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Editorial

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Cuando yo vuelva a Cuba

PEDRO PABLO ALVAREZ:
“Fue desgarrador no poder quedarme en Cuba...”

Disidentes en la Isla apoyan la decisión de sus compañeros

Un día de Reyes
Por: René Gómez Manzano
Periodista independiente
La Habana, Cuba
Enero de 2008

Nota de dolor
Con profunda consternación hemos recibido la noticia del fallecimiento del Sr. Alejandro Payá Martín, padre de nuestro compañero de lucha Oswaldo Payá Sardiñas, ocurrida en la Ciudad de La Habana, Cuba, el día 20 de enero de 2008.

Silvio Rodríguez contra
prohibiciones en Cuba

Exige que se permita a isleños alojarse en hoteles y abolir permisos para viajar al exterior
Por: Gerardo Arreol

Los Cubanos Alzan la Voz
Varias asambleas de trabajadores terminan con críticas a la autoridad
Por: Mauricio Vicent
La Habana, 1º Febrero 2008

La vida de nosotros
Por:Oscar Espinosa Chepe
Economista y Periodista Independiente

¿Qué acontecerá en Cuba cuando muera el Dictador Fidel Castro?
Ciudad de la Eterna Primavera, 28 de enero 2008
Por: Pablo Felipe Pérez Goyry
Analista y Periodista Independiente
Miembro del Instituto Nacional de
Periodismo Latinoamericano

Mensaje del Comandante en Jefe

Inocencia
Daniel Escalona Martínez
Prisionero Político Cubano

Monumento en homenaje a
JUAN PABLO II en Cuba

LA HABANA,18 (ANSA)

2008: El año de la verdad en Cuba
Tras medio siglo de revolución y 17 meses de enfermedad de Castro, arrecian las voces contra las inercias del sistema.
Pero las reformas no llegan
Por: Mauricio Vicent
La Habana, 1º diciembre 2007

LAS FALSEDADES DE ARMANDO
Por: Tania Díaz Castro
La Habana, Cuba

El 50 por ciento de la tierra
en
Cuba está sin cultivar
VARIAS PERSONAS compran alimentos en una feria organizada en el Paseo del Prado en La Habana.
Por: Alejandro Ernesto - EFE
La Habana, Cuba.

El médico cubano, preso de conciencia,
Dr. José Luis García Paneque,
sufre de profusos sangramientos

NUESTRA RISA CRIOLLA
Por: Tania Díaz Castro
La Habana, Cuba
 

CUBA SE DERRUMBA
Por: Carlos Serpa Maceira
Corresponsal de La Habana, Cuba
05 de Febrero de 2008

CUBA 2008: ENTRE ESPERANZAS E INCERTIDUMBRES
Por: Oscar Espinosa Chepe
Economista y Periodista Independiente

Tata Güines, Leyenda cubana de la percusión
Por: Raúl Fernández Rivero

COMUNICADO STC 
LIBERACIÓN DE
PEDRO PABLO ÁLVAREZ RAMOS

 

Por: René Gómez Manzano
Periodista independiente
La Habana, Cuba
Enero de 2008

 

 

 

Hace unas horas celebramos un nuevo Día de los Reyes Magos. Los de mayor edad hemos recordado la ilusionada canica que cada niño cubano escribía, casi siempre bajo la dirección de los padres, que sabiamente señalaban las omisiones de las que adolecía el rudimentario escrito y con dulzura trataban de disuadir al autor de formular las peticiones más ambiciosas o excesivas. Unos días más tarde eran las grandes sorpresas bajo el arbolito de navidad, en donde -pese a todo-- nunca faltaba algún desengaño, rápidamente olvidado en medio de la plétora de juguetes, regalos y alegría.

Y no se diga que se trataba de una fiesta de ricos, porque había para todos los presupuestos. En medio de la profusión de "arfarnos" y aguinaldos (que en algunas compañías privadas equivalían a un doble o triple sueldo), el dinero circulaba e iba alcanzando hasta a los estratos más marginados de la sociedad. Había incluso, para los más humildes, distribuciones gratuitas de juguetes, en las que nunca faltaba la Primera Dama perennemente embarazada.

A poco del triunfo de la revolución castrista, las cosas empezaron a cambiar. Desde luego que las doctrinas ateas del materialismo histórico no son campo propicio para leyendas de magos del Oriente que acuden a adorar al Niño Dios en un humilde pesebre. No faltaron maestros que se encargaran de revelar a sus alumnos la inexistencia de los míticos personajes y explicitar el verdadero origen de los juguetes aparecidos por aparente milagro.

En nombre de la Revolución, el marxismo y la dialéctica, arrebataron a nuestros niños esa ilusión. E imagino que los que lo hicieron pensarían haber hecho una acción digna de loa. ¿Para qué mantener la ficción de esa quimera, cuando en apenas unos cinco o a lo sumo diez años esos niños podrían ver con sus propios ojos las maravillas de un país industrializado, próspero, libre y feliz, capaz de producir más queso que Francia y más leche que Holanda.

Pese a todo, durante algunos años se mantuvo la venta de juguetes por los días finales de diciembre y los comienzos de enero. Hasta que, un mal día, quien podía tomar una decisión como ésa decidió sustituir el Día de Reyes por la celebración del asalto al Cuartel Moncada. ¡Menudo cambio el realizado por los revolucionarios cubanos! ¡La dulce fábula de Melchor, Gaspar y Baltasar reemplazada por la historia de hombres de pistola y metralleta, por la matanza entre compatriotas y por el consabido reguero de cadáveres en la capital oriental.

Andando el tiempo, un ministro que recibió la muy ingrata tarea de repartir la miseria tuvo la peregrina idea de hacerlo distribuyendo los juguetes disponibles mediante turnos asignados por teléfono: Alexander G. Bell al servicio de la planificación, los modernos medios de comunicación como instrumento del racionamiento marxista-lennista. El personaje tenía nombre celestial y apellido gentilicio, pero el pueblo cubano, con su portentosa capacidad para la mofa, lo bautizó simplemente como "Serafin Rin Rin".

Viene al caso rememorar a este personaje, víctima desde hace años del ostracismo comunista, por su obra maestra, que fue el intento de emplear ese moderno medio para repartir los juguetes, que por aquellas fechas todavía recibían nuestros niños a través de la tristemente célebre e increíblemente longeva "libreta de abastecimientos". Ese día ni un sólo teléfono quedó olvidado: los padres que carecían de ese servicio -la gran mayoría acudieron a centros de trabajo, casas de vecinos sin hijos o lugares públicos. A la hora señalada, prácticamente todos los auriculares fueron levantados simultáneamente.

Los hechos, testarudos, se negaron a aceptar las seguridades brindadas públicamente por el encumbrado funcionario de que el servicio continuaría funcionando sin dificultades, y que cada familia, sin necesidad de hacer una larga cola más, obtendría cómodamente, más temprano que tarde, el turno necesario para adquirir sus juguetes. En la práctica sucedió lo que temía la mayor parte de la población: el obsoleto sistema telefónico, depauperado tras lustros de incuria comunista, no fue capaz de resistir la descomunal sobrecarga y el tono de discar desapareció enseguida.

Pese a la desaparición de ese servicio, comenzaron a difundirse, los más inesperados rumores: en los barrios periféricos se hablaba de que la única posibilidad de éxito era hacer el intento en el centro de la ciudad, pero en éste se decía exactamente lo contrario. Cuanto más apartada y marginal era una barriada, cuanto más lejos se encontrara de un ciudadano específico, tanto más real le parecía a éste la perspectiva de que fuera cierta la especie echada a rodar.

En definitiva, se vio el insólito espectáculo de padres desesperados que a altas horas de la noche, a pie, en guaguas de confronta o en vehículos particulares fletados al efecto, se trasladaban a los vecindarios más distantes con la vana esperanza de obtener allí el codiciado turno. Todos quedaron burlados. Fue un fiasco -uno más- de la exclusiva autoría de los bolcheviques tropicales.

Pero esa lejana y triste anécdota, que tal vez parezca una fabulación a quien no la haya sufrido en su propia carne, fue ampliamente superada por los acontecimientos. En aquellos tiempos se repartieron los turnos y cada niño obtuvo un juguete básico y uno adicional. Todos igualados en la pobreza. Todos recibiendo lo muy poco que en otros tiempos obtenían únicamente los más humildes.

Con el paso de los años, ese sueño se esfumó, y los hijos de quien no tenga "fe" (familia en el exterior), ni cuente con alguna otra vía de acceso a la codiciada "moneda del enemigo", tendrán que quedarse sin juguetes.

En esto, los jerarcas comunistas se han comportado como el clásico perro del hortelano, no se limitaron a no suministrar esos artículos a los niños cubanos de forma asequible, sino que persiguieron a quienes sí lo han hecho, al extremo de que ha habido casos de disidentes encarcelados por ese motivo. Hace algunos años, convirtieron en un grave incidente diplomático la ocurrencia de algunos funcionarios españoles de salir a la calle disfrazados de Melchor, Gaspar y Baltasar para repartir regalos a los chiquillos del barrio.

En la triste Cuba de hoy, la celebración de ese día, otrora tan señalado, ha quedado reservado a las iglesias, en las que pueden verse los bonitos nacimientos, y a una humilde casita de la calle Neptuno, en la que las dignas Damas de Blanco, con el generoso apoyo de compatriotas exiliados, organizaron una hermosa fiesta para los hijos de los presos políticos, a los que dieron juguetes, golosinas, un poco de alegría y -sobre todo- mucho amor.

¡Una vez más ha correspondido a esas mujeres admirables encarnar las más puras tradiciones de la cubanidad!

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