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DESERCIÓN, ARREPENTIMIENTO O
COMPLOT: CUBA EN LOS XV JUEGOS PANAMERICANOS
Jorge Llaca Buznego
STC Canadá
Hace pocas semanas
finalizaron los Juegos Panamericanos Brasil/2007; compitieron
amistosamente miles de los mejores atletas del continente con el fin de
cosechar medallas y llevar a sus naciones al peldaño más alto posible.
Una vez más los Juegos corroboraron el poderío de EEUU y su eterno
seguidor, Cuba. Con el llamado “deporte revolucionario” la isla
antillana logró adueñarse del segundo puesto de dichos juegos, excepción
hecha de los realizados en La Habana /1991 en que alcanzó el primer
lugar. La expectativa en esta oportunidad, con 470 atletas, era la de
ratificarse como la segunda nación con mayor posesión de preseas doradas
en la cita, expectativa que se correspondió con los resultados.
No obstante, una mirada al
tablero clasificatorio muestra un ligero descenso en el rendimiento de
Cuba con relación a actuaciones pasadas: 14 preseas doradas menos que en
Santo Domingo/ 2003; resulta importante destacar que por primera vez
desde Caracas/1983, los cubanos no lograron alcanzar la cifra de 70
doradas lo que se explica por un pobre desempeño en deportes como la
gimnasia artística y rítmica (femenina y masculina), que solían dar
numerosas preseas y están hoy enredados en el olvido, el judo que
encontró un duro escollo en la escuadra brasileña, la esgrima con una
discreta actuación, el voleibol masculino que aún no encuentra rumbo
después de innumerables renovaciones al equipo, el canotaje con su
dominio opacado por los sorprendentes México y Canadá y el boxeo que
sufrió dos deserciones que restaron medallas casi seguras.
El punto débil del deporte
cubano ha sido precisamente las deserciones, la mayor se produjo durante
los Centroamericanos de Ponce/1993 con 42 abandonos siguiéndoles los
Panamericanos de Winnipeg/1999 con 15; seis atletas del mejor equipo de
voleibol en toda la historia del deporte cubano desertaron en diciembre
de 2001 en Bélgica; los pasados Panamericanos no fueron la excepción: el
jugador de balonmano Rafael Dacosta y el entrenador de gimnasia Lázaro
Lamelas (medallas de Oro, Plata y Bronce en Mar Del Plata/ 95 y
Winnipeg/ 99) fueron los primeros en abandonar la delegación, después
llegó el sonado caso de los púgiles Guillermo Rigondeaux (Campeón
Olímpico y Mundial, abanderado de la delegación y boxeador más famoso de
Cuba) y su compañero el welter Erislandy Lara, poseedor del título de
Campeón Mundial.
El 22 de julio ambos
cubanos no se presentaron al pesaje según reveló la cadena brasileña
O'Globo que también mencionaba una posible deserción; horas más tarde en
un hecho inédito, se pronunciaba Fidel Castro afirmando la defección de
los boxeadores, calificándolos de mercenarios, traidores y sentenciando:
“Sencillamente los noquearon con un golpe directo al mentón facturado
con billetes norteamericanos. No hizo falta conteo alguno de
protección”. Era la primera vez que el convaleciente mandatario
mencionaba por sus nombres a atletas que intentaban desertar, agregando
“no existe justificación alguna para solicitar asilo político. Si no es
Brasil su mercado definitivo, poco les importa”, Cuba de inmediato
solicitó una investigación de la desaparición de los boxeadores a las
autoridades brasileñas.
El 26 de julio, fecha
emblemática en Cuba, Ahmet Oner propietario de la alemana Arena Box
Promotion y representante de los púgiles cubanos Odlanier Solís,
Yuriorkis Gamboa y Yan Barthelemy, desertores durante un entrenamiento
en Venezuela, se acredita autor de estas dos últimas de Rigondeaux y
Lara por los cuales afirmó haber pagado alrededor de 549.000 dólares
para poder sacarlos del país.
El primero de agosto Arena
hizo referencia a represalias sufridas por los familiares de los
boxeadores desertores y en un comunicado dijo haber recibido
informaciones desde la Isla según las cuales también allegados y amigos
habían sido objeto de detenciones y retirada temporal de documentos de
identidad más la confiscación de viviendas y autos que los púgiles
recibieron por sus logros deportivos. El día 3 Rigondeaux y Lara son
detenidos por agentes de la Policía Militarizada en Araruama, Río de
Janeiro, rechazando cualquier ayuda legal; alegaron que estaban
arrepentidos y querían regresar a Cuba. La esposa de Rigondeaux
angustiada y agobiada por lo sucedido concedió declaraciones a la prensa
internacional expresando "No tiene por qué haber represalias. Él se
puede haber equivocado, pero no ha matado a nadie, no ha puesto ninguna
bomba ni es un terrorista", respecto a la confiscación "eso no es
problema porque eso normalmente siempre se hace, fue un regalo que le
hicieron. Yo entiendo que eso se haga" e hizo un discreto llamado a las
autoridades cubanas: “creo que ahora deberían reflexionar para saber por
qué pasó esto, porque si no va a pasar más veces". Al siguiente día en
otra “reflexión” Castro aseguraba que los boxeadores no serían
encarcelados, "no los esperan arrestos de ningún tipo ni mucho menos
métodos como los que usa el gobierno de Estados Unidos en Abu Ghraib y
Guantánamo", al mismo tiempo daba a entender que no volverían a subir al
cuadrilátero: “se les ofrecerán tareas decorosas y en favor del deporte
de acuerdo con sus conocimientos y experiencia”. Finalmente ambos
púgiles fueron deportados a Cuba por las autoridades brasileñas (en un
avión venezolano, según informaciones de agencias de prensa) y llevados
a una “casa de visita” donde se les ofreció acceso a sus familiares y
les fue permitido hablar con la prensa.
La delegación cubana
anticipó en 24 horas el retorno de sus equipos ante el riesgo de una
fuga masiva, la selección de voleibol que derrotó a Venezuela 3-2 no
pudo ser premiada. Cuba fue la única selección que no se despidió de los
Juegos. El periodista y escritor Elio Gaspari criticó el que las
autoridades brasileñas no hubieran facilitado a la prensa y ONGs
entrevistar a los cubanos antes de deportarlos, garantizando así a la
opinión pública que su deseo era realmente volver: “Lula colocó al
estado brasileño al servicio de la policía política de Fidel Castro" y
afirmó: igualmente otros sectores en Brasil criticaron duramente la
deportación; Human Rights Watch pidió también una investigación
“minuciosa” sobre estos hechos.
Muchas figuras del deporte
cubano intentan y llegan a desertar; el por qué es simple: falta de
libertades y un futuro realmente incierto. Escasas son las posibilidades
de progresar (en el orden económico y personal) con el actual sistema
impuesto por el “deporte revolucionario”, ejemplos son Osleidys
Menéndez, récord Olímpico y Mundial (71.70m) impuesto en Atenas 2004 en
lanzamiento de jabalina, la atleta recibió un cheque de 100.000 dólares
que fue a parar por completo a las arcas gubernamentales y el propio
Rigondeaux; doble campeón, 244 triunfos en 248 combates, invicto desde
2003, con un talento extraordinario en el cuadrilátero, vive en realidad
en un muy modesto apartamento (que por demás no es de su propiedad) en
un barrio de La Habana, que demuestran la falta de atención y la vida
difícil de los deportistas cubanos aún perteneciendo al grupo élite de
“alto rendimiento”.
Quedan, para finalizar,
algunas interrogantes acerca de lo ocurrido en este caso:
¿Qué pasó realmente?
¿Deserción frustrada por
amenazas y hostigamiento del aparato represivo del Estado cubano a los
familiares?
¿Sincero el arrepentimiento
mostrado por los boxeadores?
¿Acuerdo entre los Gobiernos
de Brasil y Cuba para deportar a los atletas?
¿Y el avión venezolano?
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