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Los cubanos siguen esperando reformas
Quince meses después del retiro de Castro
La Habana, 31 oct (EFE).-
Quince meses después de la retirada del poder de Fidel Castro, los
cubanos esperan soluciones a los problemas más acuciantes del país y
reclaman reformas en los debates organizados desde la cúpula, cuyas
conclusiones todavía no se han dado a conocer.
Desde el 31 de julio de 2006, cuando la Isla
fue sacudida por el anuncio de la enfermedad de Fidel Castro y la
asunción provisional del poder de su hermano menor, el general Raúl
Castro, de 76 años, Cuba entró en un lento proceso de reconocimiento de
las asignaturas pendientes que, hasta ahora, no se ha traducido en
cambios significativos ni en mejoras en la vida cotidiana de la
población.
El pasado 26 de julio, durante un acto
organizado en conmemoración de la fecha más importante del calendario
revolucionario, Raúl Castro rompió el compás de espera en el que se
había sumido la Isla durante el primer año de ausencia del comandante
con un discurso marcadamente político.
En dicho mensaje, el general reconoció la
necesidad de ajustes estructurales y conminó a los cubanos a debatir y a
exponer sus problemas con ”valentía y sinceridad”.
Las estructuras del Partido Comunista de
Cuba y de las organizaciones oficiales de masa se pusieron manos a la
obra, convocando asambleas en barrios, organismos institucionales y
centros de trabajo de todo el país.
”Se ha hablado de transporte, de vivienda,
de salarios, de la doble moneda, de los problemas de la agricultura, de
muchas cosas que hacía falta hablar”, aseguró un militante comunista que
ha participado en más de uno de estos debates, vedados para la prensa
extranjera y silenciados por la prensa oficial cubana.
”La gente habló de todo y los cubanos que
conozco no hablarían en las asambleas si no pensaran que se van a
producir cambios”, apuntó Rafael Hernández, director de la revista de
análisis Temas.
”Hay miles de planteamientos que se están
recogiendo y la mayoría no son de intelectuales, sino de obreros, de
campesinos...”, añadió Hernández, convencido de que el debate ”había
empezado antes entre la gente y la dirección del país lo acepta como una
necesidad”.
”El cambio es inevitable, cómo será el
cambio, no se”, señalaba un profesor universitario durante un reciente
coloquio organizado por temas.
”Hay que acabar con el síndrome de plaza
sitiada”, indicaba este profesor, que criticaba el bloqueo
estadounidense impuesto contra la Isla, aunque se quejaba también de la
imposibilidad de acceder a páginas de Internet ”sensibles” para el
gobierno cubano.
Pero, frente al optimismo de ciertos sectores de la intelectualidad, no
son pocos los cubanos que se muestran escépticos sobre el resultado del
proceso.
”¿Debate?, ¿Qué debate?”, se preguntó
Oswaldo, un joven de 28 años vecino del barrio habanero de El Vedado,
para quien ”los dirigentes ya saben cuáles son los problemas de la
población, ahora lo que hace falta son soluciones”.
También entre los observadores extranjeros
existen opiniones encontradas, desde quienes consideran que el país vive
una etapa sin precedentes hasta quienes encuentran en este proceso una
reproducción de los debates convocados en los 90, en pleno período
especial, para ganar tiempo y justificar el retraso en las esperadas
soluciones de los problemas acumulados.
”Es un debate controlado, para darle
argumentos a Raúl Castro para hacer las reformas que requiere el país”,
opinó un diplomático europeo.
En estos quince meses, apuntó otro
diplomático occidental, ”Cuba mantiene una línea continua, con muy pocos
altibajos, sin cambios”.
”Veremos después cómo se va continuando para
que las expectativas que han surgido, que están muy presentes en muchos,
se concreten y encuentren vías de realización”, decía la pasada semana
el cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana.
Y esa parece ser la clave, cómo se
canalizarán las demandas planteadas en los debates para evitar que
caigan en saco roto, sin saltarse los límites del modelo socialista
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