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Nuestra Señora de Guadalupe

“Patrona y Emperatriz de Las Américas”

Da la paz,
la justicia y
la prosperidad a nuestros pueblos;

ya que todo lo que tenemos y somos
lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra.

¿No estoy yo aquí que soy su Madre? ¿No están bajo mi sombra y protección?
¿No soy su fuente de vida? ¿No están bajo el abrigo
de mi manto?

¿En el hueco de mis brazos?
¿Hay algo más que necesiten?”

La historia de Guadalupe comienza realmente con la llegada a México de los españoles en 1519 bajo las órdenes de su comandante el capitán Hernando Cortés. Mientras los soldados penetraban en el vasto interior de este país, quedaban sorprendidos del alto nivel cultural alcanzado por la civilización Azteca.

El país con unos diez millones de habitantes estaba dividido en 38 provincias pobladas por varias tribus, las cuales habían sido sometidas e incorporadas al IMPERIO AZTECA dirigido por el emperador MOCTEZUMA II (Moctezuma Xocoyatzin), en Tenochtitlán (que se convirtió en la Ciudad de México).

El emperador Moctezuma había ascendido al trono en 1503, era un hombre filosófico y muy supersticioso, inclinado a la brujería y a reinar con una violenta tiranía. Las tribus sujetas al imperio estaban seriamente resentidas con su cruel reinado y surgían frecuentemente rebeliones.

Albergaba un profundo respeto por profecías y predicciones, las cuales se multiplicaron al enterarse de los extraños barcos visto a lo lejos en el mar. Con profunda tristeza escuchó los presagios de sus adivinos, quienes afirmaban que su imperio sería eventualmente derrotado por hombres blancos que vendrían a través del océano.

A pesar de sus impresionantes logros en matemáticas, astronomía, arquitectura, física, filosofía, artesanía, artistas, en educación y cultura, se encontraban atrasados en algunos campos del conocimiento: desconocían las leyes físicas que habían sido demostradas por los griegos 2000 años antes.

Sus matemáticos no tenían conocimiento sobre la ciencia experimental, tampoco estaban familiarizados con la rueda, el arado o el arco estructural.

La principal industria del país era la agricultura, el maíz, el maguey y otros de menor importancia como el frijol, el tomate, el algodón y el tabaco.

Como muchas naciones de Europa y Asia, los aztecas desarrollaron un rígido sistema de castas. El nivel más alto estaba formado por el EMPERADOR, los nobles, los sacerdotes y los administradores, en la escala más baja los trabajadores manuales y los esclavos.

Esta civilización avanzada en algunos aspectos estaba opacada trágicamente por una religión que practicaba el peor exceso de la superstición. Los rituales aztecas nacieron de creer en las fuerzas naturales que beneficiaban a los seres humanos y rechazaban aquellos que les eran malignos.

La mayoría de estas fuerzas, tales como el SOL, la LLUVIA, el VIENTO, el FUEGO, eran personalizados como dioses y los ídolos eran adorados en templos piramidales, a los cuales se sentían obligados a ofrecer sacrificios humanos que eran frecuentemente los esclavos o prisioneros de guerra. Estos sacrificios se realizaban en los templos de piedra. El dios más importante era QUETZALCOATL (a serpiente emplumada) a quien dedicaban cada año muchos y terribles sacrificios.

En vista de lo que sucedería más adelante, mencionamos aquí a la GRAN DIOSA MADRE TONANTZIN cuyo templo, donde sacrificó a sus propios hijos, estuvo en la CIMA de una pequeña colonia llamada TEPEYAC. En TEPEYAC fue donde apareció por primera vez, el 9 de Diciembre de 1531, la Vírgen Santísima a Juan Diego, a quién le dijo:

“MI MÁS QUERIDO HIJO, quiero que sepas con certeza que yo soy la perfecta VIRGEN MARÍA, Madre del Dios Verdadero, a través de quién todo vive, el Padre de todas las cosas, quien es el amo del cielo y de la tierra. Deseo con fervor que se construya aquí un TEOCALLI (templo) en mi honor, donde ofreceré y demostraré todo mi amor, mi compasión, mi ayuda y protección a la gente”.

El Obispo de México, Fray Juan de Zumarraga recibió y escuchó a Juan Diego a través de un intérprete, pero no sería persuadido a construir un templo basándose en el testimonio no comprobado de un indígena, necesitaba algo más convincente, algo como una señal del cielo.

El martes 12 de Diciembre de 1531 a quién Juan Diego manifestó la preocupación por su tío que estaba enfermo de muerte y le informó la solicitud del Obispo, la Virgen le manifestó que no se preocupara por su tío, porque él no moriría de este mal. En este momento, él está curado y le dijo que escalara hasta la cumbre del TEPEYAC, donde encontraría creciendo muchas flores, a pesar de ser un terreno pedregoso en el cual sólo se producían cardos, cactus y débiles arbustos. Extendió su tilma como un delantal y lo llenó con las coloridas flores y se las llevó a la Virgen, quien le dijo: “HIJO MÍO ésta es la señal que llevarás al Obispo. TÚ SERÁS MI EMBAJADOR PARA CONVENCERLO Y QUE CUMPLA CON MIS DESEOS DE CONSTRUIR AQUÍ EL TEOCALLI QUE SOLICITO”.

Después de una larga espera, Juan encontró al Obispo rodeado por un gran número de personajes. Se inclinó y relató lo que había vivido en TEPEYAC, abrió los bordes de su tilma, de donde cayeron las flores y apareció sobre ella, la imagen gloriosa de la Madre de Cristo, que bajo la advocación de la VIRGEN DE GUADALUPE, Patrona de México y de las AMÉRICAS ha sido venerada durante 476 años logrando la conversión en masa de los aztecas, la unidad de mexicanos y españoles, realizando múltiples milagros e incontables prodigios de conversión a la FÉ, desarrolló el culto a la Virgen y nos dejó bases históricas y científicas de sus apariciones hasta los días de hoy en esta nueva ERA, donde estamos nuevamente desafiados por el ateísmo, los excesos materialistas, con el predominio del mercado y la inmoralidad o falta de principios y valores, donde nos amenaza la posibilidad de una guerra atómica y/o de inundaciones, debido a los cambios climáticos.

Hoy vuelve a tener vigencia el maravilloso mensaje de esperanza que nos dejó la Virgen de Guadalupe:

“Yo soy su Madre misericordiosa, la Madre de todos los que viven unidos en esta tierra y de toda la humanidad, de todos aquellos que me aman, de todos aquellos que lloran, de todos aquellos que confían en mi. Aquí escucharé su llanto y sus penas y remediaré y aliviaré sus sufrimientos, necesidades e infortunios. No se angustien o aflijan. No teman a ninguna enfermedad o disgusto, ansiedad o dolor. ¿No estoy yo aquí que soy su Madre? ¿No están bajo mi sombra y protección? ¿No soy su fuente de vida? ¿No están bajo el abrigo de mi manto? ¿En el hueco de mis brazos? ¿Hay algo más que necesiten?”

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