Pedro Pérez Castro

 

Reflexión para una carambola

"Se puede engañar a uno todo el tiempo,
se puede engañar a muchos mucho tiempo,
pero no se puede engañar a todos todo el tiempo"
Abraham Lincoln

Es una verdad como la existencia misma del sol. Por eso esta opinión a propósito de lo que está sucediendo en Cuba en las últimas semanas que podemos comparar con un juego de billar.

No es necesario insistir en la exposición que hiciera el ex- presidente Carter en la Universidad de La Habana, que el mundo entero pudo leer, y que el pueblo cubano escuchó en vivo, en la ocasión que aquél hiciera una visita a nuestro país recientemente. Unos días más tarde, el 20 de Mayo, el presidente Bush emitió su visión sobre Cuba y las políticas que su gobierno desarrolla hacia nuestra Patria, enmarcadas en el Diferendo Cuba-USA, cuyas relaciones vuelven a encresparse. Está claro que el discurso del Sr. Bush produjo la consabida reacción del monarca que impera en Cuba, ofreciéndole la excusa perfecta para invocar "las posiciones del pueblo y su revolución", bla bla... en un discurso de opereta, que se repite como las fases de la luna. El anciano dictador había expresado que se estaba estudiando el discurso de Carter para dar un arespuesta.

Todavía la estamos esperando, aunque de hecho y por carambola ya se ha respondido.

A la mente nos ha venido el juego de billar clásico de tres bolas, una llamada MIngo, que es la que un jugador con una vara de madera dura llamada "taco", golpea primero en un ángulo apropiado intentando golpear las otras dos para anotarse puntos frente al adversario.

Así hemos compuesto el cuadro con el jugador y dos bolas como son : el presidente Bush que ocupa el Mingo ya histórico y el ex- presidente Carter como una de la bolas . Falta una tercera que no es otra que el Proyecto Varela y sus promotores, que más que una simple bola, es una bomba en el contexto de Cuba, que ha trascendido otras latitudes.

Pues bien, resultó que sobre el tapete verde estaban dos bolas muy calientes a punto de incendiar la mesa. Pero el anciano jugador, sempiterno estratega del poder, tenía un Mingo que le serviría para realizar la jugada.

Y la hizo, con el frío cálculo de lograr la carambola con las otras dos esférides.

Con su inmenso poder concentró e hizo marchar a millones de obedientes y atemorizados compatriotas ante las cámaras de la TV internacional y nacional, mientras las organizaciones de masa, (sus dirigentes) más asustados todavía, le proponían la jugada que él les había ordenado que promovieran, para a la velocidad del rayo, implementar la jugada, que no es otra cosa que golpear con fuerza al MIngo, para que en su rodada se llevara por delante las otras dos bolas y se acabó la partida.

Lo que pasa es que este omnímodo mandatario fundido a su trono, no percibe que ha tenido la gran oportunidad de pasar a la historia como el promotor del cambio que Cuba necesita, reclama y todos lo saben. Por el contrario, la medida de modificar en la Constitución del 76-92, los artículos que han permitido la vigencia del Proyecto Varela; la acelerada habilitación de centros de votación a través de los CDR, los cuarteles y las escuelas de becados, demuestra la debilidad del sistema que no se atreve a decir la verdad de su incesante ruina económica, que ya ha decretado más penurias y necesidades con la subida de precios de los productos básicos en su ya pobre canasta alimentaria.

Mucho menos reconoce la legitimidad y la legalidad del Proyecto Varela, al que teme dar una respuesta directa, ignorando la oposición que crece y se potencia por día.

Al declarar su régimen "intocable" el Tiranosaurius Rex se confiesa ante el mundo ... y ante su pueblo inducido y acostumbrado por el temor a aprobar cuánto desastre le proponen en un permanente ejercicio de la simulación y la mentira .

Creemos firmemente que ahora es muy tarde para una jugada salvadora del sistema. La naturaleza del régimen ha quedado desnuda y a la vista.

En la historia de Cuba no ha existido mayor perversidad que la que nos ha tocado padecer en los últimos 43 años de su existencia..

Ya nadie se engaña.

Pedro Pérez Castro

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