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1.
Manifiesto por Cuba
Cuba no se subasta
El
31 de octubre de 2007 Cuba fue políticamente subastada en Nueva York.
Allí, en nombre del gobierno cubano, el canciller Felipe Pérez Roque
declaró que ellos, los de arriba, los que jamás han contado con los
ciudadanos -revolucionarios o no-, estaban dispuestos a “renunciar a la
bandera y soberanía” de nuestro país en aras de una virtual integración
latinoamericana: en realidad una propuesta de anexión disfrazada.
El
Foro Debate: El Futuro de la Nación: Diálogo Alternativas y Propuestas
considera estas declaraciones como una ignominia peligrosa e
irresponsable que, manipulando atrevidamente el núcleo básico de nuestra
identidad simbólica y pertenencia nacional, roza los límites de la
traición a los fundamentos de la nación cubana y nos coloca, como país
debilitado por un fallido proceso revolucionario, en los brazos del
primer postor internacional que tenga el dinero y la ambición
suficientes para adquirir la isla con los mejores pretextos. Esas
palabras, que han concitado alarma e indignación en el centro mismo de
la cubanía, reflejan más apego al poder que al imaginario nacional.
Las
declaraciones del canciller de una nación que pertenece a todos los
cubanos, no al gobierno, viene precedida de los comentarios hechos en
Venezuela hace más de un año por Carlos Lage Dávila, Secretario del
Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, quien expresó entonces que
Cuba tenía dos presidentes. Luego, Hugo Chávez Frías, el presidente de
aquel país, reiteró en La Habana la ofensa, adelantando el proyecto de
que ambos países formarían una tal confederación de repúblicas
bolivariano-martianas.
Estamos así, indudablemente, ante el eje retórico de una burla
irrespetuosa y de un despropósito político que se está articulando
seriamente a espaldas de los pueblos de Venezuela y de Cuba, y que
constituye, en menos de un mes, la tercera humillación y el último de
los ataques que sufrimos en nuestros valores y en las bases de nuestra
nacionalidad. En esta ocasión, desde dentro y disolviendo la legitimidad
histórica más profunda de lo que insisten en llamar revolución cubana.
No caben dudas de que el juego de poder tradicional en lo que respecta a
Cuba -un puro juego de elites cubanas y extranjeras que poco han querido
entender la cubanidad y que en muchos casos ignoran nuestra cultura-, no
respeta a los cubanos como nación.
Estamos obligados a ponerle fin a ese destino manifiesto que nos liquida
como proyecto nacional y como ciudadanos con derechos. Las
organizaciones que animan el Foro Debate hacen, por ello, un llamado a
todos los cubanos para detener la subasta de Cuba: el gravísimo proyecto
de desintegración política y simbólica de nuestro hogar que se nos está
proponiendo desde el poder con desprecio y desenfado, y que debe ser
denunciado con todas nuestras fuerzas, nuestras mejores ideas y con la
afirmación de un compromiso moral con nuestro legado.
Durante los últimos 48 años se nos ha venido diciendo que Cuba
necesitaba una revolución para rehacerse sobre las seis claves básicas
de un auténtico proyecto de nación moderna: devolver el país a los
cubanos, rescatar la riqueza nacional, instaurar la justicia social,
fortalecer nuestro espacio simbólico y de valores, alcanzar la
integración racial, construir la soberanía política del ciudadano y
dimensionar la cultura. Pero a lo largo de estos casi 50 años, estas
seis claves de identidad nacional se están destruyendo.
La
revolución ha cerrado Cuba para los cubanos y la ha abierto para los
extranjeros, ha distribuido las magras riquezas de un sistema productivo
inviable entre las elites locales y el inversor foráneo, ha hecho cada
vez más desigual a sus ciudadanos a pesar de la naturaleza pública de
ciertos beneficios, ha reproducido el racismo con la virulencia sutil de
un país oficialmente integrado, ha deshecho la soberanía política de los
ciudadanos en medio del ritual mentiroso de unos sufragios sin
sorpresas, ha sustituido nuestros modelos de identificación y de
valores, colocándonos la simbología violenta de Ernesto Guevara de la
Serna, un extranjero, en el lugar central que debe ocupar la simbología
cívica, ética y humanista de José Martí Pérez, un cubano.
Finalmente, ha reprimido la expresión diversa de la cultura nacional
para ofrecernos de contrabando la idea de una sola cultura cubana,
dispersa por el mundo, precisamente, como resultado de sus políticas
intolerantes y represivas sobre esa misma cultura. En su sentido más
profundo, la persistente identidad entre nación y revolución amenaza con
destruir Cuba desde su interior. La corrupción, la violencia instalada
en la conducta del país y la voluntad de diáspora de cinco millones de
cubanos traducen existencialmente la quiebra de la nación por la lógica
de una revolución indescifrable y caprichosa.
Las
opciones para proteger a Cuba se reducen. La continuidad de nuestro
proyecto nacional atraviesa este dilema que todos los cubanos,
independientemente de cómo pensemos, debemos asumir con coraje: o la
nación absorbe a la revolución en lo que muchos consideran su positiva
dimensión social, o la nación perece atrapada por las prácticas
destructivas de las dimensiones política, cultural, económica y de
valores de esa misma revolución. En este sentido, seguirá existiendo
lugar para las máscaras, pero ya, a esta hora, no hay lugar para el
engaño de una retórica nacionalista sin credibilidad, que se empeña en
arrinconarnos en nuestro propio suelo. Los cubanos estamos molestos.
Ante
el fracaso, la decisión del gobierno de vender Cuba está tomada; siempre
bajo el atractivo de la utopía latinoamericana. Pero Cuba puede seguir
siendo nuestro lugar de esperanzas si no huimos del desafío. El Foro
Debate propone afrontarlo con tres iniciativas: una campaña permanente
que refleje públicamente con anuncios, pancartas, graffitis, o cualquier
soporte material y simbólico, la consigna de que Cuba no se subasta y
que comprende la distribución masiva de este Manifiesto por Cuba; un
debate en todas las capitales de provincia sobre los valores de la
nación para el futuro; y el lanzamiento del proyecto Nuevo País, la
reunión de académicos, intelectuales y expertos que nos ayudarán a
pensar un proyecto para Cuba desde el conocimiento y la cubanidad
auténtica. Cualquier otra iniciativa es de seguro necesaria, siempre en
el entendido de que la batalla por la nación se gana en las mentes, en
una batalla de largo plazo que exige la incorporación sólida de unos
valores nacionales empobrecidos, que se han venido forjando por más de
300 años y que son patrimonio, no de un partido político singular, sino
de todos los cubanos.
Concertación Pro Diálogo y Reconciliación y Partido
Solidaridad Democrática
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