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LA CUBA QUE DEJA FIDEL:
Socialismo
del Siglo XXI
Por Daniel Córdova
Diario El Comercio, Lima
Testimonio de un periodista (no cubano) de visita en Cuba
Vengo de pasar unos días en Cuba. Fui con la
intención de hacer turismo y de paso observar cómo está el país en la
víspera del inminente fallecimiento de Fidel Castro. La impresión fue
tan fuerte que el turismo pasó a segundo plano. Cuba es un país en
ruinas. El hambre salta a los ojos. La población anda mal vestida. El
transporte es un caos.
Contrariamente a lo que se dice, el sistema
de salud está colapsado. Y la educación perdió hace tiempo la brújula de
correspondencia con lo que puede ser la necesidad social, amén de estar
monitoreada por la ideología imperante y el culto a la personalidad del
comandante. Lo que mejor funciona es el sistema represivo, el cual
tolera el mercado negro --que les permite ”resolver” a los cubanos con
mayor contacto con el mundo exterior--, pero es implacable frente a
cualquier intento de oposición política. Para llegar a esas conclusiones
no es necesario escarbar mucho. Basta pasear por La Habana -la ciudad
menos pobre del país-- para constatar cómo vive la gente: en viviendas
precarias divididas en cuantas partes sea posible, con familias apiñadas
de generación en generación.
Arreglar una habitación, según lo que vi, es
una proeza. Y por lo general lo logran las privilegiadas ”casas
particulares”, que pueden darse el lujo de alquilar un cuarto a turistas
siempre y cuando le paguen US $ 300 mensuales al Estado para obtener esa
”licencia”. Porque en Cuba nadie es propietario de su vivienda. Todo
es del Estado, es decir, del agonizante Fidel y de quienes sustentan su
poder.
El hambre se observa en los mercados. La
calidad de los productos es inferior a la de cualquier mercado de los
alrededores de Lima. Cualquier mercado de Lima norte o sur es largamente
superior al mercado de Vedado --el barrio más pudiente de La Habana--.
Allá solo encontrará plátanos de calidad baja, yucas, arroz a granel,
frijoles y carne de cerdo. Lo demás muy caro y en pesos convertibles.
Los cubanos ganan, en promedio, 15 pesos convertibles o dólares al mes
(300 pesos cubanos y lo que estos pueden comprar). Cualquier peruano de
lo que llamamos el sector C con sus US $ 300 de ingreso mensual tiene
mayor y mejor poder adquisitivo que cualquier cubano promedio. Pasada la
impresión de observar un museo viviente del automóvil, uno se topa con
las enormes colas para subir a un bus. Con la cultura del auto-stop
convertida en norma. Con unos tráileres enormes adaptados a buses para
que entren 500 personas apretadas.
Como turista, uno puede darse el lujo de
tomarse un mototaxi que le cobrará cuatro dólares por llevarlo al hotel.
Mototaxi que, por supuesto, no es de su
chofer. Es del Estado, convertido en el explotador de ese chofer que en
Lima cobraría más barato pero ganaría más.
El mito de la salud gratis de calidad se cae con tan solo conversar con
un médico. Conocí a un dentista quien, no sin temor, me contó que tenía
asignados 10.000 pacientes de dientes carcomidos. Trabaja más de ocho
horas diarias. Gana US $ 20 al mes y no ve las horas de que lo envíen a
Venezuela para poder salir de Cuba.
Porque a los médicos, como a los educadores,
no les dan visa de salida. Me contó que las colas en los hospitales, la
escasez de ambulancias, de personal y de equipos, así como de medicinas,
es asfixiante. Algo que se agrava con la iniciativa de ”cooperar” con
Venezuela, Bolivia y los centros ALBA en países como el Perú, en el
marco del proyecto de extender el socialismo en toda América Latina.
Por primera vez desde que soy adulto pasé en
Cuba una semana sin la posibilidad de leer un diario. Porque ese boletín
oficial de ocho páginas llamado ”Granma” no es digno de ese nombre. Los
cubanos no se enteran de nada de lo que pasa en Cuba misma y en el mundo.
La Internet en casa está prohibida. Sólo
algunos tienen acceso limitado y controlado desde sus oficinas. Los
cubanos se han acostumbrado a la censura y a tener en su cuadra a un
policía civil que hurga en sus vidas privadas impunemente, bajo el
título de defensor de la revolución. Porque antes de reclutarlo a uno en
un trabajo, su eventual futuro jefe debe consultar con el comisario de
la cuadra acerca de su comportamiento ”revolucionario”. Peor de lo que
imaginé Cuba, con sinceridad.
Y pensar que muchos peruanos siguen siendo
engañados por esa utopía socialista y autoritaria que, sin duda, nos
volverá a tocar la puerta en el 2011.
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