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Cuba y la eliminación
de prohibiciones.
Dr. Darsi Ferrer
Ramírez, activista por los DDHH en Cuba,
director del ilegal Centro de Salud y de Derechos Humanos
"Juan Bruno Zayas", de La Habana.
LiberPress-
El Instituto Independiente
La Habana, abril de 2008
La eliminación de algunas
prohibiciones de las muchas que agobian la existencia de los cubanos
denota la renuncia de los gobernantes al argumento ideológico como
instrumento de perpetuación en el poder y marca las profundas
diferencias sociales dentro de la sociedad.
Reconocerle a las
personas el derecho a hospedarse en un hotel, de rentar un automóvil o
comprar una línea de teléfono celular, son medidas de progreso, bien
vistas por la población, a pesar de que estos servicios sólo beneficien
a unos pocos, pues se cobran en moneda convertible, a precios
incosteables para el cubano común.
Un fin de semana en una
de las habitaciones de un hotel cuesta unos 500 CUC como mínimo, lo que
significa el salario de varios años de trabajo de un médico o un
abogado, al cambio oficial de 24 pesos nacionales por un peso
convertible.
Son medidas coyunturales,
pues no implican cambios en las estructuras del modelo totalitario sino
meras modificaciones. Buscan causar un impacto en la opinión pública a
favor de las expectativas de reformas generadas con la asunción de los
nuevos gobernantes, como demuestra la gigantesca campaña publicitaria
alrededor de su imple-mentación.
Resulta simple la vía de
solucionar muchos de los graves problemas que afectan a la nación, basta
con partir del reconocimiento y la protección de las libertades básicas.
Es absurdo hablar del derecho a disfrutar servicios y mantener las
prohibiciones de las libertades económicas para poder sufragarlos.
No hace falta ser gurú
para comprender que los sucesores hereditarios se aferran al poder y
manipulan con falsos espejismos para garantizar su supervivencia. Su
política sigue ajena a las perentorias necesidades de las personas.
Las medidas adoptadas por
estos días reconocen derechos protegidos desde antes por la legislación
vigente en el país y que, de modo ilegal e inmoral, se prohibieron por
decretos. No se vería como una victoria en España, Martinica o Chipre
que sus ciudadanos puedan acceder a los servicios turísticos de sus
respectivos países, o comprar ordenadores y DVDs.
El gobierno sigue sordo a
los reclamos de la población, poco se habla de soluciones reales a los
problemas neurálgicos con afectación general como la vivienda, el
transporte, la alimentación, de eliminar las restricciones a las
libertades económicas, políticas, civiles. Menos aún se les exige
responsabilidad a los dirigentes “iluminados” que llevaron al extremo el
deterioro de la situación nacional, algunos de los cuales se presentan
en estas circunstancias como la nueva alternativa para salir de la
crisis
¿Qué sucederá ahora con
los miles de jóvenes que cumplen sanción en las prisiones por el
“delito” de merodear cerca de las instalaciones turísticas?
¿Alguien les pedirá
disculpas a esos jóvenes o a sus familias?
¿Saldrán de libertad
inmediata o seguirán considerados como peligrosos sociales por los
gobernantes?
Es obvio que las “medidas
liberadoras” no son de beneficio popular sino que privilegian a
limitados sectores de la sociedad, entre ellos a los “sacrificados”
comunistas que cruzan los dedos mientras hablan de igualdad, de justicia
social y por supuesto, insisten en pedirle al pueblo que se colme de
paciencia y espere otro medio siglo para alcanzar condiciones
elementales de vida.
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