La creación de una Patria Latinoamericana ha sido aspiración de nuestros más grandes pensadores, filósofos, políticos y de los pueblos a lo largo de toda nuestra Historia. Miranda, Bolívar, Morazán, San Martín y Artigas, entre otros muchos, estuvieron imbuidos de un profundo pensamiento latinoamericanista y aunque con poco éxito trataron de unificar las independizadas o aún por independizar repúblicas latinoamericanas del siglo XIX.
Antecedentes Históricos: Correspondió al Libertador Simón Bolívar llevar a cabo el más consistente intento integracionista en América Latina, la República de la Gran Colombia (1819-1830), concebida originalmente por Miranda; en Centroamérica el General José Francisco Morazán logró llevar a cabo la gigantesca tarea de cohesionar la región con la creación de la Federación de las Provincias Unidas de Centroamérica (1824-1838). Martí, inmensamente cubano, supo conjugar nuestro nacionalismo con una visión que nos enmarcaba en una Nación de Repúblicas desde el Río Bravo hasta la Patagonia: “del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!”(1)
Desafortunadamente los intentos de unir los países latinoamericanos por vía política tuvieron vida efímera; crear un poder central suficientemente fuerte y estable con Constitución, Gobierno, autoridades y leyes únicas para todo el espacio a unificar resultó empresa demasiado difícil que hubo de enfrentar enormes obstáculos:
--la férrea oposición de caudillos locales: El Libertador tuvo en José Antonio Páez y Francisco de Paula Santander a los más destacados detractores del proyecto Grancolombiano; en Centroamérica Morazán hubo de enfrentar en igual papel a Rafael Carrera,
--intereses geopolíticos de potencias coloniales o emergentes: Inglaterra con un pujante capitalismo que luchaba por la conquista de nuevos mercados y espacio físico en tierras de Centro-Suramérica y las Antillas, España, ex -metrópoli con aún grandes intereses en la región, Estados Unidos, opuesto a la convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá (1826) hecha por Bolívar,
--falta de visión en aspectos claves de tipo económico y social por parte de los propugnadores de la Unión: economía y sociedad tendrían que correr parejas con el proceso político integrador ya que resultaban complementos de primer orden.
Con la desaparición de estos y otros intentos la Unión de América Latina entró en una fase de ralentización hasta la segunda mitad del siglo XX en que se retomó el proyecto ahora por una vía esencialmente diferente, la propuesta consistió en promover la integración económica y a partir de aquí alcanzar la integración política y social; esta nueva visión llevaba implícita más que una nueva estrategia un cambio conceptual importante, aparecía la palabra Integración a diferencia del concepto de Unión utilizado en el siglo XIX y aunque expertos y legos terminan por aceptarlos como sinónimos lo cierto es que Integración se refiere a un proceso o herramienta para alcanzar la Unión identificada esta última, al igual que en el pensamiento de nuestros próceres de la Independencia, con la creación de una Patria Latinoamericana, llámese esta Unión, Federación o Confederación.
Siglo XX: Es así que en 1960 surgen la ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio) y el MCC (Mercado Común Centroamericano) como primeras expresiones de esta vía que pretendía fundir varias unidades económicas de menor tamaño en una mayor; el proceso necesariamente tendría que recorrer diversas fases, desde la creación de una zona de “libre comercio” ( elimina derechos de aduana y restricciones girados sobre bienes, servicios y capitales entre los socios ) hasta la integración económica total o comunidad económica ( unificación de políticas económicas, monetarias, crediticias, y fiscales, aparece en este orden una autoridad “supranacional” con decisiones obligatorias para los miembros, libre circulación de los factores productivos ). Desde un punto de vista teórico una vez llegada a esta fase el salto a dar hacia la integración política debería producirse como consecuencia inevitable del desarrollo de este proceso mientras que la integración social ya se habría producido o habría alcanzado un adelanto significativo sobre la marcha.
ALALC y MCC no llenaron las expectativas; ambos mecanismos se perdieron en un mercantilismo excesivo, exclusión de los actores sociales y falta de compromiso integracionista; tampoco resultaron ser capaces de lograr un crecimiento y desarrollo sustentable para los firmantes, en fin, integración y economía resultaron asuntos demasiado serios como para dejarlos en manos de mercaderes y las buenas intenciones con que fueron fundados se perdieron en el laberinto de las ganancias y el proteccionismo, no obstante, a consecuencias del fracaso de ambos surgieron una década más tarde el Pacto Andino (más tarde Comunidad Andina de Naciones-CAN-) y el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), y una década después la Asociación Latinoamericana de Integración ( ALADI ), heredera directa de la ALALC, el Mercado Común del Sur ( MERCOSUR ) y el Sistema de Integración Centroamericano (SICA) además de otros mecanismos de integración político- social como el Parlamento Latinoamericano (PARLATINO) los Parlamentos Regionales (Andino : PARLANDINO, Centroamérica: PARLACEN, Comisión Parlamentaria del MERCOSUR ), el Grupo de Río y otros (2).
Cuba: no participa (o lo hace muy pobremente) de estos mecanismos de integración económica, durante todo este tiempo se encuentra atada al carro del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME o COMECON) mecanismo que pretendió engranar en una macro-economía tricontinental a países que profesaban el marxismo-leninismo como filosofía política, compartían características comunes ( propiedad estatal sobre los medios de producción, economía centralmente planificada, rechazo a los mecanismos de mercado, control absoluto de la sociedad por un gigantesco aparato partidista-policiaco-militar) y seguían los “lineamientos” de Moscú.
La Unión Soviética era el centro alrededor del cual gravitaba la vida de la Nación y por la cual pasaban grandes decisiones que la afectaban; la Constitución cubana de 1976 reflejaba esta situación en su articulado:
-- Art. 12. La República de Cuba hace suyos los principios del internacionalismo proletario y de la solidaridad combativa de los pueblos, y
f) basa sus relaciones con la Unión de República Socialistas Soviéticas y demás países socialistas en el internacionalismo socialista, en los objetivos comunes de la construcción de la nueva sociedad, la amistad fraternal, la cooperación y la ayuda mutua;
Mientras, la Integración Latinoamericana era percibida por la dirigencia política de la Nación solo como una “aspiración” a lograr cuando se cumplieran determinadas condiciones:
g) aspira a integrarse con los países de América Latina y del Caribe, liberados de dominaciones externas y de opresiones internas, en una gran comunidad de pueblos hermanados por la tradición histórica y la lucha común contra el colonialismo, el neocolonialismo y el imperialismo en el mismo empeño de progreso nacional y social;
De hecho la acción de la dirigencia cubana casi desde los albores de la revolución estuvo dirigida a cambiar la realidad política de América Latina mediante la lucha armada. El financiamiento, apoyo, sostenimiento y creación de movimientos guerrilleros en todo el continente aunado a la utilización del suelo cubano como retaguardia y base segura para estos grupos armados así como también para personeros, partidos y organizaciones políticas de izquierda hicieron de Cuba un verdadero paraíso de lo que se denominó “subversión castro-comunista” , llamada desde La Habana “internacionalismo” o “internacionalismo proletario” ( no se empleaba el término “latinoamericanismo” ); la imagen fotográfica del guerrillero argentino Ernesto “Ché” Guevara y su asesinato en Bolivia constituyeron un icono y una simbología de esta etapa también adornada con un toque de “romanticismo ideológico”(3), pero realidades son realidades y la conquista del poder político en América Latina por la vía de las armas, condenada al fracaso desde sus inicios, no alcanzó sus objetivos; los experimentos guerrilleros fracasaron invariablemente dejando una estela de miles de muertes a lo largo y ancho del continente y como consecuencia lógica un sustancial aislamiento de Cuba del entorno latinoamericano.
El estrepitoso derrumbe y desaparición de la Unión Soviética y el “campo socialista” (el mercado y la democracia se mostraron mucho más eficientes que la economía centralmente planificada y el totalitarismo ) dejó a la dirigencia cubana huérfana de todo tipo de soporte (económico, político, ideológico, militar) y a la Nación sin un centro de poder externo alrededor del cual girar; históricamente habíamos transitado un tortuoso camino que nos había llevado de Madrid a Washington y de esta a Moscú, paradójicamente a partir de 1990 la vida de la Nación iba a depender exclusivamente de La Habana, la brújula cubana comenzó entonces a girar lentamente hacia el Sur.
La Constitución (reformada) en 1992 refleja este cambio:
--Art. 12. La República de Cuba hace suyos los principios antimperialistas e internacionalistas, y
c) reafirma su voluntad de integración y colaboración con los países de América Latina y del Caribe, cuya identidad común y necesidad histórica de avanzar juntos hacia la integración económica y política para lograr la verdadera independencia, nos permitiría alcanzar el lugar que nos corresponde en el mundo;
Desaparecía del texto de nuestra Carta Magna la nación que ya no existía en los textos de geografía y si para 1976 se aspiraba a una integración con países “liberados de dominaciones externas y de opresiones internas”, 16 años más tarde se trataba de “avanzar juntos… para lograr la verdadera independencia”, el cambio conceptual era el reflejo del cambio en la realidad mundial. El problema resultaba entonces para la dirigencia cubana en posicionarse en alguno de los mecanismos de integración ya en marcha.
En un mundo globalizado la supervivencia de cualquier estructura socioeconómica pasa precisamente por su inserción o articulación en algún mecanismo integrador, se confrontaba entonces con la realidad geográfica, Cuba no es ni centroamericana ni andina ni sureña y el mecanismo integrador del Caribe ( CARICOM) estaba diseñado para las ex colonias inglesas de esta parte del mundo, además una terrible realidad económica: el diseño e implementación de una economía propia del “socialismo real” durante décadas ahora sumida en una profunda crisis debida a la desaparición del financista externo y las ineficiencias intrínsecas del sistema no encajaba en las economías de mercado de los países en los cuales se estaba llevando a cabo el proceso integrador por la vía económica; Cuba solo pudo obtener un puesto en la ALADI, en la Asociación de Estados del Caribe y el que de antaño tenía en el Parlamento Latinoamericano.
Monroe vs. Bolívar Siglo XXI: En Diciembre de 2004 surge la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) como un nuevo mecanismo de integración para la América Latina y el Caribe con una concepción diferente del proceso; su creación respondía al interés de contrapesar el plan ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) promovido por los Estados Unidos para crear un supermercado hemisférico en el cual al menos en teoría participarían todas las naciones americanas con la excepción de Cuba, el ALCA, una extensión del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de la América del Norte) no era un mecanismo integrador (4) sino simplemente un gigantesco negocio a escala continental que no llegó a cristalizar y que para ese año 2004 ya se encontraba en crisis ; y crear un mecanismo que permitiera agrupar inicialmente a Cuba y Venezuela ( más tarde a los países con gobiernos de izquierda que estaban surgiendo en Latinoamérica) en un bloque regional de poder bajo un modelo denominado “Socialismo del siglo XXI” (5) preconizado por el Presidente venezolano Chávez.
Básicamente político(6), con aspiraciones continentales, presentado como reedición de la lucha de doscientos años entre las doctrinas de Monroe y Bolívar, este nuevo intento integrador estaría financiado por los enormes ingresos procedentes del petróleo venezolano e iba a constituir la tabla de salvación para la agonizante economía cubana; si bien el Presidente Chávez casi desde los inicios de su mandato estaba dando un fuerte apoyo a Cuba la aparición del ALBA con las enormes facilidades que otorgó a la Nación caribeña para flujo de capitales, energía subsidiada, créditos, inversiones y empleo directo para miles de especialistas, técnicos y trabajadores cubanos en territorio venezolano venía a aliviar las enormes carencias de una sociedad aún lejana de alcanzar el crecimiento y desarrollo tantas veces prometido por su dirigencia; para Cuba esta era la maquinaria integradora en la cual encajar pero a la vez echaba sobre los hombros de Venezuela el sostenimiento de una economía incapaz de generar riquezas y siempre necesitada de un financista externo.
Para dos naciones cuyas economías no son complementarias la inserción de una de ellas en un mecanismo que pretende ser integrador y en el cual entra más por razones políticas, ideológicas y hasta militares (la creación del bloque de poder latinoamericano ) pasa por un complejo mecanismo de construcción de la complementación y el financiamiento desde la más abundante en recursos y dinero hacia la más insuficiente hasta alcanzar la satisfacción de las necesidades reales de esta última en una magnitud que permita el funcionamiento adecuado del sistema creado y esta resulta ser precisamente la piedra de tranca del ALBA en el esquema de relación Cuba-Venezuela , en primera instancia debido a que tiene una limitante en cuanto al tamaño de la economía donante y su capacidad para mantener los flujos hacia el receptor en el tiempo bien sea por razones netamente económicas ( Venezuela no depende del petróleo sino de los precios del petróleo en el mercado internacional que hasta el momento le han resultado muy favorables ) o porque las condiciones políticas ( y las voluntades ) cambien en una de las partes; este esquema ha sido repetido aunque en magnitud diferente con los otros integrantes actuales del sistema -Bolivia, Nicaragua, Dominica- y como es natural el sostenimiento de este Bloque representa una onerosa carga para la economía venezolana que por añadidura confronta serios problemas de ineficiencia, corrupción administrativa, despilfarro de fondos públicos, inflación y pobre desempeño de los rubros no petroleros.
Ahora la brújula cubana después de decenas de años apunta hacia el Sur asida a un proceso integrador que depende básicamente de la voluntad política del Presidente Chávez y del desenvolvimiento de la economía venezolana, cabe preguntarse entonces si Cuba y el ALBA serán capaces de dar respuesta a varias premisas ineludibles en cualquier proceso de este tipo:
a) El éxito de cualquier proyecto integracionista en A. Latina y la creación de una formación supranacional, incluyendo la que se pretende con el ALBA, solo puede ser fundado sobre bases profundamente democráticas y la acción consensuada de muy variados actores políticos, económicos y sociales nacionales; la imposición de un esquema que no tome en cuenta lo anterior solo conduce a la larga al fracaso y en el mundo ejemplos sobran en el pasado reciente ( Yugoslavia, Unión Soviética ); ¿ podrá ofrecer el ALBA un amplio marco democrático referencial que permita alcanzar una integración plena o quedará solo como un mecanismo de clientelismo político?
b) ¿podrá deslastrarse la dirigencia política cubana de la concepción del “socialismo real” o “histórico” que excluye cualquier otra opción diferente e iniciar las necesarias e impostergables transformaciones económicas y políticas (liberalización de al menos la pequeña y mediana economía, democratización) que permitan a la Nación integrarse en un sentido más amplio en el espacio latinoamericano?
c) ¿Hasta cuándo y/o hasta qué límites podrá Venezuela sostener a la economía cubana y mantener las “ayudas” a los demás socios del ALBA?
Para el vicepresidente cubano Carlos Lage “si la integración latinoamericana es deseable por razones históricas, culturales y geográficas es hoy más que nunca imprescindible por razones económicas y de nuestro desarrollo” y “el ALBA es el camino” (7); para estudiosos y propulsores de la Integración, historia y cultura comunes y una geografía que nos une son el “cemento” de este proceso, el material para cohesionar los “ladrillos” economía, política y sociedad en la construcción de una Gran Patria o Comunidad Latinoamericana de Naciones, por supuesto para alcanzar tal objetivo no habrá un único camino, las diferentes expresiones de pensamiento filosófico, político e ideológico han de tener cabida y resulta muy poco probable que tan monumental obra pueda efectuarse a expensas de un solo financista; entonces el ALBA…es el camino?
Fdo.: Dr. Antonio LLaca, desde la ciudad de El Tigre. Edo. Anzoátegui. Venezuela.
Marzo. /2008.
(1) José Martí: “Nuestra América”. La Revista Ilustrada de Nueva York, 10 de enero de l891.
(2) Otros mecanismos también han jugado diversos papeles en el proceso de Integración, entre estos el Grupo de Contadora, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), el Grupo de los 3, la Asociación de Estados del Caribe, etc.
(3) The Cuban government actively promoted Korda's iconic image, which the country's poster artists soon gave a Pop Art makeover. The now-ubiquitous Che brand was born. (“El Gobierno cubano activamente promocionó la foto de Korda”. Así, el mito y la imagen del Che Guevara nacieron).
The Wall Street Journal, http://online.wsj.com/article/SB120519724586225901.html?mod=hpp_us_inside_today
(4) La Segunda Cumbre del ALCA, efectuada en 1998 en Santiago de Chile dejaba entrever la importancia otorgada al libre comercio mientras que no se hacía prácticamente ninguna mención a aspectos de integración político-social.
http://www.summit-americas.org/chiledec-spanish.htm
(5) El “Socialismo del Siglo XXI”, muy en boga actualmente por estas tierras del Sur resulta prácticamente desconocido para la sociedad cubana.
(6) La propuesta del ALBA se suma al despertar de la conciencia que se expresa en la emergencia de un nuevo liderazgo político, económico, social y militar en América Latina y El Caribe.
http://www.alternativabolivariana.org/modules.php?name=Content&pa=showpage&pid=1&page=1
(7) Discurso de Carlos Lage Dávila, Vicepresidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, en la VI Cumbre del ALBA. Caracas, Venezuela Enero.2008.