La democracia en el pensamiento
de José Martí

Conferencia pronunciada por Dagoberto Valdés
en el Instituto "Pérez Serantes" de Santiago de Cuba
el 11 de Octubre de 2003

Instituto Pastoral “Enrique Pérez Serantes”
Arquidiócesis de Santiago de Cuba

LA DEMOCRACIA EN EL PENSAMIENTO DE JOSÉ MARTÍ

Dagoberto Valdés Hernández

SUMARIO

 1.      Introducción.

2.      Conceptos generales de la democracia en el pensamiento de Martí.

3.      La democracia como el mejor proyecto político para Cuba.

4.      Democracia y política.

5.      Democracia y partidos políticos.

6.      Democracia y derechos humanos.

7.      Democracia, amor y reconciliación.

8.      Elecciones y limitaciones de la democracia.

9.      Conclusiones: Educar para la libertad y trabajar por la democracia de Varela y de Martí


1. INTRODUCCIÓN. 

Estamos en tiempos fundacionales. No son los tiempos de la primera fundación, aquella que edificaron, desde la raíz del alma nacional, Varela y Martí. 

Son los tiempos de refundar que es lo mismo que reconstruir la nación volviendo a sus raíces porque el tronco y las ramas, las flores y los frutos se han secado de tal forma que, sin llegar al extremo, parece que sólo se puede renacer desde abajo, desde el cimiento, desde las bases: desde las bases históricas de Varela y de Martí con tantos otros... y desde las bases sociales de hoy, para labrar “un porvenir en que quepamos todos”[1], que es la única forma nueva de “hacer para arriba obra noble y perdurable”[2] 

Es por esto que también agradezco al Instituto “Pérez Serantes” de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba el haber escogido este medular tema de “La democracia en el pensamiento de José Martí”. Memoria y proyecto que une la raíz y el fruto, el pasado inspirador y el futuro que deseamos y construimos para Cuba que sufre: Martí y la democracia. 

Y lo hacemos desde un presente que, lamentablemente, se parece en algo a aquel que describía Martí en el Manifiesto del Partido Revolucionario Cubano publicado en “Patria” el 27 de Mayo de 1893: 

Se cae la patria a pedazos. Fatigado el espíritu, y sin salida visible a tanta angustia, llega el cubano, sólo en su vergüenza, o satisfecho en la contemplación de su virtud inactiva, a oír indiferente el clamor de su alma propia... la Isla desvalida parece a punto de abandonar su porvenir a la revuelta sin concierto o a las tinieblas de la nada.[3] 

Por eso, si queremos ser de los que “aman y construyen” debemos escuchar el clamor del alma propia y del alma de la nación que sufre. Que la fatiga del espíritu no nos desanime que la angustia no conduzca al abandono del porvenir. Y mucho menos nos paralice ante la más leve probabilidad de abandonarnos “a la revuelta sin concierto o a las tinieblas de la nada”.  

La indiferencia ante el presente, y el abandono de nuestra propia responsabilidad son el camino seguro hacia ningún lugar y hacia el caos. El Padre Varela lo anunciaba hace más de 150 años: “El pecado político universal en aquella Isla es la indiferencia... los pueblos, lo mismo que los hombres, exasperados, se entregan a la indolencia cuando llegan a figurarse que es inútil la actividad... ¿Quién podrá ver sin lágrimas el carácter frívolo e irreflexivo, superficial, pueril y ridículo... que adquiere un pueblo dominado por la superstición?” [4] 

La renuncia a los propios derechos y al empeño de animar nuevos proyectos es también en el padre Varela, profético anticipo de lo que vivió Martí y vivimos nosotros hoy. Este fragmento de las Cartas a Elpidio, Carta Magna de la eticidad cubana, conserva toda su vigencia: “!Ah, qué profundas son las heridas que causan en el cuerpo social las emponzoñadas garras del monstruo de la impiedad! Extinguidos o aminorados los sentimientos religiosos y no hallando consuelo alguno sobre la tierra, se entregan los ánimos a una lamentable indolencia, o a una desesperación espantosa, dase de mano a todos los proyectos y parece que los pueblos renuncian a toda tentativa de prosperidad.”[5]    

Inseparables en nuestra memoria histórica y en la fuente de inspiración para leer el presente, Varela y Martí nos hablan con voces concertadas y vigentes. Antes de presentar el proyecto martiano para la República naciente parece necesario esta mirada a la realidad que vivimos y a la necesidad que sentimos de un cambio pacífico hacia la democracia desde nuestras propias raíces. 

Mencionamos las debilidades fundamentales del talante de nuestro pueblo, superficialidad, irreflexión, indiferencia... Pero debemos también mencionar las “fortalezas” en las que se sostiene un régimen que se vale de aquellas debilidades para alargar la inercia y posponer el cambio. Dejo a Martí la palabra para que al describir la situación que vivió en su tiempo podamos encontrar con ella nuestras semejanzas y diferencias: 

“En lo único en que España nos muestra su superioridad es en su aptitud para dominarnos; aunque ésta no depende tanto de que nos sea de veras superior, cuanto de aquella ley natural que ordena el reposo como descanso de la fatiga y preparación para ella. Y en otra cosa está su superioridad patente, y es en la habilidad con que, distrayéndonos de nuestro verdadero interés con libertades nominales, fomenta con éxito visible la debilidad y la desunión... y permite al vicio toda la soltura que niega al derecho y corrompiéndonos con la delación, la miseria y el trato íntimo con una población de empleados jugadores y criminales consentidos, de modo que ya no es posible pensar en las ciudades que debieran ser nuestro orgullo, sin que nos vele el rostro la vergüenza... y en nuestro propio suelo nos hace contraer los vicios de la política, como medio eficaz de que jamás recobremos la virilidad necesaria para ejercitar de nuevo sus virtudes.” [6]    

Tomar conciencia de nuestras debilidades y fortalezas es sólo el primer paso para no ser ingenuos ni superficiales, es duro constatar la realidad en su cruda desnudez pero este ejercicio puede servir, por lo menos para salir de la pasividad y la indiferencia. Los cubanos, pero especialmente, y sin excusas, los católicos, debemos escuchar y reaccionar ante estas vehementes palabras del Papa Juan Pablo II en el Santuario a San Lázaro en el Rincón cuando junto al mundo del dolor, dirigió a todos esta apremiante llamada que, cinco años después, adquiere sonoridades aún más dramáticas: 

“...cuando sufre una persona en su alma, o cuando sufre el alma de una nación, ese dolor debe convocar a la solidaridad, a la justicia, a la construcción de la civilización de la verdad y del amor. Un signo elocuente de esa voluntad de amor ante el dolor y la muerte, ante la cárcel o la soledad, ante las divisiones familiares forzadas o la emigración que separa a las familias, debe ser que cada organismo social, cada institución pública, así como todas las personas que tienen responsabilidades en este campo de la salud, de la atención a los necesitados y de la reeducación de los presos, respete y haga respetar los derechos de los enfermos, los marginados, los detenidos y sus familiares, en definitiva, los derechos de todo hombre que sufre... La indiferencia ante el sufrimiento humano, la pasividad ante las causas que provocan las penas de este mundo, los remedios coyunturales que no conducen a sanar en profundidad las heridas de las personas y de los pueblos, son faltas graves de omisión, ante las cuales todo hombre de buena voluntad debe convertirse y escuchar el grito de los que sufren.”[7]

 Respondiendo a esta convocación “a la solidaridad, a la justicia y a la construcción de la civilización de la verdad y el amor” es que intentaré reflexionar con ustedes sobre  el proyecto de República democrática y participativa que diseñó Martí para todos los cubanos.

 Otear el futuro, sin quedarse en la queja estéril del presente, beber del pozo de nuestra nacionalidad y ser fieles a la herencia de Varela y de Martí es otra manera de “convertirse y  escuchar el grito de los que sufren”.

  

2. CONCEPTOS GENERALES DE LA DEMOCRACIA EN EL PENSAMIENTO DE JOSÉ MARTÍ.

 - El cauce.

 Para construir una nueva democracia es necesario dar cauce y sentido a las fuerzas soberanas de cada ciudadano y de cada grupo social antes que al caer el muro que represaba su libertad y sus iniciativas, viniera con esa pujanza de cambio desenfrenado a destruir aquello que haya podido quedar en pie y a corromper aquello que aún estaba limpio. Es necesario preparar el cambio que es: prepararnos cada cubano para encauzar nuestros anhelos sin libertinajes ni individualismos, sin exclusiones ni relativismos éticos. Y también es preparar el alma del país para que las aguas desbordadas del caos, la violencia organizada y la indiferencia política no sean los signos del futuro.

 Así lo preveía Martí: “Si al desmoronarse, como valla floja que es, la política de represa, no tenía el agua rota cauce por donde echar la nueva pujanza, vana habría sido la labor sutil, por pobreza incurable de los materiales de trabajo, o por desidia o incapacidad de los trabajadores.”[8]

 Así pues es necesario dar cauce y sentido antes que caiga el muro de contención y el primer cauce debe ser encontrar “el alma del cambio”, es decir, el espíritu, la intención profunda, la mística con que queremos y debemos hacer el cambio. Cambio sin alma es revuelta. Cambio sin alma es violencia y caos informe. Desde los arcanos tiempos del Génesis así lo intuía el autor sagrado en los dos primeros versículos de la Biblia: “Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe y sobre la faz del abismo, la tiniebla. Pero el aliento de Dios se cernía sobre las aguas...” [9]

 

- El alma.

 Sin el “aliento” de vida, sin el Espíritu Creador, no se hubiera hecho la luz, y el caos no se hubiera convertido en cosmos, equilibrado, creciente, pujante y ordenado camino desde el Alfa hasta el Omega, desde lo más simple de la vida hasta su total humanización, lo que para los cristianos significa desde el primer hálito hasta la total cristificación, lo que a su vez significa pasar de la muerte a la vida plena, del pecado a la Gracia, del desorden a la convivencia, del odio al amor. Esta es el alma del mundo desde una visión cristiana. Así describe Martí “el alma del cambio” que él soñó y organizó para Cuba:

 “Franca y posible, la revolución tiene hoy la fuerza de todos los hombres previsores del señorío útil y da la mano cultivada, de generales y abogados, de tabaqueros y guajiros, de médicos y comerciantes, de amos y de libertos. Triunfará con esa alma, y perecerá sin ella. Esa esperanza, justa y serena es el alma de la revolución. Con equidad para todos los derechos, con piedad para todas las ofensas, con vigilancia contra todas las zapas, con fidelidad al alma rebelde y esperanzada que la inspira, la revolución no tiene enemigos... Conocemos el terreno en que andamos. Nos sacarán a salvo por él la lealtad a la patria que en nosotros ha puesto su esperanza de libertad y de orden, -y la indulgencia vigilante para los que han demostrado ser incapaces de dar a la rebelión de su patria energía y orden. Sea nuestro lema: libertad sin ira.”[10]

 De este modo el primer concepto sobre la democracia en Martí es que la democracia tiene un alma; es que los cambios, el  tránsito, el camino y la meta que es la libertad deben tener un alma, es decir, un aliento espiritual cuyos frutos y signos son la equidad, la piedad, la vigilancia, la fidelidad, la indulgencia, en fin, la esperanza justa y serena y la libertad sin ira y sin enemigos.

 La historia después de Martí nos ha demostrado, no sin un costo excesivamente doloroso, que cuando las revoluciones no tienen un alma como esta “perecen sin ella” como dijo el Apóstol.

 - La soberanía

 Otro de los conceptos generales que cimienta el nuevo proyecto democrático de Martí es que la nación es dueña de la Patria y no un grupo de la nación. La nación es la comunidad de personas nacidas en un mismo suelo, con una misma cultura, con las mismas raíces históricas y un mismo proyecto de vida comunitaria. La soberanía reside en el pueblo. En toda la comunidad nacional y no puede ni debe ser propiedad de personas o grupos sin grave perjuicio para la República. La patria es de todos, es obvio decirlo, pero se hace necesario cuando algunos de sus hijos se arrogan el derecho de propiedad en exclusiva.

 Así dice Martí: “La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. Y no feudo ni capellanía de nadie y las cosas públicas en que un grupo o partido de cubanos ponga las manos con el mismo derecho indiscutible con que nosotros las ponemos, no son suyas sólo... sino tan nuestras como suyas.”[11] 

 - La ley.

 En lo más alto de sus conceptos y valores, en la cima de su espiritualidad y de su praxis, puso José Martí al amor.

 Para el Apóstol en todas las esferas de la vida “es el amor quien ve”. De modo que podemos decir que la República y la democracia que fraguó y luchó se asentaban en esta suprema virtud cristiana que le dio al alma de su obra redentora un carácter magnánimo y reconciliador.

 Esta grandeza de alma y de la ley no podía perderse tampoco en la vida política. Así se preguntaba el Maestro: “¿Somos nosotros?, se decían aquellos hombres... felicitándose de hallarse tan grandes, con el poder de la tempestad en la mano y la limpieza del cielo en la conciencia. ¿Y consentiremos en que tanta grandeza venga a ser inútil, y estériles la unión milagrosa... si no se curan a tiempo, a la patria que puede levantarse, hábil y pura a la vez, con la potencia unificadora del amor, que es la ley de la política... sobre las ruinas, porque no son más que ruinas, que mantiene como con restos de energía la política temible en que la flojedad meticulosa y soberbia compite en vano con el empuje combinado de la codicia y el odio?” [12]

Sobre esta potencia unificadora del amor es que se levantará la democracia y la república en el pensamiento y la acción martianos. Estos presupuestos generales siguen siendo hoy antesala y condición para la transición y la refundación de la nación cubana.

 

3. LA DEMOCRACIA COMO EL MEJOR PROYECTO PARA CUBA.

 José Martí logró diseñar para Cuba un proyecto de República democrática cuyos rasgos fundamentales podemos encontrar en muchos de sus documentos entre los cuales se deben destacar: Las Bases y Estatutos del Partido Revolucionario Cubano (1891), el Manifiesto de Montecristi, en sus discursos políticos y en casi todos sus escritos sobre Cuba y su futuro.

 Ese trabajo fundacional es considerado por Martí con exquisito tacto: “Con ese cuidado escrupuloso vivimos; todos esos problemas conocemos; nos ocupamos firmemente, no en llevar a nuestra tierra invasiones ciegas, ni capitanías militares, ni arrogancias de partido vencedor, sino en amasar la levadura de república que hará falta mañana, que tal vez hará falta muy pronto, a un país cuya independencia parece inmediata, pero que está compuesto de elementos tan varios, tan suspicaces, de amalgama tan difícil, que los choques que ya se vislumbran... sólo pueden evitarse con el exquisito tacto político que viene de la majestad del desinterés y de la soberanía del amor.”[13]

Este tacto político es de importancia crucial, también en los tiempos que vivimos en Cuba hoy, en que la amalgama del consenso se hace tan difícil que requiere mucho desinterés y generosidad personales, mucha apertura y búsqueda de consensos entre los partidos y grupos de la sociedad civil, pero sobre todo, debemos dejarnos guiar por la “soberanía del amor”.

 Este mandato de amor se concreta en las Bases del PRC especialmente en el Artículo 4to. que dice textualmente:

 “El Partido Revolucionario Cubano no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o con alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las nuevas fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud.” [14] 

De modo que el proyecto de democracia que propone Martí se funda en:

  • el ejercicio de las capacidades legítimas del hombre, poniendo a la persona del ciudadano como el primer protagonista de la democracia.
      

  • el orden del trabajo real, porque sabe muy bien que sin trabajo real y eficaz no hay país ni democracia verdaderas. El trabajo es la auténtica fuente de progreso y desarrollo.
      

  • el equilibrio de las nuevas fuerzas sociales, teniendo en cuenta que todas las fuerzas que conforman la sociedad civil deben ser tratadas con justicia y deben encontrar sus correspondientes espacios de libertad, participación y solidaridad en la organización democrática de la nación. Sin el equilibrio de las fuerzas de la sociedad civil no hay verdadera democracia participativa.

Ya lo había expresado de otro modo, pero con la misma esencia en las Resoluciones aprobadas por la emigración cubana de Tampa el 28 de Noviembre de 1891:

“...no ha de desconocerse las necesidades prácticas derivadas de la constitución e historia del país, ni ha de trabajar directamente por el predominio actual o venidero de clase alguna; sino por la agrupación, conforme a métodos democráticos, de todas las fuerzas vivas de la patria; por la hermandad y acción común de los cubanos residentes en el extranjero; por el respeto y auxilio de las repúblicas del mundo, y por la creación de una República justa y abierta, una en el territorio, en el derecho, en el trabajo y en la cordialidad, levantada con todos y para el bien de todos.” [15]

He aquí el perfil de la República democrática martiana:

  • Partir de la historia, la cultura y las necesidades del país.
     

  • Exclusión de la lucha de clases y del predominio de una de ellas.
     

  • La agrupación y participación de todas las fuerzas vivas con métodos democráticos.
     

  • La hermandad con los cubanos de la diáspora.
     

  • La interdependencia (respeto y ayuda) de las demás naciones.
     

  • La creación de una Republica cuyos pilares sean:

    • la justicia.

    • la apertura.

    • el territorio.

    • el derecho.

    • el trabajo.

    • la cordialidad.

Deseo destacar que en esta definición se marcan tres valores recurrentes en el proyecto democrático de Martí: la cordialidad, la inclusión de todos y el bien común para todos, sintetizadas en la muy conocida frase que aún no ha sido inscrita alrededor de la estrella solitaria o como lema en nuestro escudo nacional como lo pidiera el mismo Apóstol, quien calificó a esta frase de “con todos y para el bien de todos” como la “fórmula del amor triunfante.”[16]

En el Manifiesto de Montecristi, la más trascendental exposición política de nuestras luchas por la independencia, Martí aclaraba: “Desde sus raíces se ha de construir la Patria con formas viables, y de sí propias nacidas, de modo que un gobierno sin realidad ni sanción no la conduzca a las parcialidades o a la tiranía.” [17]  

 

5. DEMOCRACIA Y POLÍTICA

En la memoria histórica del pueblo cubano hay un componente de rechazo a la política como “algo sucio” de lo que hay que huir. Es la experiencia de los malos políticos, de las incoherencias en los programas políticos que han prometido y no han cumplido, y de otros males que abordaremos más adelante como limitaciones y corrupción de las democracias.

Es por ello que surge como una necesidad primaria para una transición democrática en Cuba, renovar el concepto de política, volver a las fuentes más cristalinas de ella y aprender a discernir en cada caso y no contribuir a generalizar el mal criterio sobre la política que solamente ayuda a los que desean que nada cambie.

El 19 de Marzo de 1892 Martí publicaba en el periódico “Patria” estos preclaros conceptos:

“La política es el deber de un hijo que el hombre cumple con el seno de la madre; la política es el arte de hacer felices a los hombres”  [18]

Y a continuación, en ese mismo artículo, que deberíamos publicar íntegro todas las publicaciones cubanas, o por lo menos todas las católicas pues tiene escasamente una cuartilla, pero define en sí todo lo esencial del tema, escuchemos a Martí y apliquemos a nuestro tiempo esta paradigmática lección de educación cívica:

“Esa frase se ha de recordar, ahora que un espionaje sutil, comprendiendo que el peligro mayor de la dominación española está en la buena política revolucionaria, fomenta en nuestros reformadores generosos y en nuestras casas de trabajo el odio a la política.” [19] 

Y a renglón seguido viene la definición martiana de política y el panorama diverso y sintético de los tipos de gobierno:

“Política es el estudio de los diversos métodos de vida en común que ha discernido o pueda discernir el hombre. La aristocracia es una política, y la democracia otra. El czarismo es política y es política la anarquía, que en mucho corazón ferviente es el título de moda de la aspiración santa y confusa a la justicia... los hombres que desean sinceramente una condición superior para el linaje humano no pueden ser cómplices de la política de policía que anda predicando el desdén de la política; el deber de procurar el bien mayor de un grupo de hijos del país, no puede ser superior al deber de procurar el bien de todos los hijos del país.” [20]      

He aquí la diferencia entre política en sentido amplio y la política partidista. La primera, según Martí, es “el estudio de los diversos métodos de vida en común”, el deseo sincero de “una condición superior para el linaje humano” y “el deber de procurar el bien de todos los hijos del país”. Es decir, la búsqueda del bien común por encima de los intereses de las partes. La segunda es el “deber de procurar el bien mayor de un grupo de hijos del país”. Martí no rechaza este tipo de política, al contrario, pero deja claro la escala de valores. La política partidista no puede colocarse por encima de la política cívica, es decir, de la búsqueda del bien común entre todos.

No habrá verdadera democracia sin demócratas, es decir, sin personas cívicas, sin ciudadanos que se preparen para esas formas de vida en común, unos con una vocación en la política partidista y otros con una vocación en la animación en el resto de la sociedad civil. Nadie debería desacreditar o desertar de alguna de estas dos formas de vivir en sociedad, porque sería consentir o promover un estilo de vida individualista y egocéntrica que no permite el desarrollo pleno de las capacidades humanas y sus dimensiones trascendentes.

No podemos y no debemos desertar de la política en sentido amplio, ni de la otra, aquellos que se sientan llamados a ella. Así lo expresa Martí con su impresionante pasión por Cuba:

“Cuando la política tiene por objeto salvar para la virtud y para la felicidad un pueblo de seres humanos que la opresión pudre en el vicio y el hambre lanza al crimen, cuando la política tiene por objeto salvar aquel pueblo, raíz principal de la vida, donde los seres humanos que se envilecen sutilmente... son nuestro hijo o nuestra hija, sólo puede desertar de la política los que deserten de sus propios hijos.” [21] 

Cada uno de nosotros, ha experimentado en carne propia esa opresión que pudre en el vicio y esa hambre que lanza al crimen. ¿Qué es si no en Cuba aquello que el pueblo llama “jineterismo”, o el alcoholismo, o las drogas, o el suicidio, sino vicios con los que, sabiéndolo o no, intentan muchos hijos de Cuba escapar de la opresión totalitaria por la puerta falsa del vicio? Y ¿qué es si no en la Cuba de hoy llamarle al robo “resolver” para poder paliar cada día la lucha por la subsistencia que el hambre, las necesidades de todo tipo y la angustia de tener que alimentar a los hijos cada día, lanza aún a los mejores ciudadanos a vivir en una vida marcada por la ilegalidad que es, como todos sabemos un crimen civil y un método autoritario para poder controlar a los que obliga a delinquir la ley natural e insoslayable de la supervivencia?

Si de verdad queremos abordar el pensamiento profundo de José Martí con relación a la democracia, no podemos soslayar este concepto de la política que en la democracia significa participación de todos en igualdad de derechos y oportunidades. Participación que define el tipo de democracia, que define su esencia y sus métodos. Participación de lo que no debemos y no podemos desertar sin cometer “un grave pecado de omisión” como decía el Papa en el Rincón.

Participación política, sin la cual no hay democracia, tanto en el pensamiento martiano como en el pensamiento más solemne y normativo de la Iglesia como es el Concilio Vaticano II que me permito citar para que a los católicos no nos quepa la menor duda en tiempos de confusión, escapismos y religiosidad pietista o angelical:

“ Hay que procurar celosamente la educación cívica y política que en nuestros días es particularmente necesaria... a fin de que todos los ciudadanos puedan desempeñar su misión en la vida de la comunidad política. Los que son, o pueden llegar a ser, capaces de ejercer un arte tan difícil, pero a la vez tan noble, cual es la política prepárense para ella  no rehúsen dedicarse a la misma dejando el propio interés y las ventajas materiales. Luchen contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo, sea de un hombre o de un partido, obren con integridad y prudencia, y conságrense al servicio de todos con sinceridad y rectitud, más aún, con amor y fortaleza política.” [22]

He aquí una feliz coincidencia entre el pensamiento martiano sobre la democracia y la participación política y el magisterio supremo de la Iglesia Católica, tales son los puntos comunes que no debemos tener miedo, ni desconfiar de inculturar nuestros cursos de educación cívica y política con  esas raíces de nuestros padres fundadores como Varela y Martí. Sobrado pozo de pensamiento de inspiración cristiana tenemos los cubanos en nuestro acervo cultural. Investigarlo y ponerlo a disposición de los demás es no sólo deber para con nuestros propios hijos y comunidades sino urgencia apremiante de inculturación del Evangelio de Cristo en tiempos de refundación nacional. Si no estamos presentes en estos tiempos de modo que trasvasemos los valores del Evangelio al lenguaje, el pensamiento filosófico, político, social y cultural de nuestro tiempo, haremos como aquellos, levita y sacerdote, de la parábola del buen Samaritano, que ”dando un rodeo siguieron de largo”[23]

No seguir de largo, significa participación en la política ya sea en sentido amplio o en movimientos y partidos, de la que no debemos desertar sin desertar de nuestra grave responsabilidad con nuestros propios hijos como nos decía Martí en el párrafo que hemos citado. He aquí el abismo raigal que se ha establecido entre la mentalidad escapista de hoy y el pensamiento martiano, mientras él argumenta, precisamente, que la participación en la política es un deber para con los hijos, que sólo podrá ser dejado por “aquellos que deserten de sus propios hijos”, muchos, demasiados en Cuba, incluso de nuestras propias comunidades cristianas, nos aconsejan que dejemos nuestra participación política “porque puede perjudicar el futuro de nuestros hijos”.

Con mucho respeto a las opciones de cada cual, quisiera invitarles a una reflexión seria sobre nuestro deseo pujante de vivir en libertad, nuestros anhelos de progreso para nuestras familias, nuestras ansias de vivir en democracia y, por otro lado, nuestra actitud egoísta y temerosa de no sacrificarnos por ese proyecto. Tengo la experiencia personal y también compartida con otros padres cubanos, que lo que verdaderamente perjudica a nuestros hijos y a nuestras familias es la desidia, el abandono del campo de la participación cívica y política, pensando que “los salvamos” hoy de penas y sacrificios, evitando que vean a sus padres ser considerados como delincuentes, ser encarcelados como criminales, ser tratados como desecho de la sociedad, ser vilipendiados como mercenarios, ser calumniados como inmorales, ser difamados como cualquier cosa... creemos poder “salvarlos” de este paso martirial por nuestro propio Mar Rojo, sin darnos cuenta que sólo los que pasan por él y por las privaciones del “desierto” del camino hacia la libertad, podrán llegar a “la tierra prometida” que no está todavía en ningún lugar de este mundo, pero que puede vivirse y experimentarse ya cuando, “pasando” por los sufrimientos opresores de hoy, -todo pasa-, llegamos, incluso dentro de esa misma condición de agonía, a vivir un proceso de liberación plena, profunda, personal y comunitaria que es el único cimiento para la verdadera democracia.

Salva a sus hijos quien más se sacrifica por ellos. Los salva quien los prepara para asumir libre y responsablemente los desafíos del largo camino hacia la libertad. Se salva sólo el que asume el dolor como redención. Así lo vivió Jesús de Nazaret, así lo expresó José Martí: “El dolor alimenta, el dolor purifica, el dolor nutre, El caudal de los pueblos son sus héroes. Los hombres son como pequeños maguas que chocan y se quiebran, y de los vasos rotos surge esencia de amor que alienta al vivo. La tierra gigantesca  maravillosa, con sus bravos que caen, sus malvados que hieren, sus altos que asombran, sus tenacidades que repugnan, sus fuerzas que adelantan, y sus fuerzas que resisten, sus pasiones que vuelan, y sus apetitos que demoran; la tierra, pintoresco circo inmenso de espléndida batalla, en que reñían con su escudo de oro los siervos de la carne, y con su pecho abierto, los siervos de la luz; la tierra en una lid tempestuosa, en que los hombres, como ápices de brillantes y chispas fúlgidas, saltan, revolotean, lucen y perecen; la tierra es un mortal combate cuerpo a cuerpo, ira a ira, diente a diente, entre la ley de amor y la ley de odio. Ha vencido esta vez la ley de amor.” [24]   

De modo que la primera tarea para la democracia según Martí es preparar al país, es decir, a los ciudadanos para su participación en la política como arte y como entrega, no como banderías ni oportunismos y como remedando aquel otro pensamiento fundacional del Padre Varela dice Martí:

“Pensar es abrir surcos, levantar cimientos y dar el santo y seña de los corazones. Y este deber de  preparar y unir, que es el deber de la política en todas partes, lo era especial, por causas propias, en la política cubana... pero la política es un arte muy delicado y complejo; y la vida de un pueblo, de un pueblo que en nuestra generación se abrió ya las venas otra vez, no es cosa que ha de comprometerse en una loca corazonada, ni llevársela de arremetida, como la muchedumbre que se va detrás de los tambores; es nuestro pueblo, nuestro corazón, que no hemos de querer que nos lo engañen ni nos lo destrocen; es nuestro pueblo, el pueblo de nuestras entrañas, que no hemos de convertir, por empeño fanático, en foro de leguleyos ineptos o en hato de generales celosos, o en montón de cenizas.” [25]

El amor por el pueblo de sus entrañas impele a Martí a la exhortación a pensar a levantar desde los cimientos, a unir... para que no haya política de masas detrás de un tambor, ni política fanática que conduzca al país a las cenizas. Esta es, quizá, la mayor contribución de Varela y de Martí al proyecto de Nación y de República democrática. Esta es, quizá, la mayor urgencia y necesidad  de estos tiempos en la política cubana.

De modo que el proyecto más razonado, mejor pensado, menos alocado, más gradual y consensuado, más incluyente, menos sectario y menos fanático, más cordial y menos violento, será el proyecto o los proyectos que más se parezcan al diseño democrático de la República de Martí.

  
4. DEMOCRACIA Y PARTIDOS POLÍTICOS.

Por otro parte, Martí hace la clara distinción entre el papel de los partidos políticos en una democracia y el papel de los pueblos en ella. De modo que ningún grupo o clase social, se confunda con el pueblo soberano, lo suplante en el ejercicio de su soberanía, ni excluya a otros grupos, sean mayorías o minorías, de la participación en la vida democrática de su propio país.

En 1894 al cumplirse el tercer aniversario de la fundación del PRC, Martí aclara su concepto del rol que debe desempeñar un partido sin suplantar, ni disminuir la soberanía y los derechos de todos los grupos sociales:

“A su pueblo se ha de ajustar todo partido público, y no es la política más, o no ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un país de modo que... vivan sin choque, y en libertad de aspirar o de resistir, en la paz continua del derecho reconocido, los elementos varios que en la patria tienen título igual a la representación y la felicidad. Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, ni el empeño pueril de realizar en una agrupación humana el ideal candoroso de un espíritu celeste, ciego graduado de la universidad bamboleante de las nubes. De odio y de amor, y de más odio que amor, están hechos los pueblos; sólo que el amor como sol que es, todo lo abrasa y funde...” [26]

En varias ocasiones se ha intentado justificar la hegemonía y exclusividad de un único partido argumentar que Martí fundó un solo partido. Es, por lo menos, ingenuo pensar que un hombre puede fundar a la vez varios partidos. Lo que habría que dar a conocer qué pensaba, qué decía y qué realizaba ese hombre con relación a la democracia y el rol de los partidos. Esta cita que acabamos de mencionar es una declaración meridiana de lo que Martí pensaba sobre ello. –es muy significativo que este tema sea tan diáfanamente tratado precisamente en el tercer aniversario de la fundación del Partido de Martí.

Bastaría esa cita para convencer del criterio pluripartidista de Martí y de que ese concepto democrático no estuvo nunca reñido con el de la unidad que él fraguó, edificó y defendió con absoluto respeto a “los factores diversos y opuestos del país”. Pero debemos profundizar en el concepto de política partidista que postulaba el Maestro y que los cubanos de hoy tanto necesitamos discernir y practicar.

 
6. DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS.

En el mismo centro de ese proyecto democrático, pone Martí a la persona humana, su dignidad y sus derechos.

Así define el Apóstol de nuestra independencia, el fin y el culmen de todos sus desvelos, la base y el principio de toda la obra que nos legó:

“Si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.”  [27]

Deseo detenerme en este punto porque lo creo de trascendental importancia para nuestro futuro inmediato. Cuba ha experimentado en el siglo XX los tres regímenes de gobierno existentes en el mundo de hoy: el colonialismo, el capitalismo y el socialismo. Este siglo que concluyó nos presentó las dos grandes filosofías inspiradoras de los regímenes más autoritarios que, con horror vio la centuria. El pensamiento individualista mal llamado “liberal”, porque el egocentrismo no libera; y el pensamiento colectivista mal llamado “socialista”porque la despersonalización no promueve comunidad sino masa.

Ante la evidencia histórica de que el régimen capitalista salvaje no crea sentido de comunidad, ni de solidaridad, porque es una “libertad” sin responsabilidad por el otro. Y por otro lado, ante la evidencia histórica de que el régimen del socialismo real no contribuye a la autogestión personal, no libera la creatividad de los ciudadanos, sino que los manipula y los masifica, los convierte en una pieza de la maquinaria del poder del Estado.

Ante el fracaso de ambas filosofías por mucha riqueza material que produzca la primera a costa de la justicia solidaria y por mucha ilusión que cree la otra, a costa de la libertad personal y comunitaria, se presenta como un desafío para los cubanos de hoy, buscar y encontrar, no sólo métodos democráticos, estructuras de participación cívica, educación política, compromiso en la búsqueda del bien común, no basta reconstruir la economía, y los poderes del estado y las relaciones internacionales desechas por la cerrazón, es necesario encontrar una escuela de pensamiento, una iluminación filosófica, una inspiración global y articuladora de todo lo anterior y que marquen el perfil de nuestra República en sus obras e instituciones.

No hablamos de una doctrina excluyente de otras formas de pensar, ni de una ideología que se imponga desacreditando otras ideologías, ni de una religión que fanáticamente se enfrente a otras... se trata de encontrar en la base misma de la naturaleza humana, en lo más profundo cimiento de la sociedad, en el clima que se respire en la nación, un “mínimo común denominador” que nos permita construir y reconstruir, sobre esa piedra angular, una República nueva, un proyecto democrático coherente entre su pensar, su decir y su quehacer.

Es necesario un pensamiento inspirador, no excluyente ni dogmático, sino que acicatee y articule otras formas de pensar, de creer, de actuar, de convivir, sin que esto sea un rompecabezas sin articulación y sin concierto. Es bueno que haya instrumentos diferentes y piezas diversas que interpretar, incluso diversos autores y estilos, pero la virtud de una orquesta es encontrar un mínimo de cohesión para empastar la música que interpreta y para que al cambiar de partitura y de director, de estilo y de maneras de interpretar, no se desarticule como orquesta.

Creo que es el aporte de Varela y de Martí a nuestro proyecto de nación. Creo que es un principio mínimo que no hemos logrado hacer consciente, asumir responsablemente y aplicar con audacia en todos los sectores de la vida personal, familiar y pública: me refiero a ese valor esencial que Martí prefirió a todos los demás y que llamó “bien fundamental”, y “base y principio de todos los demás bienes: “el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.”

De modo que el futuro, si queremos que sea distinto a lo que vivimos durante el siglo XX, si queremos refundar desde las mismas raíces, pero una República nueva, creo que debemos fomentar una perseverante y sistemática reflexión sobre ese movimiento filosófico que no sólo encontramos en Las Casas, en Varela y en Martí, los tres ápices de la raíz cubana, sino que a lo largo de la reflexión teológica durante siglos, y en lo más profundo de la reflexión filosófica posterior a los dos grandes totalitarismos del siglo XX, se ha venido a llamar personalismo.

No se trata, como algunos mal interpretan de  una nueva forma de individualismo, ni de una exacerbación sutil de los protagonismos caudillistas. Todo lo contrario, el personalismo que brota del culto a la dignidad plena del hombre y de la mujer, es precisamente pleno, es decir aquel que equilibra lo personal con lo social, aquel que personaliza al mismo tiempo que socializa, aquel que evita los bandazos anteriores complementando el ansia de libertad con el sentido de responsabilidad para con los demás, aquella escuela de pensamiento que complementa el sentido comunitario con el respeto irrestricto a los derechos de las personas.

Es lo que quería las Casas cuando recuerda a Montesinos que se dirige a los encomenderos y les impreca: ““Todos estáis en pecado mortal, y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que  usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois  obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Estos no entendéis? ¿Estos  no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan  letárgico dormidos? Tened por cierto que en el estado que  estáis, no os podéis salvar más que los moros o turcos que carecen o no quieren la fe de Jesucristo.”[28]

Es lo que quería Varela cuando alertaba: “Un sistema de gobierno es como un plano en arquitectura, que bien ejecutado forma un hermoso edificio; más supone la solidez de las piedras, pues si  éstas se deshacen, la magnificencia de la obra sólo sirve para hacer más espantosa la ruina. No hay duda que las instituciones políticas, y las leyes civiles sirven de protección y de estímulo, pero no bastan para consolidar los pueblos; antes son como los vestidos, que protegen el cuerpo y le libra de la intemperie, mas si está corrompido no pueden sanarlo. Una prudencia social, fruto de la moralidad y de la ilustración, es el verdadero apoyo de los sistemas y las leyes... (pero), jamás podrán tenerla pues han socavado su fundamento que es la virtud” [29] 

Es lo mismo que postula Martí cuando dice:

“Limpiar queremos la tierra adorada... para que impere, no sólo la virtud que nosotros le llevemos, si -no la virtud que se ahoga en ella. Ni de nombre de partido, ni de equivocaciones pasajeras aunque parezcan durables, ni de la diferencia de nuestras ideas corrientes nos guiamos, sino de un amor, que tiembla y que vela, por los que de buena fe, y con la misma pasión nuestra por el bien de los hombres, padecen y aspiran, con ansias de hijo preso, en la tierra adorada. Nuevo queremos el carácter, y laborioso queremos al criollo, y la vida burocrática tenémosla por peligro y azote, y bregaremos por poner la tierra abierta, con el trabajo inmediato y diverso, a la vida natural, que es en la república la única garantía del derecho del hombre y de la independencia del país.” [30]

De modo que si evidenciamos la feliz coincidencia del pensamiento personalista en nuestros padres fundadores, no nos tiemble el pensar, el decir y el obrar al proponer, con todo respeto por otras escuelas de pensamiento, esta piedra angular para construir entre todos una nueva República, que sea de verdad nueva y no regreso a aquellos sistemas fallidos del pasado, a ningún pasado, más que a las raíces de nuestra memoria histórica sin las cuales no se puede hacer ni el presente ni el futuro de Cuba.

 
7. DEMOCRACIA, AMOR Y RECONCILIACIÓN.

Poner a la persona humana en el centro y como fin de toda obra social debe significar establecer entre las personas una relación coherente con su dignidad. Y ya sabemos que la única relación que salvaguarda la dignidad y los derechos de las personas es aquella que se cultiva en el amor.

El proyecto democrático para la República nueva que labró Martí tiene al amor como valor supremo. En las referencias que hemos citado hasta aquí no cabe duda de que Martí señaló, como ningún otro prócer en América, y como muy pocos en el mundo, al amor como base de la política, de la sociedad, incluso de la misma guerra necesaria y clemente.

Pero por si pudiera interpretarse que esas referencias al amor eran, un mero recurso literario o retórico, quiero destacar en Martí la manera en que ese amor es traducido a actitudes de perdón, magnanimidad y de reconciliación.

“Yo amo con pasión la dignidad humana... Yo aborrezco la elocuencia inútil... fue que un pueblo, en que el exceso de odio ha hecho más viva que en pueblo alguno la necesidad del amor, entiende y proclama que por el amor, sincero y continuo, han de resolverse, y si no, no se han de resolver, los problemas que ha anudado el odio.” [31]

Y sobre el amor al español que tanto y tan evidente aparece en todos los discursos de Martí sólo cito este que se refiere a la ocasión en que un editor español, José Pérez Pascual, le publica un libro a José Miguel Macías, un filólogo cubano:

“Otra belleza tiene este libro de Macías que no es para callada... Pérez Pascual le ve a Macías el corazón sin saña le oye el discurso revolucionario, jamás le oye palabra baja y vil contra el español de nacimiento. Y le abre su casa, y con sus más nobles tipos le imprime... su libro nuevo, -como nosotros abriremos mañana nuestra patria libre a los españoles de buena voluntad, nuestros padres y nuestros hermanos. El odio canijo ladra y no obra. Sólo el amor construye.” [32]

Hoy en Cuba se oye mucha palabra baja y vil contra algunos de nuestros compatriotas por pensar distinto, por actuar pacíficamente según piensan. Aquí, en ocasiones, el odio ha hablado y actuado entre hermanos de una misma tierra. Es hora de que cese el uso de un lenguaje hostil y difamante contra las personas. No se defienden ideas atacando a las personas. Las ideas se defienden con ideas no con insultos. Volvamos a la raíz martiana y destaquemos en nuestra Isla y fuera de ella aquellos gestos de corazón sin saña y amor que construye como el del editor español de los tiempos del Apóstol. También hay en Cuba y mucho, gestos de entrañas de misericordia entre los propios cubanos.

En el proyecto de República de Martí se excluía el fomentar la lucha de clases como motor de la historia. Se reconocía la diferencia de clases, como un fenómeno social inicuo, pero no estuvo en la mente de Martí acicatear la lucha entre ellas, sino juntar para la obra buena:

“El patriotismo es censurable cuando se le invoca para impedir la amistad entre todos los hombres de buena fe del universo... Apena ver a hermanos de nuestro corazón negándose, por defender aspiraciones pecuniarias, a defender la aspiración primera de la dignidad. Apena ver a los hombres reducirse, por el mote exclusivo de obreros, a una estrechez más dañosa que benigna; porque este aislamiento de los hombres de una ocupación, o de un determinado círculo social,... provocan la agrupación y resistencia de los hombres de otras ocupaciones y otros círculos; y los turnos violentos en el mando, y la inquietud continua que en la misma república vendría de estas parcialidades, serían menos beneficiosos a sus hijos que un estado de pleno decoro, en que una vez guardados los útiles de la labor de cada día, solo se distinguiera un hombre de otro por el calor del corazón o el fuego de la frente.” [33]

Pero no es sólo que Martí no estuviera de acuerdo con la lucha de clases, tal como se aprecia aquí y en otros escritos suyos, sino que llega a la actitud eminente del amor que es el respeto al adversario y el perdón al enemigo:

“Es de hombres el respeto al adversario; y sólo su debilidad revela y el trastorno y congoja de su mente, quien a sabiendas, descompuesto el lenguaje,... roba a un contendiente caballeroso el crédito ganado por la fidelidad continua a un propósito cuya inoportunidad, por mucha que fuese, jamás podría, ante pechos enteros, deslucir la grandeza de una obra que, sin más premio probable que la muerte o la ingratitud, tiene por objeto la fundación de un pueblo laborioso y pacífico.” [34]

Y por fin, la República del amor se traduce en la República del perdón, cota suprema del amor y puerta abierta para la reconciliación nacional.

“Aquí hemos aprendido a amar aquella patria sincera donde podrían vivir en paz los mismos que nos oprimen, si aprenden a respetar los derechos que sus hijos hayan sabido conquistar; donde podrán vivir en amor los esclavos azotados y los que los azotaron.” [35]

Aquella “traducción” del Evangelio del perdón que conocemos más en los Versos Sencillos de la rosa blanca, se hacen prosa explícita y bella en uno de sus artículos periodísticos para un diario venezolano:

“Tal señalamiento es sagrado. El enemigo tiene que trabajar por el enemigo... Esta disciplina explica esas compactas masas, esos súbitos y felices acuerdos, ese sofocamiento rápido de rencores que parecían terribles e insaciables, esas admirables victorias del sufragio en los grandes combates de los pueblos.” [36]

He aquí la mística cristiana que encontramos en Varela y en Martí. Es a esta quintaesencia del cristianismo, junto con otros elementos fundacionales, a lo que se refería el Papa Juan Pablo II en el Aula Magna de la Universidad de La Habana cuando decía:

Toda cultura tiene un núcleo íntimo de convicciones religiosas y de valores morales, que constituye como su "alma"; es ahí donde Cristo quiere llegar con la fuerza sanadora de su gracia. La evangelización de la cultura es como una elevación de su "alma religiosa", infundiéndole un dinamismo nuevo y potente, el dinamismo del Espíritu Santo, que la lleva a la máxima actualización de sus potencialidades humanas... lo que ha sido la verdadera idiosincrasia de este pueblo, que en su historia ha visto la fe católica como fuente de los ricos valores de la cubanía... tiene una honda matriz cristiana, lo cual es hoy una riqueza y una realidad constitutiva de la Nación.” [37] 

Esta riqueza y realidad constitutiva de hoy tiene sus dos columnas principales en estos dos hombres que amaron y promovieron apasionadamente la democracia:

“Hijo preclaro de esta tierra es el Padre Félix Varela y Morales, considerado por muchos como piedra fundacional de la nacionalidad cubana. Él mismo es, en su persona, la mejor síntesis que podemos encontrar entre fe cristiana y cultura cubana... Maestro de generaciones de cubanos, enseñó que para asumir responsablemente la existencia lo primero que se debe aprender es el difícil arte de pensar correctamente y con cabeza propia. Él fue el primero que habló de independencia en estas tierras. Habló también de democracia, considerándola como el proyecto político más armónico con la naturaleza humana, resaltando a la vez las exigencias que de ella se derivan.. Entre estas exigencias destacaba dos: que haya personas educadas para la libertad y la responsabilidad, con un proyecto ético forjado en su interior, que asuman lo mejor de la herencia de la civilización y los perennes valores trascendentes, para ser así capaces de emprender tareas decisivas al servicio de la comunidad; y, en segundo lugar, que las relaciones humanas, así como el estilo de convivencia social, favorezcan los debidos espacios donde cada persona pueda, con el necesario respeto y solidaridad, desempeñar el papel histórico que le corresponde para dinamizar el Estado de Derecho, garantía esencial de toda convivencia humana que quiera considerarse democrática... Por doquier, en Cuba, se ven también los monumentos que la veneración de los cubanos ha levantado a José Martí. Y estoy convencido de que este pueblo ha heredado las virtudes humanas, de matriz cristiana, de ambos hombres, pues todos los cubanos participan solidariamente de su impronta cultural.” [38]

 
8. ELECCIONES Y LIMITACIONES DE LA DEMOCRACIA.

Con toda intención he dejado para el final el tema de las elecciones para resaltar el concepto y la actitud de que la democracia no se reduce ni se debe identificar sólo con el derecho, por demás inalienable, de ejercer el voto cada cierto tiempo para elegir a los representantes de la soberanía que reside en cada ciudadano.

En el proyecto democrático de Martí hay una primera observación general sobre los métodos de la República nueva que por haberlo escuchado muchas veces no pierde ni fuerza ni vigencia. Debería tener más aplicación. Es aquella famosa frase del Apóstol a Máximo Gómez en carta del 20 de Octubre de 1884:

“Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento.” [39]

Luego, a lo largo de su prédica fundadora de la República que no pudo ver con los ojos de este mundo fue explicitando el “cómo” edificar la democracia. Una vez más dejo a él mismo la palabra para que sea directamente de la fuente que lo aprendamos. En Escenas norteamericanas Martí publica en el diario “La Opinión Nacional” de Caracas, el 26 de Octubre de 1881,  la siguiente consideración sobre las Convenciones de los partidos demócrata y republicano de los Estados Unidos, describiendo los requisitos que debe tener toda elección democrática. Independientemente de los matices y peculiaridades que distinguen los procesos en cada nación, hay elementos en las elecciones libres que determinan su validez y transparencia:

“Quieren el libre ejercicio del voto por todos los votantes, el examen de la conducta de los comisionados por el más humilde miembro del partido, la purificación de la democracia, desacreditada y envilecida por los intereses personales creados a su sombra. Quieren, y han señalado al pueblo para su elección en este año, empleados escogidos entre hombres respetables e independientes ajenos a las ambiciones de banderías; y no contaminados con el trato de pernicioso de los políticos hambrientos, y voraces e indignos empleómanos. Quieren en suma que una facción rebelde de la ciudad no domine y burle al partido entero del Estado; y que la democracia, integra y honrada, retenga a su lado el número de servidores fieles y poderosos que, avergonzados de la gestión de los negocios del partido, amenazan ya con abandonar sus filas, se replegaban melancólicos a sus hogares.” [40]

Martí, por otro lado da una importancia capital al ejercicio del voto en la democracia verdadera, porque sabe que uno de los males y limitaciones de las democracias es el abstencionismo de aquellos que haciendo un uso irresponsable y descomprometido de su libertad y sus derechos se retiran del ejercicio de la democracia.

“En una República, un hombre que no vota es como en un ejército un soldado que deserta.” [41] 

Junto con el tema de las elecciones y el voto vamos a considerar también las limitaciones de todo sistema democrático. Martí no es un utópico ilusorio que soñaba con una democracia perfecta que no existe en ningún lugar, pero da suma importancia a conocer de antemano las limitaciones propias de todo modelo democrático para ponerle remedio y plenitud. Así lo describe al pueblo de Caracas refiriéndose  a los Estados Unidos:

“De motivo político disfrazaron los corruptores el motivo de su cólera frenética... Allí estaba descrito el boss odioso, el cabecilla de partido; el que prepara las elecciones, las tuerce, las aprovecha, las da a sus amigos, las niega a sus enemigos, las vende a sus adversarios, el que domina los cuerpos electorales, el que exige a los empleados dinero para llevar a cabo as elecciones que han de conservarlos en sus empleos; el que con la presión de un dedo en el resorte que mueve la máquina política, echa a andar a su voluntad, o detiene, o rompe las ruedas; el que impone al partido los candidatos,  que son siempre tenaces tenedores de ricos oficios, de los cuales les vienen influencia y modos pecuniarios para asegurarse en elecciones nuevas la continuación del goce de los frutos públicos.” [42]

De estas corrupciones y manipulaciones de las elecciones, salen los ciudadanos honrados decepcionados y escépticos. Esta es una de las causas de la abstención del voto y del asco por la política.

“¿A qué votar, se iban diciendo ya los ciudadanos, si nuestro voto libre y aislado nada ha de poder contra el voto organizado del partido? Y los hombres buenos disgustados de aquellas granjerías, desertaban de las urnas; y  en los salones de cerveza, y en las aceras de las casas de registro, se compraban con monedas o cambiaban por licor los votos...” [43]

Por otro lado, al perder el voto consciente y libre de los ciudadanos honestos y virtuosos, los que ostentan el poder intentan sostener ese sistema corrupto, se viran hacia los que se dejan manipular o sobornar por halagos, por actos populistas que no buscan el bien común, sino el apoyo interesado de los beneficiarios de las prebendas:

“Está el peligro de las democracias en que los funcionarios, amigos del poder que los mantiene en fama y bienestar, procuran, para asegurarse el mando, halagar con sus actos a las muchedumbres que han de encumbrarlos o abatirlos con sus votos... Y el pueblo que ha sido la casa de la libertad no ha de convertirse ¡no, por Dios! En dragón en que cabalgue la conquista... seso y decoro pide la gente buena de este pueblo a sus presidentes; y no quiere que se tenga en mucho el seso, si no va acompañado del decoro.” [44] 

Esta dinámica dialéctica entre la inteligencia y la moral es uno de los aportes de Martí a nuestro proyecto democrático. Experiencias tenemos de la certeza de este juicio y de su vigencia. Ni basta la inteligencia sólo, por muy brillante que sea, porque se puede usar para dominar y manipular; ni basta con la moral sola, porque sin lucidez, sin un mínimo de inteligencia, no pueden implementarse ni los buenos deseos, ni las más puras intenciones, ni el arte propio de la política que necesitan al mismo tiempo sagacidad y honestidad. Pero Martí establece una escala de valores: El seso debe ir acompañado del decoro.

Por último no quiero dejar de mencionar una de las corruptelas que más daño hicieron y hacen a la libertad personal, a la política en general y a la democracia en particular, se trata del uso del empleo como control político. Así lo previó y lo anunció Martí. Tengámoslo muy presente:

“G. W. Curtis, echa en cara al partido republicano, que nació para preservar la Unión, para ponerla sobre cimientos de humanidad, el estarla ahora pudriendo con el sistema de repartir como premio político los empleos... los empleos han de darse a quien lo merezca, y los que lo tengan han de servirlos hasta que los dejen de merecer; el ascenso se ha de dar al que lo gane en su servicio; mejor es que hay una casta experta de oficinistas, que tener inquieta y desmoralizada a la nación con la esperanza de sacarse un empleo, como se saca un premio de la lotería. La lotería política empobrece el carácter, como la de los billetes. Y destruye en sus raíces la nación. El empleo es la lepra. El que vive en espera del empleo, va y viene sin trabajar, y es una carga social, como el vagabundo.” [45]

Y he aquí la pregunta esencial que Martí pone en boca de Curtis citando al Obispo Potter en ocasión del Centenario de la jura:

“¿De qué nos vale el sistema de gobierno más libre del mundo, si con él no hemos levantado más que la riqueza material, a costa de la honradez y la virtud, que son el alma verdadera de la riqueza?[46]

Pero no sólo destaca Martí en su crónica los aspectos negativos de la democracia. Martí es un cubano que no se deja decepcionar por los errores de las personas y de los sistemas de gobierno. Esta pudiera ser una de las trampas más peligrosas de nuestro tiempo. Argumentando que todos los sistemas democráticos tienen sus propias limitaciones, abdicar de la búsqueda de su perfeccionamiento, o lo que es peor, quedarse inmóvil en medio de un sistema autoritario que además de los naturales errores humanos tiene hundida su raíz en la dominación del alma de los ciudadanos, en la manipulación de sus conciencias y en la quiebra de sus voluntades.

Martí no desea transmitir ese mensaje desalentador, ni inmovilista a los pueblos de América, por eso él destaca la actitud positiva, constructiva, creativa y pacífica, constitucional y transparente de los ciudadanos nobles:

“Y es unánime el grito de rebelión que, con motivo de las elecciones de noviembre, lanzan al aire los buenos ciudadanos... Niegan a las corporaciones corruptas el derecho a imponer candidatos a los partidos... Conciértanse, para votar por los hombres honrados... Ni caciques, ni asambleas directoras... Quieren que el ciudadano electo sea el mejor ciudadano; y quieren que cada votante tenga voz libre y voto libre en la designación y elección de los candidatos por quienes votan... quieren reformar los partidos, que garanticen el ejercicio del sufragio, y hagan imposible el retorno al corrompido organismo actual. No dan aún con el modo constante que ha de amparar el libre voto, más esta vez salvarán el suyo, con el vigor de su noble rebeldía. Peligran la independencia y la dignidad de la nación.” [47] 

No es retirándose de la política, ni desmayando ante los escollos y trampas del camino que se sirve a la nación, recordemos aquella sentencia tremenda y profética del padre Varela que hoy tiene toda la vigencia del mundo. Por no asumir responsablemente aquella advertencia hoy la  estamos viviendo, pagando y sufriendo:

“(Que) los verdaderos patriotas se persuadan que ahora más que nunca están en la obligación de ser útiles a la Patria, con el desinterés del hombre honrado, pero con toda la firmeza y la energía de un patriota... para evitar a tiempo que por la indiferencia de los mejores hijos de país... ocupen sus puestos los mediocres y malvados.” [48]

 
CONCLUSIÓN: EDUCAR PARA LA LIBERTAD

                           Y TRABAJAR POR LA DEMOCRACIA DE VARELA Y DE MARTÍ.

Si aceptamos que Cuba está viviendo un tiempo crucial en su historia. Si estamos experimentando la sensación, bien fundada, de que estamos al final de una etapa y al comienzo de una nueva. Si, en una palabra, podemos vislumbrar que la transición hacia la nueva etapa ya ha comenzado... entonces veremos mejor la necesidad de estudiar nuestras raíces fundacionales, de acercarnos todo lo más que podamos a esos modelos de vida, a esos proyectos inspiradores y referenciales sin los cuales no seríamos fieles a la esencia de nuestra identidad nacional, ni a nuestra cultura, ni a la matriz cristiana en la que se engendró nuestra nacionalidad.

Hemos reflexionado sobre el proyecto democrático de José Martí. Proyecto que puede convertirse en el alma de los cubanos buenos en desafío y propósito.

Al tener la oportunidad de volver a acercarme, con veneración y admirado afecto, al pensamiento preclaro y magnífico del Maestro de todos los cubanos, no puedo ocultar mi asombro que raya en el estupor que me provoca la grandeza de alma, la nobleza de intenciones, la altura de miras y la coherente sistematicidad de su proyecto de democracia, que es decir, en el Apóstol de nuestra Independencia, el proyecto de nuestra República.

Pero, inmediatamente, recuerdo aquella mística que inspiró a Varela y a Martí, ante toda obra que nos rebasa y nos resulta imponente y laboriosa: Creer en la fuerza de lo pequeño, comenzar por lo que está a nuestro alcance hoy sin esperar que se den todas las condiciones mañana. Nunca podremos encontrar todas las condiciones para comenzar el largo camino de la libertad, porque precisamente ese camino se hace creando esas circunstancias, poco a poco, gradualmente, pacientemente pero sin pausa, sin desmayo y sin pereza.

Al reflexionar sobre estas enseñanzas de los Padres fundadores volvemos a tomar conciencia de la urgente e inaplazable necesidad de una formación ética y cívica que nos eduque para la libertad. Una educación liberadora y promotora de una auténtica democracia. Educación para la participación y la responsabilidad. Estamos a tiempo. Hagámoslo ahora. Hagámoslo entre todos, antes de que vuelva a ser demasiado tarde.

Pero no basta con estudiar, con una preparación académica, teórica. Es hora de poner en práctica lo que vamos reflexionando. Pensar y actuar. Actuar y perseverar. Aunque a veces nos parezca que todo se viene abajo, que “la patria se cae a pedazos” como decía Martí.

Estamos viendo, gracias a Dios, en nuestros días, como hay hombres y mujeres, compatriotas nuestros que han comenzado por la sencillez y la eficacia de lo pequeño y han llegado a marcar nuestra historia contemporánea, han acelerado esa historia, han levantado la esperanza de mucha gente y han ganado el respeto y el reconocimiento de la comunidad internacional.

Ellos son hoy el testimonio viviente y convocante de que no todo está perdido, de que no debemos ceder a la desesperanza. La agonía es camino y no cadalso siempre que el hombre sea capaz de pararse sobre su dolor, y ofrecer como “ofrenda permanente”, el sacrificio redentor del que sabe que ofrece su vida, la de sus hijos y la de su familia, por la libertad y la justicia, por el amor y la paz.

Que Cristo y que Cuba no tengan que esperar por nosotros.

Muchas Gracias.

Dagoberto Valdés Hernández 
Pinar del Río, 8 de octubre de 2003.

S.M. I. Catedral de Santiago de Cuba, 11 de Octubre de 2003


[1] José Martí, Obras Completas. (O.C.) Editorial Lex. La Habana, 1946. Tomo I, p.387.

[2] Dulce María Loynaz. Poemas sin nombre. III

[3] O.C. Tomo I, p.342-343.

[4] F. Varela. Escritos Políticos. El Habanero, p.107-109.

[5] F. Varela. Cartas a Elpidio. Editorial Cubana. Miami, 1996. Tomo I, Carta segunda, p.28

[6] J. Martí. Polémica Política. Carta a Ricardo Rodríguez Otero.16 de Mayo de 1886. O.C. T.I, p.409. 

[7] Juan Pablo II, Memoria y Proyecto. COCC. 1998.Mensaje al mundo del dolor. p.98.

[8] J. Martí. “El Partido Revolucionario Cubano”. Art. publicado en Patria el 3 de Abril de 1892. O.C. Tomo I, p.306. 

[9] Génesis 1,1-2.

[10] J. Martí. “El alma de la Revolución, y el deber de Cuba en América”. O.C. Tomo I, p. 350.

[11] J. Martí. “Discurso del 10 de Octubre de 1889”. O.C. Tomo I. p. 371

[12] ibidem. P.370.

[13] J. Martí. “El 10 de Octubre1887”. O.C. Tomo I. p. 361.

[14] J. Martí. “Bases del PRC. 1891. O.C. Tomo I. p. 300.

[15] J. Martí. Resoluciones de Tampa. 1891. O.C. Tomo I. P.299

[16] J. Martí. Discurso en el Liceo cubano de Tampa el 26 de noviembre de 1891. O.C. Tomo I. p.706

[17] J. Martí. Manifiesto de Montecristi. 25 de Marzo de 1895. O.C. Tomo I. p. 246.

[18] J. Martí. “La política”. Patria, 19 marzo de 1892. O.C. Tomo I, p.425.

[19] Ibidem.

[20] J. Martí. Ibidem.

[21] J. Martí. “La política”. Patria, 19 marzo de 1892. O.C. Tomo I, p.425.

[22] Concilio Vaticano II. Constitución Pastoral Gaudium et Spes. No. 75.

[23] Lucas 10, 31-32

[24] J. Martí. “El presidente Garfield”. New York, 1ro. Octubre de 1881. O.C. Tomo I. p. 1194.

[25] J. Martí. El 10 de Octubre de 1889. O.C. Tomo I, p.378-379. 

[26] J. Martí. “El alma de la Revolución, y el deber de Cuba en América”. O.C. Tomo I, p. 349.

[27] J. Martí. Discursos políticos. 26 de Noviembre de 1891. O.C. Tomo I, p.698-699.

[28] Fray Bartolomé de las Casas. Sermón de Fray A. de Montesinos. 21de Diciembre de 1511. II, 176

[29] P. Félix Varela. “Cartas a Elpidio”. Editorial Cubana. Miami. 1996. “Sobre la impiedad”. Carta II. p.58.

[30] J. Martí. “Los cubanos de afuera y los cubanos de adentro” Patria. New  York, 4 de Junio de 1892. O.C. Tomo I. p.561

[31] J. Martí. “Oración de Tampa y Cayo Hueso”. N.York. 17 Febrero de 1892. O.C. Tomo I, p.710.

[32] J. Martí.”Libro nuevo de José M. Macías.”Patria”. N.York. 8 de Septiembre de 1894. O.C. Tomo I, p.833. 

[33] J. Martí. “Nuestras ideas”. Patria. N.York, 14 de Marzo de 1892. O.C. Tomo I, p.423.

[34] J. Martí. “Cierta prensa de Cuba...”Patria. N.York, 28 de Abril de 1894. O.C. Tomo I, p.469.

[35] J. Martí. “El 10 de Octubre” de 1887. O.C. Tomo I, p.364.

[36] J. Martí. “La Opinión Nacional” de Caracas, el 26 de Octubre de 1881. O.C. Tomo I, p. 1324.

[37] Juan Pablo II. Mensaje al mundo de la Cultura. La Habana. Memoria y Proyecto. COCC. p. 73-74.

[38] Ibidem.

[39] J. Martí. Carta al General Máximo Gómez. N.York. 20 Octubre de 1884. O.C. Tomo I, p. 78.

[40] J. Martí. “La Opinión Nacional” de Caracas, el 26 de Octubre de 1881. O.C. Tomo I, p. 1323.

[41] J. Martí. “El general Grant”. O. C. Tomo I, p. 1103.

[42] J. Martí. “Carta de Nueva York”. 29 octubre de 1881. O.C. Tomo I, p. 1341.

[43] J. Martí. “Norteamericanos: Grover Cleveland”. “La América” de N. York. Julio de 1884. O.C. Tomo I, p.1219.

[44] J. Martí. Ibidem. P.1221

[45] J. Martí. “Estados Unidos de América”. “La Nación” de Buenos Aires.22 de Noviembre de 1889. O.C. Tomo I, p. 1982.

[46] J. Martí. Ibidem.

[47] J. Martí. “Carta de Nueva York”. 29 octubre de 1881. O.C. Tomo I,  P.1342

[48] P. Félix Varela. El Habanero. Escritos Políticos. pp.116 y135.

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