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LECH
WALESA:
«LA
IGLESIA POLACA APOYÓ LAS ASPIRACIONES DE LIBERTAD»
Entrevista realizada por Dagoberto Valdés
Reproducimos la entrevista que Dagoberto Valdés le realizara al mítico
ex líder obrero y ex presidente de Polonia.
D.V.: En agosto de
1980 los ojos del mundo entero se dirigieron a Gdansk, donde la huelga
de los obreros del astillero de Lenin forzó al gobierno comunista polaco
a empezar las negociaciones con los huelguistas. ¿Cómo ocurrió eso?
¿Cuál fue el origen de la creación de Sindicatos Independientes
Autogestionarios ”Solidaridad”?
L.W.: Después del año
1939 nosotros caímos bajo la tutela soviética. De hecho, nunca lo
aceptamos, pero como la guerra había desangrado nuestro país, no tuvimos
fuerza suficiente para resistir. En los años cuarenta y cincuenta
luchamos con armas en las manos y destrozaron a nuestra gente. Después
intentamos luchar a través de huelgas, manifestaciones en las calles,
tirando piedras. Esto ocurrió en los años sesenta y setenta. También nos
vencieron. Probamos a luchar con los jóvenes y estudiantes en 1968.
También nos destrozaron. Pero así, aprendiendo de los errores, llegamos
a una solución. No sabíamos nombrarla, pero habíamos aprendido muy bien
que cuando nos organizáramos todos, había posibilidad de vencer al
comunismo.
Organizarse era muy difícil,
porque la Seguridad del Estado vigilaba todo y a todos, pero la solución
y las ideas ya las teníamos, aunque no sabíamos cómo organizarlas bien.
En este momento, la elección de Karol Wojtyla como el nuevo papa Juan
Pablo II nos ayudó muchísimo.
Me olvidé de mencionar que
en todo ese tiempo nos decían que no teníamos ninguna oportunidad,
porque en el país había más de 200.000 soldados soviéticos, alrededor de
Polonia más de un millón con posesión de armas nucleares. Quien tenga
dos dedos de frente piensa que no debe incorporarse a ninguna lucha
porque no hay oportunidad. Todos decían: ”Esperemos, a lo mejor un día
hay condiciones mejores”. Así que no tuvimos un clima favorable para
organizar nada más grande.
En los años setenta y
ochenta preguntamos su opinión a los grandes de este mundo: presidentes,
primeros ministros, incluso a reyes y tengo que decir que ninguno nos
daba opción para escapar del sistema en que vivíamos, ni para cambiarlo.
Nadie veía posibilidades. Sólo la guerra atómica como la salvación para
cambiar el estatus quo. Así que todos sentíamos un estado de debilidad,
sin perspectivas y sin ninguna fe en la victoria. Pocas personas, ni
siquiera yo, buscaban alguna solución, algún cambio.
En ese momento recibimos un
regalo en forma de Papa polaco, que un año después de su elección viajó
a Polonia. Miles y millones de personas asistieron a las misas
celebradas por Juan Pablo II. La nación despertaba. Los pequeños grupos
disidentes, sindicatos independientes, organizaciones ilegales, como el
Comité de la Defensa de los Obreros (KOR), fueron capaces de interpretar
ese entusiasmo de la población y dirigir ese fenómeno hacia las huelgas,
negociaciones, lucha pacífica contra el régimen y hacia la victoria
final. Así nació Solidaridad.
D.V.: ¿Cómo llegaba
Solidaridad a la gente?
L.W.: Sacando
lecciones de los fracasos anteriores. Al principio de la huelga en el
astillero de Gdansk dejamos libre el acceso pleno a periodistas y
corresponsales, sobre todo a los extranjeros acreditados por entonces en
Polonia. Quisimos que ellos participaran en la huelga y que vieran todo
desde el fondo.
Sabíamos, por supuesto, que
occidente simpatizaba con nuestra lucha. Si nosotros hacíamos algunas
cosas mal, ellos lo hacían bien. La propaganda y la difusión de la
información sobre la huelga se dirigieron muy bien. Esa propaganda hecha
para occidente retornaba a Polonia a través de La Voz de América, Radio
Europa Libre y otras emisoras. Este fue un camino. El segundo, fue
conformado por varios boletines oficiales y clandestinos, sindicales y
no sindicales. Todos los medios funcionaron y todo servía a nuestra
lucha.
La cuestión del logro de
Solidaridad queda en un segundo plano, porque aquella huelga pronto se
convirtió en una verdadera revolución popular. En este caso no había
planes ni perspectivas. La gente ponía su alma y corazón en el asunto,
había que captarlo y echarle una mano.
V.D.: ¿Cuál fue el
papel de la Iglesia Católica y de los laicos en el apoyo a la
construcción de la sociedad civil en Polonia durante la época del
comunismo?
L.W.: Empezó por la
cabeza de la Iglesia Católica, que despertó a la nación, le dio la fe y
la nueva esperanza. Nosotros lo aprovechamos y diez años después,
logramos vencer al comunismo. Podía haber ocurrido que el Santo Padre y
las palabras dichas por él durante su primera visita a Polonia, en 1979,
no hubieran cambiado nada, hubieran volado, o a lo mejor alguien las
hubiera escrito para la memoria de las futuras generaciones, pero
sucedió al revés. Convertimos en carne las palabras de Juan Pablo II:
”El verbo se hizo carne”. Todo ese proceso hay que mirarlo de esta
forma. Sin verbo no hubiera habido carne y sin carne no hubiera ocurrido
la victoria final. En este punto, nada se puede separar.
Durante todo el período del
comunismo en Polonia no puede separarse el papel de la Iglesia Católica
de ciertos acontecimientos históricos. La Iglesia siempre ha apoyado las
aspiraciones de la nación hacia la libertad. Diciendo Iglesia Católica,
me refiero no a los muros de las iglesias, sino a la jerarquía junto a
los laicos y los fieles católicos.
D.V.: 31 de agosto
de 1980. El acuerdo firmado entre el Comité
Interempresarial de Huelga y la Comisión Gubernamental pone fin a la
huelga y permite la creación de Sindicatos Independientes y
Autogestionarios ”Solidaridad”. ¿Cómo es que, sólo seis meses después,
ustedes contaron con 10 millones de miembros?
L.W.: Sucedió porque
los 21 postulados del Comité Interempresarial de Huelga en Gdansk
dejaban ver el interés por ellos a los 10 millones de miembros. Estos
diez millones de personas se identificaron con nuestros postulados y con
nuestra lucha. La gente se incorporaba a Solidaridad porque veía la
esperanza y el potencial de satisfacer sus aspiraciones. Se incorporaron
a nuestros sindicatos personas que veían sólo el interés material, otros
que veían en ello interés político y quienes veían intereses diferentes.
¿Qué significa eso? Que como
los entrenadores, los líderes revolucionarios, encontramos la propia
carga de trabajo y la propia estrategia. Lo planificamos todo de tal
forma que nada se derrumbó; al revés, tuvo la fuerza de atraer masas.
D.V.: El llamado
”Carnaval de la Solidaridad” duró 14 meses. Solidaridad contó con más
miembros que el propio Partido Comunista. El día 13 de diciembre de
1981, el general Jaruzelski declaró el Estado de guerra, no previsto en
la Constitución, en todo el territorio nacional de Polonia. ¿Por qué las
autoridades violaron el acuerdo firmado en el astillero de Gdansk?
L.W.: Voy a
explicarlo de una forma muy simple. En aquel tiempo, el sistema
comunista trabajó como un mecanismo de ruedas dentadas, donde todas las
ruedas giraban hacia la misma dirección, a la izquierda. Entonces,
Solidaridad añadió a este mecanismo una rueda dentada pequeña, que
giraba hacia otra dirección, a la derecha. Así, la única solución era: o
la rueda pequeña va a destruir todo el mecanismo, o el mecanismo va a
destruir a la rueda pequeña. La Ley Marcial fue un intento de destruir
la rueda pequeña.
D.V.: Durante la Ley
Marcial, la Seguridad del Estado hizo un gran esfuerzo para desacreditar
a los líderes de Solidaridad, sobre todo a usted. La televisión fabricó
un montón de materiales que ”comprobaban” la explicación oficial del
general Jaruzelski, que acusaba a Solidaridad de prepararse para la
confrontación armada con el gobierno. El 13 de diciembre de 1981, usted
fue detenido junto a miles de activistas de solidaridad. ¿Cómo
sobrevivió Solidaridad a la Ley Marcial?
L.W.: Nosotros
tenemos un dicho en Polonia: ”tanto va el cántaro al agua, que al final
se quiebra”. Igual ocurrió en este caso. En la época de la Ley Marcial,
cuando los comunistas atacaban a un opositor, a un miembro de
Solidaridad en los medios oficiales, la población rechazaba ese ataque y
no creía en la versión del gobierno. Todos sabíamos muy bien que la
televisión y el gobierno mentían.
Asimismo fue mi caso, cuando
la Seguridad del Estado y el gobierno lanzaron la campaña de repudio
contra nosotros, acusando a los miembros de Solidaridad de ser agentes
de la CIA, contrarrevolucionarios, ladrones, etc. Métodos antiguos,
propaganda sucia que el gobierno usaba muy a menudo contra disidentes,
opositores, Solidaridad, laicos. En algunos casos fue efectiva, pues
lograron destruir psicológicamente a algunas personas. Pero hay que
recordar también que la propaganda negra funciona hasta un cierto
momento, después se vira contra quien la está usando, contra quien está
manipulando y engañando a la población.
D.V.: ¿El paso
siguiente fue la presidencia?
Sí, para poder salvar la
idea inicial, para introducir un sistema democrático verdadero después
de la Mesa Redonda, tenía que ser nombrado presidente. En la Mesa
Redonda nosotros aprobamos el compromiso de que el general Jaruzelski
fuese nombrado el primer presidente del país y que mantuviese el control
de los tres ministerios clave: Interior, Exteriores y Defensa. De esa
forma, no pudieron iniciarse los cambios profundos. Por ello tuve que
acelerar, pero no muy fuerte, para que ”el hormigón” del partido
comunista no se asustara y no introdujera el Estado de guerra una vez
más.
Por otro lado, también quise
hacer caer al General de la presidencia, porque a la mayoría de los
polacos les parecía inaceptable que él fuera el primer presidente de la
nueva Polonia. Entonces, mucha gente simplemente lo odiaba.
D.V.: Como
consecuencia directa de la Mesa Redonda, el 4 de junio de 1989 se
produjeron las primeras elecciones parcialmente libres a la Cámara Baja
del Parlamento y plenamente libres al Senado, después de 45 años de
comunismo. Todos los candidatos de Solidaridad que se presentaron en las
elecciones tenían en sus carteles electorales la foto suya. Todos
ganaron los estancos en la Cámara Baja y todos, menos uno, entraron al
Senado. La derrota electoral fue un choque para el Partido Comunista.
¿Ese momento se puede considerar como el fin del comunismo en Polonia?
L.W.: No. La victoria
de Solidaridad y de la oposición democrática en las elecciones fue un
paso hacia el fin del comunismo. La transición democrática acababa de
empezar y la situación todavía era reversible si no retomábamos la
presidencia y los ministerios clave que tenía bajo su control el general
Jaruzelski. ¿Por qué? Porque aquel acuerdo contó con que nosotros
hiciéramos el trabajo peor, más duro e impopular.
Renovemos el sistema con la
pintura fresca y la gente empezará a expresar su descontento diciendo:
”mira, hicieron reformas económicas duras, privatización y ahora estamos
peor que durante el comunismo”. Ellos quisieron hacer con nuestras manos
el trabajo doloroso, como las reformas hacia la economía del mercado
libre. Quisieron que la gente mostrara su descontento y nos echara la
culpa por empezar las reformas. Ellos sabían muy bien que era preciso
hacer lo que hicimos nosotros, pero ya no tuvieron el respaldo de la
nación. Sabían también que el sistema de la economía socialista había
fracasado completamente. Así que su plan fue muy fino.
La toma de la presidencia
les desbarató sus proyectos y les dejó en una situación muy grave.
Aquellas condiciones en el comienzo de la transición y sobre todo, el
plan de los comunistas, fue muy malicioso. Tan malicioso, que por poco
nos ganan.
D.V.: En el año 1992
usted fue nombrado el primer presidente de la República de Polonia
elegido en elecciones libres. ¿Cómo evalúa el balance de su presidencia?
L.W.: Todo era muy
importante. Participé en la cadena de los asuntos, fui uno de los
actores principales. Si sacamos un eslabón de la cadena, ésta deja de
existir. Me parece que no debo ser yo quien evalúe mi presidencia, sobre
todo por ser persona que controlaba esa cadena. Todos pueden, menos yo.
D.V.: Desde el inicio
de la transición en Polonia, todos los miembros del Partido Comunista
tenían plenos derechos para participar en la vida pública. Tadeusz
Mazowiecki, el primer ministro posterior al gobierno comunista, en su
primer discurso ante el Parlamento democrático, afirmó que había que
trazar una línea gruesa entre el pasado y el presente. ¿Fue un error la
famosa política de ”línea gruesa”?
L.W.: En aquel
momento no estaba de acuerdo con Mazowiecki, ponía en duda su decisión.
Ahora sé que ”la línea gruesa” fue la única solución. Decía: ”Señores,
muchos creyeron en el comunismo, muchos se incorporaron al sistema por
su ingenuidad u oportunismo; no importa. Mientras usted no cometa un
crimen, es bienvenido a trabajar por el bienestar de la patria libre. Si
usted fue un criminal, entonces sí que tiene de que preocuparse”.
Eso decía la política de ”la
línea gruesa”. Si nosotros hubiéramos hecho lo mismo que hicieron los
americanos en Irak, si hubiéramos cambiado todas las estructuras
políticas, los militares del Estado, el propio partido Baas, nunca
hubiéramos sido capaces de arreglar la situación. Si hubiéramos lanzado
acusaciones, en un ambiente de revancha político-histórica, hubiéramos
tenido la Guerra Civil y no hubiéramos logrado nada. Por eso, la ”línea
gruesa” era imprescindible para continuar la transformación pacífica. Si
alguien no comprende esto, no va a comprender nada.
D.V.: Después de
1989, muchos polacos mostraron su descontento hacia el capitalismo. ¿Fue
la impotencia arraigada muy profundamente en la mentalidad, después de
45 años de comunismo, o la nostalgia por el sistema anterior lo que no
dejó a muchos incorporarse plenamente al capitalismo?
L.W.: Pues yo también
echo de menos el comunismo. Es decir, lo echo de menos en el sentido de
que me gustaría tener 20 años. Desgraciadamente tenía esa edad bajo el
comunismo. Mucha gente siente nostalgia por volver a la época de la
juventud, cuando bailaba, salían con chicas… Y esto lo echo de menos yo
también; porque todo eso lo viví en pleno comunismo, alguien puede
interpretar mal y decir que tengo nostalgia del sistema anterior. ¡No,
no la tengo!
Hay que ver también la otra
cara de la moneda. La gente se puede dividir entre los activos y los
pasivos. Durante el comunismo, el sistema cuidaba mucho más a los
pasivos, organizándoles vacaciones gratuitas, tiempo libre, el trabajo…,
y ellos sí estaban contentos. El nivel de vida era muy bajo, pero todos
teníamos más o menos lo mismo.
Ahora, cuando entra el
”maldito capitalismo”, el margen de la libertad económica crece y la
gente activa enseguida emprende negocios, mejorando su nivel de vida.
Esto crea divisiones económicas visibles. Las divisiones también
existían en el sistema anterior, pero eran escondidas. Todo eso causa
envidia y repugnancia hacia los que tienen éxito. La gente piensa de
esta forma: ”¿Cómo es posible que hace poco todos vivíamos en la pobreza
compartida y ahora mi vecino se hace empresario y se compra una
fábrica?”. ¡Porque se arriesgó!
Hay que recordar también que
nosotros hicimos un salto increíble sin tener prácticamente ninguna
experiencia previa. Transformar el sistema del comunismo al capitalismo,
en un solo año, es una cosa muy grande. Los primeros años eran muy
difíciles, terribles, muchos ganaron dinero de forma deshonesta. ¿Se
pudo hacer de otra forma? No. Partiendo de la posición de la que
partíamos nosotros, no era posible hacerlo todo de forma ideal. Uno
aprende también con sus errores. Es imposible hacer todo en el primer
paso.
D.V.: Se puede decir
que usted también fue víctima de los costos sociales que trajeron las
reformas económicas. En 1995, usted, la leyenda viva de Solidaridad,
pierde las elecciones presidenciales contra el candidato
”socialdemócrata”, ex comunista, Alexander Kwasniewski. Su pérdida
electoral, ¿fue el resultado de un voto de desconfianza de la población,
o fue por la nostalgia del comunismo?
L.W.: No sé si se
puede definir mi pérdida electoral con estos criterios. Después de mis
cinco años como presidente, me sentía bastante seguro ante las nuevas
elecciones presidenciales. No contaba con la posibilidad de perder.
Kwasniewski fue el ministro de Deporte en el último gobierno comunista
antes de 1989. Era un candidato joven, preparado, como muchos miembros
del partido de su generación, pero tachado de oportunista por su
participación en el sistema del poder comunista en su fase de agonía.
Nosotros menospreciamos a
los ”nuevos socialdemócratas”, ex comunistas y sus ganas de regresar al
poder. Personalmente creo que su presidencia fue una pérdida para
Polonia, una oportunidad no aprovechada. Sí, perdí las elecciones, es
cierto, pero las perdí ante la democracia. Fue una tremenda lección para
todos nosotros, porque comprobamos que la democracia tiene sus propias
reglas y hasta un gran líder de la revolución pacífica puede perder
contra un desconocido representante del ancien régime, si cuenta con
malos argumentos.
Perdí ante el sistema
democrático, respeté la decisión de la mayoría y en consecuencia, vencí.
Claro que pude haberme atrevido a tomar el papel de un jefe, de un
caudillo. Pude haberme atrevido a tener el poder que tiene Castro, Lenin
o Kim Il-Sung. Pude hacer el papel de comandante en jefe. Esto es muy,
muy fácil. El problema es que a ellos les parece que ahora están ganando
y que yo perdí. No es verdad, ellos perdieron y yo estoy ganando cada
año, porque no perdí la guerra, sino una batalla. Ganó la democracia.
D.V.: Usted está
viajando mucho por todo el mundo dando conferencias, compartiendo su
experiencia. Estuvo también muchas veces en distintos países de América
Latina. ¿Qué opina sobre el giro a la izquierda en Latinoamérica?
L.W.: La demagogia y
el populismo tienen mucho éxito bajo ciertas circunstancias. El
comunismo y todos los movimientos izquierdistas ponen en sus banderas la
lucha contra la injusticia humana que predomina en muchas partes del
mundo. Dicen que van a resolver los problemas y que cuando ganen el
poder, todo mejorará. Sin embargo, al ganar el poder político, no
resuelven nada.
Me parece que, tanto los
movimientos izquierdistas como el comunismo, tienen dos características:
Les interesa sólo el poder político, no la justicia humana; y al ganar
el poder, les interesa sobre todo cómo mantenerlo. La demagogia, el
populismo, tienen una fuerza muy poderosa; ambos son más operativos y
efectivos en la lucha política. Sin embargo, no pueden ser utilizados
para gobernar un país de modo estable y democrático.
Hay que preguntarse también:
¿qué significa la izquierda hoy día? Creo que hace falta redefinirla en
el siglo XXI. Antes, la definición era muy clara, con dos ejes de
división: falta de fe cristiana (”no creo en Dios”) y la propiedad
estatal como el medio de producción predominante.
Volviendo al contexto
latinoamericano, me parece que no es la izquierda la que está luchando
allí, sino la gente perjudicada, humilde, que busca la justicia social.
Al mismo tiempo, esa gente no tiene ni idea de lo que se esconde detrás
del término ”izquierda”, y los demagogos pueden manipularlos fácilmente.
D.V.: ¿Qué diría
usted a los lectores cubanos de esta entrevista?
Todas las experiencias son
distintas. No existe un modelo de transición universal. Cada país y sus
ciudadanos deben buscar su propio camino. Sin embargo, hay que recordar
que el ser humano tiene la potencialidad para cambiar él mismo y cambiar
su entorno. Tiene poder para librarse del miedo. En este contexto, es
muy importante la educación y responsabilidad cívicas.
¿Qué más diría? ¡Que no
pierdan la fe!, que piensen en las actividades cívicas, que no duden de
que a su patria le espera una gran redefinición y que se incorporen
cuando haya oportunidad para incorporarse.
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