La vida del cubano de a pie está rodeada de enredos cotidianos, los cuales se han convertido en fuentes de tensiones e inseguridades, sustentados a su vez, por parámetros irónicamente confeccionados para satisfacer las necesidades del pueblo, aunque todos reconozcan sus impracticidades.
Si el comer y el vestir llevan a los cubanos muy aprisa y logran desestabilizar a los hogares más organizados sin que sus miembros vean resueltas sus necesidades, la vivienda en sí se lleva las palmas como asunto con aristas que rayan no solo en el absurdo sino en situaciones difíciles de explicar.
Un artículo de un diario habanero refirió el hecho de un propietario de un apartamento, que no podía habitarlo, por estar el mismo ocupado por otra persona de forma ilegal, mientras que en una centrica barriada capitalina, los propietarios de un viejo caserón le echaron los perros a las autoridades que iban a desalojarlos.
Hechos como estos y otros muchos más serían inexplicables para quienes viven en otras latitudes. En casi medio siglo, cuántas generaciones nacidas en la Mayor de las Antillas no han sufrido tensiones y hasta humillaciones en cuestiones relacionadas con esta temática.
La población cubana crece pero no así los planes de construcciones de viviendas.Pequeños logros aparecen cuando reciben casa o apartamentos nuevos y sin lujos algun que otro damnificado por derrumbes, huracanes u otros siniestros. Ellos representan solo un porciento muy bajo del total de los afectados que sufren dicha situación por decadas.
Se ven casos de todo tipo: personas que les comunican que tiene que abandonar sus viviendas y se resisten, poniendo en peligro sus vidas; y están los que logran vivir por una temporada, agregados en casa de un familiar, o no tienen más remedio que irse para los albergues donde las condiciones de vida son pauperrimas.
Por otra parte hay quienes viven en edificios y casas en mal estado constructivo aunque aun fuertes, y dado el caso de que necesiten hacer un arreglo de plomeria, carpinteria o albañileria, tienen que aceptar las sugerencias de los remodeladores particulares cuyos precios por conseguir piezas y materiales- sin contar la mano de obra-son siempre muy altos.
El gobierno cubano y las instituciones creadas al efecto poco han hecho en cincuenta años. La Ley General de la Vivienda señala que la casa no es propiedad privada sino un bien social, este bien social es hipercontrolado por el Estado que lo reparte a cuenta gotas y a ciertos sectores de la sociedad.
Entre los privilegiados están deportistas, personal no civil, artistas y cuando se acuerdan cualquier familia de pocos recursos que viven situaciones muy fuera de lo común por convivir con quienes padecen limitaciones debido a enfermedades , etc.
A modo de resumen, la carencia habitacional ha sido lucro para unos y fuente de descontento, desavenencias, divorcios y otras desgracias familiares y sociales para la mayoría . Los que dirigen esta actividad poco hacen para satisfacer al pueblo ya que tienen aseguradas sus viviendas, y las que les reportan ganancias, por eso es casi nula la disposición, por resolver, una de las necesidades más urgentes en la vida actual cubana.