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CUBA 2008: ENTRE ESPERANZAS E
INCERTIDUMBRES
Por: Oscar
Espinosa Chepe
Economista y Periodista Independiente
La Habana, 28 de Diciembre de 2007.
El comienzo del nuevo año abre
grandes esperanzas de progreso para
el pueblo cubano
Esto se basa en lo expresado
por el General Raúl Castro el pasado 26 de julio, cuando reconoció la
gravedad de la situación económico-social imperante, con salarios
insuficientes y una agricultura en estado calamitoso; refiriéndose,
además, al posible inicio de cambios estructurales y de conceptos en la
economía cubana.
Ese discurso se debatió
posteriormente en las organizaciones de base del Partido Comunista y
otras organizaciones, donde según ha sido informado se hicieron más de
un millón de planteamientos de cambios y críticas.
Paralelamente, en los
últimos meses, muchos intelectuales, incluidos algunos con fuertes
vínculos oficiales, han reconocido la necesidad de ejecutar los cambios,
llegándose a subrayar el indisoluble nexo existente entre los conceptos
de socialismo y democracia, a la vez de señalar la necesidad de promover
una cultura del debate en un marco responsable y civilizado, donde todos
los ciudadanos tengan la oportunidad de formular sus ideas sin
cortapisas.
A ello se refirió también
Raúl Castro durante su visita a Santiago de Cuba, a mediados de
diciembre, pero recalcando que las opiniones deben ser expresadas de
forma adecuada en el lugar y momento oportuno, lo cual muestra la
intención de que no se salgan de los cauces fijados.
Desde los puntos de vista
económico, social, demográfico y de valores humanos, la acumulación de
problemas ha llegado a un nivel insostenible en la sociedad cubana. Si
no ha estallado ha sido por la aparición de un nuevo patronato, esta vez
procedente de Venezuela que con sus petrodólares la ha apuntalado;
situación que en modo alguno es segura por sustentarse
en una coyuntura de altos
precios del petróleo, una materia prima básica, y de un hecho político
acontecido por la ascensión al poder del Teniente Coronel Hugo Chávez.
Factores, ambos, no totalmente fiables como lo apunta la experiencia del
referendo efectuado a principios de diciembre en ese país.
Por otra parte, en Cuba con
el mito máximo de la revolución seriamente enfermo y una población
agotada de escuchar falsas promesas y de un socialismo inexistente, el
consenso político se ha resquebrajado, lo cual se aprecia en cualquier
esquina por los comentarios de desaliento y ausencia de fe en el futuro
de un sistema disfuncional.
Evidentemente, los cambios
son imprescindibles para liberar las reprimidas potencialidades
económicas del país, a fin de permitir la elevación del nivel de vida de
la población y terminar la prolongada crisis polifacética imperante
desde hace muchos años.
Por todo ello, las
manifestaciones del General Raúl Castro y de intelectuales vinculados al
Gobierno, así como artículos publicados en la prensa oficial cubana con
opiniones sobre la necesidad de resolver ingentes problemas, han
estimulado esperanzas entre la población de que en el 2008 se inicien
cambios graduales en la economía y la sociedad cubana en general, que
enrumben el país hacia el progreso y lo saquen del actual marasmo.
No obstante el cauteloso
optimismo sobre futuras transformaciones, también existen signos
contradictorios que podrían indicar la resistencia de algunos elementos
dentro del Gobierno y el Partido Comunista a los cambios para preservar
el poder absoluto mantenido por decenios. La forma como se han preparado
las elecciones del Poder Popular es idéntica a la utilizada en los
anteriores procesos, caracterizados por mecanismos absolutamente
antidemocráticos, donde no hay verdadera selección sino la imposición de
candidatos.
Al mismo tiempo, los
prisioneros de conciencia y políticos pacíficos continúan en las
cárceles en condiciones inhumanas, a pesar de que los planteamientos de
Raúl Castro son similares a los formulados por ellos durante muchos
años. En adición, los medios continúan sus campañas de calumnias contra
los defensores de los derechos humanos y la democracia en Cuba. Los
inmensos aparatos represivos siguen persiguiendo a los disidentes
pacíficos, y listos para acometer una nueva asonada de alto vuelo. Todo
ello contradice los anunciados debates e intercambios libres de ideas
anunciados.
Debe subrayarse que la
dirección provisional del gobierno con sus anuncios de posibles cambios
ha creado una gran expectativa en la sociedad, que espera medidas
liberadoras de la asfixia existente, pero si este proceso no se
materializa en hechos concretos y efectivos devendría en un nuevo
engaño.
La frustración resultante
sería inmensa y con consecuencias impredecibles, teniendo en cuenta que
el clima político se ha transformado radicalmente. Si las fuerzas
inmovilistas y conservadoras logran nuevamente paralizar el proceso de
cambio, la respuesta popular puede ser insospechada y conducir a la
desestabilización del país. Un escenario indeseado por todo aquel que se
sienta responsable por su destino.
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