Celia, buena hasta el final

Gilberto García Valencia

Jamás fuera de la Isla, tantas banderas ondearon y se confundieron con otras de países hermanos como aqueI día en que el mundo le decía adiós a la inconmensurable guarachera de Cuba.

Aquel día triste, la cubanidad que se concentraba en Celia, se derramó por el mundo, llenando calles, corazones y mentes de lágrimas, pero también del dulzor del azúcar y de las alegrías que esta mujer supo esparcir por el mundo. Momento de admiración y de duelo, de presencia y de recuerdos, de pasado y presente porque ese era el día en que la gente dejó de ser de un país para ser gente de Celia, de la emperatriz de la guaracha y el son.

Ese día, por Celia los hermanos de América saborearon algo que ya conocían: la pasión cubana por las cosas que aman, la veneración por su gente por su música, sus tradiciones; su espíritu, a veces exagerado, de sana altanería hasta frente a la adversidad, su instinto de integración y de amor a las tierras que los acogen, junto con su carácter y actitud emprendedora y su fe en su tierra y en su libertad... ("los que no tienen fe en su tierra, son hombres sietemesinos". J. Martí)

Allí logró Celia serle útil, una vez más a su patria al diferenciarse, al ponerse de manifiesto la cubanía, lo genuino cubano, tan diferente al fidelisrno o castrismo que, disfrazado de cubanidad, hay quienes hoy pretenden llevarlo a pueblos hermanos con su mensaje de opresión, miseria, lágrimas, tristeza y destrucción, diferentes al sentir y al espíritu que compartían todos los que se dieron cita y acompañaron a aquella dama que pregonaba: "Quiero volver para perdonar" , como decía una de sus aclamadas interpretaciones.

Celia se nos fue a endulzar el cielo mientras dejaba con el trazo de su vida, y hasta en el momento de sus pompas fúnebres: el espíritu de lo cubano y de la cubanía que comparten, comprenden, aman y saben diferenciar de otras intenciones, los hermanos latinoamericanos.

Creernos ciertamente, que Celia vivirá por siempre, ella lo dijo: "Siempre viviré Yo viviré en las manos del bongosero Y en los pies del bailador."


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