libre de computadoras, DVD, bicicletas, ollas
eléctricas y otros equipos electrónicos; el acceso a la telefonía móvil,
el alojamiento en hoteles y el alquiler de automóviles, así como la
creación de algunas tiendas especializadas para herramientas agrícolas.
El gran inconveniente de
esas medidas es que se ejecutarán en pesos convertibles, llamados CUC,
muy difíciles de obtener por la mayoría de la población, aunque llama la
atención que en La Habana y algunas zonas del país se observen
significativas ventas de determinados equipos como DVD y ollas
eléctricas entre otros.
Como cuestión adicional,
se permitirá la adquisición en cualquier farmacia de los medicamentos
recetados, que anteriormente tenían que comprarse en las asignadas a
cada médico, usualmente próximas a los hospitales o consultorios.
Con la excepción del
término de la prohibición para tener teléfonos móviles, el resto de las
medidas no fueron anunciadas por la prensa nacional. Se han ejecutado
sin mediar información alguna, quizás por no querer reconocer
públicamente la existencia durante años de imposiciones absurdas.
Por otra parte, altos
cargos del Gobierno han anunciado la entrega masiva en usufructo de
tierras ociosas a los campesinos para su explotación, lo cual sí
constituiría una reforma sustancial. Por supuesto, habrá que esperar
explicaciones oficiales adicionales para conocer su alcance. Se ha
sabido que a nivel municipal se están creando dependencias encargadas de
su ejecución, lo cual denota el propósito de descentralizar las
gestiones gubernamentales.
Estas medidas podrían ser
muy importantes, ya que Cuba importa actualmente el 84,0% de los
alimentos, aunque más del 50,0% de las tierras cultivables estén ociosas
o altamente subutilizadas, mientras los campesinos individuales que sólo
poseen el 18,0% de las tierras cultivables producen cerca del 60,0% de
los productos agropecuarios, a pesar de todas las limitaciones a que
están sujetos.
Se destaca el
llamamiento de Raúl Castro, en su toma de posesión, a trabajar hasta
lograr que el salario recupere su papel y el nivel de vida de cada
cual esté esencialmente en relación directa con los ingresos
percibidos por el esfuerzo laboral. Todo esto evidentemente está
vinculado a la reevaluación del peso cubano y la eliminación de la
doble circulación monetaria, que tanto daño causa a la economía
cubana. Esos objetivos serían alcanzables con una visión económica
integral, como él señaló, donde entre otros aspectos se acometan
reformas estructurales y de conceptos liberadoras del hoy encadenado
potencial productivo, con la debida adecuación de los sistemas
salarial y de precios.
Esto debería acompañarse
de una racional política de subsidios, a fin de elevar la riqueza a
distribuir mediante el incremento de la pobre productividad y la baja
eficiencia económica existentes, en un marco de control efectivo de la
masa financiera circulante para hacerla corresponder con la oferta de
bienes y servicios. La población ha reaccionado con optimismo cauteloso,
aunque algunos ciudadanos muestran escepticismo. Es lógico, debido a las
muchas ocasiones en que se levantaron expectativas de cambios, luego
frenados y revertidos. Objetan que las ventas de artículos se realicen
en moneda convertible, pues limita las compras y el acceso a los hoteles
fundamentalmente a quienes reciben remesas del exterior, trabajan en el
sector emergente constituido por empresas de capital mixto, embajadas y
el turismo o negocian en el mercado negro y a campesinos relacionados
con productos generadores de altos dividendos. Además, critican que
hayan existido esas prohibiciones irracionales durante tantos años.
No obstante, las
opiniones son generalmente positivas y se esperan medidas adicionales
como, entre otras, la flexibilización de los complicados mecanismos
existentes para recibir permiso de viajes al exterior, la liberalización
del acceso a Internet y el fin del racionamiento de los alimentos
presente desde hace 46 años, para sustituirlo por un mecanismo de ayuda
a las personas verdaderamente necesitadas.
Paralelamente, la
propuesta del nuevo presidente, aprobada por la Asamblea, de que se le
permita consultar con Fidel Castro las decisiones de especial
trascendencia para el futuro de la nación, sobre todo las vinculadas con
la defensa, la política exterior y el desarrollo económico del país, ha
despertado suspicacias, pues podría servir como elemento de injerencia,
cuestión que habrá que seguir con cuidado, considerando las
características personales del anterior presidente. No obstante, para
Raúl Castro será sumamente difícil desconocer a Fidel y su legado
mientras éste viva y aún después de fallecer, pues dirigió durante casi
50 años al detalle el destino de Cuba, envuelto en una aureola mística,
además de ser el hermano a quien ha acompañado inseparablemente.
La tarea que
enfrentará el general Raúl Castro con su equipo, formado
mayoritariamente por personas cercanas, entre las que se distinguen
antiguos compañeros de armas del Segundo Frente Oriental Frank País,
es inmensa y necesitará la aceptación de la comunidad internacional,
objetivo difícil de lograr si, a la vez, el régimen no mejora su
actual imagen de violador contumaz de los derechos humanos. Para
ello, sería indispensable que el nuevo Gobierno diera señales
positivas. En primer lugar, con gestos como la liberación de los
presos de conciencia y políticos pacíficos, que cumplen sus condenas
en condiciones infrahumanas por haber señalado males ahora
reconocidos oficialmente.
Ciertamente, no podrán
esperarse soluciones mágicas ante la magnitud de los problemas
acumulados durante tantos años. Para ser efectivas, las medidas deberán
aplicarse gradualmente y procurarse los menores costos sociales, aunque
está claro que la peor variante sería continuar el inmovilismo con su
carga de sufrimientos para todos los cubanos. El fracaso de la esperanza
en una apertura, pudiera provocar un peligroso sentimiento de
frustración popular. Las posibilidades de un amanecer hacia un futuro de
prosperidad y avance social, en un espíritu de reconciliación nacional,
tienen bases reales. Esta histórica oportunidad por ningún concepto debe
perderse.
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